Sin una propuesta propia, la izquierda no remontará

Chema Sabadell ||

Ex militante del PSUC ||

Me pregunto, y me he preguntado en muchas ocasiones, si nuestros dirigentes (y digo “nuestros” sin vinculación orgánica con la organización), es decir los dirigentes de IU (y los del PCE) cuando el apoyo electoral, por enésima vez, es adverso, de una vez, se deciden a analizar a fondo, sin complejos y sin medias tintas, las causas profundas de ese debilidad electoral. Claro que esa pregunta sería mucho más pertinente para los líderes de PODEMOS, que el tic tac, tic tac, que tan cándidamente expresaba Pablo Iglesias parece haberse parado definitivamente o mejor dicho, es el tic tac, tic tac, de un reloj que atrasa. Tal vez deberían mirárselo porque resulta que, a lo mejor, no lo han hecho del todo bien.

La extrema derecha crece como hongos en toda Europa, y eso es una realidad hasta en las civilizadísimas, socialdemócraticas y prósperas naciones escandinavas. Y, si esto es así, qué decir de esa floración en los países del Sur, con largo pasado y largos años de gobiernos fascistizados, que diría Musolino. ¿Por qué será? No creo que para responder esta pregunta lo mejor sea echar pelotas fuera, divagar con peroratas tangenciales que, en el fondo ocultan la realidad. Esto es lo que hace, desde mi punto de vista, Alberto Garzón, tomando un vector importante que podía ayudar a una explicación de ese fenómeno político (irrupción de la extrema derecha), la irresponsable difusión de valores propios de esa fuerza extremista por formaciones que, en teoría, asumen valores democráticos y de convivencia formalmente pacífica entre los ciudadanos.

Tampoco entro aquí en cuestiones de fondo, tan importantes como la obligación que la Constitución española hace a los poderes públicos para desarrollar políticas orientadas a obtener el pleno empleo, ni aquellas que dejan claro que la riqueza del país sea cual sea sus formas y su titularidad está subordinada al interés general. La Constitución se debilita cuando crece la pobreza, el empleo se precariza, los desahucios se incrementan y el paro se mantiene a niveles africanos . Solo dejar claro que nada más por vulnerar estos dos preceptos ya se hace necesario reformar la constitución y preguntarnos cómo ha sido posible llegar a ese grado de injusticia y que cuota de responsabilidad tiene esa izquierda “transformadora” que ha “tocado” más bien poco poder.

En nuestro país, que todo lo disfruta o lo padece con retraso, la extrema derecha ha llegado, no sé si para quedarse, pero ahí está. Pero ya hace tiempo que el lenguaje bravucón y chulesco propio de esa tipología de individuos está presente en la calle, sobre todo en las redes sociales. Cualquier observador medianamente avispado habrá podido advertirlo, un lenguaje que en mi impresión no es sino la punta del iceberg, la arista más visibles de la radicalización de la lucha de clases, expresión esta que machaconamente se quiere arrinconar en el cajón de las antigüedades pero que una y otra vez emerge para mostrar una realidad que todo el entramado del poder pretende que se ignore.

Pero esa no es la cuestión de fondo. La cuestión de fondo para la izquierda transformadora sería cómo ha sido posible que una formación que pretende responsabilizar de todos los problemas del país a los manteros ha irrumpido con tanta fuerza y cómo es posible que haya cogido a la izquierda no con el paso cambiado sino más bien en marcha atrás.

No se trata de desconocer la solidez del capitalismo, ese capitalismo primitivo que pretende visos de modernidad tan bien asentado en nuestro país, ni a desconocer los enormes medios de los que dispone para mantener sus privilegios instrumentalizando a partidos y organizaciones sociales. No, el capitalismo, ese que ha provocado la crisis de la que se está aprovechando en la mis medida que empobrece a las españolas y los españoles, es fuerte, se ha robustecido con la crisis y ha polarizado enormemente la sociedad. Es una fortaleza difícil de tomar. Nadie en su sano juicio puede ignorarlo.

Partiendo de esa realidad, es decir, asumiéndola, en principio se trataría de dotarse del armamento (teórico, moral, político, social y económico) más eficiente para esa empresa y, a la vez, acumular las fuerzas que han de llevar a cabo el asalto a la fortaleza, dos condiciones estas que, desde mi punto de vista, están olvidadas en nuestra izquierda pretendidamente transformadora. Incluso más, yo diría que toda la acción de la izquierda va en contra de conseguir esa acumulación sólida de fuerzas.

En mi opinión, el impulso secesionista catalán, es una especie de prueba del algodón del laberinto en el que está perdida esa izquierda desde hace décadas pero que cobra especial virulencia a partir de los hechos del 6 y el 7 de septiembre y, sobre todo, del 1 de Octubre de 2017. El resultado es claro, la izquierda, hablo de la izquierda, aquella que convocó mi juventud en la lucha por el socialismo, se hunde y la extrema derecha irrumpe como un torrente. Ya hace tiempo que está claro, pero que se niega, que el seguidismo de la izquierda al nacionalismo opera como un elemento disolvente, y no solo en Cataluña.

El nacionalismo lo pudre todo en la política española y da alas a las derechas y a la extrema derecha. Aun hoy esa izquierda niega que el crecimiento de C’s, que se da en todos aquellos ámbitos, en todos los espacios abandonados por esa izquierda, en lo que eran antes los barrios rojos, sea consecuencia de tales abandonos. La imposición de la lengua, expulsando en la práctica al castellano tanto de los estamentos oficiales como de la enseñanza, todo ello con la connivencia de la izquierda, así como la manipulación de la historia, no son hechos de ayer, tienen décadas de practica que la izquierda ha soslayado que, por lo tanto, la hacen responsable de las consecuencias que todos conocemos y que han sido semillas para la cosecha de votos extremistas de todos los bandos. No olvidemos que un filonazi, supremacista y xenófobo, que no se ha recatado de degradar a los españoles (bestias inmundas los llama) preside la comunidad autónoma.

No me parece menos relevante la progresiva desarticulación del PCE (el PSUC está literalmente aniquilado desde el mismo momento que se puso al frente a un nacionalista), sobre todo cuando la historia ya ha mostrado que todas las vías electorales ensayadas marginando al partido han de catalogarse como proyectos fracasados. La acumulación de fuerzas, la organización y el fortalecimiento del PCE es condición indispensable para nivelar la balanza. No queda otra que superar esas derrotas.

Aquel partido formidable que ponía en jaque el bunker fue hábilmente combatido por los poderes fácticos, dinamitado por un PSOE ausente en el antifranquismo y construido a toda prisa, tal como profusamente muestra Alfredo Grimaldos, a partes iguales por la CIA, la socialdemocracia alemana y el CESID. Ninguna de las vías ensayadas llegó a fructificar. Pero hoy estamos en un escenario diferente en muchos aspectos, incluso el mundo es otro bien distinto y bien distinta es la morfología de la clase obrera, pero ahora no tenemos un partido socialliberal poderoso sino que está en plena decadencia.

l mismo embate que sufrió el PCE, pero puesto al día, lo vuelve a sufrir IU, desplazada de su espacio cuando todos los indicadores muestran un avance considerable de la formación tras la irrupción del “fenómeno” PODEMOS en el que sin duda hay gente muy valiosa, lanzado después de largas sesiones televisivas para dar a conocer a su primeras figuras, con el resultado para la federación de izquierdas similar al experimentado por el PCE a finales de los setenta, llevándola a una crisis profunda que espero y deseo no sea decisiva, para que, después de todo, no parece que sea posible asaltar los cielos sino que puede que la formación morada haya llegado al cenit de su recorrido, con una cota electoral por debajo de la que las encuestas de aquellos años daban a IU.

No queda otra que el fortalecimiento del PCE, una formación que ha de buscar alianzas estratégicas sí, pero con una formulación clara de que su meta no es otra que el socialismo, que la participación activa del poder político democrático en la economía, con los sectores estratégicos en poder del Estado, con una fiscalización progresiva, una persecución rigurosa del fraude y la evasión fiscal. Con ese bagaje, con esas cartas el partido de la revolución socialista ha de presentarse a sus posibles aliados coyunturales. No queda otra, no hay otro camino.

Si definitivamente no están por esa labor sería deplorable que fueran un obstáculo para que no prosperara una Izquierda en Positivo, que recoja esa tradición republicana, esa voluntad transformadora y que no solo no se someta sino que plante cara al nacionalismo.

Lo que yo creo que está meridianamente claro es que sin una propuesta propia, anclada en la clase obrera y proyecto nacional claro, la izquierda no remontará. Será como si no existiera.

9 de diciembre de 2018

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2 comentarios de “Sin una propuesta propia, la izquierda no remontará

  1. Juan Ramón Medina
    17 diciembre, 2018 at 9:44

    Una lectura recomendable: Domenico Losurdo, “La Izquierda Ausente”. Editorial El Viejo Topo.

  2. Román Alonso
    20 diciembre, 2018 at 11:00

    Comparto lo expuesto por Chema Sabadell especialmente sus apreciaciones sobre el nacionalismo y su parte propositiva respecto del PCE.
    Román Alonso (Ponteareas)

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