El verano español de Nordhal Grieg

José Manuel Pérez Carrera ||

Profesor de Literatura española y crítico literario. Coordinador del Grupo de Investigación Bibliográfica de AMESDE ||

La Guerra de España de 1936-1939 suscitó una conmoción en las conciencias de millones de personas de todo el planeta, que comprendieron que lo que estaba en juego en España era mucho más que una guerra fratricida: era el campo donde se dilucidaba el comienzo de la victoria o la derrota del fascismo. Por eso vinieron miles de voluntarios a luchar y a defender sus ideales. De igual modo, cientos de periodistas, que dieron a conocer por el mundo entero lo que aquí se estaba dilucidando. A veces, esos periodistas cambiaron la pluma por el fusil y se convirtieron en soldados. También existió el caso contrario: voluntarios por el combate que se mudaron en escritores.

Muchos de esos extranjeros, periodistas o combatientes, a la vuelta a sus países dejaron  constancia de su paso por España en forma de novelas, reportajes, memorias y testimonios. Algunas de las novelas más renombradas sobre los sucesos de España se deben a gentes como Hemingway, Malraux, Orwell o Gustav Regler, que estuvieron en nuestro país y escribieron sus narraciones con fuertes acentos autobiográficos. Menos conocidos, pero mucho más numerosos fueron los libros publicados en forma de crónicas periodísticas. Por poner un ejemplo, solo de periodistas y brigadistas del Reino Unido hay recogidos hasta cien títulos de testimonios sobre la Guerra de España[1].

Entre 250 y 300 brigadistas noruegos vinieron a España a luchar por la democracia y contra el fascismo. Junto a ellos, periodistas y políticos, algunos de los cuales dejaron testimonios de su estancia en nuestro país. Hay constancia, al menos, de tres mujeres noruegas que escribieron sobre los acontecimientos de España, Me refiero a Gerda Grepp (1907-1940), fotógrafa y traductora, que acompañó a Arthur Koestler en su peripecia en Málaga y de la que en el 2016 se ha escrito una biografía en noruego que se detiene pormenorizadamente en su estancia española; Nini Hasluns Gleditsch (1908-1996), impulsora de un hospital en Alcoy para heridos y enfermos republicanos; y Lise Lindbaek (1905-1961), autora de un libro fundamental sobre el batallón Thälmann, no traducido al castellano. Desgraciadamente para nosotros, no existe apenas bibliografía específica española sobre la obra de estas activistas ni, en general, sobre Noruega y la Guerra Civil española[2].

También existe una novela en noruego sobre la Guerra de España, Og sa Kom Borgerkrigen ( Y llegó la guerra civil) (1937), de Olav Thorsrud (1902-1975), de la que Maryse Bertrand de Muñoz escribe lo siguiente: “Novela de crítica social del campesinado español escrita por un noruego que, sin duda, ha vivido en España; sus descripciones del campo, de la ciudad, de la vida en general son reales y vivas y se siente el cariño, la fraternidad del autor hacia los españoles[3].

Ahora, ochenta años después de su publicación en Noruega, acaba de editarse en España el primer libro de un combatiente noruego, Verano español, del político, dramaturgo y periodista Nordhal Grieg (Bergen, Noruega, 1902-Alrededores de Berlín, 1943)[4].

Marino y aventurero en su juventud, licenciado en filología, comunista militante, Nordahl Grieg era muy conocido en su país gracias a sus novelas, reportajes periodísticos y montajes teatrales. Pero fue, sobre todo, su poema A los jóvenes (1936) lo que le dio notable resonancia, hasta el punto de que durante muchos años se ha considerado como una especie de himno no oficial de Noruega.

Nordahl Grieg estuvo en dos ocasiones en España durante la Guerra Civil: primero, en el verano de 1937 y, después, en el invierno de 1938. Con ocasión del primer viaje publicó en la prensa noruega doce crónicas, que luego editó bajo el libro que ahora comentamos. Su segundo viaje servirá de inspiración parcial a una polémica novela política e ideológica, Ung må verden ennu være (Joven debe ser el mundo), no traducida todavía al castellano, a pesar de que algunos la consideren su mejor novela.

Cuando en abril de 1940 las tropas alemanas invadieron Dinamarca y Noruega, Grieg se refugió en el Reino Unido y desde allí se comprometió y colaboró con el gobierno noruego en el exilio a través, fundamentalmente, de emisiones radiofónicas para Noruega. En diciembre de 1943, cuando participaba en un ataque aéreo británico-australiano sobre Berlín, su avión fue derribado y pereció toda la tripulación. Su cuerpo fue identificado gracias a un amuleto de plata que llevaba su nombre.

Verano español comienza con el viaje de Grieg a Valencia en 1937 para asistir al II Congreso de Escritores para la Defensa de la Cultura, que se inauguró en esa ciudad el 4 de julio. La primera imagen que recibe de España no puede ser más favorable: en el tren que lo lleva desde Portbou a Barcelona “la gente era amable y, al estilo español, compartía todo con los demás, tanto el pan como el vino”[5]. En contraste, la primera noche en Valencia la tuvo que pasar en un refugio antiaéreo. A la espera de que comenzara el Congreso, Grieg se desplazó a Madrid para entrevistar al general Miaja. En un descanso del viaje, comprueba satisfecho cómo la reforma agraria había mejorado las condiciones de vida de los campesinos: “Los campos antes eran del terrateniente. Pero desde que lo echaron, los cultivaban quince o veinte personas del pueblo. Las ganancias se las dividían entre ellos y la provincia”.

Del Madrid bombardeado le impresiona la destrucción: “En ocasiones faltaba la fachada entera, las habitaciones estaban cortadas por medio y parecía la foto de una escena de teatro”. Más le admira la dignidad de los madrileños ante el asedio: “Por las plazas de la ciudad habían levantado construcciones de ladrillo y sacos de arena: albergaban ninfas de piedra y poetas de bronce, delicadamente protegidos. Los vivos pasaban por delante sin darle mayor importancia, con la sangre a flor de piel y su vulnerabilidad envuelta en el aire claro y azul de los proyectiles”. Pero lo que más le emociona es el esfuerzo educativo de la República, aun en medio de la guerra: “A sesenta metros de las posiciones marroquíes, había una gran cueva en la tierra. De nuevo se trataba de una escuela. En ocasiones, el fuego enemigo era tan intenso que los soldados no podían acudir a las clases que se impartían a las afueras de las trincheras; entonces el maestro se desplazaba hasta sus posiciones. Los alumnos trabajaban entre las paredes de tierra, en pupitres bajos, con las bombas tronando sobre sus cabezas”.

Pero no se trata aquí de contar pormenorizadamente el contenido del libro. Las citas anteriores, todas ellas tomadas de sus primeras páginas, pretenden sólo ser un reflejo del tono, interés y originalidad con el que está escrito.

Uno de los dos temas a los que Nordahl Grieg dedica una atención más pormenorizada es el relativo al desarrollo del citado congreso, incluyendo algunos fragmentos de su intervención pública en el mismo. A diferencia de lo que ocurrió con otros participantes, el testimonio que nos ofrece Grieg del desarrollo de ese encuentro de escritores está lleno de sinceridad, autocrítica y sentimiento de solidaridad hacia los verdaderos héroes, los combatientes: “Cuando desfilaban por el pasillo central de la sala, les aplaudíamos y vitoreábamos enardecidos […] Me invadió una sensación de vergüenza. Les habíamos pasado la responsabilidad a ellos […] Malamente habíamos defendido la cultura con nuestras palabras y nuestras ideas, malamente habíamos hecho nuestro trabajo los hombres del espíritu, puesto que tenían que retomarlo extenuados mecánicos a pie de ametralladora”[6].

Pero el bloque temático más importante del libro se corresponde a sus visitas a las trincheras, para acompañar a los voluntarios escandinavos de las Brigadas Internacionales que luchaban en los frentes de alrededor de Madrid. Como tantos periodistas que se acercaron a España aquellos años, Grieg nunca fue un “turista de guerra”, sino que se implicó de verdad en la lucha por la libertad, que es a lo que vinieron tantos jóvenes del mundo entero, hasta el punto de que más de una vez anduvo medio perdido en medio de los fragores del combate, por no dejar solos a combatientes aislados.

En épocas en las que términos como “solidaridad” y “compromiso” suenan muchas veces extraños a nuestros comportamientos cotidianos, el testimonio de tantos jóvenes que rubricaron con su sangre el compromiso de la lucha antifascista no nos puede dejar indiferentes. Precisamente en la exposición citada en la nota 2 se proyectó el cortometraje documental El voluntario, dedicado a Martin Schei, un joven noruego, voluntario, muerto en 1937 a los 19 años en el frente de Aragón.

Nordahl Grieg nos ofreció su testimonio hace ya ochenta años. Apenas seis años después, lo firmó con su muerte en los cielos de Alemania: su compromiso con España no era solo una pose intelectual. Como para tantos españoles que siguieron su lucha contra el fascismo en Europa durante la II Guerra Mundial, la Guerra de España solo fue el pórtico de un conflicto mundial.

Acompañando a este texto se puede ver una placa en homenaje a Grieg en el lugar en el que fue derribado el avión: al menos él puede tener un lugar en el que los suyos puedan llorarlo y acompañarlo. También, muchos españoles han recibido reconocimiento y gratitud en Francia. Para nuestra vergüenza, España sigue siendo el segundo país del mundo con más fosas comunes sin identificar, todas ellas de antifascistas o, simplemente, republicanos, mientras el siniestro Valle de los Caídos sigue flotando en medio de la montaña de Cuelgamuros con los restos del dictador en su seno.

 

Notas

1 Véase la bibliografía El Reino Unido y la Guerra de España elaborado por el Grupo de Investigación Bibliográfica de AMESDE en la página web de esa organización, diciembre de 2017.

2 Toda la bibliografía que he podido encontrar sobre la participación de voluntarios noruegos en España se reduce a un libro y dos artículos: Angel Beneito Lloris y Olav Myklebust: Escandinavos en Alcoi: Solidaridad internacional en tiempo de guerra. Alcoy, Zoe Image Arts, 2011, Y. Iraola: “Noruegos y la Guerra Civil Española, 1936-1939”, Iberoamericana, 55/56, págs. 82-102 y Morten Heiber “Visiones nórdicas de la Guerra Civil Española”, Studia Histórica, Universidad de Salamanca, vol. 32, 2014, págs. 482-490. Solo conozco por referencias indirectas una exposición itinerante que recaló en Málaga en octubre de 2016 A train to Spain. Traveling art project dedicated to Scandinavian volunteers in Spanish Civil War 1936-39, coordinada por Katariina Lillqvist.

3 La Guerra Civil española en la novela. Bibliografía comentada. Madrid, José Porrúa Turanzas, 1982, tomo I, págs, 371-372.

4 Arqueología de imágenes, 2017, 188 págs. Traducción de Cristina Gómez Baggethun. Biografía del autor a cargo de Ainhoa Zufriategui y Aku Estebaranz, Prólogo de Emilio Silva Barrera. Editado con ayuda colaborativa. Con numerosas y valiosas fotografías inéditas de Walter Reuter, pertenecientes al archivo de Guillermo Fernández Zúñiga.

5 Tenemos otro testimonio parecido acerca de la profunda impresión que los viajes en los trenes españoles suscitaban entre los extranjeros que nos visitaban. Henry Buckley escribe en Vida y muerte de la II República Española: “En un compartimento de tercera en España, la conversación suele ser muy animada y se cuentan historias que harían sonrojar a un camionero inglés, pero aquí todo el mundo ríe. En doce horas de viaje en un compartimento de tercera se aprende más sobre España que en doce meses viviendo en Madrid”. (Austral, 2013), pág. 68.

6 Sobre el Congreso, véanse, sobre todo, los trabajos de Manuel Aznar Soler, especialmente “Literatura y antifascismo: El Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (Valencia-Madrid-Barcelona-París, julio de 1937)”, en República Literaria y Revolución (1920-1939). Sevilla, Renacimiento, tomo II, págs. 569-810, y Materiales documentales del Segundo Congreso de Escritores para la Defensa de la Cultura. Sada, La Coruña, Ediciós do Castro, 2009, 612 págs. La intervención completa de Grieg está recogida en las págs. 99-100.

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1 comentario de “El verano español de Nordhal Grieg

  1. Maryse Bertrand de Muñoz
    7 abril, 2018 at 20:40

    ¡Enhorabuena¡ por dar a conocer a este novelista noruego, hasta ahora desconocido en España y el mundo.
    Maryse Bertrand de Muñoz

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