Al año del golpe institucional y del golpe callejero

Francisco Frutos Gras ||

Ex Secretario General del PCE ||

Ha pasado más de un año del golpe institucional contra la Constitución, el Estatut de Catalunya, las normas elementales del funcionamiento democrático del Parlament y contra la convivencia respetuosa y civilizada en la sociedad, independientemente de la diversidad política e ideológica que hay en ella.

De nada sirvieron las palabras de protesta o pidiendo cordura; ni las de los letrados del Parlament, ni las de los jueces, fiscales, políticos o ciudadanos. Los golpistas tenían el guión escrito y confiaban en que el gobierno del PP poca cosa haría en sentido político, como poco había hecho hasta el momento, para enmendar la plana a los secesionistas y reconducir la situación a la política, a la legalidad democrática y al respeto a las leyes que están para respetarse y, en todo caso, para cambiarse, cuando las condiciones lo exijan y haya mayoría política o acuerdo para hacerlo.

Hace también un año del golpe callejero contra las instituciones y el más elemental funcionamiento del Estado, un golpe que dicen no fue violento, aunque visto de lejos me pareció muy agresivo y con peligrosas aristas que podían haber desembocado en cualquier momento en violencia incontrolable.

Y, como no quiero perder mucho tiempo en divagaciones sobre un asunto que cada vez produce más urticaria política, emocional y moral, paso a decir cuatro cosas elementales que no son importantes ni creo que interesen colectivamente a mucha gente. En Catalunya, un día, ya lejano, hubo símbolos comunes y palabras compartidas: la bandera cuatribarrada y “Els Segadors”. Una bandera y un himno que habíamos salido a defender durante la dictadura franquista unos pocos, fundamentalmente los rojos recalcitrantes de los clandestinos PSUC y CCOO y alguna otra organización comunista y de izquierdas. Jugándonos el tipo en la  calle o en asambleas contra las fuerzas represivas del franquismo y, si me apuran, hasta contra viento y marea de los que entonces eran franquistas declarados, o sociales y pasivos, por aquello de que con Franco había paz, pan y trabajo, a los que no gustábamos tampoco nada. Y encuentro a unos cuantos que ahora en sus madureces o vejeces han dado la vuelta completa a la manzana y se han hecho recalcitrantes independentistas. Ver para creer. Pensarán, a la vejez viruelas, o cuanto más viejo más pendejo. Relajo.

En mi caso es al revés, ni veo a la cuatribarrada como algo propio, después de haber sido prostituida y envilecida por la estelada, ni he cantado nunca más desde hace años Els Segadors. Me son cosas ajenas y extrañas. Yo no he sido nunca muy dado a la exhibición de banderas, pegatinas y símbolos, aunque no haya tenido nada en su contra, salvo con los símbolos fascistas y nazis. Ahora, sólo tengo una bandera, la roja sin anagramas ni símbolos, y la Internacional porque, a mi entender, continúan siendo las del intento de construir la fraternidad, la solidaridad y la paz entre los pueblos y las personas.  Respeto y guardo también la imagen de la tricolor republicana por una sencilla razón: era la de la IIª República Española y fue derrotada y eliminada por el fascismo español e internacional.

Por eso cuando escucho a la CUP decir que “enciende la llama de la revuelta” suelto una carcajada y digo, ¿cómo es posible que enciendan alguna llama de revuelta seria y revolucionaria, los que sólo saben bailar el agua a los nazionalistas identitarios de Catalunya y a la ultra derecha de Europa?

(Jueves, 20 de septiembre de 2018).

“Un enemigo del pueblo”, de Henrik Ibsen

Continuando con el asunto de las mafias catalanas alrededor de Torra, Puigdemont, Mas, Pujol, Rahola, Artadi…y las mayorías descerebradas y manipuladas que les sigue, recomiendo leer “Un enemigo del pueblo” de Henrik Ibsen.

Este libro sería útil también para entender qué pasa por el cerebro de los trabajadores cuando se defiende el puesto de trabajo por encima de cualquier norma ética y humana, independientemente de que la fuente de riqueza sea el agua contaminada o la producción de bombas, aunque estas sean tan “precisas” como las que nos vendió Josep Borrell. Lástima que no se callara en esto y en otras cosas.

 

Por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas, vamos a contar mentiras, tralará…

Se me ocurre este título sacado de una canción del Cancionero Popular Infantil, que pueden encontrar y cantar enterita, a propósito de la filosofía de mentira y engaño de los políticos que tenemos ahora,  de las trampas camufladas entre moquetas que se tienden, de la inconsistencia moral, ideológica y política de la mayoría de ellos y ellas; el término politiqueros sería el más aproximado para definirlos. Pululan por aquí y por allá, y, no se crean, también por la Europa de la luz filosófica que generó la ilustración y otras cosas referentes a la libertad, la democracia y el socialismo.

Vayamos por aspectos que aunque parezcan aislados forman parte de un todo:

1.- Sobre la llamada Diada, voy a decir poco, pues cada vez me interesa menos el poti-poti que se monta en su entorno. La Diada es ya un esperpento religioso secesionista, precedido de antorchas como si de Lourdes o de Berlín años 30 se tratara. Y lo siguen centenares de miles de feligreses, mayoritariamente de capas medias temiendo por sus intereses y creyendo que en el paraíso independentista prometido no peligrarán estos; feligreses horneados en el fuego de la indigencia mental y de la emoción como sustitutos de la política y la razón.

Hace tiempo que, siguiendo a sus párrocos, se mearon en la historia real aproximada y se tragaron las historietas que les venden diariamente como churros sobre 1714, su identidad imaginaria, su inteligencia y su amor al trabajo. Virtudes que creen, o dicen creer, están en las antípodas de las gentes perversas de la España que les roba. Y Pujol y compañía continúan siendo sus ladrones a proteger.

2.- El lodazal sobre másters, doctorados y tesis, son otro gran ejemplo de cómo gastan el dinero los que cobran del erario público. Empezaron con Cifuentes, hasta que la eliminaron de la escena, el PSOE y sus acólitos de “Juntos Podemos”, coincidiendo seguramente con los ajustes de cuentas internos del PP, luego tocó el turno a Casado, saltó por en medio la ministra Montón, ahora Pedro Sánchez, y veremos la continuación.

La conclusión a la que se llega es que los fraudes del otro son malos, los míos no. Conclusión válida para unos y otros para continuar politiqueando, aparentando que con ello están dirimiendo la bajada del precio de la luz, la falta de trabajo estable, el precio de una vivienda. O sea, chapotean y dicen que nos solucionan la vida.

Una sencilla observación de carácter general, válida para los doctorazos de la política y para los de cualquier ser humano: Se debe despreciar y combatir la titulitis y cada cual debe valorarse por lo que es y por lo que sabe. En la política, en la educación, en el trabajo. Se debe eliminar el fraude de falsificar currículums e imponer la norma verídica y democrática en todos los aspectos de la vida.

3.- Sugerencia al gobierno para que en vez de bailar la yenka, decidiendo algo un día y rectificando al siguiente, se ocupe realmente de cosas importantes. Por ejemplo, ¿por qué en 2006 había en España 200 ultrarricos de esos que declaran patrimonios superiores a 30 millones de euros y en 2016  579, mientras durante todo este período de la crisis-estafa se reducían drásticamente salarios, condiciones laborales, servicios sociales públicos, etc?

Analizando esto, quizás podrían sacar conclusiones de cómo actuar en la política económica y social para restituir a la clase trabajadora lo perdido y decidir qué hacer para hacer verdad aquello tan defendido por la izquierda de “mejorar siempre las condiciones de vida y de trabajo” de la sociedad. Lo cual no significa, aclaro por si acaso, más consumismo y derroche neoliberal, sino más y mejor educación, más bienestar humano, más cultura, más y mejores servicios públicos, más convivencia….

4.- Algunas otras cositas para que Pedro Sánchez, y el gobierno y el PSOE en pleno, tomen nota:

a) Denunciar el intento yanki, británico, alemán, francés, turco y de todos sus aliados y lacayos para que dejen de una vez de mentir sobre el pueblo sirio y sus instituciones y así poder continuar matando y destruyendo con la eterna mentira de las armas químicas utilizadas por Siria. Con ello podrían empezar a limpiarse de la sangre vertida en Libia e iniciar el proceso tardío de lucha contra la guerra y de defensa de la paz.

En esa línea, Josep Borrell, que es ministro de Exteriores, podría dedicar un esfuerzo en vez de decir lo asépticas que son las bombas dirigidas por láser vendidas a Arabia Saudí.

b) Pregunto si el gobierno tiene alguna posición democrática sobre el “golpe institucional” en Brasil y sobre la ofensiva de EEUU para liquidar cualquier perspectiva de avance social y político en América Latina.
Y aquí me quedo. De momento.

(Viernes, 14 de septiembre de 2018).

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