La otra historia de los Estados Unidos

Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye ||

Abogado y escritor ||

La celebración laica del cuarto jueves de noviembre, este pasado día 22, que incluye a todas las creencias, se celebra desde 1621, habiendo sido paulatinamente adoptada por las diferentes colonias (en el Sur, sólo desde 1855). Se dice que era para celebrar la primera cosecha de los peregrinos del Mayflower en Plymouth, Massachusetts. La leyenda quiere que fuese también la celebración de la paz entre los indios, capitaneados por Samoset, Massasoit y veinte más, con los europeos.

Pero la semana pasada, hablando con mi hija norteamericana, ella puso en duda esa versión tan pacífica y edulcorada. Esta fecha y esa conversación me han llevado a la lectura de un libro serio, brillante, sagaz y diferente.

Se trata de La otra historia de los Estados Unidos, de Howard Zinn (1922-2010) publicada por la editorial Hiru, de Fuenterrabía. Su título original es Historia del pueblo de los Estados Unidos, en mi opinión más acertado y significativo. Es un libro difícil de encontrar, que la repleta librería Traficantes de Sueños, en Madrid, sí tiene en sus anaqueles, así como otras obras del profesor Zinn, como las obras de teatro Marx en el Soho o Emma, sobre la anarquista Emma Goldmann (también publicadas, afortunadamente, por Hiru).

Zinn ha sido riguroso como historiador pero no se limita a las fuentes, por así decirlo, oficiales, sino que indaga en la historia de los indios, de los siervos y criados blancos, de los esclavos negros, de las mujeres traídas de Inglaterra para casarse con los colonos (una práctica también seguida por los portugueses en Brasil y por los españoles), de los obreros, inmigrantes de todos los orígenes explotados, soldados, del pueblo llano. Analiza, con respeto, la historia de la Revolución americana –el enriquecimiento y la adquisición masiva de tierras por algunos de los Founding Fathers, como Washington, la exclusión de negros, indios y mujeres, etc- y los intereses de la elite independentista, las primeras revueltas obreras, la Guerra de Secesión, las guerras imperialistas, empezando por México, hasta la actualidad.

Particularmente interesante para el lector español es su resumen sobre la guerra de Cuba (“había que evitar otra república negra como Haití”, según el joven corresponsal inglés Winston Churchill) y la ocupación y colonización de Filipinas. No fueron las primeras intervenciones. Según los archivos del Departamento de Estado, de 1962, los Estados Unidos habían llevado a cabo 103 operaciones de invasión o toma de control en países extranjeros, fuese para proteger a sus ciudadanos, sus empresas, o por otros motivos aun más materiales. Lugares y zonas de Nicaragua, Argentina, Japón, China, y hasta Angola fueron temporalmente ocupados.

Dedica un atención especial a los orígenes del movimiento obrero, con la Industrial Workers of the World, IWW, primera organización sindical que incluía a todos los trabajadores sin distinción de raza ni sexo, a las huelgas del siglo XIX, de los años 1919, 1934, la marcha de los veteranos en 1932, o la lucha contra los desahucios. Sitúa en su contexto el New Deal, de Roosevelt, que en realidad fue un acuerdo del Estado con las grandes corporaciones empresariales, para oponerse al socialismo ascendente. Pero también explica el dilema al que se enfrentaban las organizaciones sindicales entre aceptar algunas concesiones a cambio de la paz en las fábricas y ciertos beneficios laborales. No olvida la lucha de los negros, de las mujeres, de los granjeros pobres, que es el trasfondo de Las Uvas de la Ira, de Steinbeck. Zinn abarca con gran angular el panorama completo pero sin olvidar los pormenores, los nombres de víctimas. El pormenor es importante para comprender.

Con un estilo directo, accesible y esa economía que caracteriza a los historiadores anglosajones, sus citas literarias e históricas siempre son muy esclarecedoras, como las de Emerson, Thoreau, William James, Upton Sinclair o Dreiser, entre otros muchos. La editora ha tenido el buen gusto de dejar los poemas y versos en su versión original en inglés, como los del gran poeta negro Langston Hughes.

Nos enteramos, por ejemplo, de que nuestro admirado Walt Whitman resultó ser un defensor a ultranza de la invasión norteamericana de México en 1846 (“ ¡A México hay que castigarlo severamente … América sí sabe aplastar, como también extender sus fronteras!”) mientras Mark Twain mantendrá una posición mucho más noble contra la invasión de las Filipinas (“hemos apaciguado y enterrado a miles de isleños”, decía con amarga ironía, criticando a los imperialistas).

También es muy interesante la nomenclatura que Zinn nos va desgranando de los grandes empresarios norteamericanos y el origen de sus todavía robustas fortunas, como Carnegie, Dole (la piña tropical), Frick (cuya magnífica colección de arte ningún amante de la pintura deja de visitar en Nueva York), Rockefeller, etcétera. La colusión entre empresarios y altos mandos militares es descrita, sin calificativos. Al lector corresponde juzgar y sacar sus conclusiones.

Muy interesante también es el relato de los entresijos de la Segunda Guerra mundial –con la discriminación de los soldados negros, por ejemplo-, la actitud ambigua ante la persecución y exterminio de los judíos por los nazis, de Corea, de Vietnam (Zinn fue un gran activista contra esta guerra), la invasión de Irak.

La obra está documentada, contrastada con las fuentes oficiales, con la prensa del momento, no inventa nada ni recurre a la soflama o al panfleto. Nos gustaría tener historias parecidas del Imperio español o del portugués. O del francés, o de la expansión rusa en Siberia y Asia (recordemos Dersu Uzala, esa película de Kurosawa basada en el libro del capitán Arseniev). Existen, pero no son de fácil acceso y algunas, en una visión demasiado maniquea, tercermundista y antiimperialista, son poco rigurosas y se dejan llevar por el antiamericanismo primario o por una especie de revancha pseudoindigenista.

El profesor Zinn, de pluma ágil, con cierta sorna a veces, y con una capacidad de síntesis envidiable, nos ha resumido en 650 páginas el envés de la historia de su país con desenfado y sensatez (en Arkansas, el año pasado, un republicano pretendió que el libro fuera excluido de las bibliotecas públicas). Es un libro complementario de otros, que sin sustituir al relato histórico más tradicional, nos muestra la otra cara de la moneda. En conclusión, esta obra de Howard Zinn es una guía necesaria para todo amante de la historia, para comprobar cómo puede ser contada de otra manera, desde otra perspectiva.

Howard Zinn, nacido en Brooklyn, era hijo de un inmigrante judío del Imperio Austro-Húngaro y de Jenny Rabinowitz, de Irkutsk, Siberia, ambos obreros. El se calificaba de medio anarquista medio socialista, sin tomarse muy en serio y despejando así toda intención de ser catalogado y encasillado. Además de una completa y fructífera vida académica, fue un activista por los derechos humanos, las libertades y contra la guerra, él que la conocía de primera mano pues sirvió en bombarderos americanos sobre Checoslovaquia y Hungría durante la Segunda Guerra mundial. Lo que escribió fue siempre fruto de sus estudios y de su experiencia personal.

A falta de una biografía de este escritor, dramaturgo e historiador, recomiendo vivamente la excelente semblanza en Wikipedia, en inglés (sí, Wikipedia nos ofrece a menudo buenos datos). Así, sabemos que Bruce Springsteen se inspiró en su libro para su álbum Nebraska, o que Ben Affleck o Matt Damon han sido sus lectores y amigos.

El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *