Ni el fracaso hace reflexionar

Francisco Frutos Gras ||

Ex Secretario General del PCE ||

En Andalucía, las previsiones electorales fracasan de nuevo. Son unas previsiones previas al acto de votar, hechas a partir de lo políticamente correcto, según lo considere el tinglado político y técnico de propaganda del sistema dominante. La votación descalifica otra vez a los que manejan y quieren dirigir el pensamiento y la voluntad de las personas como algo mecánico, encuadrado en un esquema previsto. Se desprecia la reacción individual y colectiva de los trabajadores y sectores populares, para bien y para mal, ante los hechos que acontecen. Y, por ello, quedan perplejos cuando ven que una opción política de extrema derecha, según las propuestas programáticas que esta organización hace, es votada por muchas personas de extracción obrera y popular en los barrios más humildes.

VOX sale de las catacumbas en unas elecciones importantes, en Andalucía, una región, una comunidad autónoma, gobernada desde hacía casi cuarenta años por el PSOE, con una derecha testimonial representada por el PP, sin posibilidades significativas de cambiar la situación en todo ese tiempo. Y los que, durante años, han estado vociferando, viniera a cuento o no, que el PP, y en concreto Mariano Rajoy, eran los fascistas herederos del franquismo, a lo que fueron sumando a Cs y Albert Rivera, ahora, después de su fracaso, convocan a la ciudadanía, citando por su nombre a diversos movimientos, a salir a la calle contra el fascismo.

Y uno piensa, alarmado, que si aquellos eran los herederos del franquismo y VOX la versión actualizada de aquel, todos fascistas, hay para encogerse y esconderse en un rincón ya que la sociedad, por encima de constitución, estatutos, parlamentos, normas legislativas y jurídicas, ha metabolizado y aceptado que el fascismo es lo mejor para unas condiciones de vida y de trabajo dignas. Y así no es necesario ningún análisis, reflexión de fondo y pronunciamiento político solvente sobre las causas reales de que en Andalucía Ciudadanos pegue un salto espectacular, VOX salga de las catacumbas y el PP tenga posibilidades de gobernar a pesar de una fuerte caída.

Y, para dejar claro lo que pasa y los intereses partidistas y personales de cada partido y grupo de personas de especial significado público, Unidos Podemos, con sus jefes Iglesias y Garzón a la cabeza, el PSOE con Pedro Sánchez de impulsor, y los secesionistas catalanes de compañeros de viaje, claman al unísono: Unidad y movilización contra el fascismo. Y Torra hasta reclama levantar un muro contra el fascismo españolista, mientras la ministra de Justicia, Dolores Delgado, la de las tabernarias conversaciones con el comisario encarcelado Villarejo, dice que VOX se debe denunciar y aislar porque este partido está contra la Constitución, ya que todos los demás, incluidos los independentistas que se ciscan en la Constitución, el Estatut y las normas democráticas más elementales, son fuerzas constitucionalistas. Para carcajearse si no fuera porque el nuevo esperpento que vive España, no presagia nada bueno.

En Andalucía la izquierda ha fracasado. Susana Díaz tiene responsabilidades obvias, los ERES, la avalancha inmigratoria en sus costas, utilizada demagógicamente por la derecha, y otras cuestiones sociales, también; Adelante Andalucía ha fracasado y Teresa Rodríguez y Maíllo tienen también responsabilidades en ello. Pero, en el caso del PSOE, la responsabilidad principal del fracaso es de Pedro Sánchez y sus políticas y en el caso de Adelante Andalucía, de Pablo Iglesias y Alberto Garzón, por las políticas oportunistas y arribistas que impulsan. Pedro Sánchez podrá llegar a ser, sin esforzarse mucho, el presidente del PSOE más contradictorio, errático y ambicioso, y ya es decir, que haya pasado por La Moncloa.

En resumen, cuando la política pierde su carácter de hacer propuestas que, aunque diversas y confrontadas ideológicamente y programáticamente, sean rigurosas, se abre paso el caudillismo y la politiquería más burda que considera a la gente tan absolutamente cretina que sólo es capaz de mirar y seguir el dedo que le manda lo que debe hacer. Y en esas estamos.

No sé cómo irá de ahora en adelante Andalucía, qué pactos y gobierno habrán, ni las repercusiones que ello tendrá en el conjunto de España. Visto lo visto, de las reacciones ante el fracaso electoral de la izquierda y la utilización de este fracaso por los golpistas catalanes para sacudirse su gran responsabilidad en ello, y las del PSOE y Unidos Podemos, que no han aprendido nada, veo más necesario y urgente que nunca la reestructuración ética, política e ideológica de la izquierda, para que pase de la retórica superficial, oportunista, improvisada y vacía a la construcción de un proyecto político sólido con vocación de hegemonía social y cultural.

A mi entender, esto significa abandonar el postmodernismo abstracto impulsado por las nuevas concepciones neoliberales que tan bien representan Soros y otros, que impulsan movimientos teóricamente “alternativos” sin ninguna vinculación con la lucha de clases y sin ninguna intención de recuperar la teoría y la práctica revolucionaria en las condiciones objetivas actuales.

En un mismo sentido, denunciar y rechazar el feudalismo separatista catalán que conecta actualmente con esta “izquierda” que cuanto más abandona los principios y valores que la hizo nacer, crecer e influir en la mejora de las condiciones de vida y de trabajo, más deserción produce en las filas del movimiento obrero.

El resultado de las elecciones andaluzas y lo que se vislumbra en el futuro debería servir para pensar, analizar y crear la teoría y la práctica adecuadas a la situación. Sin abusar del concepto, quizás se trate de hacer un verdadero análisis marxista elemental, no de recuperar coletillas marxistas-leninistas en los congresos, que no sirven para otra cosa que para disfrazar la desidia y el abandono ideológicos, o intentar aplicar el “buen sentido común” a la realidad, como preconizaba y desarrollaba el camarada Gramsci.

*Publicado en La República, el miércoles, 1 de diciembre de 2018. 

Vox, Salvini, Torra, extremas derechas

Salvini coincide con Torra y le defiende a él y a los secesionistas, por aquello de la independencia que tanto defendió su Liga Norte para la Italia rica del Norte, hasta que, fracasado el intento, desembarcó en el gobierno central, en coalición con una organización tan excéntricamente singular como el Movimiento Cinco Estrellas;  Salvini coincide con VOX por aquello otro de coincidencias entre extremas derechas de diverso diseño, lenguaje y pelaje.

Aunque parezca raro, los extremos reaccionarios se encuentran por los caminos, con una fuerza impensable hace pocos años, a pesar de mantener en teoría ideas y programas muy diferentes. Y, sobre todo, este proceso se acelera, como los hechos políticos están demostrando, cuando la izquierda, la socialdemócrata moderada pero más sólida y consecuente en sus planteamientos antaño, y la autocalificada socialista y alternativa, desaparecen de la escena social pública para defender políticas, discursos, propuestas y programas de cambio capaces de interesar, organizar y movilizar a los trabajadores en la defensa de sus derechos y reivindicaciones, sea para no perder lo conquistado y/o para un cambio social de fondo.

Por tanto, los que todavía manipulen, o intenten manipular la conciencia, la razón, la voluntad y el voto de las mujeres y hombres de izquierdas con aquello de “Que viene la derecha”, algo repetido hasta la saciedad los últimos años contra el PP y Mariano Rajoy y Cs y Rivera, para justificar la inercia, y ahora multiplicado por dos, al entrar VOX en el panorama político, convocando manifestaciones antifascistas y divagando sobre la realidad, no deberían ser seguidos en nada, por poco que se quiera recomponer un camino claro, sólido, responsable y con vocación real de impulsar una hegemonía ideológica y política de izquierdas para construir una alternativa real y olvidarse de la retórica vacía a la que nos tienen acostumbrados.

De la misma manera que Salvini, Vicepresidente del gobierno y ministro del Interior de Italia, y la Liga Norte que representa, defendieron al ultra Torra y al secesionismo, ahora, por contradictorio que parezca, hacen lo mismo con VOX. Juzguen sus palabras: “La irrupción de VOX es una buena noticia para los andaluces y españoles”, “he recibido con satisfacción el hecho de que una región española considerada roja haya dado 12 diputados y el 11% del voto a un partido que no tenía representación”.

Y es que, aunque sea repetir, cuando las derechas, a veces normales y en otras ocasiones extremas, defienden unos mismos intereses de clase, a veces camuflados tras programas “sociales”, siempre se encuentran en el camino.

La vía eslovena de Torra y los ultras nazional-independentistas catalanes
Con la derrota de los imperios centrales, singularmente el imperio austrohúngaro, en la 1ª Gran Guerra de 1914-1918, se constituyó en 1918 el Reino Serbio, Croata y Esloveno, que luego pasaría a ser el Reino de Yugoslavia en 1929, hasta que la Alemania de Hitler lo disolvió, al ocupar el territorio, y masacrar y encerrar en campos de concentración a la población antifascista que se alzó.

Eslovenia formó parte, pues, desde 1918 de los dos Reinos. Después de la 2ª Gran Guerra, se formó en 1945 la República Federal Popular de Yugoslavia que, en 1963, se convirtió en República Federativa Socialista de Yugoslavía, compuesta por las Repúblicas Socialistas de Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia.

Alemania, Francia y la mayor parte de países europeos, impulsados por los EEUU, gobernados en aquel momento por Bill Clinton, hicieron saltar violentamente a Yugoslavia por los aires, sin importarles que se produjeran enfrentamientos y guerras identitarias devastadoras, todo en defensa de sus intereses económicos y de dominio geopolítico y para liquidar lo que, según decían algunos anticomunistas viscerales europeos, era el último vestigio en Europa del comunismo, caída la Unión Soviética.

Los países “democrático-liberales” hicieron de otras formas lo que la Alemania de Hitler hizo en la Segunda Gran Guerra. La Alemania Federal de Helmut Kohl fue uno de los  máximos impulsores de esta acción de destrucción de Yugoslavia y, en concreto, de la primera ruptura, la de Eslovenia con el Estado, por haber mantenido históricamente unos lazos especiales con ella.

La vía eslovena, que Torra afirma será la catalana, produjo una guerra de 10 días, más de 60 muertos, centenares de heridos. Eslovenia actualmente no vive mejor que antes de la secesión, al contrario. Yo estuve en Eslovenia a principios de los años 80 en un viaje político como Secretario General del PSUC, ya que este partido mantenía una relación fraternal con la Liga de los Comunistas Yugoslavos en Eslovenia, y  el nivel de vida de la población y la convivencia en todo lo que vi y percibí eran muy notables y no se notaba ningún signo de opresión por parte del Estado.
El personaje de la ultra derecha catalana, Torra, afirma que “los catalanes han perdido el miedo. No nos dan miedo”, “estamos dispuestos a todo para vivir libres”, como los eslovenos que “decidieron seguir adelante con todas las consecuencias”.  Todo en clara referencia a la perversidad de la España “autoritaria” y “franquista” que está agazapada para pegarles el zarpazo mortal. Y el patético Comín le subraya las palabras y comparte desde Bruselas la llamada a la insurrección, auto jaleándose entre todos, que es, al parecer, lo único que saben hacer bien.

Estamos en un momento difícil para reconducir algo las cosas a la razón política y a la convivencia, frente a la obsesión golpista de los secesionistas, por encima de constituciones, Estatut y normas elementales de funcionamiento democrático. No es el momento de mirar hacia otro lado mientras se avanza hacia el enfrentamiento por la locura de los que liquidan la política y actúan según los matones sin principios.

Ni tampoco es el momento de pasar por alto que el ascenso de la extrema derecha en Andalucía, además de ser el producto de tantos años de gobierno del PSOE, con muchas cacicadas, amiguismos y corruptelas, se debe también al efecto secesionista catalán y a las actitudes contemplativas del gobierno de Pedro Sánchez que, salvo tener claro que quiere mantenerse en el gobierno a costa de pactar con quién sea, no sabe si va o viene en el tratamiento a fondo de los problemas económicos, sociales y políticos del conjunto de los españoles.

(Martes, 11 de diciembre de 2018).

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