Tragedia y farsa, se mezclan y suceden

Francisco Frutos Gras ||

Ex Secretario General del PCE ||

Dícese que el filósofo alemán Friedrich Hegel desarrolló en sus escritos la tesis, u opinión, de que los hechos se repiten en la historia. No viene a cuento ampliar y desarrollar aquí el asunto. Estando de acuerdo con ello, Karl Marx añadió lo siguiente en su libro El 18 Brumario de Luis Bonaparte: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: Una vez como tragedia y la otra como farsa”.

Valga estas citas para analizar la situación que está viviendo Catalunya por los efectos de la acción aventurera de los nazional -secesionistas. En Catalunya estamos en una farsa permanente precedida o mezclada con una “tragedia” de carácter humano, social y cultural que los trabajadores y trabajadoras y el conjunto de la población, incluidos los niños, viven desde hace tiempo en diversos grados de enfrentamiento, pelea, división a todos los niveles: el familiar, de barrio, de empresa, escolar, deportivo…Marx debería añadir ahora que no están reñidas tragedia y farsa al mismo tiempo.

Los que pusieron en marcha este “procés” irracional de lucha de identidades que no de clases, a partir de la prostitución de conceptos básicos en el lenguaje y en la acción, tienen prácticamente toda la responsabilidad política. Prostituyeron el concepto de revolución con una contrarrevolución económica, social y cultural en toda regla, prometiendo el paraíso y la fraternidad  de un solo pueblo cuando los españoles les dejaran de robar, mandar e imponer; asimismo, convirtieron su acción fanática, aventurera y anti solidaria en un concepto y una acción radical; y, para colmo, arrastraron por el lodo de su “monarquía bananera hereditaria”, con algunos de sus principales jefes en la cárcel, o a punto de entrar en ella por ladrones, el término República, que es nada más y nada menos que el intento democrático institucional de acercar el poder a la sociedad para que este poder sea más racional, justo y participativo.

Y todo ello lo hacen engañando, narcotizando y convirtiendo en zombis a una masa horneada por las mentiras y la manipulación que destilan diariamente en “sus” medios de propaganda, en especial TV3.  O sea, que contaminan y crean una realidad ficticia, después de anular la conciencia crítica y el sentido común de centenares de miles de personas. En la reciente historia española, ya hubo una situación similar cuando la acción terrorista de ETA generó un pensamiento más conservador, reaccionario y fascista en amplios sectores de la sociedad. Con su “nazionalismo identitario”, los secesionistas están consiguiendo el mismo efecto en sectores de la sociedad española actual.

¿Y la izquierda, la socialdemócrata de siempre y la antaño llamada “alternativa”, la sindical, la política y gran parte de la cultural, qué hacen? Hasta el momento, totalmente, o casi, estar ausentes de la realidad, en un permanente despiste, cuando no abierta complicidad de amplios sectores con los secesionistas. Una izquierda que ha perdido como práctica concreta sus referentes internacionalistas frente a los nacionalismos, su conciencia de clase frente a los populismos diversos, el sentido profundo de igualdad y fraternidad entre todos los seres humanos, la defensa radical de la paz frente a la guerra. Una izquierda que permite y contribuye a la confusión entre España y franquismo, considerando la España actual casi como una continuación de la España franquista, no atreviéndose a defender la España de la historia compartida, con sus contradicciones, miserias y grandezas, la España de la IIª República Española que vinieron a defender los héroes y heroínas de las Brigadas Internacionales.

Sí, España, y no un acomplejado “Estado español” que utilizan vergonzantemente los pobres y cobardes de espíritu que aún tienen la cara dura de llamarse de izquierdas y hasta comunistas. Una izquierda que blanquea de progre a los nazionalistas desfilando detrás suyo, como perfectos auxiliares y avaladores de sus acciones reaccionarias.

Por todo lo dicho, y por lo que callo, es imprescindible construir la izquierda real, en Catalunya y en toda España. Una izquierda diversa y plural fundamentada en los principios y valores del internacionalismo y de la paz, de la conciencia de clase que una a los trabajadores, de la libertad y la democracia activas, de la organización y disciplina colectivas para acometer las tareas de construcción de una sociedad más justa, igualitaria, republicana y orientada al socialismo.

 

(Miércoles, 10 de octubre de 2018).                                               

Etica, política, organización

Después de escuchar y leer que el intento de “asalto” al Parlament de Catalunya por un grupo de energúmenos espoleados por Torra, (que hoy pide auxilio a Trump y al Papa para que entiendan y avalen sus felonías) fue realizado por “radicales”, se me ha ocurrido, como radical en ideas que soy, y al que no le asusta una cierta, llamémosla violencia social justa, que de radicales nada. Son sencillamente fanáticos de ideas y formas caducas de nazionalismos identitarios, algunos disfrazados incluso de “revolucionarios” del bla bla bla.

Para completar el panorama leo que Pérez Reverte, que sabe mucho de todo, y que, como afirma siempre, “no es de derechas ni de izquierdas”, dice que Picasso no pintó el Guernica por patriotismo, sino por mucho dinero. Y, cómo sabe tanto, a callar. Y ahí queda, no voy a defender a Picasso, no lo necesita frente a Pérez Reverte, ni tampoco a ningún otro gran artista con obras maravillosas, al cual le saquen aspectos, reales o ficticios, de su vida personal. Dejo sólo constancia de que así suena el día en que escribo este artículo.

Pienso que debo intentar aportar algunas ideas, observaciones, reflexiones, a algo tan fundamental para contribuir a construir una sociedad más justa socialmente, más igualitaria y, por ende, más democrática, como es poner en marcha de manera significativa el trinomio: ÉTICA, POLÍTICA, ORGANIZACIÓN. Ya que, cuando las veletas de la dinámica cultural y social se mueven por vientos caprichosos montados en la mentira, la manipulación, la liquidación del pensamiento crítico o del buen sentido común, se puede esperar que ocurra lo peor de unas masas horneadas y narcotizadas a las que se lleva a cualquier aventura por criminal o desastrosa que sea, como ha quedado bien demostrado en la historia del siglo pasado y en lo que llevamos de éste.

Impulsar una ética, coherente con una política y organizada en la sociedad exige, en primer lugar, conocer bien la realidad, informar adecuadamente sobre ella y convencer con razones y activando el pensamiento y la organización colectiva. Tener en cuenta todos los datos del problema de allá y de acá, de lo que es más cercano y de lo que parece más lejano pero que nos afecta en el día a día y en todo, aunque sea menos perceptible. Si hablamos del trabajo, debemos conocer bien los datos de los trabajadores/as en activo, en paro, con trabajo precario y condiciones laborales injustas. Convencer de que debe venderse la fuerza de trabajo en el mercado oponiéndose a niveles de explotación y de opresión intolerables, y hacerlo hablando en serio y en concreto de la clase obrera y trabajadora, conociéndola, para hablar con causa y convicción de la lucha de clases en su sentido más concreto, rechazando las frases definitivas a las que están tan dados los izquierdistas de salón que hacen una revolución semanal, o las “razones” de los que aceptan cualquier cosa porque no hay fuerza para cambiar ni imponer nada.

Es la única forma de organizar a las personas y juntar los esfuerzos para defenderse individual y colectivamente en las mejores condiciones posibles frente a las diversas expresiones del poder y del dominio del capital. Aunque parezca que en la época de las redes y sus realidades virtuales no es necesario hacer lo más común: verse, hablar, debatir, organizarse y movilizarse, nunca ninguna forma virtual sustituirá la relación directa entre los trabajadores en las fábricas y centros de trabajo, en las barriadas obreras y populares aunque hayan cambiado mucho las técnicas y formas de producción. Los asalariados/as existen igual en las fábricas que producen con otras tecnologías, en las grandes superficies comerciales que sustituyen en gran parte a las históricas cadenas fordistas, en los servicios. Y están las mujeres que en su conjunto cobran un 25 menos de salario por un mismo trabajo. Y ya no hablemos de algo que nos debe afectar directamente, a pesar de su lejanía, la brutal explotación a la que están sometidos por las grandes cadenas económicas mundiales los trabajadores, hombres, mujeres y niños, en países empobrecidos del llamado tercer mundo.

Impulsar la ética del trabajo, de la corresponsabilidad y de la solidaridad de clase debe hacerse desde la educación, para que los niños y niñas empiecen aprendiendo que viven en un mundo de iguales y no en una selva de intereses egoístas.

Otro de los grandes asuntos indisolublemente unido al anterior es el de la convivencia y colaboración entre pueblos, naciones, Estados, independientemente de que haya formas diversas de enfocar la economía o el conjunto de cuestiones que afectan a una comunidad. Y esto significa, en primer lugar, que la guerra debe ser totalmente erradicada como forma de intervención nacional e internacional. La paz, en sí misma, es un valor universal que permite abordar todos los problemas y diferencias de manera que los problemas, por graves y complejos que sean, tengan una vía de solución. La guerra no soluciona nada, sino que lo empeora todo, matando, destruyendo, sembrando tragedia, odio, humillación y barbarie.

Resumiendo, la trilogía ética, política y organización significa recuperar la mejor visión de cambio democrático y social con perspectiva socialista de nuestras experiencias históricas, purgado de las deformaciones, contradicciones, voluntarismos y triunfalismos “revolucionarios” o entreguismos, que tanto daño han hecho a las ideas del socialismo y del comunismo y que han hundido a estados que habían iniciado una etapa no capitalista.

Y la actual izquierda, o lo que de ella queda, es un espectro pequeño y difuminado irreconocible, sin ninguna capacidad para hacer otra cosa que defender un pequeño espacio, la mayoría de veces de intereses personales. Es, pues, imprescindible, construir la izquierda. Y para que ello sea progresivamente posible, no hay otra alternativa que conocer bien la realidad que queremos modificar y cambiar y defender en su marco nuestras propuestas políticas y sociales desde la cultura y la ética insobornables del más sólido humanismo socialista. Siendo consecuentes con la adecuación de las tácticas concretas de actuación a la alternativa estratégica que defendemos. Sobran, por tanto, oportunismos, fullerías y ventajismos personales y colectivos. Ya sé que cuesta, pues arrastramos mucha deformación pero, es EL ÚNICO CAMINO.

(Publicado  en  LA REPÚBLICA.ES)

Bolsonaro y Brasil: ensayo del capitalismo nazi-fascista a secas

Cuando la gran mafia económico-política-militar piensa que las cosas se les pueden torcer un poco ponen en marcha todos los mecanismos de boicot y bloqueo económico, manipulación y control informativo, corrupción del sistema judicial y, siempre  en el horizonte como perspectiva, el cañón del tanque asomando por la esquina. Las administraciones de los Estados Unidos de América, las anteriores y las de ese engendro humano llamado Trump, están siempre prestas a aprovechar el más mínimo resquicio para recuperar plenamente América Latina como el patio trasero de EEUU. Imponer en América Latina y en el mundo entero las concepciones más reaccionarias y criminales del neoliberalismo. Y por ello sacan del armario todo su arsenal de nazis, fascistas, golpistas, militares traidores, asesinos y sicarios a sueldo, por si no bastan las amenazas para liquidar o amortizar socialmente a las personas y grupos políticos que han puesto en marcha acciones para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la clase trabajadora, en especial la más vulnerable por no tener siquiera un trabajo estable y un techo decente para guarecerse.

El modelo que quiere el capitalismo actual y al que se dirige en toda América Latina es controlarlo todo o hundirlo. En el mundo han sustituido el capitalismo industrial por el financiero especulativo. No aceptan ni mejoras sociales moderadas aunque no cuestionen el sistema, como las que se han producido en Venezuela con la vivienda, la educación y la salud; ni que en Brasil el Partido del Trabajo, con Lula da Silva, Dilma Rousseff y todos sus dirigentes pongan en marcha planes sociales y, nada más y nada menos, que todo el mundo pueda comer tres veces al día; ni que en Nicaragua el sandinismo continúe gobernando frente a los intereses de los EEUU y de las multinacionales.

En Brasil, el régimen de Bolsonaro dice que quiere acabar con la violencia como si ésta fuera algo intrínseco y absolutamente natural debido a la maldad de los seres humanos, no a la explotación y opresión del capital y, en consecuencia, a la miseria y hacinamiento en las chavelas y a la carencia de servicios educativos y de salud para los más humildes. Como si las redes del narcotráfico que extienden su dominio por Brasil y por toda América Latina no utilizaran a los más miserables para el tráfico, enriqueciendo a los intermediarios que lo controlan y más allá a los “honrados” millonarios que permanecen en la sombra con fortunas en los paraísos fiscales y en los bancos. Un ejemplo claro y cercano lo tenemos en toda la zona de Gibraltar y el sur de España, además de en las ya conocidas zonas gallegas.

En resumen, el actual capitalismo en Brasil es un movimiento de orientación nazi-fascista golpista, que utiliza todos los recursos a su alcance: las finanzas, la prensa, los jueces corrompidos hasta la médula, y la perspectiva de intervención militar si es necesaria, como ha dejado bien claro Bolsonaro y la mafia que le rodea. En Brasil y en toda AL quieren acabar con todas los proyectos sociales, están por la privatización total de la economía, incluyendo los servicios públicos.

Y, frente a todo ello, siendo conscientes de que están liquidando los tímidos avances sociales y políticos que se estaban produciendo en AL, con ejemplo para el mundo, es imprescindible poner en marcha la denuncia de Bolsonaro y de todo lo que representa, promover la solidaridad y confraternización y movilizarse solidariamente con nuestros hermanos latinoamericanos, construir la izquierda española y contribuir a hacer lo mismo con la europea. No hay otras formas de actuar desde la izquierda.

SOLIDARIDAD CON LULA DA SILVA. EXIGIMOS SU LIBERTAD.

(Jueves, 11 de octubre de 2018).

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