Viaje al confín de las batallas de la Guerra Civil

Rafael Fraguas ||

Periodista y sociólogo ||

La Arqueología Contemporánea es la rama de la Ciencia arqueológica que adelanta hacia nuestra actualidad su objeto de estudio y nos aproxima a sus hallazgos. Madrid es hoy apenas la única capital continental de Europa que mantiene abierta una indagación arqueológica de este tipo, de gran envergadura. El escenario donde se desarrolla la investigación es una zona arbolada contigua a las fachadas occidentales de la Clínica de la Concepción y del Hospital Clínico. Y el objeto de su pesquisa científica es el de confirmar que allí mismo se produjo el fin de la Guerra Civil, a finales de marzo de 1939.

Balas de fusilería halladas en la excavación junto al Clinico.

Un equipo multidisciplinar e internacional, al frente del cual figura Alfredo González Ruibal, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, integrado por estudiantes en prácticas de una decena de nacionalidades, desde portugueses, estadounidenses y japoneses, a indios y etíopes -como Werko, que sale trabajosamente de una trinchera-, realiza una excavación a unos dos metros de profundidad sobre el suelo boscoso. Un total de 30 personas, con una plana mayor de veteranos fogueados en numerosos otros escenarios.

Despliegan su excavación, a partir del 2 de julio y por segundo año, en una superficie de unos 500 metros cuadrados que corresponde a la zona de  condensación de restos arquitectónicos y bélicos, más ajuares domésticos y utensilios diversos, procedentes de una institución de asilo denominada Santa Cristina, que se alzaba en esta zona hasta el comienzo de la contienda en julio de 1936, hace ahora precisamente 82 años.

Las instalaciones asistenciales se desplegaban en un entorno cercano formado por una decena de construcciones de diferente tamaño, incluido un lavadero que en estos días atrae la atención de los jóvenes que sobre sus restos laboran mientras recogen todo tipo de vestigio que pueda informar la investigación.

Penetración de avanzada

El arqueólogo Pedro Rodriguez examina un foso atrincherado./R. F.

Así lo explica el arqueólogo madrileño Pedro Rodríguez, de la Universidad de Zaragoza, codirector, con  González Ruibal, del proyecto. “Lo singular de este caso es que el conjunto edificado fue reconvertido en un enclave militar de vanguardia por parte de las tropas franquistas, en el paraje que señalaba la mayor penetración de avanzada”.Ésta era hasta ahora desconocida, porque se creía situada mucho más atrás. “Fue aquí donde, según hemos podido confirmar, se produjo el episodio de la transferencia de mando entre las tropas republicanas, que desde el comienzo de la guerra defendían desde aquí Madrid, y las que a las órdenes del general Emilio Varela”. Las tropas franquistas trataban de penetrar a la ciudad por este enclave, sin conseguirlo durante tres años.

Todo el espacio de Santa Cristina había sido transformado y adaptado a las necesidades de la guerra en avanzada”,señala el codirector de la excavación. “Incluso existió –se han hallado restos de bebidas espumosas- procedentes de una cantina”. Los combatientes allí establecidos eran legionarios y regulares procedentes del Marruecos colonial.

Junto a Rodríguez se encuentra un arqueólogo portugués, Rui Gomes, que señala la presencia de combatientes lusitanos en el bando franquista, así como en el ejército republicano. “Hubo portugueses de la llamada Legión Viriato (una organización parafascista) con las tropas de Franco; en cuanto a los brigadistas lusitanos, como hablaban portuñol, esa mezcla de ambas lenguas, los transfirieron desde las Brigadas Internacionales a las unidades de tropas regulares”,destaca Gomes.

La participación portuguesa en la contienda ha sido escasamente tratada por los historiadores, pero fue decisiva, sobre todo, durante las batallas, ya que gran parte del aprovisionamiento de las tropas franquistas procedía de la colaboración portuguesa; en la inmediata posguerra.

Lo sería también  cuando las autoridades de Lisboa, al frente de las cuales figuraba el presidente Antonio Carmona y el primer ministro Oliveira Salazar, reenviaban a los fugitivos que trataban de abandonar España por la frontera portuguesa con Andalucía, Extremadura, Salamanca, Zamora y Orense; tal fue el caso del poeta huertano Miguel Hernández que, vestido con un mono de obrero del campo, fue delatado en la valla fronteriza por un valioso reloj de pulsera que llevaba consigo y que le había regalado su amigo y futuro Premio Nobel, Vicente Aleixandre.

Armas de La Comuna

Cimentacion transformada en refugio y atrinchetamiento. Al fondo, la clinics de La Concepción./ R.F.

Aquí hemos encontrado munición de fusiles Mauser, alemanes, con  tanta abundancia como para suponer que el pertrechamiento de armas era muy amplio”, explica Pedro Rodríguez. En ocasiones, en líneas republicanas, en momentos iniciales de la guerra, se hallaron carabinas francesas de 1870, muy posiblemente empleadas por obreros revolucionarios en las barricadas del París de La Comuna. Una insignia, con banderas franquistas y falangistas cruzadas, es uno de los hallazgos más recientes.

En cuanto al avituallamiento de alimentos, “creemos que el del ejército franquista era muy superior que el de los republicanos, al menos en esta zona”, detalla. “Incluso acabamos de hallar restos de calderetas de cordero y botellas de sidra, que pudieran corresponder a la celebración del fin de los combates”.Rui Gomes subraya por su parte. “Hemos encontrado una botella con agua colmatada dentro, sin deterioro aparente, toda una rareza”, explica.

Este asunto del avituallamiento presenta numerosas dudas ya que el acceso hasta este punto de avanzada se veía muy limitado por un angosto pasillo de apenas unas decenas de metros de anchura que, desde la llamada pasarela de la muerte,un puente estrecho sobre el río Manzanares que conectaba las posiciones franquistas del cerro de Garabitas y la Casa de Campo, con la Escuela de Arquitectura, subía por la Casa de Velázquez, sede la institución francesa destruida por las minas subterráneas, y llegaba hasta los muros traseros del Hospital Clínico donde la posición de avanzada se hallaba.

Todo el trayecto erapaqueado(batido) por francotiradores o soldados atrincherados desde edificios como la Facultad de Medicina, encaramados en algunos pisos del propio Hospital Clínico o bien desde trincheras excavadas en las inmediaciones, a veces a distancias de apenas medio centenar de metros.

Una tríada de temibles bunkers de hormigón (fortines), que albergaban nidos de ametralladoras, permanece aún en pie sobre el contiguo extremo oriental del Parque del Oeste. Por ello, esa profusión de vituallas a la que los arqueólogos se refieren resulta dudosa en las fases más encarnizadas de los combates por lo que es dable  pensar que, tal vez, los restos hallados procedan de los festejos por la conclusión de la guerra, de los que sí existen pruebas documentales escritas.

Un No-Do –como solía ser habitual- filmó la escenificación del fin de la contienda en esa zona, con la presencia de los coroneles Prada, republicano, y Losa, franquista. Lo cierto es que los combatientes republicanos fueron inmediatamente detenidos.

La maniobra de Casado

La rendición fue debida a una artera maniobra del coronel Segismundo Casado, apoyada por sectores del Partido Socialista Obrero Español vinculados a Julián Besteiro y cuadros anarquistas como Cipriano Mera, enfrentados el Partido Comunista -a cuyos cuadros persiguieron, delataron y, en ocasiones, dieron muerte, puesto que se proponía continuar la contienda habida cuenta de que el Ejército del Centro –comandado por Casado- se hallaba prácticamente incólume.

Casado optó desde muchos meses antes por negociar la rendición a espaldas del Gobierno de Negrín, creyendo al parecer que, entre conmilitones, el corporativismo castrense de Franco respetaría a los vencidos: Julián Besteiro moriría en la cárcel sevillana de Carmona y Casado regresaría a España desde el exilio, para morir anónimamente en 1953.

Hasta 23 proyectiles activos

Un equipo internacional de arqueólogos investiga los restos de la posición franquista más avanzada tras la madrileña clínica de la Concepción

Zanjas abiertas sobre el suelo muestran muretes enladrillados procedentes de la construcción primigenia. La cimentación fue trocada en trincheras o refugios contra los bombardeos. En el fondo de una de estas zanjas, no lejos de lo que fue un lavadero del hospital, cabe ver sobre el suelo decenas de casquillos de balas de fusil, tipo Máuser, reverdecidas por el óxido que reviste de este color los balines. “La gente que pasea por aquí a diario a sus perros no se da cuenta de que aún hay restos importantes de aquellas batallas. Entre el año pasado y éste, hemos detectado hasta 23 proyectiles, alguno de gran calibre, sin explotar; otras tantas veces avisamos a los Tedax (organización policial desactivadora de explosivos) que se los han llevado consigo para destruirlos””,comenta Rodríguez.

Construcciones ulteriores han desfigurado los primitivos contornos del escenario excavado. Una suerte de templete, columnado en piedra y situado apenas  50 metros del enclave arqueológico, alberga una imagen de la Inmaculada Concepción, repleta de flores de plástico, en cuya peana un borroso escrito explica que es la misma talla venerada en el asilo femenino de Santa Cristina antes de la contienda. Posiblemente, fue la denominación de esta virgen la que daría el nombre a la cercana Clínica de la Concepción, cuyos muros de ladrillo se ven cercanos.

Un poco más lejos, una colonia chabolista, con tiendas de campaña, se guarece del sol de justicia que abrasa Madrid en estos días, 82 años después de que comenzara aquella guerra, en julio de 1936. Sobre este mismo paraje, según numerosos testimonios, hay incluso una filmación del No-do de la época –ojalá no fuera un montaje propagandístico-, que escenificó el cese de hostilidades bélicas, aseguran los arqueólogos.

Ni un euro oficial

Por si alguien dice que no quiere dar un euro suyo para indagar sobre nuestra historia reciente hay que decir que este proyecto se sufraga con las prácticas que distintas universidades extranjeras, sobre todo estadounidenses, (California, Michigan, Denver…entre otras), pagan a sus alumnos de Arqueología para completar sus currículos”, sentencia Pedro Rodríguez: “no recibimos ni un euro ni del Gobierno regional, ni del Ayuntamiento, ni de institución oficial alguna”.

A muy poca distancia de este escenario, la Ciudad Universitaria de Madrid, donde se registró tan infausto desenlace, centenares de estudiantes, en sintonía con líderes obreros y campesinos bajo el liderazgo del Partido Comunista, reemprendieron pocos años después una lucha desigual, pero sin tregua, contra el franquismo y su aparato de odio, represión y venganza, a los que opusieron la esperanza de un horizonte de libertades democráticas, de igualdad y de progreso.  

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