César Jara: Jóvenes becarios explotados

enCandela

César Jara* ||

Cuando yo cursaba mis estudios de Periodismo, y ya han pasado de eso más de cuarenta años, existía ya la figura del joven becario de forma incipiente. Estaban para aprender y echar una mano en las redacciones de los medios de comunicación.

Hoy en día, hay becarios prácticamente en todas las carreras universitarias e incluso se ha extendido esa figura de formación y prácticas en otros muchos sectores extrauniversitarios.

No es nada raro encontrar ya anuncios de páginas web de trabajo en los cuales se piden becarios para un sinfín de actividades, claramente laborales, en toda clase de empresas, lo que ha llegado a ser una masiva y burda manera de explotación laboral, la mayor parte de las veces al margen de toda la legislación vigente y pagando, si es que se paga algo auténticas miserias a los jóvenes.

Pero hace un mes me llegó la noticia de que cientos de chicos y chicas se habían rebelado en masa contra ese abuso en la Universidad Autónoma de Madrid, habiendo presentado colectivamente denuncias ante la Inspección de Trabajo y ante los tribunales de justicia.

Resulta que incluso conozco algún caso cercano de jóvenes y brillantes cerebros que ya son científicos en potencia o casi consolidados, a los cuales, con el pretexto de que han de acabar su tesis doctoral, su máster o su no se qué, se les mantiene como esclavos laborales, cuando están prestando a ciertas universidades, públicas, un servicio profesional inestimable y que debiera ser remunerado adecuadamente a su talento y dedicación.

He aquí otra de las lacras sociales que nos ha traído con especial dureza esta larga década tremenda de la crisis-estafa del sistema capitalista, especulativo financiero.

La nueva ministra de Trabajo, del gabinete del socialdemócrata Pedro Sánchez, Magdalena Valerio, ha anunciado hace días el inicio de una campaña especial para detectar y sancionar estas prácticas que son absolutamente intolerables, al igual que otras muchas formas de explotación laboral; quiero creer que se hará algo, aunque lo primero sería dotarse el Estado de un cuerpo de inspectores de trabajo con mayor número de integrantes.

En la actualidad, es sabido por todos los empresarios sin escrúpulos que no hay peligro de que ningún inspector pueda llegar a su negocio, de forma mayor en el comercio o la hostelería, una noche, un fin de semana, para comprobar la supuesta explotación de trabajadores aprendices,  pero en el ámbito de las universidades públicas esta intolerable  situación debe ser fácil y rápidamente erradicada, con el concurso de las propias autoridades académicas.

Y, por ende, las administraciones autonómica y local deben implicarse con sus propios medios en combatir la explotación de miles de jóvenes que realizan prácticas en organismos públicos cada año en toda España.

*Periodista.

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