Un hito historiográfico con una enorme repercusión política: El movimiento obrero en Asturias, de David Ruiz

María Rosa de Madariaga ||

Historiador ||

En este 2018 se cumplen 50 años de la publicación de la tesis doctoral de David Ruiz, El movimiento obrero en Asturias, presentada en la Universidad de Oviedo. El periódico ovetense La Nueva España consagraba al autor una larga entrevista, que hemos reproducidos en Crónica Popular, y tres de sus alumnos en dicha Universidad, Eugenio Fuentes, Julio Antonio Vaquero y Ramón García Piñero, le dedicaron en el mismo diario artículos (12 de abril de 2018) sobre el significado historiográfico y político de ese importante trabajo de investigación. David Ruiz es miembro fundador de Crónica Popular y miembro del Consejo de Redacción y del Consejo Editorial de este periódico digital, que se suma con gusto a esta conmemoración.

Desde Algeciras, donde enseñaba como profesor numerario de Enseñanza Media, pedía David Ruiz el traslado a Asturias en 1963, para estar más cerca de su tierra natal, Susilla, un pueblo de la provincia de Santander, y también para poder iniciar un proyecto de investigación que le rondaba por la cabeza desde hacia tiempo y que se proponía acometer. Se trataba de estudiar la revolución de 1934 y de analizar las causas de aquella insurrección armada de las organizaciones obreras contra la II República.

Este proyecto no pudo llevarlo a cabo entonces, por no ser posible consultar fuentes archivísticas sobre ese periodo, lo que llevó a David Ruiz a centrar su estudio en el siglo anterior, para reconstruir el surgimiento y evolución del movimiento obrero en Asturias desde comienzos de la industrialización hasta el advenimiento de la II República.  Aunque postergada, la investigación sobre el Octubre asturiano del 34 sería acometida años después por David Ruiz en dos libros: Insurrección defensiva y revolución obrera. El octubre español de 1934, publicado en 1988, y Octubre de 1934. Revolución en la República española, publicado en 2008.

En el curso académico de 1967-68, David Ruiz se convirtió en el primer profesor contratado por la Universidad para enseñar Historia Contemporánea. En aquel erial que era la historiografía española desde 1939, como señala Eugenio Fuentes, la tesis de David Ruiz, marcó un hito, en palabras de Ramón García Piñero. El 28 de octubre de 1967 tenía lugar en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo la presentación de la tesis de David Ruiz, en un acto, del que La Nueva España dio cuenta al día siguiente en un extenso articulo ilustrado con fotos. El acto fue todo un acontecimiento: congregó a un numeroso público compuesto de estudiantes y de obreros, así como de militantes antifranquistas, en el que destacaba una gran cantidad de jóvenes.

Primera tesis de Historia distinguida con el Premio Extraordinario de la Universidad de Oviedo, la tesis tendría una enorme repercusión, no solo historiográfica, sino también política. Publicada en 1968 por la asociación Amigos de Asturias, impulsada por el PCE, con el título El movimiento obrero en Asturias. De la industrialización a la II República, sirvió para que miles de personas conocieran los antecedentes del movimiento obrero en Asturias y las luchas que habían jalonado su historia, y en las que los mineros se encontraban de nuevo inmersos desde 1962.

En 1963, año en el que, procedente de Algeciras, David Ruiz llegaba a Asturias, la región seguía aún conmocionada por la huelga minera de 1962, la más importante registrada desde 1939, y por el subsiguiente estado de excepción, que duraría tres meses. El libro de David Ruiz contribuiría a reavivar el espíritu de lucha del movimiento obrero, cuya defunción, como dice Eugenio Fuentes, había decretado Franco, unificando en un solo sindicato vertical a obreros y empresarios, y proclamando el fin de las organizaciones de clase. La huelga minera de 1962 reveló que el movimiento obrero y la lucha de clases, pese a que Franco hubiese decretado su defunción, seguían vivos.

El libro de David Ruiz tuvo, pues, también importantes repercusiones políticas, porque en unos momentos en los que se estaba librando un duro combate contra la dictadura franquista, en el que la clase obrera asturiana desempeñaba un papel de vanguardia, un libro como éste, que contribuía al conocimiento de la historia del movimiento obrero en Asturias no podía sino servir de aliciente a los que se sentían herederos de la heroica tradición de lucha de la clase obrera asturiana.

Desde 1967, David Ruiz alternaba sus clases como catedrático de Instituto con sus clases como interino encargado de la cátedra de Historia Contemporánea, que seguía, por cierto, sin estar dotada, hasta que en el curso 1973-1974, por orden gubernativa, no se le renovó el contrato, es decir, fue expulsado de la universidad, más precisamente en enero de 1974, poco después del asesinato de Carrero Blanco. La prensa asturiana y de toda España se hizo eco de esta orden gubernativa, que no era sino pura represalia por el compromiso político de David Ruiz, como militante del PCE, en la lucha antifranquista y el restablecimiento de la democracia en España,.

No le faltó entonces la solidaridad de sus compañeros: 60 profesores, entre ellos once catedráticos, pidieron por escrito la anulación de la orden, y, ante la negativa oficial, sería el propio claustro de  profesores de la Facultad el que asumió la petición. Solo en 1977, después de restaurada la democracia en España, pudo David Ruiz volver de profesor adjunto por oposición, accediendo en 1986 a la cátedra de Historia Contemporánea, en la que permaneció hasta 2004, año en el que pasaría a ser profesor emérito. Sus años al frente de la Cátedra de Historia Contemporánea fueron muy fructíferos.  David Ruiz impulsó a lo largo de ellos, numerosas investigaciones y publicaciones sobre la historia de la Asturias Contemporánea.

Las condiciones en las que David Ruiz  realizó su trabajo de investigación para su tesis doctoral no fueron fáciles en aquel erial, en el que el franquismo había convertido a España, con los mejores cerebros en el exilio y las cátedras ocupadas por “adictos” o “afectos” al régimen, cuya única preocupación era cantar las glorias de la “España imperial”, para llegar, luego, al “Glorioso Alzamiento Nacional”, como señala Eugenio Fuentes en su artículo, pasando de puntillas por los siglos XVIII y XIX, excepto para denostar la Ilustración del XVIII y el liberalismo del XIX, antesala este ultimo del “comunismo”, según Franco. Todo ello con el único objeto de presentar el golpe de Estado de julio de 1936 como movimiento “salvador de España” frente al peligro “rojo” y la conspiración “judeo-masónica-marxista”, etiqueta con la que el régimen catalogaba a la “antiEspaña”, es decir, a todos los que no comulgaban con su pobre repertorio de lugares comunes henchidos de hueca retórica,

Ayunos de referentes metodológicos en este erial historiográfico, los que habían decidido dedicarse a la investigación histórica tenían forzosamente que buscar esos referentes fuera de España. David Ruiz los encontró, en primer lugar, como nos recuerda Eugenio Fuentes, en Pierre Vilar, cuya Historia de España, editada por primera vez en 1947 y objeto después de numerosas ediciones, no se había traducido aún entonces al español y había que leerla en francés, así como en Ernest Labrousse, gran especialista del análisis de las causas económicas de la Revolución Francesa.

La metodología de David Ruiz se basa, como señala Julio Antonio Vaquero, en el materialismo histórico, lo que le llevó, consecuente con su ideología, a militar en el PCE. También coherente con sus ideas, David Ruiz fue, en sus largos años de docencia, un profesor plenamente identificado con sus alumnos, siempre dispuesto a prestar todo su apoyo a los que realizaban trabajos de investigación bajo su dirección. Como dice Julio Antonio Vaquero, “sus alumnos terminábamos estableciendo con él una relación, más que de profesor y alumno, de amigos”.

No quisiéramos terminar estas páginas dedicadas al 50 aniversario de la publicación de la tesis doctoral de David Ruiz, sin decir unas palabras sobre esta obra. En ella, el autor realiza un riguroso análisis de las arcaicas estructuras económicas, fundamentalmente agrarias,  de la Asturias del siglo XVIII, y de la emigración, a partir del siglo XIX, sobre todo a Hispanoamérica, como medio de mitigar la superpoblación de la región; después, analiza la formación del capitalismo asturiano y de las primeras compañías de explotación; la posterior industrialización y la constitución de grandes empresas; las nuevas relaciones económicas en las que se insertan; el surgimiento de la población obrera y la producción minera. Analiza también David Ruiz toda una serie de elementos indisociables de los anteriores: el consumo, los precios y los salarios, y el coste de la vida, acompañados de datos, cuadros y cifras.

En el plano ideológico, David Ruiz se refiere a las dos nuevas ideologías llegadas del exterior, o sea, el anarquismo y el socialismo, y a los principales representantes de uno y otro en la región. Aunque el socialismo será el que mayor arraigo tenga en Asturias, una minoría anarquista persistirá en la zona asturiana, particularmente en los sectores obreros de Gijón y en los metalúrgicos de La Felguera. David Ruiz aborda asimismo el tema de la repercusión que tuvo en la región la guerra de Cuba y cómo esa guerra colonial repercutió favorablemente en la difusión del socialismo, en la medida en la que éste preconizaba el pacifismo. Además, la denuncia incesante de la guerra de Cuba propiciaba una aproximación táctica del socialismo a los partidos burgueses de izquierdas, conectando con el impulso cultural de la Extensión Universitaria, que irradiaba desde la Universidad de Oviedo. Muy vinculada a la Institución Libre de Enseñanza, en la Extensión Universitaria participaban activamente figuras destacadas de la Universidad de Oviedo, como Adolfo Álvarez Buylla, Adolfo González Posada, Rafael Altamira, Aniceto Sela, Leopoldo Alas “·Clarín”, Fermín Canella y muchos otros.

No deja David Ruiz de referirse en su estudio al movimiento obrero de inspiración católica. Patrocinada por el marqués de Comillas, la agremiación tradicional encontró su expresión en ”Hullera Española”, en el valle de Aller, una empresa propiedad del mencionado marqués, en la que el sindicalismo católico se manifestaría en la existencia de círculos mixtos de obreros y patronos. Paralelamente, un sindicalismo católico de corte más moderno, que dotara al proletariado asturiano de una organización social-católica se debió a la labor desarrollada por el canónigo del cabildo catedralicio de Oviedo, Maximiliano Arboleya, cuyas inquietudes sociales en la Encíclica “Rerum Novarum”, del Papa León XIII, y en la necesidad de encontrar a la “cuestión social” una vía que rechazara por igual el marxismo y el integrismo católico tradicional.

David Ruiz analiza asimismo las luchas sociales y la organización obrera entre 1900 y 1910, periodo que presenció la constitución, en 1901, de la Federación Socialista Asturiana, y el surgimiento en 1904, en Oviedo, de la primera agrupación de las Juventudes Socialistas. El autor pasa revista igualmente a otras cuestiones relevantes de ese periodo y años inmediatamente posteriores: el escalonamiento huelguístico de Gijón a Mieres, la formación del Sindicato de Obreros Mineros de Asturias en 1910, y la conjunción republicano-socialista, constituida en Asturias por los socialistas y el Partido Reformista de Melquiades Álvarez, fundado en abril de 1912. Gracias a esta alianza político-electoral, el reformismo conseguía en 1914 once diputados.

Si el Sindicato Minero cosechaba triunfos huelguísticos en la cuenca minera, el anarcosindicalismo centraba su ofensiva en La Felguera, mientras que la Asociación Patronal de Mineros Asturianos, constituida en 1913, y el Sindicato Católico de Obreros Mineros de Asturias trataban de contrarrestar la influencia de los sindicatos anarquista y socialista, sobre todo del Sindicato Minero y la UGT, de ideología marxista, considerados enemigos “de la religión, de la patria y de los trabajadores”.

La participación de Asturias en la huelga de 1917 sitúa, como señala David Ruiz, al proletariado regional en un movimiento nacional. Se inauguraba así una nueva etapa, en la que los obreros asturianos entraban en contacto con el movimiento obrero nacional, a través sobre todo de la solidaridad.

David Ruiz examina después la crisis económica de la posguerra y la escisión obrera, que se tradujo en la fundación del Partido Comunista en 1921, Los años de 1923 a 1928 fueron años, a los que David Ruiz se refiere como de “colaboracionismo y conflictividad”. En efecto, ya sabemos que la tendencia mayoritaria de la central sindical socialista UGT, liderada por Largo Caballero, se mostró propicia a la colaboración con la dictadura del general Primo de Rivera, aunque algunos líderes socialistas, como Indalecio Prieto, condenaron severamente esa colaboración. David Ruiz recuerda que mientras Largo Caballero colaboraba con Primo de Rivera, el régimen había desatado una implacable persecución contra los militantes del Partido Comunista y contra el sindicato anarquista CNT.

En el último capítulo del libro titulado “Ante la perspectiva republicana (1928-1931)”, David Ruiz analiza las nuevas rivalidades y escisiones en los sindicatos obreros”, la “descomposición del reformismo”, es decir, del partido fundado por Melquiades Álvarez en 1912 e implantado fundamentalmente en Asturias, la “repercusión regional de los acontecimientos de 1930”, año en el que éstos se precipitaron uno tras otro a una velocidad vertiginosa: repetidas huelgas, en las regiones industriales españolas, encarcelamiento de la mayoría de los firmantes del Pacto de San Sebastián, sublevación en Jaca contra el Gobierno, con el concurso de las fuerzas armadas y de las centrales sindicales obreras que declararon la huelga general, y fusilamiento de los oficiales del Ejército Galán y García Hernández, sublevados en Jaca contra la Monarquía y por la instauración de la República. En las cuencas mineras y en Gijón el paro fue total. Era una huelga política, en la que los obreros estaban dispuestos a ir a la lucha para derrocar la Monarquía.

Completa el libro un rico apéndice documental. En resumidas cuentas, se trata de una obra muy bien documentada, y de lectura fácil y amena. Pionera en el estudio de la clase obrera asturiana, merecería ser reeditada.

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