Por la boca muere el pez: Ada Colau y el almirante Cervera

Pasqual Esbrí ||

Historiador ||

A fuer de sincero, debo decir que nunca he sido precisamente un fan de Ada Colau. Ya en los tiempos de su activismo en la PAH, nunca vi claro su postureo de Robin Hood femenino. Consecuentemente, no voté su lista en las elecciones municipales. Sobre los resultados de su gestión, no voy a extenderme. Simplemente, indicar que están superando mis pronósticos más pesimistas.

La cultura de una persona depende de factores variados: origen social, educación recibida, interés…Es innegable la importancia del interés. Todos conocemos ejemplos de cómo se ha podido superar una educación muy elemental a base de esfuerzo. Por supuesto que el nivel cultural que se adquiere tiene un límite y uno ha de ser consciente de sus limitaciones, a riesgo de hacer el ridículo. Pues bien, todo apunta a que Ada Colau no sabe adónde llega su nivel cultural. De otra manera no se entendería su patochada en el Teatro Romea, hace un par de años (“Je suis desolée”, cuando pretendía decir algo así como que estaba contenta) o su “lucimiento” en la Barceloneta (el antaño barrio pescador de Barcelona y ahora sujeto a la más escandalosa especulación turística) el pasado domingo.

Al parecer, ella y sus acólitos están empeñados en “limpiar” Barcelona de monumentos y nombres del callejero que consideran políticamente incorrectos. Quizá sea por casualidad, todas las actuaciones son para contentar al nacionalismo. Se desmonta la estatua del esclavista Antonio López, pero no se cuestiona el monumento al Dr. Robert, teórico del racismo donde los hubiera. Se pretende acabar con los nombres monárquicos, pero solo los borbónicos. Pero se mantiene a Sabino Arana dando nombre a una importante vía pública y, también en Les Corts, hay un espacio dedicado a Batista i Roca, ligeramente sospechoso de teórico del terrorismo nacionalista (perdón, lucha armada de liberación nacional).

El domingo, se montó un paripé para sustituir el nombre de la calle Almirante Cervera por Pepe Rubianes. Empecemos por el principio. No voy a opinar sobre si el actor se lo merecía o no. Personalmente, sus astracanadas nunca me entusiasmaron, pero todo es cuestión de gustos. Ahora bien, como el diablo sabe más por viejo que por diablo, me pregunto sobre la presencia de Rubianes en el nomenclátor si, en cierta ocasión, no se hubiera ciscado en España. Doy el beneficio de la duda, pero la presencia del que es uno de los más típicos representantes de la farándula soberanista, Joan Lluis Bozzo, no creo que fuera casual.

Como Cervera era almirante, Ada Colau asumió inmeditamente que debía ser un “facha”. Ni siquiera echó un vistazo a la Wiquipedia, porque entonces hubiera sabido quién había sido Pascual Cervera Topete. Tampoco creo que tuviera idea de la relación de dicho almirante con Cuba, la independencia de dicho país y la intervención neocolonialista de EEUU en 1898 (de la que la ocupación de Guantánamo es el último vestigio). No le voy a pedir que estresara sus neuronas con algún sesudo libro sobre el tema. Por ejemplo, “El ingenio. Complejo económico-social cubano del azúcar” de Manuel Moreno Fraginals*, un análisis materialista histórico que explica, entre otras cosas, por qué la independencia le llegó a Cuba tan tarde y de forma tan traumática (asumo que doña Ada debe saber lo que es el materialismo histórico, ya que, según mis noticias, se matriculó en la Facultad de Filosofía de la UB en un determinado momento).

Nada de eso. Le voy a sugerir literatura para adolescentes (yo tenía 12-13 años cuando la leí): la novela “La capitana del Yucatán” de Emilio Salgari**. Magníficamente documentada, cosa normal en el autor, explica como a Cervera y su exigua y anticuada armada la envió el Gobierno al desastre. Cómo, a pesar del bloqueo estadounidense, el Almirante consiguió entrar en la rada de Santiago de Cuba, una verdadera ratonera. Cómo, en un determinado momento, desde Madrid le conminaron a luchar en mar abierto. Y cómo los navíos españoles fueron cañoneados, uno detrás de otro, en un ejercicio de tiro al blanco, al intentar salir de la rada. Consciente de que no había ninguna posibilidad de victoria, llevó a las naves a encallar, a fin de salvar las tripulaciones. Pues bien, mientras Colau, Pissarello y tutti quanti insultan la memoria del Almirante Cervera, la Cuba revolucionaria lo honra, como puede verse en la foto que su bisnieto ha colgado en un medio digital.

Debería también saber la señora Colau que en las Fuerzas Armadas españolas no solo ha habido Tejero, Franco o Millán Astray. Durante gran parte del siglo XIX los pronunciamientos militares fueron de signo progresista (independientemente de lo que se piense de ellos como procedimiento), desde Riego (1820)  a la Gloriosa (1868), encabezada por Prim y, precisamente, por Juan Bautista Topete Carballo, abuelo materno de Pascual Cervera. Ministro de Marina durante la Primera República, combatió como un héroe la sedición carlista en el norte de España.

Ya en el XX podemos citar también dignos militares profesionales, leales a la democracia, como Batet, Miaja, Rojo o Cardona.

Desde la clausura del Museo Militar de Montjuïc a lo que estoy comentando, todo se ha justificado con un supuesto antimilitarismo que, curiosamente, solo alude al ejército español; de igual manera que, a título de ejemplo, se priva a los aficionados de la posibilidad de ver los partidos de la selección española de fútbol en un espacio público.

En resumen, señora Colau: ¿Le supondría un gran esfuerzo mantenerse al menos calladita en lo que le queda de mandato, a no ser que se haya documentado convenientemente?

*Barcelona, Crítica (2001).

**Barcelona, Orbis (1988).

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2 comentarios de “Por la boca muere el pez: Ada Colau y el almirante Cervera

  1. Félix Izquierdo
    21 abril, 2018 at 12:59

    Quizas la Sra. Colau, este confundiendo al Almirante Cervera con el crucero que llevaba su nombre, que inicialmente fue republicano y luego cayó en manos fascistas y que participó activamente en el bombardeo de Malaga por las tropas fascistas en la guerra civil.
    Efectivamente, en este pais necesitamos leer un poco más .

  2. Julio Ortiz
    21 abril, 2018 at 13:15

    Mi abuelo, desde Alanís, un pueblecito de la sierra de Sevilla, fue enviado a la Guerra de Cuba, como soldado de a pie. Volvió maltrecho y huesudo del hambre y las calamidades, como la mayoría de los que volvieron. Como pudo volver, de ahí una larga prole de la que soy descendiente. Fabulando, fabulando, aunque más cierto que el conocimiento de la Historia de esta señorona efectista, quizá pudo volver por la gesta del Almirante Cervera y sus marinos al enfrentarse en batalla más que desigual con la flota Usaca cumpliendo las órdenes que le dieron. Nada es inconexo, todo está relacionado. ¡Bien podía haber dejado la calle del Almirante, al menos como recuerdo de los que volvieron y no volvieron y la Historia no les recuerda ya! Hubo quienes compraron su exención de ésta y otras calamidades.
    Colau, adanistas en general, ¡más estudiar y menos palabrería efectista!

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