La situación política y la izquierda alternativa

Francisco Frutos Gras ||

Ex Secretario General del PCE||

Recién pasado el 80 aniversario de la despedida de las Brigadas Internacionales en Barcelona recuerdo las últimas palabras de Dolores Ibárruri:

“¡Camaradas de las Brigadas Internacionales! Razones políticas, razones de Estado, la salud de esa misma causa por la cual vosotros ofrecisteis vuestra sangre con generosidad sin límites os hacen volver a vuestras patrias a unos, a la forzada emigración a otros. Podéis marcharos orgullosos. Sois la historia, sois leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia, frente al espíritu vil y acomodaticias de los que interpretan los principios democráticos mirando hacia las cajas de caudales o hacia las acciones industriales que quieren salvar de todo riesgo.
No os olvidaremos, y, cuando el olivo de la paz florezca, entrelazado con los laureles de la victoria de la República española, ¡volved!…
Volved a nuestro lado, que aquí encontraréis patria los que no tenéis patria, amigos, los que tenéis que vivir privados de amistad, y todos, todos, el cariño y el agradecimiento de todo el pueblo español, que hoy y mañana gritará con entusiasmo: ¡Vivan los héroes de las Brigadas Internacionales!”

La República Española fue derrotada, la violencia franquista sustituyó a la necesaria paz, los brigadistas como colectivo y sus familias y camaradas no pudieron volver hasta acabada la Dictadura. Cuando pudieron hacerlo recibieron los más sentidos homenajes de  la izquierda, de los demócratas y republicanos, en un marco que no era el de la República Española pero que representaba la lucha de muchas personas en unas nuevas circunstancias para reencontrar el hilo de la Historia segado por el fascismo.

Me gustaría decir:“Y en ello estamos”, pero no lo haré porque tengo serias dudas, por no decir certezas, de que lo que hace la izquierda actual poco tiene que ver con el espíritu del discurso de Dolores y con el ánimo y voluntad política que se palpaba en los homenajes que se hicieron a las Brigadas, a los supervivientes y a los familiares y camaradas que acudieron.

No se trata por mi parte de defender proyectos de izquierda desligados del contexto en el que vivimos, ni de recurrir a frases altisonantes sobre la libertad, la democracia, el republicanismo, el socialismo y hasta el comunismo. Eso ya lo hacen otros con una retórica que tiene poca correspondencia con algún acto efectivo. Al contrario, se trata de aterrizar en la realidad concreta para saber qué hacer y cómo hacerlo. Y ello me lleva a decir algunas cosas para intentar contribuir a que la izquierda recupere su sentido ideológico-cultural, social y político, históricos, purgado de triunfalismos ultra revolucionarios y de entreguismos claudicantes.

La izquierda, también la española, actúa en una colectividad en la que hay leyes y normas para convivir, que no se pueden eludir gratuitamente y que no anulan el pensamiento y la acción de los diversos protagonistas políticos. Leyes y normas fruto de la lucha de clases, de la relación de fuerzas, de las mayorías que se han formado democráticamente y ejercen el gobierno, de los acuerdos políticos que se generan.

En este sentido, la izquierda es la más interesada en que todo ello se produzca con orden, coherencia y claridad partiendo de la base elemental de que sin leyes y normas que se hagan cumplir colectivamente no hay una perspectiva democrática sólida y razonable. Y, consecuentemente con ello, trabajar en organizar a la mayoría trabajadora para que en el proceso de acción y cambio social las leyes y normas no sean las que impone una relación de fuerzas favorable a los intereses del capital y sus testaferros políticos de la derecha, sino a las necesidades básicas y a los proyectos de igualdad y justicia social de esa mayoría trabajadora.

La Revolución no es un acto de fuerza único que se produce y que lo cambia todo de la noche a la mañana, sino el proceso de implantación y consolidación progresiva de un cambio económico y social, con sus correspondientes leyes y normas que reflejen la nueva realidad.

A mi entender, desde hace tiempo se está produciendo una deriva postmoderna y reaccionaria de la izquierda en general que la conduce irreversiblemente a divagar por la retórica de frases que no tienen ninguna correspondencia con la acción real; a renunciar en la práctica a un verdadero internacionalismo y a entregarse, de nuevo en la Historia, a los nacionalismos que, en el caso de España, representan uno de los principales activadores de la extrema derecha, hable la lengua que hable; a no actuar sistemáticamente por convicción contra la guerra y por la paz como uno de los principales motivos de su existencia; a prescindir realmente de un sentido de clase arraigado en la Historia pero, sobre todo, en la existencia de unas clases trabajadoras en cada país y en general que más que nunca necesitan de un cambio social urgente, en especial en las zonas más castigadas por la rapiña y el parasitarismo del capital en su filosofía natural del máximo beneficio en el mínimo de tiempo.

Sirvan estas notas para dejar sentado que con la política actual de la izquierda en España, la llamada “socialdemócrata” y la calificada de “alternativa”, tenemos derecha, o políticas de derechas, para rato, a pesar de que ahora mismo gobierne el PSOE con 84 diputados/as y unos pactos singulares.

(Jueves, 1 de noviembre de 2018).

El galimatías político español y la “izquierda”

Es como si la política en su sentido de convivir juntos y discrepar en el marco de unas normas y leyes aceptadas por todos, por ser producto del acuerdo colectivo democrático, hubiese abandonado la escena y fuera sustituida por la politiquería, el barullo y el caos. Me refiero principalmente a lo que ocurre en España, teniendo en cuenta también lo que pasa en Europa y en América.

Hoy me ocuparé sólo de nuestro país, ya que la desvertebración política de la UE y las diversas situaciones en cada Estado, merecen un tratamiento más amplio y minucioso para no perderse en análisis superficiales y en generalidades; y en América Latina el avance y triunfo golpista y/o electoral de la extrema derecha, impulsado siempre por el imperialismo de EEUU, lo necesita aún mucho más, para entender cómo se ha pasado en pocos años de un avance social en realidades diversas, que parecía imparable en la mayoría de países, a un retroceso tan general y acusado y al fascismo.

Volvamos pues a lo que ocurre en España. El inmundo culebrón protagonizado por el ex-comisario Villarejo pringa hasta las cejas tanto al PSOE como al PP. Sería hasta cómico conocer lo que destapa Villarejo y asistir a las patéticas escenas de mutuas acusaciones entre los dirigentes de uno y otro partido, si no fuera porque es algo demasiado grave para verlo como comedia.

Cuando la protagonista, lenguaje tabernario incluido, es la todavía ministra Delgado, el PP monta en santa cólera exigiendo dimisiones y jueces; cuando es Cospedal, la pillada in fraganti en su sede, conspirando y hablando de negocios con el mismo personaje, se cambian las tornas y ahora es el PSOE el que se rasga las vestiduras de la honradez frente al corrupto PP. Todo un sainete que pone en evidencia el nivel rastrero al que ha llegado la política en España.

Una conclusión sobre Villarejo y los protagonistas de sus aventuras y saqueos: PP y PSOE, ambos en la misma línea, potencian las cloacas del Estado para defender sus intereses de partido. Villarejo se aprovecha de la situación poniendo de relieve lo que queda aún por limpiar en los aparatos del Estado. Pero lo que queda más en evidencia es que un policía se ha burlado de los dirigentes de ambos partidos en beneficio propio mientras éstos ni se enteraban, demostrando que, además de caer en ilegalidades, eran unos inútiles cretinos.

Y, por si no tuviéramos bastante con este mal folletín político, lo podemos completar con Franco, el Valle de los Caídos, La Almudena, el Vaticano. Con Puigdemont y Torra y las historietas de los secesionistas catalanes que no hay ningún Halloween que supere en fealdad y esperpento. Con estos asuntos ya tenemos al Congreso, los medios de comunicación, las calles y los centros de trabajo y estudio ocupados. ¿Qué más podemos desear?

Y, en todo esto, la izquierda que no tiene el sello del PSOE está inmersa en este barrizal político y ausente de los grandes y básicos asuntos sobre los cuales siempre se había situado y hecho propuestas de fondo y habían organizado la movilización las organizaciones de izquierda,  partidos y sindicatos. En su lugar, la retórica genérica ocupa el espacio de las ideas y la acción de la transformación social.

(Miércoles, 31 de octubre de 2018).

Podemos, Catalunya en comú y otros socios

Parece que aquel proyecto que tenía que asaltar los cielos, arrasar electoralmente, dar un sorpasso tras otro hasta llegar a La Moncloa en olor de multitudes desgañitadas, se pasa ahora mucho tiempo en disputas internas ya que parece que los cielos están muy lejos, y ni tocando el timbre se abre la puerta; que los ciudadanos/as votan lo que les da la gana, no lo que les indica Podemos para que sean felices; y del sorpasso se pasa a la disputa interna. Y, en política, las disputas internas casi siempre son por tener y controlar el poder interno y continuar haciendo lo que le da la gana al que tiene una mayoría, por efímera que sea, aunque los hechos sean tozudos y nieguen la metafísica del triunfalismo sin causa. Veamos.

Pablo Iglesias salta como un zascandil de un lado a otro desde el principio del nacimiento de Podemos, con episodios que, puestos uno detrás del otro, parecen las notas de un acordeón desafinado, por contradictorios. En el corto espacio de cuatro años, la organización que nació, según sus creadores, para combatir y acabar con la casta política, acaba actuando como la casta más degradada democrática y políticamente en menos tiempo, pudiendo competir con la que venían a superar.

La historia del nacimiento de Podemos y su corta trayectoria, con grandes eventos organizativos por en medio, así nos lo dice con claridad. Podemos nació en enero de 2014 fruto de un impulso de diversas personas, entre las cuales había anteriores dirigentes máximos de IU y el PCE. Esto se producía en el momento en que IU, gracias a un trabajo político bien hecho y perseverante rozaba o superaba en todos los sondeos el 15 % de los potenciales votos, llegando en algún caso hasta el 20%. Y, en vez de reforzar esta situación buscando y trabajando para un acuerdo unitario con IU, los creadores de Podemos, con Pablo Iglesias como cabeza visible, decidieron crear algo nuevo y competir en las elecciones europeas a celebrar al cabo de cinco meses.

Pablo Iglesias ya tenía por entones una importante presencia en las televisiones de la derecha y en las progres, lo que le permitió divulgar  un discurso de carácter neopopulista frente a la “casta”. Sacó 5 diputados/as al Parlamento Europeo, lo cual, partiendo de cero, se consideró un éxito.

IU pasó de uno a seis eurodiputados, en la línea que marcaban los sondeos, pero teniendo como adversaria una organización acabada de nacer que disputaba el mismo espacio. A partir de aquel resultado y el de Podemos, a la plana mayor de las direcciones de IU y del PCE les entró el canguelo por el futuro y por los cargos y empezaron a disertar sobre la unidad en abstracto con Podemos y a cuestionar y laminar progresivamente el patrimonio político de IU y del PCE.

Se volvió a poner de actualidad, con lenguaje “renovador y moderno”, aquella vieja consigna de años atrás de “Pasar el Rubicón”. Lo cual entonces quería decir simplemente que el PCE debía desaparecer e IU subordinarse a una nueva realidad, una nueva realidad que se iba creando con la renuncia a toda una historia propia que, con sus virtudes y defectos, tenía un pasado de lucha, acción y conquistas sociales y una perspectiva de futuro. El PCE no tiene actualmente ningún papel en la realidad política general e IU está sumergida en Podemos. En ambos casos hay importantes sectores de militantes y afiliados que no han renunciado a su historia ni renuncian a participar en la construcción de una alternativa desde la izquierda.
Volviendo al principio, Podemos hace como cualquier otro partido de la casta criticada, toma decisiones en sus congresos, que matiza y cambia en la práctica, imitando a Groucho Marx en aquella escena en la que dice con la naturalidad de siempre: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Pues eso, no pasa nada con defender unas ideas hoy y cambiarlas mañana, ni abrazarse un día como hermanos entrañables los principales dirigentes y expulsarse entre sí a la semana siguiente. Aunque, de momento, siempre gana, o flota, Iglesias. En esa misma línea, lo de Catalunya en Comú, el socio catalán, es un auténtico esperpento. No son independentistas, dicen, pero hacen lo que el independentismo más cutre, sea de Puigdemont o Torra,  hace y dicta.

Tanto en Podemos como en Catalunya en Comú cada grupúsculo inventa sus historietas y quiere imponer su pírrico poder, aunque a veces se tenga que incurrir en engaños y mentiras. Lo peor es  que se lo creen ellos y muchos de los seguidores que tienen también. Las actitudes de los populistas y progres son las que siempre contribuyen a dar alas  a la derecha, sea la derecha secesionista o  la centralista. En este caso no es diferente.

¿Alguien cree que si la actitud de la izquierda política y sindical en Catalunya y en el conjunto de España hubiera sido otra en relación  a los nacionalismos secesionistas y al papel nefasto que han jugado siempre en la historia todos los nacionalismos, enfrentando a los trabajadores y al pueblo, hubieran llegado éstos tan lejos?

(Sábado, 27 de octubre de 2018).

80 aniversario del homenaje y despedida de las brigadas internacionales

Soy voluntario de las Brigadas Internacionales porque admiro profundamente el valor y el heroísmo del pueblo español en la lucha contra el fascismo internacional; porque mis enemigos de siempre son los mismos que los del pueblo español. Porque si el fascismo vence en España, mañana vencerá en mi país y mi hogar será devastado. Porque soy un trabajador, un obrero, un campesino que prefiere morir a vivir de rodillas. Estoy aquí porque soy un voluntario y daré, si es preciso, hasta la última gota de mi sangre por salvar la liberad de España, la libertad del mundo.” (Declaración solemne que los miembros de las Brigadas Internacionales debían prometer).

El 21 de septiembre de 1938, Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, anunciaba, ante la Asamblea General de la Sociedad de Naciones radicada en Ginebra, la retirada inmediata y sin condiciones de todos los combatientes no españoles encuadrados en las Brigadas internacionales que combatían junto al Ejército de la República, con el deseo de que el bando franquista hiciera lo mismo:

“El gobierno español, en su deseo de contribuir con actos al apaciguamiento que todos deseamos, y resuelto a hacer desaparecer todo pretexto para que se pueda continuar dudando del carácter netamente nacional de la causa por la que se baten los Ejércitos de la República, acaba de decidir la retirada inmediata y completa de todos los combatientes no españoles que luchan en las filas gubernamentales.”

En cumplimiento de una resolución de la Sociedad de Naciones de 1 de octubre de 1938, el Gobierno de la República ordenaba la retirada de las Brigadas Internacionales, aunque se quedasen en Cataluña algunos pequeños contingentes. Así se cumplía el tratado de “No Intervención” en la Guerra Civil española, que se había firmado -en el marco de la Sociedad de Naciones- por Alemania, Italia, Francia Inglaterra y la URSS. No obstante, los citados acuerdos de no intervención ofrecían un amplio margen de maniobra para que los alemanes e italianos que apoyaban al golpista Franco permaneciesen en España. De hecho, hasta más allá de la finalización de la guerra siguieron permaneciendo los tropas alemanas e italianas en territorio español.

El 25 de febrero de 1938, en un acto de despedida a las Brigadas Internacionales celebrado en Les Masies (Tarragona), Juan Negrín proclamaba:

“(…) Vuestra retirada es una necesidad que nos imponemos para demostrar a esa falsa No Intervención que la retirada de los voluntarios no es un problema para la República y sí para los sublevados, coaligados con las fuerzas extranjeras que pretenden en España conquistar nueva posiciones. Y España ha adoptado esta resolución que podría contribuir a la pacificación del mundo, haciendo cuanto estuviera de su parte para localizar el conflicto, para lograr esta paz basada en la justicia de la que España no se separa jamás.

El Gobierno español quisiera testimoniaros de una manera directa su agradecimiento. Vuestro espíritu y el de vuestros muertos nos acompaña y quedan unidos para siempre a nuestra historia. El Gobierno de la República reconocerá y reconoce a los internacionales, que tan bravamente han luchado con nosotros que ya pueden decirse son connaturales nuestros, el derecho a reclamar, una vez terminada la guerra, la ciudadanía española. ¡Con ello nos honraremos todos!

Buen camino, hermanos internacionales, como os ha deseado hace unos momentos el jefe del Ejército del Este. Buen camino y continuada lucha, cerca de vuestros pueblos, para dar a conocer la verdad de lo que ocurre en España, mientras nuestro pueblo continúa vuestra gesta en los frentes de combate. Cuando hay un deber que cumplir, o se sucumbe o se cumple (…)”.

El 26 de octubre de 1938, el Gobierno republicano ordenaba la retirada del frente de las Brigadas Internacionales. En aquel momento, quedaban alrededor de un tercio de los que habían llegado a España para combatir al fascismo, esperando que con este gesto de buena voluntad, el bando franquista hiciera lo propio con las fuerzas militares alemanas e italianas que luchaban contra el legítimo Gobierno de la República. Mientras, Benito Mussolini retiraba alrededor de 10.000 soldados del Cuerpo Expedicionario italiano “como gesto de buena voluntad”. La noticia de la retirada de las Brigadas Internacionales fue comentada “oficiosamente” por Franco, en el sentido de que ya era tarde para cualquier posible acuerdo.

En ese mismo día, la Comandancia Militar de Barcelona ofrecía a la oficialidad de las Brigadas Internacionales una comida en el Cuartel Vorosilov -antiguo Cuartel de las Atarazanas- a las que asistieron alrededor de 1.400 personas, y, ya en la noche, en el Teatro del Liceo se realizó una función de homenaje a los voluntarios internacionales con la presencia de los jefes de las Brigadas Internacionales y del Ejército republicano, así como de diversas autoridades políticas del Gobierno de la República y de la Generalitat de Cataluña. Homenaje del Ejército de la República bajo el lema: “Caballeros de la libertad del mundo: ¡buen camino!”.

El 28 de octubre de 1938, en la explanada del acuartelamiento de Pins del Vallés, Juan Negrín, André Marty y Juan Modesto se dirigieron a los brigadistas, teniendo lugar a continuación el acto forma de la despedida de la población de Barcelona a las Brigadas Internacionales con un desfile de brigadistas por la Avenida 14 de Abril –actualmente, avenida Diagonal-, en un ambiente altamente emotivo y en donde cerca de 300.000 personas se congregaron por las calles de Barcelona para despedir, con aplausos, lloros y cubriendo las calles con rosas, a estos hombres que se habían involucrado en la defensa de las libertades y contra el fascismo, conocedores de la trascendencia del internacionalismo en un país que no era el suyo. Presidiendo la ceremonia de despedida, en la tribuna se encontraban Juan Negrín, Manuel Azaña, Diego Martínez Barrio, Lluís Companys, José Díaz, Dolores Ibárruri y los generales Vicente Rojo y José Riquelme.

El 1 de noviembre de 1938, en un mitin de despedida y reconocimiento a las Brigadas Internacionales celebrado en Barcelona, Dolores Ibárruri haría un histórico discurso hacia los brigadistas internacionales que estaban preparados para partir, saludando que empezaban a formar parte no sólo de la historia, sino también de la leyenda:

“Es muy difícil pronunciar unas palabras de despedida dirigidas a los héroes de las Brigadas Internacionales, por lo que son y por lo que representan.

Un sentimiento de angustia, de dolor infinito, sube a nuestras gargantas atenazándolas… Angustia por los que se van, soldados del más alto ideal de redención humana, desterrados de su patria, perseguidos por la tiranía de todos los pueblos…

Dolor por los que se quedan aquí para siempre, fundiéndose con nuestra tierra y viviendo en lo más hondo de nuestro corazón, aureolados por el sentimiento de nuestra eterna gratitud.

De todos los pueblos y todas las razas, vinisteis a nosotros como hermanos nuestros, como hijos de la España Inmortal, y en los días más duros de nuestra guerra, cuando la capital de la República española se hallaba amenazada, fuisteis vosotros, bravos camaradas de las Brigadas Internacionales, quienes contribuisteis a salvarla con vuestro entusiasmo combativo y vuestro heroísmo y espíritu de sacrificio.

Y Jarama y Guadalajara, y Brunete y Belchite, y Levante y el Ebro cantan con estrofas inmortales el valor, la abnegación, la bravura, la disciplina de los hombres de las Brigadas Internacionales.

Por primera vez en la historia de las luchas de los pueblos, se ha dado el espectáculo, asombroso por su grandeza, de la formación de las Brigadas Internacionales para ayudar a salvar la libertad y la independencia de un país amenazado, de nuestra España.

Comunistas, socialistas, anarquistas, republicanos, hombres de distinto color, de ideología diferente, de religiones antagónicas, pero amando todos ellos profundamente la libertad y la justicia, vinieron a ofrecerse a nosotros incondicionalmente.

Nos lo daban todo; su juventud o su madurez o su experiencia; su sangre y su vida, sus esperanzas y sus anhelos… Y nada nos pedían. Es decir, si: querían un puesto en la lucha, anhelaban el honor de morir por nosotros.

¡Banderas de España!… ¡Saludad a tantos héroes, inclinaos ante tantos mártires!… 

¡Madres!… ¡Mujeres! Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando; cuando el recuerdo de los días dolorosos y sangrientos se esfume en un presente de libertad, de paz y de bienestar; cuando los rencores se vayan atenuando y el orgullo de la patria libre sea igualmente sentido por todos españoles, hablad a vuestros hijos; habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales.

Contadles cómo, atravesando mares y montañas, salvando fronteras erizadas de bayonetas, vigiladas por perros rabiosos deseosos de clavar en ellos sus dientes, llegaron a nuestra patria como cruzados de la libertad, a luchar y a morir por la libertad y la independencia de España, amenazadas por el fascismo alemán e italiano. Lo abandonaron todo: cariños, patria, hogar, fortuna, madre, mujer, hermanos, hijos y vinieron a nosotros a decirnos: “¡Aquí estamos!, vuestra causa, la causa de España es nuestra misma causa, es la causa de toda la humanidad avanzada y progresiva”.

Hoy se van; muchos, millares, se quedan teniendo como sudario la tierra de España, el recuerdo saturado de honda emoción de todos los españoles.

¡Camaradas de las Brigadas Internacionales! Razones políticas, razones de Estado, la salud de esa misma causa por la cual vosotros ofrecisteis vuestra sangre con generosidad sin límites os hacen volver a vuestras patrias a unos, a la forzada emigración a otros. Podéis marcharos orgullosos. Sois la historia, sois leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia, frente al espíritu vil y acomodaticias de los que interpretan los principios democráticos mirando hacia las cajas de caudales o hacia las acciones industriales que quieren salvar de todo riesgo.

No os olvidaremos, y, cuando el olivo de la paz florezca, entrelazado con los laureles de la victoria de la República española, ¡volved!…

Volved a nuestro lado, que aquí encontraréis patria los que no tenéis patria, amigos, los que tenéis que vivir privados de amistad, y todos, todos, el cariño y el agradecimiento de todo el pueblo español, que hoy y mañana gritará con entusiasmo: ¡Vivan los héroes de las Brigadas Internacionales!”

Sin embargo, nunca pudieron volver porque la República fue derrotada poco más de cinco meses después, tras dejar en tierra española la sangre alrededor de 10.000 combatientes y unos 7.000 desaparecidos.

El 5 de abril de 1937, en el diario de los comisarios del Pueblo, La Voz del combatiente, el poeta Miguel Hernández había publicado un soneto en homenaje a los brigadistas internacionales fallecidos en el combate contra el fascismo y sobre las tumbas en que yacían brigadistas anónimos:

“Al soldado internacional caído en España”

“Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras,

una esparcida frente de mundiales cabellos,

cubierta de horizontes, barcos y cordilleras, 

con arena y con nieve, tú eres uno de aquellos.

Las patrias te llamaron con todas sus banderas

que tu aliento llenara de movimientos bellos.

Quisiste apaciguar la sed de las panteras,

y flameaste henchido contra sus atropellos.

Con un sabor a todos los soles y los mares, 

España te recoge porque en ella realices

tu majestad de árbol que abarca un continente.

A través de tus huesos irán los olivares

desplegando en la tierra sus más férreas raíces,

abrazando a los hombres universal, fielmente.”

La mayoría de los 10.000 brigadistas internacionales supervivientes, trataron de volver a sus países, lo cual algunos hicieron sin problemas, pero otros se verían con situaciones difíciles, pues formalmente eran expulsados de España y serían detenidos a su llegada, porque habían salido sin autorización para servir a un ejército extranjero, motivo por el cual muchos debieron ir como exiliados a terceros países. Así, los italianos, alemanes, austríacos, húngaros … no pudieron volver a sus países por los regímenes fascistas y nacionalsocialistas imperantes. Los estadounidenses, durante la Guerra Fría, serían denominados antifascistas prematuros, y sufrirían la caza de brujas del senador McCarthy.

Con la derrota de la República, Europa había perdido la primera batalla contra el fascismo, y muchos de esos hombres cayeron en el olvido.

El 19 de enero de 1996, se aprobaría un Real Decreto por el que se reconocía la inestimable ayuda de los voluntarios y se les daba la nacionalidad española:

Es de justicia reconocer la labor en pro de la libertad y de la democracia llevada a cabo por los voluntarios integrantes de las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española de 1936 a 1939. Los supervivientes de la contienda merecen ver de un modo patente la gratitud de la Nación y para ello nada más justo que entender que se dan en ellos las circunstancias excepcionales previstas en el artículo 21 del Código Civil a los efectos de la concesión de la nacionalidad española por carta de naturaleza.”

(Lunes, 29 de octubre de 2018).

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