Malos tiempos para la lírica en Andalucía

Juan Rivera ||

Colectivo Prometeo ||

Si estuviésemos en Carnaval esta reflexión se la dedicaría a la chirigota de votantes  “Los Hommersimpson”. Pero a la Izquierda nos han adelantado la Cuaresma y tocan días de ayuno y penitencia. Si el 2D en lugar de unas elecciones hubiéramos jugado al fútbol de porteros, entre las jugadas tontas y los goles por la escuadra que no hemos olido, mereceríamos una temporada en el banquillo.

¿Cómo se nos ocurrió pasar por alto que en la tierra del “¡Vivan las cadenas!, lejos de nosotros la funesta manía de pensar y ¡Muera la Inteligencia!”  habíamos dejado en barbecho un erial a disposición de quien lo cultivase?.  Los retoños de Steve Bannon sembraron en él las semillas del prejuicio y la intolerancia. El domingo recogieron sus frutos.

Con un discurso de “buenos/ malos”, ”blanco/negro”,”patriotas/ antiespañoles”, la derecha tricéfala ha conseguido el apoyo del 49.99% de los votantes. Más de 1 millón 800 mil votantes, de los cuales 395.978 pertenecen a la facción “asustaviejas”  Vox.

Cuando el PSOE escenificaba un hundimiento tan espectacular que hasta el propio Bruno Ganz envidió el papelón de Susana Díaz, las tres caras de la misma moneda simplificaron al 50% de los electores los problemas surgidos de la crisis creada por el sistema que defienden y consiguieron venderles falsas certezas. Dejaron sin espacio para la duda a una grandísima capa social – en la que habita el olvido a sus propios orígenes y  vivencias familiares- donde hoy campa el malestar y la rabia.

A su vez, desde la Izquierda de “Adelante Andalucía” no  logramos aglutinar el desencanto alrededor de propuestas transformadoras y volvimos a dejar en el camino  279.887 votos (del 21,73% que constituyó la suma Podemos /IU en 2015 al 16,88%).  Nosotros a lo nuestro, al “dolce far niente” y al flagelo en carne propia.

Una gran parte prefirió la tranquilidad del sofá y el relax de la mano en la entrepierna a la urna mientras quienes nos ensordecían con “todos los políticos son iguales” acudían  en masa a votar a los suyos. A la hora de la verdad, aunque esté de corrupción hasta las trancas, la familia es la familia.

En el feudo de “Sálvame“ y “Gran Hermano” los estereotipos funcionan. Y los papagayos de las ocurrencias de los Inda, Herrera o Losantos son plaga obediente. Ayer, sin ir más lejos, ya  enmudeció el soniquete “debe gobernar la lista más votada”. Pronto desaparecerá  el “pactar entre perdedores es golpismo”. Por algo acuñó  Fraga lo de “España es diferente”.

Desde el instante en que la suma de las Derechas daba para ocupar San Telmo, se abrazó al “primo pródigo” neofranquista y, a reglón seguido, se le pidió apoyo. Sin escrúpulos ni disimulo, que la sangre tira mucho.

¿En su programa, propone acabar con las autonomías, eliminar la identidad  sexual igualitaria, suprimir las leyes de violencia de género o creer públicamente- como hizo el candidato de Málaga- que Franco no fue un dictador? Esas minucias “no empañan la pátina demócrata de nuestros parientes”, replican a coro PP y Ciudadanos.

Lo importante -dicen- es la coincidencia en temas como la expulsión de inmigrantes, mientras el trío agita banderas, mucha banderas. Ya se sabe que cuando  millones de españoles inundaban  Europa a mediados del siglo XX no lo hicieron por necesidad económica extrema sino por ser muy queridos. El más tonto de los emigrantes autóctonos, como mínimo ingeniero. “No pidas a quien pidió ni sirvas a quien sirvió”, aconsejan  en mi tierra. La extrema derecha hispana llega  a las instituciones sin cordón sanitario y legalizada por sus conmilitones.

Lo esencial es la Patria, aunque ésta se construya en un paisaje desolado tras la batalla, donde el “A por ellos” terminará machacando  cualquier disidencia, pues de lo identitario a desfilar uniformados con mantilla, capirote y chaleco de torero a juego solo hay un leve paso.

Supongo que los bomberos pirómanos de la Generalitat son conscientes a estas alturas de que la ensoñación de un nuevo Estado (impuesta a la fuerza a más de la mitad de la Ciudadanía catalana) ha despertado al monstruo católico, feo y nada sentimental que habitaba en los páramos al sur del Ebro. Alimentado por movimientos cofrades ideologizados por los sectores más rancios de la jerarquía eclesiástica, peñas de fútbol que mezclan cánticos de ánimo al equipo con simbología nazi y españolitos de a pie que vivieron la eclosión de esteladas como una agresión, ha enseñado los dientes para morder todo lo que se menee.

¡Nunca agradeceremos bastante al independentismo su apuesta por el choque de trenes que, al final, puede hacernos descarrilar a todos!

Lo que no nos quita responsabilidad en la actual derrota a la Izquierda “in albis”. Se nos atrofió  el olfato y no percibimos el malestar de fondo. No hemos sido capaces de centrar el debate en el paro sin cobertura, el deterioro de las condiciones laborales,  los salarios de miseria y en tantas lacras sociales que minan nuestro día a día. Tampoco de ser vistos como los abanderados de las reivindicaciones  de los Barrios ignorados, Kellys, movimientos antidesahucios,…

¿Que el Susanismo-Felipismo merecía pasar al rincón del olvido? Nadie lo duda. Pero no ahora  sino desde hace décadas por haber sido el pilar fundamental de un régimen tan corrupto como el Juan Carlismo y estar la praxis política del PSOE andaluz enlodada hasta las raíces. Pero que el cambio de gobierno vaya a venir de la mano una Derecha podrida es para hacérselo mirar.

¿Qué hacer ahora? Lo primero no ser una Izquierda acomplejada y vivir de rodillas. No está en nuestros genes. Los que sufrimos la debacle del PCE en 1982 sabemos que, combinando discurso claro y movilización social, se sale del pozo. Por muy honda que haya sido la caída.

No estaremos nunca en condiciones de construir discurso propio si lo fiamos a unos medios de difusión interesados en distorsionarlo. Sin movilización social – de los pensionistas al movimiento feminista pasando por los sectores públicos jibarizados y  los trabajadores/ autónomos/ pequeños empresarios asfixiados con la excusa UE- no tenemos relato.

Y, en esa tesitura, es mucho más cómodo seguir el dedo de quien señala como enemigo al de otra piel, otra cultura y misma pobreza.

Del 29´51% de votantes que ha tenido Vox en El Ejido (Almería), con seguridad un puñado nada desdeñable serán empresarios a los que no les importa explotar a negros y magrebíes en su infierno de plástico pero a los que molesta verlos en sus calles porque no pueden  -de momento – acotar sus paseos y jugar al apartheid. Lástima de no poder inmovilizarlos con cadenas en el Ingenio durante sus escasas horas libres.

Ya se sabe, son tiempos de Trump, Salvini,Le Pen, Bolsonaro… Tipos listos que saben hacia dónde quieren escorar la sociedad cuando hablan para un público que siente retumbar  en su cerebro el ruido del mono tocando los platillos. Capaces de vender en EEUU al «white trash» de la caravana oxidada y en Brasil al negro de la favela que los guiarán a un mundo perfecto de economía igualitaria y sin racismo.

Tras los pobres resultados y el fracaso  estratégico (el paso atrás de Lenin) toca recontarnos y no afilar los cuchillos para descuartizar a Tere y Antonio. Sería profundamente injusto que el error colectivo del equipo lo pagase el entrenador. Mejor empezar a organizarnos, en lugar de salir de caza o de  estampida. Entonces, seremos con seguridad carne de cañón.

Y presentar batalla, dejándonos de juegos, estrategias de salón o pugnas internas que debilitan.

Aún no sabemos si el sueño de la sinrazón que desde hace meses está gestándose en España terminará produciendo monstruos. Esos que históricamente nos obligaron como pueblo a comprar pijamas de rayas. De tres tallas menos, colección “campo de concentración”, pues ya se sabe lo que se adelgaza en  los recintos donde colocan el letrero “Arbeit macht frei” .

Siempre que tengamos la suerte – si la pesadilla aumenta de tamaño- de no acabar en una cuneta, hoyo limítrofe al que contiene los restos aún sin identificar del abuelo de uno de los votantes de esa derecha sin complejos, vecino de las Tres Mil Viviendas Sector Sur, La Palmilla,   que a partir de las próximas semanas copará la mayoría del nuevo Parlamento andaluz.

Mientras, hagamos honor a Marcelino Camacho y defendamos su legado: “Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”. Hoy, 4 de Diciembre, aniversario de una fecha que hace 41 años puso a Andalucía  en pie de Dignidad es buen momento para iniciar el camino.

Como cantaba Siniestro Total: ”Menos mal que nos queda Portugal”.

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