Garzón, el Twitter y la plurinacionalidad

Vicente Serrano ||

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas ||

El Twitter, al limitar el número de caracteres, fuerza a sintetizar las ideas, lo que, por un lado, agudiza el ingenio y, por otro, consigue transmitir en una frase complejas definiciones. A veces, nos transmite en tan poco espacio los problemas de elaboración del pensamiento, las contradicciones, los prejuicios, los esquemas mentales, las debilidades de sus autores.

Alberto Garzón llamó mi atención con el Twitter que sigue:

“El proyecto de Ciudadanos es calcar a Macron en lo económico y a Le Pen en el nacionalismo excluyente. Un Trump español”. Garzón dixit.

Y a mí me parece que en esa frase nos traslada todos los “errores/males” que sufre esa izquierda española: ¡No se enteran! O no quieren enterarse. Y no tanto por su tendenciosa definición de lo que es Ciudadanos; conste que en parte tiene razón, el programa de Macron y el de Rivera se parecen, pero, en todo, caso sería Macron quien copio, calcó, a C’s, mas que nada por una cuestión cronológica. Se equivoca y lo hace adrede cuando lo califica de lepenista o de Trump español, cuando no lo es. A mí, particularmente, C’s no me gusta nada, su deriva neoliberal es imparable, pero ese es otro tema.

Es claro que C’s aspira a dar el sorpasso al PP en la derecha, pero la misma operación pretende UP en la izquierda respecto al PSOE. La derecha española siempre ha sido muy proclive a pactar con el nacionalismo catalán y vasco. Lo que tiene despistado al PP es su incapacidad para hacer retornar al redil a los de Convergencia/PdCat/JxCat. Parece evidente que, como siempre, están dispuestos a cederles terreno, competencias y, si se tercia un referéndum. ¡Al tiempo! En ese sentido, parece que C’s interpreta mejor el sentir de los españolitos de a pie. Es evidente que a Garzón eso –entender a los españolitos– le cuesta bastante.

“Peligroso este experimento ultranacionalista que llama permanentemente al conflicto…” Garzón dixit.

Lo peligroso del experimento no es que sea ultranacionalista –que, por ahora, no lo es– sino que puede acabar quitándole votos a UP y esa es la clave del desafuero de Alberto. No es que acabe quitándole votos, no, ya lo ha hecho en varias citas electorales. Y que eso pase mayormente en Cataluña no impide que con el tiempo pase en toda España.

En realidad, yo creo que en el tema procés, C’s, en los últimos tiempos, ha suavizado mucho su discurso centrándolo en una imagen constitucionalista y  de renovación democrática y, ahora, en criticar la xenofobia de Quin Torra, olvidándose de sus fuertes criticas a la, mal llamada, inmersión lingüística que se aplica en la escuela catalana. Un sistema de asimilación identitaria que pretende la separación afectiva entre catalanes y resto de los españoles.

Que tal sistema haya fracasado, como lo demuestran los resultados electorales autonómicos de 2015 y 2017, todavía no ha hecho abrir los ojos a la izquierda española, debido sobre todo a su dependencia del relato que les llega desde sus socios en Cataluña: En Comú Podem Catalunya.

Que un dirigente como Garzón vea más peligroso lo que hace C’s que lo que hace el nacional-secesionismo, a los que, cada vez más, se les ve el plumero lepenista –¿no cree que quien “llama permanentemente al conflicto entre identidades” es el independentismo?-, hace dudar de su capacidad como político e incluso como analista de la realidad. Claro que si quien le cuenta las cosas es un tal Nuet y encima se lo cree, podemos afirmar que no hay esperanza.

“… conflicto entre identidades nacionales en una España que es plurinacional”. Garzón dixit.

Entremos en el tema de frente. ¿Es España una nación de naciones? Seguramente, podríamos dar muchas vueltas sobre el concepto nación y hasta podríamos encontrar una definición que permitiera esa afirmación. ¿Podríamos?

España es una nación política y se configura como tal a partir de la Constitución de Cádiz, donde los derechos forales se superan, con sus aciertos y con su sufrida  historia durante el siglo XIX. Cuando Marx habla en sus artículos para el New York Daily Tribune de La España Revolucionaria, y sitúa la primera revolución del siglo XIX entre el 1808 y 1814, no parece dar a entender que existieran identidades oprimidas desde 1714. Tal vez se lo pasó por alto.

Yo, particularmente, diría que España es una nación de nociones, que cada uno es libre de sentirla a su manera: es decir, España no es patrimonio de nadie, no necesita nacionalistas, ni nacionalismo españolista, y, como dice Guerra –a la vejez viruelas, ahora despierta siendo, como es, corresponsable de la deriva del nacionalismo- el concepto de “patria es la igualdad entre todos los españoles”. Y yo añadiría que el único patriotismo posible es el patriotismo constitucional.

Seguimos atascados, Alberto

Esa izquierda, al alimentar la defensa de la plurinacionalidad de España con la consabida mochila del derecho de autodeterminación, y, ahora, una vez pasado por maquillaje, el dret a decidir, lo único que hace es alimentar a los nacionalismos de corte identitario o herderiano, xenófobo, por si no se entiende.

Aceptar que Cataluña es una nación (cultural) y que, por tanto, tiene derecho a constituirse en Estado (nación política) es contrario a los intereses de las clases trabajadoras de Cataluña y de toda España. El nacionalismo catalán –que sí que existe, son los nacionalistas los que crean la nación identitaria– no es un problema de hace cinco años, es un problema viejo, que hay que resolver. Pero la solución nunca será concederle una tras otra todas las reivindicaciones insolidarias que reclame.

Es hora de la existencia de una izquierda que diga, alto y claro, que España es diversa y plural, pero que, a la par, diga que no, que no es plurinacional, que queremos un Estado integral, como definía la Segunda República Española, y que se necesita una reforma constitucional que cierre el sistema autonómico -declarando la autonomías existentes, delimitando las competencias de las tres administraciones (estatal, autonómica y municipal), que implante un sistema fiscal igualitario, compensado y solidario para todas las autonomías, eliminando conciertos y cupos-, eliminando también, entre otras, la disposición transitoria cuarta.

Y ahí seguimos, pero como no creemos en milagros, sabemos que Garzón no sufrirá una cura de su ceguera consuetudinaria ante el nacionalismo, la misma que muchos progres. No caerá del caballo ni se le aparecerá Lenin, no. ¡Deberemos espabilar!

No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy.

Nou Barris, Barcelona, 24 de mayo de 2018.

*Autor del ensayo El valor real del voto, Editorial El Viejo Topo, 2016.

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9 comentarios de “Garzón, el Twitter y la plurinacionalidad

  1. Antonio Rato
    25 mayo, 2018 at 19:59

    El concepto de nación no tiene nada que ver con el de Estado o, mejor dicho, es tan sólo un elemento de los tres que lo configuran: A saber: población, territorio y soberanía. La nación se incardina en el elemento población.

    La población del Estado puede estar formada por varias naciones (caso de la mayoría de países de la Hispanidad), e inversamente la misma nación puede extenderse por varios Estados (caso de la vasca y la catalana). Asimismo, el Estado puede abarcar diversos territorios, tan alejados como California y Hawái. Insisto, lo esencial en todos los casos es la soberanía como elemento aglutinador del Estado.

    La nación no puede definirse conceptualmente, sino que debe admitirse como simple realidad social, por ser un fenómeno afectivo y no racional. Lo normal sería que los andaluces, con sus procesiones, su Rocío, etc. constituyesen una nación, pero en la actualidad no lo son. (Si bien lo fueron, y violentamente, en la España de Felipe IV.)

    La Real Academia define la nación como “Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tie-nen una tradición común”

    El idioma no es siempre un elemento constitutivo de la nación. Hasta el nacimiento del sionismo, a finales del XIX, eran muy poco los judíos que hablaban usualmente el hebrero. Y el caló de los gitanos es más bien una germanía de nuestros trashumantes que un idioma nacional

    La definición de la RAE es pues un cajón de sastre en el que todo cabe siempre que exista un origen común. Este requisito no puede discutirse en los catalanes, que descienden de los francos, es la única zona de España que sido parte del Imperio (marca hispánica), y han tenido sus fueros hasta Felipe V, etc.

    Los asturianos tienen el Bable, origen del castellano, y nunca se han sentido nación. Pero, allí donde existe se sentimiento debe ser respetado y protegido. Los nietos de extremeños y andaluces inmigrantes en Cataluña se sienten catalanes, en parte gracias a que han sido educados en catalán

    Nuestros legisladores de finales del siglo XX, época de oro de nuestro derecho privado (Códigos Civil y Pena, leyes de Enjuiciamiento Civil y Penal, etc. fueron muy respetuosos con las leyes forales de las principales naciones españolas. En la transición, en cambio, no se atrevieron a usar en la Constitución el término nación, prefiriendo el eufemismo “nacionalidad”, quizá por la sombra amenazadora de un ejército forjado en la “unidad de destino en lo universal”. La Primer República, obra de los precitados legisladores, era federal y murió víctima de una tejerada

    Lo malo de la actualidad es que el rechazo de la nacionalidad, que ha crispado los ánimos de tantos catalanes, no tiene otra explicación que su rentabilidad en votos según los resultados estadísticos. Que en cinco años se haya más que duplicado el sentimiento separatista no puede achacarse a TV3 -que llevaba muchísimos años hibernado- sino a los desplantes de Rajoy que no ha entendido que su mantra de “el imperio de la ley” no significa la fosilización de la Constitución. La hibernación sine die del gobierno catalán quizá otorgue a ciudadanos la mayoría absoluta en el parlamento español, pero será la muerte de la nación unitaria en Cataluña

  2. 26 mayo, 2018 at 1:23

    Manejas un concepto de nación bastante maleable que se adapta como un guante a todo tu discurso amigo Antonio Rato.

  3. Antonio Rato
    26 mayo, 2018 at 12:54

    Es el concepto que utilizan los principales tratadistas occidentales de la Teoría General del Estado (jellinek, Kelsen, etc). En el marxismo el propio Marx defendía la independencia de Irlanda. En la obra de Lenin (en disputa con Rosa de Luxemburgo) “El derecho de las naciones de disponer de sí mismas” lo que se discutía era este derecho pero no el concepto de nación en que coincidían ambos. Stalin fue muy contradictorio: mientras desterraba a los tártaros a la península de Crimea obligaba a los exiliados españoles a educarse en castellano y editaba todas sus obras en los cincuenta y pico idiomas de la Unión Soviética, el estado más plurinacional. Pero la unidad del estado plurnacional no debe justificarse con la unidad de mercado sino en lo que Ortega definía como “sugestivo proyecto de vida en común” que no consiste en obligar a las esposas y madres de los etarras encarcelados a realizar largos viajes para visitarlos. Consiste en fomentar el amor y no el odio

  4. Francisco Frutos Gras
    26 mayo, 2018 at 20:11

    A mi me aburren estos tratados y citas de Rato. En cuanto a Garzón, qué quieres que te diga Vicente, no esperes de “un curt de gambals” (persona de cortos alcances) nada serio.

  5. Francisco Frutos Gras
    26 mayo, 2018 at 20:11

    Buen artículo Vicente.

  6. 27 mayo, 2018 at 11:03

    Querido Antonio Rato. Yo cuando me pongo a escribir no consulto muchos tratados, me fio de mis propios conocimientos, que pueden ser, como todos, lease los tuyos o los de cualquiera, como mínimo discutibles. Para mi, así, sin más rodeos, España es una nación política y Cataluña no.
    Gracias Paco por tus palabras, breves y contudentes.

  7. Antonio Rato
    27 mayo, 2018 at 12:22

    Querido Vicente: Yo tampoco preparo mis intervenciones y me fío de mi experiencia. Es cierto que participé durante muchos años (del 54 al 76) en la lucha política. Distinguía Plejanov entre agitación y propaganda y sostenía que agitación es llevar una idea simple a la mente de muchos y propaganda llevar muy pocas ideas complejas a la mente de unos pocos. Mi acción política se desarrollaba en el Colegio de Abogados de Madrid, donde estaba la mayoría de las cabezas de la plataforma y posterior platajunta democrática) y por lo tanto no era de agitación sino de propaganda y tuve que leer a fondo a “los clásicos”.

    Por esta razón mi marxismo no ha desaparecido con el derrumbamiento del campo socialista, aunque en la actualidad reconozco que resulta aburrido aparte de ineficaz. Ahora lo que vende es Tabernia. Pero a mi ya no me interesa vender sino simplemente desahogarme anta la liquidación inexorable de la nacionalidad catalana.

    Pero estoy convencido de que lo mismo que el Terror y la Guillotina no terminaron con La Ilustración (Rousseau, Montesquieu, etc.) y hoy hasta la derechona se proclama liberal, muy pronto se verá que el marxismo nada tiene que ver con la experiencia fallida, en un país agrario, que no había hecho aún la revolución capitalista. Marx había predicho que el Comunismo solo podría surgir en países con una potente clase obrera y en Rusia hubo que hacer Revolución Burguesa desde el Estado la. Cuesta reconocerlo, pero Kerenski habría sido necesario para mancharse las manos en esa transformación.

    Perdona el rollo, pero es que quiero que sepas que me metí en este debate precisamente porque es de ideas, y tus ideas espontáneas despertaron en mí el Beria que todos los marxistas que fuimos estalinistas llevamos dentro

  8. Rafael Núñez Ruiz
    30 junio, 2018 at 20:50

    El término nación tiene múltiples significados. Muchos de ellos están en origen de los nacionalismos contemporáneos. El término de la nación política, que “nace” de los ilustrados y 1789 (Sieyés…) tiene un único significado, que es revolucionario por cuanto supone la ruptura con la sociedad estamental y el Antiguo Régimen y, mediante la radicalización de la idea liberal de ciudadanía (jacobinismo, revoluciones de 1848, etc.), el origen de la democracia. Estamos en una época en que la progresión democrática nos conduce a proponer la universalización (e igualdad) y globalización de los derechos ciudadanos. Una perspectiva democrática de ese trásito no puede sino partir del constitucionalismo democrático de los Estados nacionales. Digo yo.

  9. 2 julio, 2018 at 0:00

    Y dices bien amigo Rafael

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