Prisioneros de un referéndum

Vicente Serrano ||

Miembro del Grupo Promotor del partido IZQUIERDA EN POSITIVO y de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista ||

Hay quienes afirman que “votar es democracia” y, por tanto, a los que criticamos cualquier petición de un referéndum nos consideran antidemocráticos, fachas. Tal argumento maniqueo ha trufado todo el discurso del nacionalismo catalán, vasco, escocés, español o británico. La realidad es que la democracia siempre es algo más que votar, mucho más. Pero votar es imprescindible para la democracia.

El problema es que se puede votar aquello para lo que tienes competencia para votar. Veamos. Se afirma, por parte del nacional-catalanismo, que Cataluña tiene derecho a decidir si quiere ser un Estado independiente. Es como si los españoles menos los catalanes pudieran votar si expulsan a Cataluña de España. La noticia paródica de esto la hicieron los de Charnego News y todavía hoy llegan comentarios ácidos sobre la misma. Digamos que no se puede marginar a los extremeños de una decisión que les afecta (su expulsión de España), como no se puede marginar a los españoles no catalanes de la decisión de segregar una parte de España. En ambos casos es una segregación, de la pobreza ¿no?

Referéndums catalanes

En Cataluña, desde la Transición, ha habido cuatro referéndums circunscritos a la autonomía. Dos legales y dos ilegales.

De los legales el primero se realizó en 1979 para aprobar el Estatuto, en el participó casi un 60% del censo –digamos que tampoco es que generara grandes entusiasmos, imagínense que se hubiera exigido, como determinaba la Constitución de la segunda República, los dos tercios del censo para su aprobación–. El segundo referéndum se convocó en 2006 para aprobar la reforma del Estatuto; la participación no llegó al 49% del censo. Parece que el tema no le interesaba a algo más de la mitad de la población.

De los dos referéndums ilegales no hay datos oficiales en la web de la Generalitat ¡hasta quien los convocaba los considera ilegales! En el primero, el famoso 9N de 2014, la participación, no certificada, fue de poco más del 36%. Los resultados del segundo, el referéndum del 1 de octubre de 2017 son más que discutibles y, aunque Wikipedia hable del 43% como dato no verificado, es evidente que tales datos son falseados (se podría hablar de la movilización de hasta 400.000 personas pero incluso ese dato puede estar inflado)

Otros referéndums catalanes

Los catalanes hemos participado en cuatro referéndums más que afectaban a todos los españoles, todos legales. En el primero, el de la Ley para la Reforma Política de 1976, participó el 74% del censo catalán, superando el 93% de síes. El siguiente, el de la Constitución, en 1978, tuvo una participación de casi el 70%, mayor en 8 décimas que en el conjunto de España y obtuvo un 90,5% de síes, superando en dos puntos y medio a la media nacional.

El tercer referéndum se celebró en 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN. La participación a nivel nacional superó el 59% del censo –los síes fueron casi el 57% de los votantes–. En Cataluña, la participación fue de casi un 63% y ganó el no, con casi un 54%

Y el cuarto, en 2005, sobre la Constitución Europea, superó algo el 42% de participación, con casi un 82% de votos emitidos favorables. En Cataluña, la participación bajó al 41% y los votos afirmativos al 64%

¿Para que sirve un referéndum?

Deberíamos hacernos esta pregunta antes de lanzarnos a pedir un referéndum como posesos, ya que, en ocasiones, sus resultados no son tan determinantes como para que la decisión de su resultado sea la más democrática. A tenor de los resultados, de las 8 convocatorias, se puede decir que, de los 8 referéndums, hay dos en que claramente se pudo ver el interés de los catalanes en participar: El de la Reforma política y el de la Constitución, con participaciones superiores o iguales al 70%. Podríamos aceptar cierta legitimidad al referéndum para el Estatuto de 1979, con el 60% de participación y, eso, si no nos ponemos muy republicanos. Pero el resto podemos decir que sirvieron de bien poco, al menos para discernir la voluntad de los catalanes/españoles. Eso sí, sirvieron para las políticas partidistas de quienes los convocaron.

Sobre los referéndums propiamente catalanes se puede afirmar que el de reforma del estatuto (2006) no resolvió el problema que nos creó el señor Maragall, dada su bajísima participación. De los dos ilegales solo podemos extraer que han sido una herramienta de división social y que restañar las heridas requerirá de mucho tiempo y voluntad.

El uso del referéndum como herramienta de toma de decisiones políticas debe realizarse tras un sosegado debate social y con la participación de todos los implicados, todos. Es decir, no se pueden hacer referéndums en Cataluña o Extremadura que afecten a la vida de todos los españoles. Además, debemos definir previamente qué porcentajes de participación son exigibles y qué porcentajes sobre el censo debe alcanzar la opción elegida mayoritariamente. Es decir, lo de la mitad más uno para según qué, no sirve.

El Brexit

En realidad, el titulo de este artículo lo inspira el problema que se ha generado en Reino Unido con el resultado del referéndum para salir de la UE. Es posible que un nuevo referéndum arrojase resultados diametralmente opuestos al primero.

Hoy, los británicos son más conscientes de lo que implica separarse de la UE. Con una participación del 72%, casi el 52% se mostraron en 2016 a favor de dejar la Unión Europea y el 48% de permanecer en ella. Imagínense que un pequeño incremento o decremento en la participación, junto a un mayor conocimiento, podría suponer un cambio en una decisión política de enorme calado, no solo para los británicos, sino también para todos los europeos. A tener en cuenta que ese 52% favorables a la salida representan tan solo al 37,5% de la población británica. ¿Cómo se puede tomar una decisión de esa envergadura sin, al menos, la mitad del censo?

Pero los británicos están prisioneros de un referéndum donde las mentiras, como luego reconocieron, forzaron una decisión que está lastrando toda la política europea; es decir no solo les afecta a los británicos.

El CatExit

Ciertamente, los porcentajes electorales 48/52 (secesionismo/no secesionismo), invertidos por birlibirloque del sistema electoral en 53/47 parlamentarios, son muy parecidos a los del Brexit y nos plantean grandes problemas de difícil solución en España y no parece que un referéndum vaya a resolverlo. Sobre todo, si no se tiene en cuenta a todos los españoles y no se establecen unas reglas del juego limpias… Cosas harto improbables.

Democratizar la vida política y fortalecer el Estado. Es más un deseo que una posibilidad. Rescatar la ética e imponer un sistema de democracia real donde el voto de nadie valga más que el de cualquiera. Y donde todas las opciones políticas tengan la misma presencia en los medios de comunicación y se limiten los gastos electorales de las grandes maquinarias partidistas engrasadas con dinero de la corrupción.

Es un deseo. ¡No es fácil!

Nou Barris, Barcelona. 16 de noviembre de 2018

*Autor del ensayo EL VALOR rEAL DEL VOTO, Editorial El Viejo Topo, 2016

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1 comentario de “Prisioneros de un referéndum

  1. Enrique José Amorin Rodriguez
    22 noviembre, 2018 at 2:43

    Contundente y necesario articulo.Gracias.

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