Antonio García Orejana: Movimientos

enCandela

Antonio García Orejana* ||

Por empezar por alguno: recuerdo que va a hacer ya 15 años que manifestaciones multitudinarias llenaron las plazas y las calles de todas las ciudades importantes del mundo con voces de paz y gritos de No a la guerra. Aquello sí era un movimiento.

Unos años más tarde: 2010, en la antesala de unas elecciones municipales y autonómicas surgió el 15M, eso también era movimiento: se llenaron las plazas de las ciudades de España y de otras muchas ciudades del mundo.

Después, tras muchos ochos de marzo, se logró que el de 2018 llenase otra vez las calles y las plazas. El grito por la igualdad entre hombres y mujeres y la erradicación de la violencia machista clamó por todos los rincones del mundo. Movimientos…

Movimientos que se marchitan -esperemos que este próximo 8 de marzo sea la excepción y llenemos otra vez las calles y las plazas del mundo- mientras, otros surgen de forma amenazadora: el separatismo -como el brexit o el procés- y el resurgir del fascismo que ya nos ha llegado en forma de votos y diputados. Un fascismo que ya estaba latente, aunque algunos no lo quisieron ver,  en la foto, por todos conocida, de las Azores. Memoria frágil. .

Me llama mucho la atención como unos, a pesar de ser más justos desaparecen con el tiempo o se diluyen como azucarillos, mientras otros perduran en el tiempo a pesar de estar impregnados de un tufillo pestilente de egoísmo, insolidaridad y guerra; es como si hubiese hilos que se escapan a las mentes de las gentes de la calle, pero que alguien los controla logrando que unos marchiten y otros permanezcan.

Si no se tiene la mente ocupada en la defensa de causas justas puede ocurrir que derivemos hacia ideas nocivas y contaminantes para la sociedad. Los expertos en manipulación de las conciencias lo deben de conocer muy bien: llevemos a la opinión pública por el camino que beneficia a nuestros intereses aunque ese camino les lleve a un proceso violento.

Los nacionalismos y los separatismos, todos, en la medida que implican egoísmos y defensa de posiciones de privilegio para unos pocos, son nocivos para el conjunto de la sociedad y para su bienestar. Y cuando digo todos, me refiero al catalán, al español, o al inglés. Todo gira en torno al egoísmo y no en torno a la solidaridad.

Todos tapan la justa reivindicación de una jornada semanal de 30 horas, por poner un ejemplo de reivindicación social justa y urgente, con emociones que no conducen a ninguna parte, bueno sí, conducen a una vida peor para las clases más oprimidas. Asumir una vida más esclava, parece merecer la pena si con ello salvamos una bandera.

Para que mi hilo sea visible ante la gente de la calle quiero, aparte de seguir reivindicando  los que yo considero fundamentales: el pacifismo –No a la guerra-, el reparto equitativo de la riqueza –15M-, o la igualdad entre hombres y mujeres –feminismo del 8-M-, pedir algo que considero urgente para que todo lo anterior puedan fructificar: un movimiento que clame por la jornada laboral semanal  de 30 horas. A lo mejor ya existe y yo no me he enterado, a lo mejor está escondido en los programas de alguna organización política o sindical, pero lo cierto es que yo no lo he percibido porque no ha alcanzado ese nivel social de movimiento. No ha llenado las calles ni las plazas. Ya va siendo hora.

Mi generación, pensionista, hemos conseguido unos niveles de bienestar social, bastante mejorables, pero aceptables en comparación con los de generaciones anteriores. Me temo que este proceso en lugar de avanzar retroceda y las generaciones futuras tengan peores condiciones de vida que nosotros. La precariedad laboral actual nos lleva por ese camino.

Pero nosotros luchamos por unas condiciones laborales más justas, luchas que culminaron con la huelga general del 14-D (1988), ¡30 años va a hacer ya! Desde entonces hay un vació en la lucha y los réditos de aquella jornada histórica hace mucho tiempo que caducaron.

Yo, que soy partidario de las ideas claras, pocas pero claras, al pan pan y al vino vino, reivindico para la clase trabajadora -obreros y estudiantes unidos y adelante-una jornada semanal máxima de 30 horas.

Una reivindicación que es obligado convertir en movimiento. Y como el movimiento se demuestra andando estaría bien, de cara a las elecciones europeas, que un partido, organización, plataforma o lo que sea, se comprometiera a defenderlo con fuerza para todas las personas que trabajan en el ámbito de la Unión Europea.

*Profesor y escritor.

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