Otro 155 parece inevitable: El procés ha muerto… se ha vuelto zombi

Vicente Serrano ||

Miembro del Grupo Promotor del partido IZQUIERDA EN POSITIVO y de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista ||

Creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión: el PSOE cuando está en la oposición apoya, y limita, eso sí, los actos de gobierno del PP en torno al tema de la unidad de España. El mejor exponente de ese apoyo y limitación: el melifluo 155 pasado. Sin embargo, cuando llega al gobierno siempre mercadea con el nacionalismo.

 

Torra Zombie

También he dicho en alguna otra ocasión que la estrategia del diálogo, liderada antes por Soraya Sáenz de Santamaría y mantenida hoy por Pedro Sánchez, no llevaría a nada. Y aquí estamos con un gobierno al que le tiemblan las piernas. Pensar que, a cambio de sus votos para ganar la moción de censura que le aupó a presidente del gobierno, los secesionistas entrarían en razón, embelesados por sus encantos dialogantes, confirma la paradigmática ignorancia supina de los gobernantes socialistas –y no socialistas; Rajoy ídem– sobre las intenciones espurias del nacionalismo. Qué, coyunturalmente, les interesara echar a Rajoy del gobierno no significa que cedieran en su empeño por llegar a la imposible Ítaca.

El zombi-procés

Ya se sabe que los muertos cuando se convierten en zombi son aun más peligrosos que cuando están vivos y utilizan la cabeza –en un sentido racional y positivo–. La vía eslovena de Torra es un salto cualitativo del nivel de agresividad, ¿de violencia?, de un procés derrotado pero con todos los resortes del poder intactos.

Parece que el del exilio dorado, el poco honorable Puigdemont –que poco honor hay en la huida– también se apunta a la vía eslovena desde la comodidad del palacete que ocupa. La sangre siempre la pondrá el pueblo y machará la bandera que porte, poco importa cual sea.

Ellos son zombis y solo les guía la irracionalidad de su ansia. Junto a esa irracionalidad, existe una clara voluntad de seguir controlando el cotarro en Cataluña. En ese sentido, me corrijo a mi mismo. El procés es un zombi que sirve a los intereses de una clase política que no esta dispuesta a perder ni un ápice de poder. Digamos que los elementos zombis del procés los constituyen los CDR –instrumentos de la CUP, ANC Y Òmnium (Òdium se oye en los bares)– , fuerza de choque con tendencias “autónomas” y, por tanto, difícil de controlar, pero que, a la hora de la verdad, harán lo que la oligocracia nacional-secesionista mande. Como siempre, unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces.

El Consejo de Ministros del 21D

¿Qué le habrá prometido Pedro Sánchez a Torra? ¿Un referéndum consultivo? Que les recargue las pilas del procés… Andan circunspectos, llamando a la calma. Hasta Rufián se ha puesto serio para pedirlo… Luego, si hay hostias, las culpas serán de la policía española, claro.

Lo que Pedro Sánchez quería que fuera el “pacto de la Llotja” –no queda bien ir al Majestic, aunque a saber, si finalmente se reúne con Torra ¿Dónde lo hará?– puede convertirse en su tumba política.

La presencia del Estado en Cataluña no se resuelve haciendo un Consejo de Ministros en Barcelona y menos si, al final, queda rodeados de energúmenos, debiendo desplazar a miles de policías nacionales, por no fiarse de una policía, los mossos, que es parte de los cuerpos de seguridad del Estado y sobre la que no tiene competencias o es incapaz de imponerlas, y poniendo finalmente su autoridad en entredicho.

España es un Estado cuasi-federal (asimétrico) que se comporta en ciertos territorios, en Cataluña, como si fuera confederal. No existe una jerarquía institucional, la Generalitat se comporta como si fuera el único poder legitimo en Cataluña y el Gobierno español se limita a llamarlo “cariñosamente” al orden, cual madre consentidora y débil. Como en el famoso programa “Hermano Mayor”, quien necesita realmente la terapia son los padres, con unos hijos irremisiblemente perdidos para la democracia.

El 155 que vendrá

Las direcciones de los partidos políticos españoles, incluidos los catalanes, actúan según la coyuntura. Los proyectos a largo plazo, el sentido de Estado, el bien común, etc. –independiente de lo que para cada ideología esos conceptos supongan– han desaparecido de sus análisis. Llevar adelante cualquier acto que implique poner en vilo su cuota de poder solo se hace cuando ya no queda más remedio y, en todo caso, minimizando los efectos para evitar una sangría de votos. El caso más paradigmático es el de Rajoy, aplicando un 155 que dejó en suspenso al día siguiente al convocar elecciones autonómicas. Ese miedo escénico conlleva, finalmente, como se ha podido comprobar, más costes, no solo al partido en el Gobierno, sino, principalmente, a la sociedad española.

Cuando algo no se hace bien, estás condenado a repetirlo. El problema es que nadie quiere ponerle el cascabel al gato. Tal vez, lo ideal sería un 155 ejecutado por el PSOE y apoyado por PP y C’s –a Podemos ni se le espera– pero tal cosa no se verá, a no ser que la algarada llegue a límites no deseables, como, por ejemplo, un muerto.

El problema real es si se quiere arreglar el problema de una vez o solo posponerlo. No digo yo que haya que declarar ilegales a los partidos secesionistas, no. En todo caso, la clave está en desmontar toda la estructura clientelar del secesionismo y eso no se hace en 6 meses 6, no. El 155 es legítimo porque está en la Constitución.

Es decir, que si se ejecuta un nuevo 155, esta vez se ha de llevar a cabo de forma contundente, sustituyendo a todos los cargos políticos de la actual Generalitat, nombrando un Govern provisional que asegure que la Administración catalana funcione: sería bonito ver limpias las cristaleras de mensajes secesionistas y lazos amarillos.

Pero, si ello no va acompañado de un cambio en el sistema electoral, que evite que el secesionismo, siendo menos del 37% del censo, obtenga más de la mitad de los diputados del Parlament, todo 155 será en vano.

Desmontar el chiringuito nacional-secesionista implica desmontar la inmersión lingüística en la escuela, recuperar TV3 para la democracia y la pluralidad ideológica y lingüística, recuperar la libertad para poner los carteles de las tiendas en cualquier idioma, respetando en todo caso el bilingüismo en la información.

La escuela, la sanidad, los servicios públicos no pueden estar al servicio de un ideal nacionalista –catalanista o españolista–, ni a la discriminación de ninguna lengua –catalán o castellano–.

El 155 llegará de nuevo, parece inevitable, pero de la forma en que se aplique y de los esfuerzos que toda la sociedad española haga dependerá de si somos capaces de recuperar la convivencia en Cataluña y en toda España.

Y está claro que habrá que hacer más cosas y una de ellas y más importante si cabe: una reforma que mejore nuestra Constitución, en la línea de reforzar los derechos sociales y caminar hacia la igualdad, que no es otra cosa que redistribuir la riqueza y aumentar la justicia social.

Ardua tarea para una clase política tan mediocre… me temo

Al pueblo español tal vez le toca de nuevo arremangarse y meterse en política, como hicimos los jóvenes de los 70. Espero que ser milenial sea algo más que manejarse bien en redes sociales.

Nou Barris, Barcelona. 14 de diciembre de 2018

*Autor del ensayo EL VALOR rEAL DEL VOTO. Editorial El Viejo Topo. 2016

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1 comentario de “Otro 155 parece inevitable: El procés ha muerto… se ha vuelto zombi

  1. Dionisio Martinez Fernandez
    20 diciembre, 2018 at 14:56

    Se puede decir más alto, pero más claro no.

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