El independentismo necesita mártires

Eduardo Luque Guerrero ||

Periodista y analista ||

Hace poco más de dos meses, Agustí Colominas, uno de los ideólogos del nuevo partido de Puigdemont y ex director de la Escola d’Administració Pública de Catalunya, apuntaba la nueva hoja de ruta del Independentismo catalán. En síntesis: tensar aún más la situación. Ese 17 de octubre, advertía: «Sin muertos la independencia de Cataluña tardará más». ¿Una declaración de intenciones? Nadie en su entorno exigió explicaciones y menos aún desde el palacete de Waterloo.

Colominas ha tomado nota. La revolución de las sonrisas no tensiona lo suficiente. El procés tiene prisa, el tiempo juega también en su contra. No ha conseguido ninguno de los objetivos previstos: ni la declaración unilateral, ni el reconocimiento de la UE, ni apoyo internacional, ni la unidad de acción (ERC se ha desmarcado de la Crida y no ha tomado parte en ese ayuno “sui géneris” de los políticos presos) no habrá candidatura unitaria a las Europeas, la Crida Nacional per la República, el bloque “unitario” en torno a Puigdemont, la última transmutación de la corrupta Convergencia, no alcanza sus objetivos (esperaban 1.000.000 de afiliados cuando son menos de 40.000) Las relaciones del Govern con el conjunto de los Mossos d´esquadra están enormemente deterioradas….

Todo naufraga, aunque necesitan mantener la ficción. Para ello han convertido la Generalitat en una fuente de colocación de afines al lacito. No hay dinero para pagar la Renta básica ya acordada, no hay recursos para abonar la paga extra a maestros, médicos o funcionarios pero si lo hay para colocar a los fieles con buenos sueldos y prebendas. Son, desde sus puestos en la Administración, muchos por designación directa y otros bajo el epígrafe de “assesors”, las auténticas almas del “proces” y son los más interesados en que nada cambie y que se cronifique el conflicto. Agustí de Colominas piensa especialmente en ellos; a fin de cuentas, son su casta. El ideólogo de Waterloo, se desliza ahora desde la supuesta vía escocesa, cada vez más agotada y vacía de contenido, hacia el camino del Campo Santo.

Quin Torra lo ha interpretado de la misma forma. Su declaración para abandonar la vía negociadora y apostar por la vía eslovena no es un postureo. Intenta elevar la tensión y que la “represión inmisericorde” del Estado, incluidos muertos o detenidos a cientos, provoque la reacción de la UE y obligue a negociar a las partes. Se busca de nuevo la fotografía. Vano afán:las huelgas de los chalecos amarillos en Francia han costado cinco muertos, decenas de heridos (entre ellos algunos mutilados) y miles de detenidos y nadie en Europa ha cuestionado la calidad democrática del Estado francés.

La idea eslovena no es nueva en la política catalana. Hace muchos meses que fue recuperada como proyecto y estudiada desde la esfera política y militar/policial. Fue Jordi Pujol, en 1990, quien siendo amigo personal del presidente esloveno Mitan Kucan, unos días antes del Referéndum que conduciría al país a la guerra de los 10 días, le animó a seguir adelante aunque eso afectara, como así sucedió, a la paz en la zona. Si la guerra de independencia eslovena “sólo costó” un centenar de muertes, en el conjunto de la región fueron 170.000 los fallecidos, en uno u otro bando.

Las declaraciones de Quin Torra en esta cabalgada hacia ninguna parte revelan dos aspectos centrales: el primero, el fracaso y la exasperación de determinados grupos hiperventilados; el segundo, que estos grupos pueden ser proclives a tener menos paciencia y dejarse de componendas.

Nada que envidiar a Rajoy, ni en corrupción ni en recortes

El triángulo Mas-Puigdemont-Torra representa la derecha Neoliberal, nada que envidiar a Rajoy, ni en corrupción ni en recortes. Este triunvirato es el campeón de las privatizaciones sociales, como hemos denunciado en otras ocasiones.

La agitación callejera, cuyas líneas generales las diseña el propio Consell Executiu, pretende ser el bálsamo de Fierabrás que oculte su nefasta gestión. Las movilizaciones de las pasadas semanas han sido un enorme toque de atención al gobierno derechista de Torra, que ha respondido con el silencio más cobarde, ocultando la cabeza y desapareciendo de la escena durante días. La huelga de hambre de los políticos presos, es decir el recurso al sentimentalismo, ha sido la respuesta del Ejecutivo catalán, que nuevamente ha utilizado el “procés” como cortina de humo. La bicefalia Puigdemont/Torra ahonda el enfrentamiento porque sabe, especialmente el huido en Waterloo, que sólo así es posible salvar su situación personal a la espera de un indulto que cada día se ve más lejos.

Hay otro elemento importante a tener en cuenta en esta entelequia, y es el miedo de los cargos públicos de la Generalitat a ser encausados. Las bravatas del President del Parlament se cuidan muy mucho de sobrepasar el límite de la libertad de expresión y entrar dentro de las consideraciones penales. El exconseller Comín realiza proclamas incendiarias desde la tranquilidad de Bélgica. Elsa Artadi se guarda mucho de realizar cualquier tipo de acto que la pueda comprometer judicialmente. El conseller de Interior, Buch, no duda en culpar a sus subordinados de las acciones o inacciones de las que él es responsable. El sindicato USPAC (Mossos d´escuadra) lo ha denunciado estos días. Como hemos repetido varias veces, las clases dirigentes catalanas carecen de ética en muchos casos pero sobretodo de épica. Lo que pregonan para los demás no lo quieren para sí.

El tiempo de Pedro Sánchez está acabando

El tiempo de Pedro Sánchez está acabando. Su apuesta por el diálogo suena vacía. Los resultados en Andalucía demuestran su debilidad y precisa endurecer el discurso para competir contra la derecha. Se rumorea la posibilidad de una consulta con tres preguntas. No tendrá tiempo. Su intento de negociación fue interpretado como debilidad (por parte del nacionalismo, puesto que necesitaba sus votos) o cesión (por parte de la oposición de derechas, en un discurso que le da réditos). Su error, tantas veces evidenciado, no convocar elecciones cuando lo prometió. El PSOE tenía hambre de poder. Se vislumbran elecciones anticipadas.

El Independentismo no puede echar marcha atrás. No hay mucho margen de negociación, mientras Puigdemont, a través de Torra, siga marcando la ruta. En Cataluña, hay un evidente vacío de poder. El primero que dé el paso atrás será anatemizado: será un mal patriota. Nadie desea perder sus opciones políticas y su modo de vida. ERC/Junqueras esperan agazapados y a la sombra, sueñan con aparecer como Moisés abriendo los brazos y guiando al pueblo elegido. Junqueras, el gran responsable de extender los mitos y falsedades de un independentismo donde los ríos manarían leche y miel se reserva, quiere aparecer como el líder mesiánico y salvador, capaz de negociar con el Estado.

Como hemos indicado en otros comentarios, la derecha nacionalista catalana necesitaba polarizarse contra la derecha española. Las dos se necesitaban. Se han retroalimentado. Se produce, así, un reagrupamiento de las fuerzas más conservadoras a nivel estatal (el ejemplo andaluz es el más evidente). Se abre paso la posible victoria electoral de la derecha con el apoyo de la extrema derecha.

La responsabilidad de la izquierda y las elecciones andaluzas

La izquierda a la izquierda del PSOE tiene una gran responsabilidad. Parte de lo que está sucediendo es el resultado de un análisis erróneo por parte de la izquierda podemita. Su supuesta equidistancia no ha sido tal. Al utilizar el argumentario de la derecha nacionalista catalana (autodeterminación, referéndum, independencia…) ha quedado cosificada como aliada del Independentismo. Realizó una fuerte campaña a favor del “derecho a decidir de Cataluña” en más de 40 ciudades españolas. Hoy, en el Parlament de Cataluña sigue defendiendo las posturas de la derecha nacionalista, mientras en el Parlamento español acusa a Pedro Sánchez de ¡¡¡“Incendiar Cataluña”!!! ¿Puede un gobierno democrático ceder a la presión independentista y dejar de reunirse donde quiera dentro del territorio nacional? Podemos, en boca de sus principales dirigentes, ha criticado por antidemocrático al propio Estado que, curiosamente, les ha permitido gobernar con el PSOE. Echenique – ¡Vaya lucidez de personaje!- llegó a afirmar que el Estado español era un poco menos dictatorial que el franquista.

En las elecciones andaluza, se rehuyó el debate sobre el modelo de Estado, parecía que era una isla ajena al vendaval que provocaba el nacionalismo catalán. Quisieron olvidar que el patriotismo, también el español, no es necesariamente de derechas, sino que tiene múltiples manifestaciones. Adelante Andalucía (Podemos-IU) y sus dirigentes, como Teresa Rodríguez, han demostrado sus limitaciones. El resultado, un desastre electoral (Se pierden un tercio de los votos en una confluencia que se pretendía ganadora entre Podemos y IU).

El caso catalán está destrozando a la izquierda

Pero tranquilos: a pesar de que son radicales anticapitalistas, nadie será responsable. Algunas encuestas apuntan que una parte del electorado de la izquierda andaluza ha acabado desorientada votando a Vox (15%) o Ciudadanos. El caso catalán está destrozando a la izquierda, que se fragmenta o, sencillamente, desaparece, como IU. La fusión Podemos-IU evidencia su fracaso. En Cataluña, el partido que representaba a IU (Nuet) es la expresión del político que vive de y para la política. Ahora es independentista; mañana lo que toque.

Sectores de la militancia de Podemos Cataluña, vieron con asombro cómo Ada Colau y el ex secretario general, Albano Dante Fachin (ahora a sueldo del procés como tertuliano), repetían la misma argumentación que la derecha neoliberal de Puigdemont o Quin Torra. De facto, en Cataluña, una parte de la izquierda a la izquierda del PSC se ha alineado con la derecha catalana, la que recorta más que nadie en sanidad, educación y la que afirma que las manifestaciones de profesores, médicos o funcionarios son “pequeñas cosas sin importancia”.

Ada Colau pretendía que la supuesta equidistancia le permitiría mantener e incluso incrementar su base electoral. Pero ha ido de error en error; la ruptura del acuerdo de gobierno con el PSC, se hizo mirando al Independentismo. El objetivo: forjar una futura coalición con Esquerra. Ada Colau no ha tenido en cuenta en sus análisis, si es que los han hecho, que el independentismo catalán tiene un profundo contenido racista y de clase. Los militantes de Podemos “mai serán dels nostres”. El nacionalismo catalán responde a los intereses de una casta política enfangada en la corrupción y con una concepción ultraliberal en lo económico y social. Ada Colau en ocasiones parecía creer que era prioritario el hecho nacional sobre las necesidades sociales. El mismo argumentarlo con el que la CUP se ha auto-justificado.

Todo eso se antoja ahora banal. Ada Colau no puede aprobar los presupuestos de la Generalitat. Confiaba en esas cuentas y las de Madrid, como el cuento de la lechera, para cuadrar las del Ayuntamiento. Las previsiones realizadas por Gerardo Pisarello se han demostrado falsas (ya tiene señalada la puerta de salida) y Ada Colau ha sido incapaz de presentar un presupuesto acorde con las necesidades de la ciudad. Se prorrogan las cuentas, rompió con sus aliados y está sola.

Las elecciones municipales en Cataluña se darán en clave nacional, constitucionalismo o independentismo, no habrá espacio político para nada más. En ese escenario, Podemos en Cataluña sin estructura ni organización aborda las elecciones en el peor escenario posible. La organización de Ada Colau carece de implantación real. Se basa en el hiperliderazgo de un personaje, que acaba concentrando todo el poder de representación. No sólo es fruto de una actitud personal, que también, sino que se sustenta en las tesis políticas de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe: tanto Ada Colau como Pablo Iglesias dicen ser sus fervientes seguidores. Y tanto Laclau como Mouffe entienden a la militancia como meros brazos de madera: por tanto, no es necesaria su participación en la acción política, reservada en exclusiva a liberados y cargos públicos.

En este escenario, con una sociedad fragmentada, con la izquierda desnortada, en manos de las fuerzas de la derecha neoliberal, española o catalana, vamos a asistir a la cronificación del problema catalán. Se pretende mantener la inflamación social, que puede generar las condiciones para el desarrollo de un nuevo Neofascismo, ondee una u otra bandera.

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