Muerte en Zamora, de Ramón Sender Barayón, un relato excepcional sobre el trauma de la represión a través de la memoria

Pablo Sánchez León ||

Editor ||

Muerte en Zamora es un relato de memoria, como otros muchos, sobre crueldades ocurridas tras el golpe de los seguidores de Franco en julio de 1936; y a la vez es un relato completamente excepcional, por la historia que cuenta, la manera de contarla, la actitud y la trayectoria vital de su autor y el significado que adquiere ese relato en la cultura de la memoria en la España del siglo XXI.

Ramón Sender Barayón, su autor, es el hijo del gran escritor de novelas desde el exilio Ramón J. Sender, con quien sin embargo no convivió la mayor parte de su vida. Al igual que decenas de miles de supervivientes a las matanzas del bando franquista, Ramón Sender hijo salió de España, en su caso a Estados Unidos con apenas dos años de edad, donde fue acogido por una familia angloparlante que le proporcionó un hogar y estudios.

Como la de muchos otros, la vida de su padre Ramón J. se vio profundamente alterada sin marcha atrás con la guerra abierta contra la República, pero su peripecia es también singular: tras ascender rápido en el V Regimiento del ejército popular, súbitamente abandonó el frente. Lo hizo al enterarse de que su mujer, Amparo Barayón, había sido asesinada por los franquistas, tras encarcelarla sin causa justificada en la cárcel de mujeres de Zamora, su ciudad natal, en la que se refugió con sus dos pequeños hijos y en la que, precisamente al estar lejos de los frentes, la represión fue brutal desde el principio, ensañándose con familias como la de Amparo, de tradicional filiación republicana.

Como tantas otras españolas de su época, Amparo se había beneficiado de la inserción de las mujeres a la plena ciudadanía política avalada por el marco constitucional de la República democrática, mas con un perfil particular: mujer liberada de su tiempo, convivía con Ramón J. sin estar casada, pero era católica practicante. Aunque procedente de una familia culta, pronto la vida en una ciudad de provincias conservadora se le quedó pequeña, y Amparo se trasladó a la capital en busca de nuevas oportunidades y experiencias. Trabajó como asalariada en Telefónica a comienzos de los años treinta, implicándose en conflictos laborales, hasta que conoció a Ramón J., y en adelante se dedicó a dar clases de piano en su domicilio, donde nacieron sus dos hijos.

Ramón Sender Barayón, su primogénito varón, vivió el estallido de la guerra como tantos niños con edad suficiente para recordar experiencias, especialmente el cariño de su madre y los momentos previos a la separación al ser detenida. No volvió a verla y tampoco recibió apenas información por parte de su padre, que se negó a que sus hijos mantuvieran contacto con la familia española. Creció en medio del silencio, aunque con los años juntó la poca información que pudo, en ocasiones a través de las novelas de su padre, en muchas de las cuales se aportan detalles y episodios relacionados con la separación de la pareja forzada por la movilización militar y el posterior desenlace cruel.

Ramón tuvo que esperar a la muerte de Ramón J. para iniciar un viaje hacia el pasado traumático, recorriendo a comienzos de los años ochenta el periplo efectuado por su madre desde que la noticia del golpe eventualmente la obligó a regresar a Zamora a encontrar la muerte. Para entonces Ramón Sender era ya un adulto de cuarenta años, como tantos descendientes de represaliados y exiliados, aunque de nuevo con un perfil muy singular. Reputado pionero de la música electrónica y fundador de la primera comuna hippie de la bahía de San Francisco, se había educado al igual que su hermana como “cosmopolitas radicales” en sus propias palabras, y desde esa cultura a tanta distancia de la impuesta por la larga dictadura, decidió ir en busca de la memoria de su madre.

Amparon Barayón es la protagonista absoluta de Muerte en Zamora, pero el relato de su hijo es un homenaje a las mujeres, a todas en general, que padecieron la brutal represión del régimen de Franco y a las que acompañaron a Amparo hasta su muerte y entierro en una fosa común. De hecho, en este libro las protagonistas son las mujeres: además de Amparo, sus parientes cercanas y amigas; las otras presas reclusas en las mazmorras de la cárcel de mujeres de Zamora donde Amparó pasó las últimas semanas de vida antes de ser ajusticiada de manera irregular (algunas de las cuales, como Pilar Fidalgo, consiguieron escapar de la muerte y una vez fuera de la prisión relataron las atrocidades vividas por las reclusas); su pequeña hermana Andrea, entonces apenas un bebé de meses y que acompañó a Amparo en su reclusión hasta que fue arrebatada de sus brazos días antes de su ejecución; su pareja Judith, que habla castellano y le ayudó en su búsqueda; incluso a Mercedes Maes-Kemp, prima de Ramón Sender Barayón por la parte de la familia más castigada por la represión y autora de la traducción al castellano de este texto que ahora se publica de nuevo.

Muerte en Zamora es un relato en busca de sentido. Del sentido de una vida arrebatada a una mujer joven y libre, del arrebatado a su padre, que ya no volvió a ser el mismo, y del sentido arrebatado a dos niños pequeños que perdieron familia y país. Del sentido ante tanto sinsentido como el que define la represión franquista. Esta actitud de búsqueda de sentido no es precisamente condescendiente. Le lleva a encararse con quienes tomaron la decisión de detener a Amparo y la ejecutaron. Pero asimismo le lleva a entender el valor de reunir de nuevo a sus progenitores aunque sea de forma simbólica, y al hacerlo cerrar un círculo de drama y recuerdo, indispensable para el sentido de la propia vida del autor.

Esa actitud le llevó en su día a poner anuncios en la prensa nacional solicitando ayuda e información; también le ha llevado después a protestar por el trato que la prensa zamorana ha dado en distintos momentos a la figura de su madre, cuya memoria todavía resulta inaceptable por su grandeza para una parte de la sociedad local. Igualmente, a promover una nueva edición de un libro inencontrable desde hace años por motivos nunca aclarados.

Ramón Sender es un testigo de excepción, no ya por lo vivido en su infancia sino por la elevada humanidad con la que es capaz de abordar y transmitir un drama que en muchas otras experiencias análogas se mantiene como trauma insuperable. Su vida tan excepcional ha dado pie a un interesante documental: “Sender Barayón, viaje hacia la luz”, dirigido por Luis Olano, que comienza ahora su promoción. Toda la vida de Ramón es un recurrente homenaje a su madre perdida, Amparo.

*Ramón Sender Barayón, Muerte en Zamora, Madrid, Postmetropolis editorial, 2018.

El libro puede solicitarse en librerías, distribuido por Traficantes de Sueños. También en la editorial www.postmetropolis.com.

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