César Jara: ¡Que inventen ellos!

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César Jara ||

El título de este artículo es la famosa e histórica frase del ilustre Miguel de Unamuno, cuando de forma amarga, hace ya más de un siglo, se refería al secular abandono por parte de la sociedad y las instituciones españolas respecto a la necesaria investigación científica.

Desgraciadamente, las cosas hoy no difieren mucho, si hacemos caso a unas recientes declaraciones en radio del no menos ilustre investigador contra el cáncer Manuel Bardací.

Se queja este científico de renombre internacional de que, el actual gobierno del PSOE apenas ha corregido, en su medio año de mandato, todos los errores y horrores de los años anteriores del gobierno-desgobierno del PP.

Dice Bardací que la mayor parte de los grandes proyectos investigativos, en el centro oficial que él dirige, dependen de la llegada periódica de financiación extranjera, la mayor parte de las veces, de fondos de origen privado.

Sigue denunciando que el ministro de Ciencia y Tecnología, el mediático y nada militante de izquierdas, el astronauta Pedro Duque, no ha pasado aún de las meras palabras y buenas intenciones y que todas las reivindicaciones de los investigadores públicos españoles siguen en el cajón del ministro.

Y se queja Bardací de que, mientras tanto, varios millones de euros consignados al capítulo de investigación no se gastan cada año, por haberse optado por una política, claramente de derechas, de ofrecer a jóvenes investigadores préstamos bancarios, subvencionados por el Estado, que casi nadie puede pedir porque no está en condiciones de devolver; eso sí, la gran banca se forra con ese sistema a costa del erario público español.

Es decir, según Bardací, el nuevo gobierno, supuestamente llegado para hacer políticas progresistas, en esta materia, no ha hecho hasta hoy nada nuevo distinto a las nefastas políticas anteriores de la derecha.

Y eso sucede mientras miles y miles de jóvenes españoles, con una o dos carreras que han costado tiempo, sudor y dinero obtener, se siguen viendo forzados a marchar al exilio económico a ganarse la vida, en muchos casos de simples camareros en Londres, Berlín o en otras capitales europeas.

Recientemente, supimos que uno de los grandes cerebros nacionales en materia de investigación contra el cáncer tuvo que largarse, aburrido e ignorado por los poderes públicos.

España está sufriendo una sangría intelectual enorme, comparable a la que sufrió en 1939, al final de la guerra civil, con el exilio de una gran parte de sus mejores cuadros intelectuales en todos los campos del saber.

Lo pagaremos bien caro en los próximos decenios, sin duda.

*Periodista.

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