Sobre internacionalización, globalización e internacionalismo

Francisco Frutos Gras ||

Ex Secretario general del PCE ||

Para ir afinando en los conceptos teóricos, políticos y culturales que utilizamos diariamente para definir y hablar de los diversos fenómenos que conforman la vida, la información y el posicionamiento y dinámica  colectiva cotidiana. Para intentar actuar lo más acertadamente posible desde las ideas y la acción que defendemos los comunistas, intento aclarar, también para mi práctica política, algunos conceptos que muchas veces utilizamos de forma genérica, superficial y contradictoria.

Ya nuestros clásicos, en el Manifiesto Comunista de 1848 y en otros documentos básicos sobre el desarrollo de las formas de producción burguesas, nos descubrieron el proceso que estaba desarrollando el creciente capitalismo en la integración productiva, económica, social, cultural y política y sobre la irreversible internacionalización, consolidación e integración del mismo. Afirmaron al mismo tiempo que este proceso llevaba implícita la progresiva contradicción y destrucción del mismo por los intereses intercapitalistas confrontados y, sobre todo, porque la contrapartida a su desarrollo conducía a la asociación, unidad y lucha revolucionaria de una clase obrera explotada  y, consecuentemente, creaba el enemigo que lo destruiría.

En el terreno de los análisis sobre el desarrollo del capitalismo y su internacionalización se han cumplido en gran parte prácticamente todos los fenómenos anunciados, salvo en lo que se refiere a la irreversibilidad de la caída del capitalismo y a su sustitución por un sistema socialista. Ha quedado patente que las tesis apuntadas en El Manifiesto Comunista sobre el desarrollo e internacionalización del capitalismo eran, en lo fundamental, correctas, como hasta reconocen muchos teóricos, economistas y políticos burgueses en la actualidad, especialmente en lo referente a las crisis cíclicas del capitalismo, pero se han demostrado erróneas en la concepción determinista del desarrollo revolucionario imparable de las fuerzas obreras destinadas a enterrar al capitalismo. Ahorro detalles sobre lo sucedido en este terreno por ser muy conocido y no tratarse en estas notas de profundizar en ello.

La internacionalización, o globalización, ha servido al capital para expandirse y unirse en lo fundamental de sus intereses de clase, a pesar de las contradicciones y enfrentamientos de unos grupos o países contra otros, que se han dirimido en el siglo pasado con dos guerras mundiales, la muerte de millones y millones de seres humanos, la inmensa mayoría trabajadores, y la destrucción de la riqueza creada por éstos. Se ha impuesto la globalización económica para la libre circulación de capitales financieros, comerciales y productivos. La globalización no ha servido, en cambio, para que los trabajadores hicieran lo mismo, imponiendo su unidad y solidaridad de clase, aunque en determinados momentos históricos pareció que era posible. La revolución industrial del siglo XIX, acelerada en el XX, además de la explotación de la clase obrera de los países de más desarrollo económico, ha ido acompañada de un colonialismo e imperialismo que ha concentrado la mayor parte de las riquezas mundiales en los países más ricos, creando pobreza y desempleo en los países colonizados y dependientes.

Resumiendo, la globalización neoliberal desarrollada en las últimas décadas, especialmente a partir del derrumbe de la Unión Soviética, es la acentuación de los rasgos más opresivos y anti sociales de la doctrina liberal clásica y plantea y ejerce un radicalismo extremo contra las fuerzas del trabajo y la liquidación de sus organizaciones sindicales y políticas. Quiere liquidar la intervención del Estado como garante de más justicia social, intensifica la privatización de empresas y servicios, reduce el gasto social y propicia la libre competencia de los grandes grupos económicos, subordinando todas las leyes al mercado neoliberal. Es el triunfo de las tesis económicas más conservadoras de los teóricos de la Escuela de Chicago, Friedrich August Hayek y Milton Friedman, seguidas al pie de la letra e impuestas por Reagan, Thatcher y Pinochet, como tres de los más significativos personajes de la reacción neoliberal mundial.

La izquierda en su vertiente socialdemócrata pasó del reformismo al social liberalismo, aceptando después de la caída de la URSS que fuera del capitalismo no había vida, y la izquierda alternativa de orientación marxista, muy afectada politicamente después de aquel derrumbe, quedó cada vez más encerrada en una concepción burocrática electoralista que la ha dejado sin teoría ni práctica de clase. Ambas dos izquierdas aceptando, en un grado u otro, las migajas que quiera dar el sistema.

(Jueves, 15 de noviembre de 2018).

Algunas contradicciones de la época actual en torno a la lucha de clases y los nacionalismos

Tiene bemoles que el enfrentamiento social, político y cultural real que se produce actualmente con las derechas no sea por diferencias, contradicciones y proyectos de clase diferentes y antagónicos, sino por los nacionalismos y la subordinación de la izquierda oficial a los mismos. Cuando un movimiento reaccionario identitario como el que se ha producido en Catalunya, escudándose en el llamado fraudulentamente “PROCÉS”, arrastra a sectores obreros y capas medias desnortadas y las hace ir detrás de banderas de división y enfrentamiento entre los trabajadores, por el otro lado la derecha de carácter identitario centralista resurge de sus cenizas políticas, y con ella sectores minoritarios que creíamos en el estercolero de la historia española se abren un importante espacio. Y, luego, los intelectuales y saltimbanquis de la “izquierda” escupirán al cielo contra la derecha, sin dar ni un sólo elemento ideológico, social y político riguroso que sitúe la teóricamente desaparecida lucha de clases en el centro del debate de la confrontación de ideas y proyectos.

Intentando aproximarme a la realidad, constato en una mirada general a lo que ocurre, que el movimiento obrero, tanto en su versión sindical como cultural y política, está desarmado, sin disponer de elementos serios de análisis y choque social con el adversario, salvo una genérica y políticamente burda acusación contra la derecha centralista, mientras se echa a los brazos de la derecha secesionista camuflada de democrática republicana y popular. Una izquierda de retórica intrascendente, sin proyecto, cuyo fundamental objetivo parece ser hacerse la foto de sumisión con catalanes y vascos tan neoliberales como el PP o Cs, y con tantos ladrones en su seno como en el de los citados.

Resumiendo, la lucha de clases se ha convertido en una especie de lucha de identidades de la que sólo surgen nuevos sectores proclives a la derecha de siempre, hable esta la lengua que hable. Si alguien que se desgañita contra la derecha quiere saber de verdad cómo subió en Francia el fascismo que representa el Frente Nacional y porqué se hizo con los votos socialistas y comunistas en los barrios más obreros y populares, que vaya y pregunte a los partidos socialistas y comunistas que quizás sepan algo. En cada sitio se producen fenómenos parecidos con resultados similares.

sobre Actos Jurídicos Documentados, conocido como el “Impuesto de las Hipotecas”, que hasta ese momento recaía sobre los hipotecados. Tres semanas después, el pleno del Tribunal Supremo hace marcha atrás y decide que sean de nuevo los hipotecados que paguen el impuesto y no los bancos. Podría decirse aquello de hecha la ley, hecha la trampa. Veamos los antecedentes del asunto.

El Real Decreto Legislativo de 24 de septiembre de 1993, siendo ministro de Hacienda Pedro Solbes, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del “Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales” “Actos Jurídicos Documentados”, y el posterior decreto regulador de 1995, estipulan que al comprar una vivienda se tienen que pagar tres impuestos: Actos Jurídicos Documentados, IVA y Transmisiones Patrimoniales, impuestos que cobra la Administración Pública y que recaudan las CCAA a través de las competencias transferidas. En las comunidades autónomas el porcentaje que se aplica a la compra de una vivienda oscila entre el 0,5 y el 1,5 por cien, recursos económicos que deberían buscarse de otro tipo de ingresos públicos. Este impuesto es, además, el más caro de Europa para la compra de una vivienda.

Y mientras la decisión a favor del capital bancario de este órgano del Tribunal

Supremo vuelve atrás una  decisión que hacía justicia con los más débiles económicamente y afectaba a los más poderosos, a un sistema bancario al que se le han pagado las deudas fruto de su gestión especulativa e inmobiliaria, con el dinero de todos, se anuncia la venta de áticos de 10 millones de euros en el Complejo Canalejas de Madrid. Y junto a la inversión de constructores españoles como Villar Mir, o extranjeros como el millonario canadiense israelí Mark Scheinberg, nos encontramos también a la familia Henrique Capriles, el golpista opositor al gobierno de Venezuela, que invierten también en este tinglado y en otros complejos de viviendas de lujo. Así la alcaldesa de Madrid,  entre otras autoridades, los partidos que vociferan contra la dictadura venezolana y venden armas a Arabia Saudí para que pueda cometer todo tipo de crímenes y fechorías,  y las ONGs siempre tan “humanitarias”, podrán recibir de nuevo a los golpistas que dicen ser perseguidos por Maduro y el gobierno de Venezuela.

(Sábado, 10 de noviembre de 2018).

Ideas erróneas

Las ideas que yo defendía y de las cuales soy corresponsable, eran erróneas en todo lo referente al derecho de autodeterminación de los pueblos aplicado a la realidad española. Repetíamos como loros, citándolo mal y tergiversándolo, conceptos utilizados por Lenin en un contexto que no tenía nada que ver ni con la realidad española ni con la de la inmensa mayoría de Estados-nación formados. Ya Rosa Luxembourg, con la cual estoy de acuerdo, polemizó con Lenin sobre el derecho de autodeterminación ya que consideraba que no podía plantearse de la forma genérica que se planteaba porque creaba equívocos. Marx y Engels en el siglo XIX ya habían dicho cosas rigurosas sobre los nacionalismos burgueses y lo que representaban de reaccionario, también en España.

El PCE-PSUC se limitó a repetir lo del derecho de autodeterminación como coletilla sin más análisis y cayendo cada vez más en posiciones seguidistas del nacionalismo. Incluso los arribistas del actual grupúsculo del PCE citan cosas de Dolores para demostrar que todos nuestras/os santones lo defendían, pero si alguien escucha el discurso de Dolores de despedida de las Brigadas Internacionales, entre otros muchos, ni una sola vez deja de pronunciar el concepto de España, no Estado español como repiten los actuales cenutrios del PCE.

Yo asumo la propia responsabilidad en haber mantenido y defendido una ficción durante mucho tiempo sin profundizar en conceptos aplicados a la realidad española, incluida Catalunya. Pero eran otros tiempos y había unas urgencias que evitaban la profundización de los asuntos y teorías que figuraban burocraticamente en nuestros papeles.

Actualmente los dos únicos derechos a la autodeterminación existentes que percibo y reconozco son los del Sahara y de Palestina. Lo demás son cuentos con los cuales no quiero saber nada, ni con los que los crean y promueven el secesionismo, (Pujol, Mas, Puigdemont, Torra, Junqueras, Tardà….., y toda la banda del 3% que les sigue), ni con los palanganeros del Unidos Podemos y Comuns que les bailan el agua de manera repugnante. Pero, además, recomiendo que se repase la historia de este pasado siglo en guerras, destrucciones, desaparecida URSS, Yugoslavia, por no ir más lejos, y se mire cuáles fueron las causas de fondo. Y el papel de los capitalismos nacionales y mundiales en ello.

(Martes, 20 de noviembre de 2018).

El PP, Casado, Cosidó, suma y sigue

Que son de derechas vale, ya lo sabíamos. Que por serlo dicen cosas referentes a economía, política, cultura, historia y educación…, con las cuales no coincido ni puede coincidir nadie que se sienta de izquierdas y que, por tanto, se deben denunciar y combatir social y políticamente, está claro. Que se pueda llegar a acuerdos de todos los partidos, incluido el PP, para cuestiones de bien general, vale. Pero que sean tan torpes e inútiles para expresar y defender sus ideas y propuestas o, simplemente, para hacer la más elemental acción política, hasta me ofende. Yo siempre preferiré que mis adversarios políticos sean inteligentes, que tengan una dialéctica conservadora pero que actúen para defender las ideas más contrarias a las mías de una forma que no abochorne a los asnos.

Lo anterior viene a cuenta de que a Ignacio Cosidó, director general de la Policía Nacional durante tres años, amén de haber ostentado otras responsabilidades políticas, se le ocurre enviar mensajes a sus diputados y senadores comunicándoles que no se preocupen nada porque el PSOE tenga 11 representantes en el Tribunal Supremo y el PP esté en minoría con 9, ya que la presidencia recae sobre Manuel Marchena, que es un representante del PP. Así de zafio, lo que provoca la inmediata dimisión de Marchena como presidente de este tribunal y la ruptura del acuerdo entre el PP y el PSOE. O sea, que además del caciquismo que representa la elección entre los dos partidos de todos los representantes del Tribunal Supremo, sin buscar un acuerdo político democrático en el que participen todos las organizaciones de carácter constitucional, algo básico para la elección de organismos de esta importancia, Cosidó aún se jacta de lo hábil que son en los tejemanejes de las instituciones. Si son un poquito más torpes no nacen.

A nadie extrañe que la política sea vista cada día más como algo extraño, un juego de intereses partidistas y personales alejada de los problemas reales de la gente y, muchas veces, hasta grotesca. Y, aunque esto afecte a todos los partidos, hoy tocaba hablar de la última cacicada frustrada.

(Miércoles, 21 de noviembre de 2018).

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