¿Quién pondrá el primer muerto? Cataluña camina hacia el abismo del enfrentamiento civil

Eduardo Luque Guerrero ||

Periodista y analista internacional ||

Cerca de la iglesia Almusallaba, al suroeste de la mezquita de los Omeyas,  en el lugar donde la tradición cristiana sitúa la conversión a la fe del apóstol San Pablo, toda la zona está protegida con sacos terrenos. Teníamos que sortear los retenes militares y las ametralladoras apostadas para poder ver la iglesia de Ananías. Es una zona de guerra.

Yo preguntaba a mi amigo sirio -kurdo  Barzay, como había comenzado todo. Su respuesta no dejaba de sorprenderme, y no deja de golpearme. “No lo sé”,  me dijo”. Un día partidarios y detractores del gobierno de Al Assad comentaban la situación con el mismo interés con el que seguían la liga española. Unas semanas más tarde, el barrio de Yarmouk dentro de Damasco, ejemplo aparente de convivencia inter-étnica, se convertía en un campo de batalla.

La misma historia nos repetían los refugiados iraquíes, que huyeron de la limpieza étnica en Bagdad unos años antes, asilados también en Damasco: “No lo sé, era imposible que sucediera, eran nuestros vecinos”. Una cosa parecía unir los dos casos: la emoción, el sentimiento de pertenencia a un grupo étnico u otro. El supremacismo, en este caso de índole religiosa, se había impuesto sobre el argumento. La convivencia se había hecho añicos. Visto hoy con la perspectiva del tiempo sabemos que fuerzas enormes decidieron arrastrar a los países al abismo del enfrentamiento civil. Los pueblos pusieron los muertos, otros se llevaron los beneficios.

Torra, quintaesencia del nacionalismo más excluyente

Como decíamos en anteriores reflexiones, España camina directamente hacia un profundo proceso de involución y Cataluña hacia el abismo del enfrentamiento civil. La elección de Quin Torra, no es un más de lo mismo, representa un salto cualitativo. El personaje sintetiza las quintaesencias del nacionalismo más rancio y excluyente. Católico conservador en lo personal, neoliberal en lo social, supremacista y xenófobo en lo nacional-popular. Tiene, eso sí, una gran virtud: su fidelidad: Es el fiel escudero del “Emperador bonapartista” en el exilio y admirador de Jordi Pujol. Curiosa esta República catalana con la que sueñan algunos, camino de convertirse en monarquía republicana.

La huida hacia adelante del independentismo catalán fue respondida desde el gobierno con la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Tres conclusiones extraemos: La primera es que ha incrementado el victimismo, aunque no haya tenido traslación concreta en la vida cotidiana. La segunda que la ciudadanía en su conjunto no ha notado los efectos (los sueldos se han pagado, los impuestos se han cobrado, la vida sigue igual…..). La tercera y más importante: no ha servido para nada.

Un PP indolente, maniatado por sus casos de corrupción, presionado por Ciudadanos que le recorta distancias electorales. Fuerte sólo con los débiles. Sin proyecto político para España, más allá de preservar el sillón en las próximas elecciones, no ha querido, por incapacidad y en parte presionado por el PSOE-PSC (la responsabilidad de Iceta aquí es enorme), tocar las bases sobre las que se asienta el crecimiento del supremacismo catalán en estas décadas: la propaganda de los medios de comunicación en manos de la Generalitat o afines, un modelo educativo que lejos de ser un ejemplo de éxito como recogen las bajas puntuaciones en los informes Pisa (la sexta/séptima clasificada en los Informes Pisa 2015 respecto al resto de CCAA) es, en realidad, un modelo de aculturación masiva en torno a los presupuestos básicos del nacionalismo.

El gobierno del PP no ha querido modificar el organigrama gubernamental, ha dejado intacta la estructura funcionarial (especialmente los cargos intermedios, nombrados por su afinidad ideológica) y, sobre todo, ha mantenido  la estructura policial (es un cuerpo con más de 17.000 efectivos). Lo cual permitió, en primer lugar, que las grandes manifestaciones en Barcelona fueran un éxito de convocatoria puesto que contaban con una buena financiación y una dirección, construida como un estado Mayor Central de carácter militar (los Mossos d´Escuadra) y, en segundo lugar, porque la propia estructura burocrática y clientelar creada durante decenios ha difuminado el ya de por si escaso impacto del decreto aprobado por el Senado. En realidad, el tan “cacareado” artículo 155 no ha sido sino tres funcionarios, poco más, desplazados desde Madrid el lunes y devueltos a la capital el viernes.

En los “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”, hace 500 años, el autor, Nicolás de Maquiavelo, plantea una duda (aún no resuelta) sobre la acción política. ¿Deben aplicarse las medidas decididas con toda la intensidad necesaria, una vez tomada la decisión, o de forma gradual?  La respuesta de Rajoy ha sido, en realidad, no hacer nada. Incapaz de buscar una salida política ha dejado, como es habitual en él, pudrir la situación. La burocracia española en Bruselas recibió la consigna de mantener un perfil bajo. Una buena campaña publicitaria, ampliamente financiada por parte del gobierno de la Generalitat ¿cómo no se ha controlado ese dinero?, ha permitido que las posiciones independentistas tenga un cierto “quorum” en Europa amparándose en el paraguas de los partidos xenófobos o proto-fascistas europeos.

La responsabilidad de la izquierda

La responsabilidad también de la izquierda en este ámbito es también enorme, no ha querido, el objetivo era desprestigiar al PP a nivel internacional, plantear que el independentismo catalán, como ahora se ha evidenciado, tiene una raíz profundamente xenófoba y supremacista. La izquierda europea o lo que queda de ella “la Francia insumisa y especialmente Die Linke“ ha contemporizado con Puigdemont.

La consecuencia no podía ser otra: al conservar el independentismo los medios de propaganda intactos y utilizando el victimismo como arma, ha proyectado una imagen distorsionada hacia el exterior, eso le ha permitido ensanchar su  base social y situar a los partidos democráticos a la defensiva.

El caso catalán está acelerando la sustitución de un grupo dirigente por otro (Rajoy  por Rivera). El PP se halla en franca descomposición. Los ministros actúan ya, en clave post electoral, especialmente Montoro, que intenta justificar su incapacidad para controlar las finanzas de la Generalitat, acusando indirectamente al juez encargado del caso y a la propia Guardia Civil de haber mentido con las imputaciones por malversación hacia Puigdemont y otros dirigentes nacionalistas. Más patético resulta aún el Ministro del Interior, incapaz de controlar el trasiego de urnas por la frontera francesa que hubiera impedido el falso Referéndum. En este aspecto es de destacar el peso de la Iglesia católica que permitió a través de sus propias redes que muchas de estas urnas fueran guardadas en las sacristías. Como en los viejos tiempos del carlismo, cuando los “curas trabucaires” apoyaron los movimientos carlistas más reaccionarios en el siglo XIX que convergieron en el apoyo al golpe fascista de Franco en 1936, ahora lo hacen con el independentismo.

Como hemos dicho las dos derechas (la madrileña y la catalana) se complementan y se necesitan. Compiten en lo superficial pero coinciden en lo esencial: mantener las formas de dominación y propiciar el enfrentamiento civil. Esto ha permitido que la reivindicación social se traslade desde el espacio izquierda-derecha hasta el independentismo-legalidad. La fase que se abre a continuación es la del enfrentamiento civil en el interior de la propia ciudadanía catalana.

Las consecuencias en Catalunya para la izquierda han sido evidentes, fractura interna, pérdida de influencia política y declive electoral. La ciudadanía no independentista y de izquierdas no ha tenido en este proceso un referente político claro. Necesitada de una voz que los defendiera de lo que ya percibían como una agresión a las formas de convivencia y que profundizaba la fractura social; sólo ha encontrado en Ciudadanos una vez aparentemente coherente. Así se explica el crecimiento electoral de esta fuerza política. En política no existen los espacios vacíos, como la izquierda no supo o no quiso enfrentarse al independentismo creyó que así desgataba más al PP, ese espacio el de la reivindicación social-nacional, fue ocupado por la nueva derecha.

Hay espacio político para la izquierda no nacionalista

Pero aún hay espacio político para la recuperación de la izquierda no nacionalista siempre que coja como bandera la reivindicación social (la lucha de los jubilados es un ejemplo) y la apuesta por la unidad de la clase frente a la homogeneización social que promueve el independentismo.

Podemos ha ido de error en error. Hasta hace muy pocas semanas, convocaba manifestaciones en más de 40 ciudades españolas por el derecho a decidir de los catalanes. Incluso hicieron suyos la parafernalia independista del lacito. Los dirigentes de Podemos en Cataluña (el clan argentino) finalmente demostraron su perfil claramente pro-secesionista. El desgaste político dentro de su militancia ha sido muy importante. A pesar de las evidencias, los Comunes y Podemos-Cataluña parecieron no haber aprendido gran cosa: la ruptura del pacto entre en los comunes y el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona, impulsada por los sectores independentistas dentro de la organización, apuntan que la izquierda perderá este baluarte en Cataluña.

Las próximas municipales están planteadas ya como una fase más del “procés”. Ada Colau no lo vio, no quiso verlo (primaron los equilibrios internos). Su soledad política en los meses venideros se verá más y más acentuada. La derecha nacionalista, la CUP y especialmente ERC no le darán ni tregua ni cuartel. La alcaldía de Barcelona será el nuevo escenario del enfrentamiento entre independentismo-constitucionalismo (se perfila una triple alianza derechista para recuperar la capital de Cataluña de manos de la izquierda). En realidad, el partido que ahora se juega en Catalunya no es por las normas de juego, sino ¿cuál será el terreno donde se produzca el enfrentamiento?

En esta tesitura la izquierda, como hemos dicho  tiene una enorme responsabilidad. En su afán por destruir al PP, ha acabado por asumir el discurso victimista del nacionalismo. Ha llegado a extremos que demuestran la escasa preparación, el escaso rigor intelectual de alguno de los dirigentes. Pablo Echenique, sin ir más lejos, decía del régimen de Franco que era un poco más “autoritario” que el actual. Echenique daba la razón a revisionistas de la talla de Pío Moa o César Vidal, que califican al franquismo, no de régimen fascista, sino “autoritario”. Como diría Almudena Grandes, en cualquier otro país eso desacreditaría al político que hiciera estas afirmaciones, pero ya se sabe, el pulpo es un espécimen muy extendido en la fauna política española.

Aumentar la tensión social, una de las pocas salidas de Puigdemont

Como decíamos, la elección dedocrática de Quin Torra profundiza el abismo social. Con toda seguridad, querrá ir más allá. No es, no será, ya lo ha dicho en el discurso de investidura, un presidente para todos sino para unos cuantos. ¡Un xenófobo supremacista alcanza la presidencia de la Generalitat! Un personaje que no duda en calificar a los españoles de “bestias humanas” y de “raza inferior“, que insulta al 70% de población de esta Comunidad, ha alcanzado la presidencia. Será una legislatura, puesta al servicio del “soberano bonapartista” y que servirá a los intereses judiciales de Puigdemont. No hemos de esperar más que un aumento de la tensión social.

Una parte de la ciudadanía independentista ha abrazado el nuevo credo “cuasi” como una opción religiosa. No exigirán responsabilidades a sus dirigentes por haberles engañado (la pertenencia a la UE, las desconexión con España, la integración en la ONU….) no exigirán responsabilidades por una República y una independencia que no fueron proclamadas. Les perdonaran que mintiesen cuando aprobaron la DUI aunque no la rubricaron en el DOGC.

La derecha nacionalista es consciente de eso. Por ello se apresta a reescribir la historia reciente de este país. Hace pocos días se celebraba, el primer y no último homenaje a Jordi Pujol que ahora ve cómo puede reivindicar su nombre e incluso atenuar sus responsabilidades judiciales. De igual forma, TV-3 y los medios afines iniciarán un procedimiento casi de “transubstanciación “de las declaraciones de Quin Torra para hacerlas más asimilables en el contexto actual.

Una de las pocas salidas que le quedan a Puigdemont (en clave salvación personal) al margen de vagar durante muchos años por Europa, es el aumento del clima de tensión social en Catalunya. Que eso implique el enfrentamiento civil. Está descontado, Quin Torra ha sido escogido para eso. El independentismo necesita tensionar la sociedad catalana para justificar su propia existencia como movimiento. La historia nos enseña que cuando se inflaman las sociedades, se generan las condiciones para que nazcan situaciones de neofascismo.

Sobre las fuerzas constitucionalistas recae una enorme responsabilidad. ¿Serán capaces de crear un marco político común, llámese como se llame, que defienda algo tan elemental como la convivencia democrática en Catalunya? De no estar a la altura de las circunstancias, la siguiente pregunta a responder será: ¿Quién pondrá el primer muerto?

El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.