El Senado. ¿Qué hacemos con la segunda cámara?

Vicente Serrano ||

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Grupo Promotor de IZQUIERDA EN POSITIVO ||

El problema que tenemos en España es que no sabemos que hacer con el Senado. O tirarlo al río o comprarle un piso, y así vamos: lo tenemos realquilado. Nos acordamos de él cuando truena, como de Santa Bárbara. Lo tenemos igual para un cosido (155) que para un fregado (limite presupuestario). Unas veces nos salva y otra nos jode…

El sistema electoral español no es proporcional, por mucho que lo ponga en la Constitución y en la LOREG. Genera diferencias en el valor del voto de los ciudadanos antes de que voten, tanto en las elecciones al Congreso de los Diputados como en las del Senado.

Lo primero que hay que aclarar es que esas diferencias no son culpa del Sr. D’Hondt, no. Son culpa de la consagración de la provincia, en la Constitución, como circunscripción electoral. Eso y algunos detalles más.

En las elecciones al Congreso se deforma la voluntad popular (ver Gráfica 1), beneficiando a los dos partidos mayoritarios en el ámbito estatal (PP incrementa su representación un 18% respecto al voto real obtenido y el PSOE un 7%) y también en el ámbito autonómico (CDC queda sobre-representado casi un 14% y PNV un 19%), mientras el resto de formaciones pierden entre el -2,23% de ERC y el -3,85% de U-P, hasta el -25,79% de EH Bildu o el -29,94% de C’s, siendo lo más sangrante el -100% de PACMA, con un porcentaje de voto similar al PNV.

Sin embargo, lo del Senado ya no tiene nombre. Genera una mayoría absoluta en el Senado a favor del PP incrementando su representación más de 88% (del 33% del voto al 62% de senadores). También “sufren” un incremento de representación ERC (casi 48%), Coalición Canaria (33%) y PNV (casi 85%). De todas maneras, se lleva la palma, el mayor premio, la Agrupación  Socialista Gomera que incrementa su representación un 2.491%; menos mal que solo le dan para un senador sus 4.340 votos.

En estos momentos, Pedro Sánchez parece deseoso de jibarizar la función del Senado para resolver los problemas de su gobierno en minoría. No pareció preocuparle al PSOE cuando ese sistema tan espurio le dio la mayoría absoluta en el pasado. (Ver evolución histórica de las mayorías del Senado en Gráfica 2).

Si el problema es la sobre-representación de la candidatura más votada la solución no es vaciar al Senado de competencias –y no entro a valorar si el Senado ha de poder vetar el techo de gasto–. Al menos no parece muy ético si antes se llenaron la boca hablando de la necesidad de que el Senado sea una autentica cámara territorial.

Ciertamente, el hecho de que la circunscripción para elegir a los senadores sea la provincia, unido a la asignación del mismo número de senadores por provincia −4 en las peninsulares, 3 en las islas mayores, 2 a las ciudades autónomas (Ceuta y Melilla) y 1 a las islas menores−y al sistema de listas abiertas con voto limitado a 3, 2, 2 y 1, respectivamente, genera un sistema mayoritario puro como ya se ve en la Gráfica 1 y se ha comentado antes. Pero lo que es más grave, no cumple la función de representación territorial que la Constitución le asigna y deforma la voluntad popular en grado sumo.

Como podemos ver en la Gráfica 3 (línea verde), Madrid es la gran perjudicada en el reparto de senadores, junto a Cataluña y la Comunidad Valenciana.

Estamos hablando de censo electoral: la discriminación es previa al actode votar. No cabe en una cámara territorial una representación igual por territorio. El hecho de que se haga por provincia beneficia a las comunidades que tienen muchas provincias aunque tengan menos población, mientras que perjudica a las comunidades uniprovinciales o con pocas provincias y mucha población. Entre las perjudicadas, las tres antes indicadas, y entre las beneficiadas, Castilla y León, Castilla La Mancha y Aragón. Observen la línea verde de la Gráfica 3 o los costes medios en la Gráfica 4 (barras azules). Recuerden que no hablamos de votos todavía.

¿Reformar del Senado?

Si el Senado arrastra un problema de representatividad, por un lado, y de falta de funcionalidad institucional –no responde a los parámetros de cámara de representación territorial y como cámara de segunda lectura tiene un papel dilatante más que corrector–, por otro, habrá que plantearse si lo reformamos o lo eliminamos.

La idea de eliminarlo es un argumento bastante extendido a partir de la visión como cámara inútil y costosa donde retirar a los elefantes de la política. Argumentativamente, es facilona y populachera dicha propuesta y, aunque arrastra algo de verdad, su aplicación, la eliminación del Senado, no resuelve los problemas; sobre todo si creemos que el sistema autonómico ha de perdurar. Otra cosa es que perdure, con la situación distrófica actual.

Pero esa cuestión corresponde a otro momento, si bien es cierto que la propuesta que hago tiene como objetivo un sistema autonómico en sentido federal, nada relacionado con las ideas nacionalistas de “soberanías originarias”, ni de “derechos a decidir”. Sino con la idea de una simetría donde la igualdad entre ciudadanos sea la máxima y a ella se someta la igualdad entre territorios. Evidentemente,, la diversidad, la pluralidad de España es indiscutible, como lo es la pluralidad interna de sus comunidades.

Es decir, necesitamos un Senado que represente correctamente a los ciudadanos de las Comunidades Autónomas. No es aceptable una representación igualitaria por territorios dado que ni siquiera la Unión Europea en su parlamento la acepta, y eso que la UE no puede considerarse, ni siquiera, una confederación, paso previo a una federación y a una posterior unificación –donde ya está España hace siglos– , y donde el número de eurodiputados por cada país está relacionado con su población.

La propuesta

La propuesta para el Senado contempla reducir los actuales 266 senadores(208 por elección provincial directa y 58 nombrados por las comunidades autónomas) a 150 de elección directa, en circunscripciones autonómicas, distribuidos proporcionalmente al censo de cada autonomía, manteniendo como mínimo 1 senador por cada Ciudad Autónoma o Comunidad.

El resultado de esa asignación de senadores por Comunidades, aplicado a las elecciones de 2016, se puede ver en la Gráfica 3, representado por la línea rosa, que, como se puede observar, se solapa casi milimétricamente a la línea del censo. Evidentemente, para poder comparar ambos sistemas se utilizan los porcentajes tanto de censo como de senadores dado que el número de estos últimos es distinto en los dos sistemas comparados. En el cuadro inferior de la gráfica se pueden ver tanto lo porcentajes como los valores absolutos de censo y senadores de ambos sistemas.

La gráfica 4 nos permite comparar los costes medios por senador en ambos sistemas. Como ya se comentó al inicio, el sistema actual genera desigualdades (barras azules) mientras el sistema propuesto (barras rosas) iguala los costes medios por senador.

El grafico nos permite comparar el IPVC (Índice de Poder de Voto Censal) de los ciudadanos de cada comunidad. Las comunidades están ordenadas por censo de izquierda a derecha. Como se puede ver en el actual sistema el poder del voto de los ciudadanos de las comunidades más pobladas es el menor mientras en las restantes es dispar y mayor respecto a índice nacional = 1. El sistema propuesto mantiene el IPVC cercano al 1, como se puede observar en la línea rosa que lo representa.

Ciertamente, en ambos sistemas el poder de voto de los ciudadanos de Ceuta y Melilla es superior, dada la escasa población de ambas. Es una distorsión menor en aras de mantener una representación mínima de todos los territorios, distorsión algo matizada al asignar un solo senador a cada ciudad autónoma.

Finalmente, y a modo didáctico, he calculado los senadores que con el sistema propuesto resultarían elegidos con los resultados de 2016. Dado que el voto se realizaba en lista abierta en las provincias peninsulares cada partido tenía tres valores de votación ya que se votaban a tres candidatos, en islas mayores y Ceuta y Melilla a dos y en menores a uno. Para tratarlos de forma homogénea he usado el valor máximo a cada candidatura/provincia y he realizado las sumas de cada candidatura/autonomía. Posteriormente, he asignado proporcionalmente los senadores por candidaturas en cada autonomía. El resultado lo podemos ver en la Gráfica 5.

Para todas las propuestas de reparto proporcional he utilizado el sistema Hare, también conocido como de “reparto proporcional y a resto mayor”. Se utiliza el valor medio (entero) resultante de dividir el total de votos válidos de cada circunscripción por el número de senadores de la misma. Se realiza una primera asignación directa de senadores al hallar el entero de la división del total de votos de la candidatura en la circunscripción por la citada media, se calculan los restos, se ordenan de mayor a menor y se asignan la plazas de senadores pendientes (n) a las (n) primeras candidaturas. (Ver cuadros de cálculos en el siguiente enlace).

Como ya indicaba al principio, el actual sistema genera una mayoría absoluta en el Senado al sobre-representar al partido más votado en el ámbito estatal (no necesariamente mayoritario) y beneficia a los partidos nacionalistas en el ámbito autonómico. En la Gráfica 5, la línea azul refleja el porcentaje de senadores que cada candidatura obtiene con el sistema actual y la línea rosa/roja el porcentaje que obtendría con la propuesta realizada.

La conclusión es que en las candidaturas mayoritarias (más del 10% de votos) y medianas (entre el 1% y el 10% de votos), −cuadro izquierda y centro−dicha línea se solapa con la de los votos (línea verde), igual que en el reparto por autonomías. En el cuadro de la derecha donde se agrupan las candidaturas que obtienen menos de un 1% de los votos totales no hay solapamiento, ya que para obtener un senador se precisa concentrar los votos en una autonomía. Tres son los que lo consiguen, en este caso, EH-Bildu con el 14,84% de votos en el País Vasco y en asignación directa (0,91% del total), Coalición Canaria con el 8,85% del voto en Canarias y asignación por restos (0,36% del voto total) y BNG en Galicia con un 5,31% del voto en la comunidad y asignado por restos (0,34% del total). Otras candidaturas como UPyD y Recortes Cero aun con más porcentaje no obtienen senador por la dispersión de su voto. Aun así, el sistema es más justo que el actual, donde el único que mantendría senador sería CC (que lo consigue en la isla de Hierro y por 2.149 votos, mientras los 82.343 que obtiene en el resto de islas no le sirven para absolutamente nada), con menos votos que los 4.340 que le cuesta a ASG, en Gomera, que representa tan solo el 0,02% del voto total. Tendrían representación los más marginados del sistema actual: C’s con 17 senadores y PACMA con 4 senadores, además de los antes comentados EH-Bildu y BNG.

Votantes sin representación.

El sistema propuesto garantiza igualdad a los territorios y a los ciudadanos asegurando un IPV (Índice de Poder de Voto) muy centrado en torno al 1, tanto censal (antes de votar) como tras haber votado, y reduce a 1.265.580 votantes sin representación en el Senado, muy lejos de los 9.958.577 de votantes queel actual sistema electoral deja sin representación. Evidentemente, los valores cambiarán de una elección a otra pero los porcentajes serían muy similares: El 5,41% con el sistema propuesto y el 42,57% con el actual sistema electoral. Los valores para las elecciones de 2015 son muy similares.

Y dado que estamos hablando de porcentajes sobre voto válido 23.393161, lo que supone un 64,5% del censo (no contamos ni la abstención ni los votos nulos), podemos afirmar que los senadores los elige menos del 37% del censo. Con los mismos datos del 2016 los senadores habrían sido elegidos por casi el 61% de ese mismo censo.

Conclusiones.

Con la actual correlación de fuerzas no es previsible que los dos partidos que se han beneficiado hasta la fecha, PP y PSOE, afronten un cambio constitucional en la línea que aquí propongo, completado con un cambio en el sistema para el Congreso con la Circunscripción Única como eje. Tampoco es de esperar que por parte de los dos partidos emergentes, C’s y P’s, las propuestas vayan más allá de un cambio de D’Hondt por Sainte Laguë, algo cosmético para salvar las formas. 

Digamos que es un pez que se muerde la cola. Mientras no cambien los actores el cambio es imposible. Solo movilización y rebeldía, en su concepción más positiva, puede forzar cambios de calado en la sociedad española. Y aclaro para ciertas izquierdas, esos cambios no los trae el secesionismo. ¡Para nada!

Nou Barris. Barcelona. 06 de septiembre de 2018

Nota. Para más información sobre el análisis y la propuesta consultar “EL VALOR rEAL DEL VOTO”. Páginas 41 a 54 y 113 a 129. y el capítulo 6 de la obra, visible en la webdel libro.

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