Recordando al Instituto Escuela y la Institución Libre de Enseñanza

Pilar Nova Melle ||

Presidenta de la Asociación de Descendientes del Exilio Español ||

En el año 1876, un grupo de catedráticos de la Universidad Central de Madrid, entre los que destacaban Francisco Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcárate, fueron expulsados de esa universidad por su defensa de la libertad de cátedra.

Un año antes, el ministro Manuel Orovio, caracterizado por sus ataques a los académicos progresistas, publicó una normativa estableciendo prohibiciones a fin de evitar cualquier enseñanza que atacase a la monarquía y a la iglesia católica; fue conocido como el Decreto Orovio.

Por el contrario, los expulsados tenían una idea de universidad fundamentada en dos pilares básicos: laicidad y formación científica. Seguidores del Krausismo, sistema filosófico que concilia el racionalismo con la moral, defendieron la tolerancia académica y la libertad de cátedra frente al dogmatismo. El alcance de la iniciativa de estos profesores era ambicioso: la regeneración del país a través de la educación de las masas. En definitiva, una modernización de España que la acercase a Europa.

Así nació la Institución Libre de Enseñanza. Junto a ésta, el Museo Pedagógico Nacional, dirigido por Manuel Bartolomé Cossío y Lorenzo Luzuriaga, la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), la Residencia de Estudiantes, la Residencia de Señoritas, dirigida por María de Maeztu, el Centro de Estudios Históricos, dirigido por Ramón Menéndez Pidal, y Américo Castro, el Instituto de Ciencias Naturales y el Jardín botánico, entre otros.

No obstante, esto no era suficiente. Los jóvenes debían ser formados en estos valores desde la primera aproximación a la enseñanza y no solo en la universidad; de ahí que se ampliase del ámbito universitario a toda la enseñanza desde primaria y nace el Instituto Escuela del que este año se cumple el centenario.

La creación del Instituto-Escuela se produce en un momento histórico difícil, en 1918, cuando aún no había acabado la Primera Guerra Mundial, el mundo se encontraba convulsionado por la Revolución de Octubre en Rusia, y en España había un gobierno de “concentración nacional”. Liberales y conservadores permanentemente enfrentados, los diferentes gabinetes apenas duraban unos meses. Entre 1917 y el golpe de Miguel Primo de Rivera se sucedieron hasta doce gobiernos. En 1918, Antonio Maura, en medio de estos problemas, preside el gobierno de la nación. La situación interior y exterior no auguraba éxito a ningún proyecto

A pesar de estas circunstancias, en mayo de 1918 se crea el Instituto Escuela. Inspirado en los principios de la Institución Libre de Enseñanza, los objetivos de su fundación fueron dos: por un lado, la experimentación de nuevas ideas en la educación primaria y secundaria a partir de prácticas pedagógicas inspiradas en las más avanzadas corrientes europeas; y, por otro lado, servir de formación para futuros maestros en los nuevos métodos de enseñanza, bajo el lema “aprender enseñando”.

Las bases sobre las que sustentó el funcionamiento del Instituto Escuela fueron: clases poco numerosas: 30 alumnos en las teóricas y 15 en las prácticas, por cada maestro. Educar sin libros de texto, sustituyéndolos por libros de lectura y consulta y la construcción activa de los propios materiales didácticos por parte del alumno. La elección de materias la hacen los niños y las familias, si bien necesita la aprobación del profesorado. Método activo e intuitivo de conocimiento; el alumno situado ante la realidad misma que debía estudiar estableciendo una observación directa de las cosas que eran objeto de estudio, el razonamiento y la experimentación. La coeducación y el respeto a la espontaneidad y la autonomía del alumnado; contrarios a la enseñanza puramente memorística establecen el diálogo entre profesor y alumno.

Amplio programa de visitas a museos, fábricas y excursiones al campo donde se imparten clases in situ. Intercambio con alumnos de otros centros europeos; gran importancia a los idiomas: se imparte francés, inglés y alemán. Se suprimen los exámenes finales, realizando una evaluación continua en la que se valoran las actividades diarias, el cuaderno escolar, las prácticas y los exámenes parciales. No hay bedeles ni inspectores, estas funciones de vigilancia no deben ser necesarias y en tal caso las realizarían los profesores. No se utilizan estímulos en forma de premios, castigos, notas o puestos de honor; la razón es evitar que los alumnos menos dotados se desalienten y que los más destacados se sientan superiores. No se compara a unos niños con otros, por el contrario la comparación es con uno mismo; se compara la obra que hace con la que podría hacer poniendo más interés o mejorando su forma de trabajar.

La educación como un todo

Francisco Giner de los Ríos concebía la educación como un todo; no solo adquisición de conocimientos sino que concede especial importancia a inculcar el sentido de la responsabilidad, de las relaciones respetuosas, el afecto entre profesores y alumnos, la cooperación, algo tan actual hoy como respeto al medio ambiente, el sentido de la estética, la curiosidad por conocer y aprender sin presiones ni amenazas. En definitiva, la educación integral del alumno implicaba la formación intelectual, la educación moral, el ejercicio físico, la educación social y estética, todo ello en un clima de respeto y solidaridad.

La influencia de los institucionistas, como eran conocidos, fue decisiva en los avances no solo educativos sino también sociales de la época. La II República tuvo entre sus principales objetivos acabar con el retraso educativo intentado introducir modelos educativos avanzados, de ahí que el Instituto Escuela fuera inspirador de lo que debería ser la enseñanza.

A partir de 1931, y con el proyecto pedagógico ya testado, el Instituto Escuela entra en un periodo de expansión y se construyen nuevos edificios, hoy desaparecidos. Para la construcción de los mismos se estableció una colaboración entre profesores y arquitectos a fin de armonizar la arquitectura y las necesidades pedagógicas. Se adoptaron algunas ideas de Le Corbusier que propugnaba en los edificios educativos dejar la planta baja abierta (edificio sobre pilotes) para impartir clases en los meses de calor y para que los alumnos disfrutasen del tiempo libre a cubierto en días de lluvia.

El proyecto del Instituto Escuela de Madrid se trasladó a partir de 1932 a otras ciudades: Barcelona, Valencia y Sevilla.

Durante la Guerra Civil se interrumpe la actividad docente y algunos de sus edificios son utilizados por las necesidades de la guerra para otros fines; el edificio del Retiro fue un emplazamiento de baterías del ejército republicano, la Residencia de Estudiantes fue sede de un hospital y, sucesivamente, un orfanato y un cuartel de carabineros. Esa Residencia, en la que, en años precedentes a la Guerra Civil, la compañía teatral La Barraca ensayaba las obras, en sus laboratorios experimentaban Severo Ochoa, Blas Cabrera o Luis Calandre, donde Federico García Lorca daba conciertos de piano, donde impartieron saber Einstein, Le Corbusier, Marie Curie, Paul Valéry, Igor Stravinski, Louis Aragon o John Maynard Keynes, por citar solo algunos.

En el año 1936, el Instituto-Escuela se encontraba en su mejor momento: nuevos edificios, ejemplo de lo que debe ser la arquitectura escolar. Los alumnos incrementan sus visitas al extranjero a través de las colonias de verano internacionales, las actividades artísticas cada vez eran más, así como la biblioteca, que aumentó considerablemente el número de volúmenes.

Acabada la Guerra Civil, con el fin del gobierno republicano acaba también la Edad de Plata de las letras y ciencias en España. La implantación de la dictadura de Franco obligó a muchos residentes y profesores a exiliarse, se clausuró la JAE, miles de libros desaparecieron, en lo que fue el Auditorio de la Residencia de Estudiantes se levantó una iglesia… Los golpistas, contrarios a las ideas de la Institución Libre de Enseñanza no permitieron la existencia del Instituto Escuela. La dictadura se ensañó con los maestros, en general no solo los del Instituto Escuela, víctimas de la cárcel, el exilio, los fusilamientos y, en el menor de los castigos, inhabilitados para ejercer la profesión.

A punto de finalizar el año 2018, no quiero dejar pasar el centenario de su creación sin rendir un obligado reconocimiento en recuerdo al Instituto Escuela, pionero en la aplicación de pedagogías innovadoras y en el protagonismo de los alumnos, que pasaron a ser sujetos activos de su propio proceso de aprendizaje. Sin duda, el Instituto Escuela fue uno de los grandes éxitos de la historia de la educación en España

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