LA TRACA, la transgressió com a norma…una revista llena de humor político e irreverencia

Juan José del Águila Torres ||

Ex magistrado juez e investigador ||

LA TRACA nació en 1884 como una revista semanal  llena de contenidos de humor saritico y costumbrista escritos en valenciano, tuvo una muy agitada trayectoria, pese a llegar a tener en los inicios de la contienda  tiradas de medio millón de ejemplares, con suspensiones, multas y cárcel que finalizó el 2 de marzo de 1938 por una Orden del Gobierno Civil… “por incumplimiento de las disposiciones dictadas en relación con la censura”. El 23 de marzo de 1938, con el Nº 1228 salió por última vez.

Con la entrada de las tropas militares sublevadas  en la ciudad de Valencia en Marzo de 1939 y la inmediata detención del propietario y director, Miquel Carceller, y de varios de los humoristas colaboradores más significados, como  Carlos Gómez Carreras  y José María Carnicero Hernández, quienes fueron juzgados en el consejo de guerra sumarísimo nº 7.470-V (Valencia) celebrado en dicha capital el 10 de junio de 1940 y condenados a muerte los dos primeros y a treinta años de reclusión el tercero, por sentencia de dicha fecha, que transcribimos literalmente, junto algunas de las más significativas viñetas y chistes de contenido político contra los generales sublevados y la derecha reaccionaria.

Todo el material gráfico aquí publicado incluida la sentencia condenatoria del consejo de guerra procede del Catálogo de la Exposición y su epilogo La traca. La transgressió com a norma….que se montó en el Centre Cultural La Nau de la Universidad de  Valencia, por iniciativas de dos profesores, Francesc Andreu Martínez Gallego y Antonio Laguna Platero, dentro de un proyecto de investigación I+D+I sobre la prensa satírica.

Historia breve de LA TRACA

Se pueden distinguir cinco fases o etapas de dicha revista, la primera transcurre desde 1884 con cuarenta  números, siete sucesivas suspensiones impuestas por la censura y tiradas de 10.000 ejemplares hasta 1889 que hubo de cerrar tras el paso del director por la cárcel.

En el año 1909 se crea La Nova Tracacon el periodista y alma de la revista Vicent Miquel Carceller, durante este periodo se recupera el nombre original gracias a su director y responsable del giro al humor  político de la publicación.

En 1924 con la dictadura de Primo de Ribera La Tracadejó de publicarse bajo su histórica cabecera y pasó a llamarse La sombra, semanari festiu i literari, con un intento de burlar la censura que se repitió dos años más tarde cuando pasó a denominarse La Chala.

Durante la II República, La Tracarecuperó su nombre y con su primer número vendió más de 500.000 ejemplares, con una inequívoca línea editorial en defensa de la República y de las fuerzas políticas de la izquierda. Su humor se hizo más duro, más político y más anticlerical. La publicación se alineó con el Frente Popular y colocó a Hitler, Musolini y al “Generalíssimo” y a las fuerzas de la derecha- Juan March, Gil Robles, Lerroux, Calvo Sotelo, la Banca y la Iglesia – en objeto de sus viñetas y chistes.

Lo que llevó aparejada su desaparición definitiva, tras la entrada de las llamadas tropas nacionales en Valencia en abril de 1939, en la vanguardia la III Compañía de radiodifusión y propaganda en los frentes, comandada por el general Aranda, que fue incautándose a su paso de todos los medios, soportes, herramientas y utensilios de comunicación.

 

La editorial de Carceller, junto con las redacciones de los antiguos diarios de la ciudad fueron los objetivos estratégicos más inmediatos. A continuación, la acción militar se centró en las colecciones de prensa republicana, incautándo o eliminando los ejemplares. Y lo que no eliminó el  victorioso ejército franquista, lo quemó el temeroso ciudadano que tuviese algún ejemplar de “prensa roja”. Como Carceller, que, según reconocerá en sus primeras declaraciones ante el juez militar, prendió fuego a su archivo y hemeroteca, para en teoría, evitar que cayese en manos de incontrolados.

 

Tras los primeros días de toma y control de la ciudad, se puso en marcha la maquinaria de la represión, tan ensayada en los tres años anteriores. El 10 de junio de 1939, por el Jefe del grupo autónomo de Levante de la Brigada Político Social se ordenaba la búsqueda y captura  de los autores “del soez, obsceno e impúdico semanario valenciano”.

Seis días después, Carceller era detenido y conducido a la cárcel celular de Valencia. Carlos Gómez-alias Bluff- se trasladó a Alicante, en cuyo puerto fue detenido nada más concluir la guerra. José María Camarero fue detenido el 30 de abril en Madrid, cuando buscaba asilo en alguna embajada, con documentación falsa.

Tras casi un año de reclusión, de interrogatorios y de abjurar de su pasado militante en el periodismo saritico y militante de La Traca, los tres fueron condenados, Carceller a la pena capital  como autor de un delito de adhesión a la rebelión, con el agravante de trascendencia de los hechos. A Carlos Gómez, Bluff, también a la pena de muerte por auxilio a la rebelión, en este caso con el agravante de las viñetas publicadas los días 20 y 27 de abril de 1940 en el periódico Redención,del Patronato Central para la redención de penas, con “doble sentido contrario a la España Nacional Sindicalista” y a José Antonio Carnicero a la pena de treinta años de reclusión mayor.

La sentencia de los dos primeros se ejecutaron a las 19.00 horas del día 28 de junio de 1940, en el campo de tiro militar cercano al cementerio de la localidad de Paterna. Carceller pudo ser enterrado en nicho individual por acción de su mujer. Carlos Gómez, Bluff, al día de hoy todavía está en una fosa común.

 

Conclusión

Como dijeron los Comisarios de la Exposición, durante el acto de la inauguración en el Centro Cultural La Nau de la Universitat de Valencia, “No fue un delito de sangre, sino de pluma. Se fusiló a la risa valenciana”.

Hoy habría que añadir, como decía el profesor ya fallecido Roberto Mesa, en su obra Jaraneros y alborotadores. Documentos sobre los sucesos estudiantiles de febrero de 1956, en la Universidad Complutense, Editorial UCM, 1982, Pag. 24:

“En más de una ocasión, ante algunos de los documentos, el lector sonreirá inevitablemente. En las dictaduras reina la tristeza y el ejercicio del humor, una de las formas más elevadas de pensamiento, es actividad funesta”

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