El proceso de involución democrática en Cataluña (y, por ende, en España), en marcha. El nacional-secesionismo (I)

Vicente Serrano ||

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas. ||

 Se veía venir. Aquellos que se llevan las manos a la cabeza y piensan o dicen que tal vez hay que aflojar, que sería mejor ceder un poco con el fin de mantener la paz social, no entienden que el nacional-secesionismo es un monstruo que lo devora todo.

Aplicar paños calientes a una situación en la que cualquier acción o inacción por parte del Estado es considerada por el independentismo como una agresión o una concesión, es aceptar la derrota por anticipado. Es estar a la defensiva. Y, ésta, es una situación que no se puede solventar con una actitud como ésa. Porque lo que se busca no es otra cosa que la derrota del Estado democrático frente al totalitarismo nacionalista.

Partitocracia, corrupción y bipartidismo imperfecto

Es evidente que el Estado está en una situación de debilidad debido a una crisis de legitimidad provocada por un largo proceso de corrupción de la partitocracia española. Proceso donde han participado tanto los partidos de ámbito estatal como partidos de ámbito autonómico. Por eso, la connivencia entre ellos les lleva a temerse mutuamente.

PP y PSOE, partidos en el ámbito estatal afectados por esa corrupción política, intentan mantener su hegemonía dentro de ese bipartidismo imperfecto del que el sistema electoral español se ha dotado, mientras en Cataluña los partidos beneficiados por dicho sistema aprovechan esa situación de debilidad para conseguir la segregación de la autonomía del resto del Estado.

Construcción nacional

Pensar, como algunos afirman, que éste es un problema reciente de unos seis o siete años es de una ingenuidad galopante. El proceso de construcción nacional catalana se inició incluso antes del final del franquismo, cuando Jordi Pujol empezó a controlar el catalanismo moderado y católico que, hasta ese momento, había dado apoyo, desde la guerra civil, al franquismo.

La Transición  dotó al nacionalismo de un aura de democracia que nunca tuvo, ni tendrá. Otra cosa es su capacidad para disfrazar las pulsiones totalitarias de sus postulados. El proyecto nacionalista siempre contempló la secesión, la independencia, como objetivo final. No es la primera vez que lo afirmo: la única diferencia entre un nacionalismo moderado y un nacionalismo radical está en el ritmo y la velocidad de ejecución de lo que es, en sí, el mismo proyecto.

Es el pujolismo el que nos ha traído a la situación actual. Ya en 1990 apareció un documento donde se describían los pasos a dar para la construcción de la ansiada nación. Entre esos pasos destacaba el proceso de asimilación identitaria de los niños, a través de la escuela: catalanización, lo denominaban. La inmersión lingüística es, pues, una herramienta no sólo para la sustitución del castellano por el catalán, sino una herramienta en el proceso de construcción nacional.

Nacionalismo e izquierda

Recuerdo perfectamente la visita, por aquellos años, del entonces coordinador de Ezker Batua, Javier Madrazo, a Barcelona siendo yo miembro del Consell Nacional de Esquerra Unida i Alternativa, de su Comissió Nacional y de su Permanente. En un acto, creo recordar por la Avenida Guipúzcoa, me encaré a él solicitándole aclaraciones sobre el concepto de “construcción nacional” que él tanto defendía. Como podéis imaginar, dicha polémica fue rápidamente sofocada. Es evidente que estos enfrentamientos y otras críticas no ayudaron para que yo permaneciera mucho tiempo en la Permanente de dicha organización. Mi purga fue el primer acto antiestatutario.

Algunos ya vimos en aquellos años la peligrosa deriva de la izquierda hacia un colaboracionismo con el nacionalismo que era impropio de su ideología. En los más de veinte años transcurridos, el error parece no haberse corregido; más bien al contrario, se ha agudizado.

El proceso de liberalización económica, bajo las directrices comunitarias, ha traído a las clases obreras españolas una grave pérdida de derechos laborales, una importante reducción de salarios y pensiones, además de un grave incremento del paro –aún no revertido– y graves recortes sociales. Mientras los grandes capitales usan la crisis para consolidar poder y beneficios, las clases trabajadoras soportan el coste social, económico y humano de la crisis.

Es en ese contexto en el que, por un lado, el PSOE –como responsable del gobierno de la nación en dos largos periodos de tiempo–, los sindicatos –como colaboradores necesarios–, y la izquierda, englobada en IU en su momento y ahora en Podemos o Unidos Podemos, son incapaces de plantear una alternativa social más justa. Son, por tanto, corresponsables de los desastres sociales actuales. Y, a pesar de los intentos de renovación en sus respectivos ámbitos, PSOE/PSC, por un lado, y Podemos y sus confluencias, por otro, han sido incapaces de crear un proyecto social, político y económico para España.

El complejo de culpa impropia

Rebuscar en el origen de ese fracaso nos lleva a constatar que el problema se origina en la Transición, y se agudiza con el tiempo, encontrándonos en estos momentos ante un panorama desolador: ¡No existe la izquierda en España! Y el origen del problema se genera en el mismo ámbito generador de la crisis política española en el que estamos ahora: El nacionalismo.

En la lucha contra el franquismo, la izquierda cometió el grave error de reconocer al nacionalismo como una fuerza democrática, y desde entonces su relación con él ha sido de subsidiariedad. Es como si la represión que el franquismo ejerció sobre las zonas con otra lengua, además del castellano, hubiera sido más grave que en el resto de España. Es lo que, más de una vez, he definido como “Complejo de Culpa Impropia” de la izquierda.

Que dicha represión fuera mayor en estos territorios es más que discutible, sobre todo si se consultan los listados de ejecutados durante y tras la Guerra Civil, pues si bien éstos fueron muchos en Barcelona, no es menos cierto que hay lugares donde el número es considerablemente más alto y más grave (Badajoz, Málaga/Almería, etc.) Aparte de que Barcelona y Cataluña estuvieron durante la Guerra Civil en la retaguardia la mayor parte de la misma, y además durante el franquismo la relación con el poder dictatorial fue exquisita, como lo atestiguan los recibimientos masivos al “caudillo” con sardanas, castellers y pancartas en catalán. Ignorar los beneficios que el franquismo concede a las burguesías catalana y vasca es un grave ejercicio de desmemoria.

El franquismo continuó las políticas de protección a la burguesía catalana y vasca que inauguraron los Borbones tras los decretos de Nueva Planta de finales del siglo XVIII y hasta la Segunda República, sin que durante ésta mermase, por cierto.

Si tal “complejo de culpa impropio” no afectase a las izquierdas catalanas, lo más seguro es que no estuviéramos en esta situación. Lo cierto es que la forma en que se constituyen los partidos de izquierda al inicio de la Transición determina la situación actual. Tanto el PSC como ICV (inicialmente IC, actualmente Catalunya En Comú – Podem) son partidos o entidades independientes de sus partidos matrices españoles, pero participan en los órganos ejecutivos de éstos. Es decir: yo opino y voto sobre España, pero vosotros no podéis opinar ni votar sobre Cataluña. Podemos definirlo como “jerarquía inversa”: la parte decide (participa en la decisión) sobre el todo, pero veta al todo en las decisiones propias. Ni siquiera podemos llamar a esa relación como de tipo confederal, ya que en un sistema confederal existen ciertas obligaciones de las partes tomadas en común.

Se podrá debatir sobre los cambios en la relación PSC-PSOE introducidos en no muy lejanos días, pero lo cierto es que siguen siendo entidades separadas con las mismas dependencias antes descritas: sólo hay que ver las contradicciones actuales entre las últimas propuestas de Iceta respecto a la solución “catalana”. Lo de Unidos Podemos y Catalunya en Comú – Podem precisa de un análisis… ¿cómo decirlo? ¿Psiquiátrico? Que las posiciones de Comuns marcan la hoja de ruta de UP en España es de libro.

La pérdida de votos en toda España y la sangría en Cataluña es analizada por los partidos de izquierda como errores o fallos interpretativos de la clase obrera que dice representar. La incapacidad para analizar objetivamente las causas de su debacle les ha llevado a enrocarse cada vez más con el nacionalismo en una suerte de reinterpretación de su propia ideología, donde la demolición de España como Estado les permitiría, supuestamente, recuperar la hegemonía política.

Su inconsciencia les impide ver que esa ruptura, de llevarse a cabo, se hará en primer lugar irreversible, ya que en los trozos resultantes se exacerbarán los sentimientos de identidad contrapuestos: con ver las actitudes de los manifestantes procesistas en los últimos días es fácil hacerse a la idea. En segundo lugar, los grandes perjudicados de este proceso segregador serán las clases trabajadoras, que verán sus derechos en grave peligro y sus salarios y pensiones mermar: la fuerza de las clases obreras jibarizadas será menor, y más en sociedades desestructuradas y embarcadas en luchas identitarias. Y tercero: el papel de la izquierda, en sociedades donde la nación supremacista (herderiana) es el centro de su existencia, será marginal. Otra cosa es que sus dirigentes encuentren acomodo en la nueva Ítaca, cosa bastante factible. Algunos ya lo han practicado: Romeva, Maragall, etc.

Es paradójico que esa izquierda subsidiaria del nacionalismo, que defiende el derecho de Cataluña y el País Vasco a segregarse, reivindique a la vez como propia la Segunda República Española, cuando ésta en su artículo primero, párrafo 3, dice: “La República se constituye en un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones”, y en su artículo 8º recuerda “los límites irreductibles de su territorio actual”. La realidad es que nuestra actual Constitución prácticamente copia algunos de los procesos que en aquélla se establecían para convertirse en comunidad autónoma. La descentralización a la que aspiraba la Segunda República se da con la Constitución del 78, tan denostada por esa izquierda.

La España federal.

Ciertamente hay mucha gente de izquierda que apuesta por un sistema Republicano y Federal, no sabiendo muy bien lo que quiere decir federal, y resumiéndolo con frases hechas que lo que definen, en realidad, es un proceso de confederación, como si España fuera en estos momentos una suerte de Estados independientes a la búsqueda de la unidad. Con ello quieren encajar la defensa del derecho de autodeterminación, una reclamación dogmática con poca base dado que tal derecho no le asiste a ninguna parte de España, ni por lo legislado por la ONU, ni por lo escrito por Marx, Lenin, Stalin o Rosa Luxemburgo. Recomiendo el ensayo de S. Armesilla: El marxismo y la cuestión nacional española. Editorial El Viejo Topo. 2017.

Proponen la de-construcción de la tortilla española, perdón, del Estado español. Es decir: ya que tenemos España unida, troceémosla a ver si conseguimos volverla a unir, ciertamente desde otros parámetros. Parámetros que se les escapan de las manos a la vuelta de la esquina. Paradójico, a la par que ejemplarizante –no precisamente en su acepción positiva-, la propuesta del respetado economista Juan Torres López y el constitucionalista Roberto Viciano Pastor de la refundación basada en la libre voluntad de los pueblos que componen nuestra Patria, cayendo de hinojos en la coartada secesionista, eso sí, flotando por encima de la realidad en visión privilegiada y omnímoda que da ser de “izquierda” y tener la verdad sin mancharse.

Entender el federalismo de esa manera no lleva precisamente a que éste sea muy popular entre las clases obreras que dicen representar. Cierto que los incondicionales lo seguirán apoyando; pero de ahí a conseguir un incremento significativo de adeptos hay mucho, pero mucho, trecho.

Es, pues, importante definir en qué punto del proceso de federación real es en el que se encuentra España. Los niveles de autogobierno de algunas comunidades autónomas son muy altos, superiores al de los länder alemanes. Nuestro sistema autonómico es considerado como federal o cuasi federal. Yo lo definiría como un “federalismo imperfecto”, al contener asimetrías que afectan a la igualdad de todos los ciudadanos. Desde la Comisión Europea y el Tribunal de Justicia de la UE ya han puesto en entredicho la legitimidad y lo inaceptable del cupo vasco y el concierto navarro en alguna ocasión, y también el ataque a la igualad de los ciudadanos que significa la implantación de la mal llamada inmersión lingüística.

Imponer, como se pretendía con la reforma del Estatut, blindajes judiciales, fiscales o lingüísticos para la Comunidad Catalana no podemos entenderlo como un proceso de federalización, sino más bien como un proceso hacia una “jerarquía inversa” de la que antes hablaba. El federalismo en España no puede ser el resultado de la unión previa división, no puede ser un proceso a partir de soberanías inexistentes hacia una confederación. Históricamente, la confederación es un paso hacia la federación, y no al revés. ¿Qué sentido tiene ir desde un Estado unitario hacia una confederación?

El federalismo, en todo caso, ha de ser un sistema de descentralización del poder para garantizar mejor la igualdad de todos los ciudadanos, atendiendo a la diversidad cultural y lingüística en tanto que realidad en toda España. Dicha federalidad no puede contemplar a las comunidades autónomas (federaciones) como elementos estancos y homogéneos: al contrario, nada hay más diverso que las comunidades con más de una lengua. Es decir, un sistema federal no puede permitir blindajes de lenguas, y menos aún sistemas educativos basados en la exclusión de cualquiera de las lenguas de la autonomía. La inmersión lingüística no tiene justificación actualmente ni como discriminación positiva, si es que alguna vez se pudo considerar como tal.

Evidentemente, un Estado federal precisa de una fidelidad federal o constitucional que, en los sucesos que nos atañen actualmente, brilla por su ausencia. Como dice Teresa Freixes, es hora de dejar de hacer el federalismo de la centrifugación para pasar al federalismo de la cooperación y la coordinación.

Federalismo no debe, ni puede, estar reñido con el concepto de Estado integral según la II República, o el de unidad indisoluble de la actual Constitución –concepto que mantiene en su constitución la República federal Alemana–.

Nou Barris. Barcelona. 02 de abril de 2018

Autor del ensayo El valor real del voto. Editorial El Viejo Topo. 2016

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6 comentarios de “El proceso de involución democrática en Cataluña (y, por ende, en España), en marcha. El nacional-secesionismo (I)

  1. Julio Ortiz
    7 abril, 2018 at 10:37

    Análisis con el que estoy de acuerdo. Partiendo de aquí, ¿cuál es el horizonte de soluciones?
    La Izquierda en España, incluida Cataluña claro, no presenta un discurso hegemónico para derrotar al discurso golpista de gran parte de la burguesía nacionalista. La pequeña burguesía catalana está entregada a su quehacer de perpetuarse como parásito colectivo de individualidades que sólo quieren disponer de rentas altas derivadas de su exquisita dedicación a la administración de lo “público” y del ejercicio de profesiones elitistas. Las clases populares, incluida parte de la clase obrera, sin objetivos socialistas, abducidas por los “sentimientos” de su “nueva patria”.
    ¿Acaso no hay soluciones más allá del estallido social que se avecina o de la presión final y definitiva de los intereses internacionales que puede haber en la ruptura del Estado español como hoy lo conocemos?
    Esto va a acabar mal si no hay una propuesta en el Estado de Regeneración Democrática, de amplia mayoría, que acabe con los pulsos golpistas, con la “Taificación” de España, reformando la Constitución todo lo que haga falta para devolver el presente y el futuro a los ciudadanos españoles, futuro de progreso, justo y social… ¡¡¡aunque esto corra el riesgo de convertirse en un nuevo Socialismo!!!

  2. Gonzalo Marín
    8 abril, 2018 at 10:53

    Desgraciadamente, me temo que como la solución a la oligofrenia nacionalista pase por la construcción de un nuevo socialismo, nos podemos dar todos por balcanizados. Digo, por ser objetivo en la apreciación de los tempos. (Si la frase era a modo de desiderátum, me apunto.)

    Pero lo que me parece de una importancia difícil de exagerar es la mención que hace Julio Ortiz a eventuales “intereses internacionales … en una ruptura del Estado español tal como lo conocemos”. Por menos lentejas de las que hay en este plato saltó por los aires la ex-Yugoeslavia. Yo la conocí antes de ser “ex” y parecía un país de una alegría y vitalidad excepcionales. Era imposible presagiar que las tensiones explotaran tan repentinamente derivando en semejante carnicería. Y seguramente nunca habría ocurrido así de no ser por la gasolina generosamente regada por la OTAN, la cerilla amablemente ofrecida por Europa y el acto de encenderla, premio especial para Alemania.

    Por una vez habría que decir que tenemos suerte de ser amigos del primo de Zumosol. Pero confiarse sería de una necedad casi criminal. Mueve una ceja y estamos a tiros en cero coma.

    El muro de los fusilamientos, frente a un pelotón de soldados en posición de disparo y con los dedos bien apretados contra los gatillos, no es buen lugar para apoyarse a echar un cigarro. Aunque el sargento al mando diga ser tu amigo.

    Son éstas las hechuras del problema. Claro está, tomado en consideración por personas adultas, mínimamente informadas y no diagnosticadas con síndrome narcisista. La sobrecogedora ignorancia, los cálculos cortos, el tactismo, el repugnante hedonismo, la vacuidad, el infinito arribismo y la falta total de principios y ética que guían la mitad de los movimientos de PSOE y todos los de Podridos Podemos, están a años luz de una comprensión y de una gestión razonables del problema.

    Es como confiar la actuación urgente ante el incendio de un colegio a los niños de primero de párvulos.

    En la España no catalana, es muy necesario decirlo pues sin reconocer un problema es imposible solucionarlo, la izquierda nominal está mucho más cerca del problema que de la solución.

  3. Julio Ortiz
    8 abril, 2018 at 12:29

    Sobre el comentario de Gonzalo Marín, decir que la balcanización de España no tendría que pasar por forma repetida de la de Yugoslavia. Sí puede imaginarse de forma “totalmente pacífica” o “parcialmente pacífica”: El, los mismos cocineros, son capaces de preparar recetas bien distintas para cada gusto y cada tiempo, no me cabe duda, para el mismo menú: el Estado Español pactando con los golpistas ante la presión del golpismo en la calle, con miles de golpistas manifestándose y enfrentándose a las fuerzas de seguridad, junto con la impasividad-vigilancia-permisividad-crítica-amenaza de la Alemania-incontestable-líder de la UE.
    La perplejidad de gran parte de la derecha me hace sospechar que no conoce los planes estratégicos que pueden tener “sus socios” en Europa. La agresividad del nacionalismo pequeño burgués me hace sospechar que hay fuerzas antidemocráticas actuando e impulsando este movimiento y que son de ámbito internacional. La inoperancia de la izquierda me hace constatar el papel diseñado para Podemos, una vez más, como elemento indispensable para desarticular alternativas reales al neoliberalismo.

  4. Vicent Bosch i Paús
    19 abril, 2018 at 18:42

    Un comentari d’un no-nacionalista d’esquerres i molt espanyol!!!

  5. Vicent Bosch i Paús
    19 abril, 2018 at 19:12

    Aquest article el firmaria el president de VOX.

    Jo que soc valencià, sols m’informe pels telenotícies de TV3, que a nivell internacional són com les de la CNN “made in USA”. A nivell català em pareixen molt més acceptables que les de TV1, A3, Tele5, la Sexta…

    En quan a supremacia, d’imposició, per collons (força) del castellà a les nostres terres.

    Quan un no parla de l’altre nacionalisme, l’espanyol, perd tota la seua raó!

  6. Gonzalo Marín
    20 abril, 2018 at 19:34

    En retejo, kiu estas publikigita en la tuta ŝtato en la tuta ŝtato kaj faras tion en la hispana, post komento en alia lingvo estas manko de edukado.

    Fakte, kiel iuj reguloj pri identigo estis establitaj kaj plisitaj supre, mi ne forgesas peti, ke tiu ankaŭ estas inkluzivita en la lingvo de publikigado.

    Kiam vi volas, publiku en la hispana kaj ni respondos al vi.

    Alie, ne malŝparu tempon.

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