50 años de vida barcelonesa a través de Destino, y algo más

Eduardo Butragueño Cerviño ||

Profesor de Filosofía de la Universidad de Barcelona ||

Han pasado 50 años desde que a quien esto escribe le concedieran el premio “Manuel Brunet” de reportajes para jóvenes que se iniciaban en el periodismo. Era aquélla la primera vez que se otorgaba por iniciativa de los editores de la revista y de la editorial Destino, cuyo patrón desde sus inicios era Josep Vergés. En la misma convocatoria, el segundo premio lo obtuvo una entonces joven desconocida que, con los años, hasta su prematura defunción, se convertiría en un referente del periodismo barcelonés, Margarita Rivière; no fue ése el caso del autor de estas líneas, quien no proseguiría por ese camino.

Dicho galardón se instituyó entonces junto al también nuevo “Josep Pla” para premiar la novela en catalán, que fue a parar a un prometedor autor, muy conocido ya en los ámbitos literario y cinéfilo, que era Terenci Moix.  Ambos premios, el Brunet(ya extinguido) y el Pla se anunciaban juntos en la misma noche del Nadal(en realidad, el 6 de enero) en que se proclamaba a lo grande la concesión  del premio de ese nombre, el de más prestigio por entonces de las letras españolas, para novelas inéditas en castellano. En esa ocasión añadió una distinción más a un ya consagrado y reconocido Álvaro Cunqueiro, colaborador en las páginas de la propia revista Destino, y director por aquellos días del diario Faro de Vigo(entonces el vicedecano de la prensa nacional, tras El Correo Catalán de Barcelona, ya desaparecido). Era ése el principal periódico de la ciudad donde yo pasé justamente mi niñez y primera juventud, y constituía la principal fuente de información en aquellos tiempos para los que allí vivíamos.Son datos para la pequeña historia,  aunque ilustrativas de una situación y de una época. Pues, en efecto, muchas cosas han cambiado en este tiempo; las recordamos o las vivimos de otra manera y, no obstante, conservan un significado que las trasciende.

El referido premio que se me concedió llevaba por título “Los catalanes en la historia de Galicia”, y trataba del intercambio comercial y de las navegaciones catalanas que, tras la liberación del comercio de las antiguas trabas legales, se produjo después de la Guerra de Sucesión, pues permitió navegar a los barcos  del antiguo reino de Aragón por los mares del reino de Castilla, y abrirse así a las rutas del Atlántico. El principal resultado de ese cambio en la regulación existente fue un florecimiento económico que benefició fundamentalmente a los puertos del Levante peninsular, y en particular a los catalanes. Fue una consecuencia de los Decretos de Nueva Planta, hecho poco destacado entre los divulgadores catalanes de la historia del Principado, cuando no deliberadamente ignorado. Otro efecto relevante fue el asentamiento en muchas localidades de la costa de Galicia deuna relativamente numerosa población de marineros y pescadores catalanes, algo que se produjo en sucesivas oleadas, tal y como en el trabajo premiado se describe, y que tuvo también una decisiva repercusión en la vida de sus gentes y en generaciones futuras. Y es precisamente en Vigo donde la huella de esas migraciones es más evidente, ya sea en cierta toponimia, o en la persistencia de numerosos apellidos de origen catalán: Millet, Mirambell, Sitjá, Cervera, Massó, junto a un largo etcétera.

Vale la pena recordar aquí que la familia materna del filósofo José Ortega y Gasset tenía también ese origen, aunque por motivos distintos a los comentados. El propio Ortega pasó algunas temporadas de su juventud en Vigo, en casa de sus tíos, y allí nació su hermana menor. Y así, coincidiendo con sus estancias en dicha ciudad, algunos de los primeros artículos de aquel joven prometedor aparecieron enFaro de Vigo, en 1902 y en años posteriores. Y era frente al palacete de los tíos Gasset, “Villa Manuela”, por donde pasaba yo a diario cuando del colegio iba camino de mi casa familiar.

Con el trabajo presentado era mi propósito reivindicar un legado visible en poblaciones costeras de Galicia, labrado por generaciones de gentes laboriosas sobre las cuales ignorábamos a la sazón su origen y sus circunstancias. En el escrutinio del observador surgían así los datos que trataban sobre su condición, su actividad allí y sus fortunas, como momentos cruciales que, con sus luces y sus sombras, estaban detrás de las transformaciones sociales, económicas y culturales que acontecieron en el tiempo que les tocó vivir y que forman parte ya de nuestra  historia. Se trataba de personas humildes, pescadores y salazoneros que, a vela, iban con sus barcos de los puertos de Levante a los del Atlántico con su cargamento de sal y retornaban, o no, con la sardina o el boquerón ya en los barriles de salazón en sus bodegas. Con ello contribuyeron muy eficazmente al desarrollo de la que fue su tierra de adopción mediante técnicas innovadoras que allí introdujeron, y hoy sus apellidos son ya tan gallegos en aquella región como catalanes pueden ser en la actualidad los López, los García o los Castiñeira en Cataluña.

En esa indagación, difícil por llevarla a cabo sin ninguna guía, desde una ciudad de provincias (que no es ni siquiera capital) en años tan oscuros, sin universidad y apenas con un par de muy modestas bibliotecas, tuvo un papel destacado la revista Destino al anunciársenos la convocatoria de aquel premio recién creado. La elección del tema tenía que ver, evidentemente, con que se trataba de una revista catalana. Era en 1968, y para los pocos lectores que residíamos entonces en poblaciones tan alejadas de la ciudad donde se editaba, como era Vigo, dicha revista nos proporcionaba una mirada diferente de la acostumbrada sobre la realidad cultural, social, y hasta política, de la que formábamos parte; una mirada impregnada de un catalanismo abierto, liberal y cosmopolita sobre los asuntos más diversos, entre los que predominaban los de interés más político y cultural. El director era, por aquel entonces, un periodista cultísimo, afable y extraordinariamente vital, Néstor Luján, que encarnaba perfectamente el espíritu de la revista. Él presidía el jurado del premio que se me concedió entonces, y a través de él tuve mi primer contacto con la vida cultural barcelonesa. Una época en la que se daban cita en Barcelona autores tan celebrados como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, José Donoso, el historiador Gabriel Jackson, junto a muchos otros creadores y estudiosos que animaban la vida cultural de la ciudad. Allí se había producido el boomde autores latinoamericanos, y era un hervidero de actividad en todos los sentidos; pero también algo más: un oasis en el páramo que era España en su conjunto, una realidad nada ajena a la situación política de aquel momento.

Allí, en la redacción de la revista Destino conocí también a Paco Fernández Buey, al que el director había encargado la edición de mi trabajo premiado y una breve semblanza del autor que resultó un tanto equivocada (por entonces yo no había estudiado Filosofía y Letras, como aparece en el recuadro; más adelante, ya en Barcelona, en esa Facultad, lo habría de tener de profesor; con él coincidiría también posteriormente en actividades conspirativas por la situación política del momento, y con él mantuve la amistad hasta su muerte).

Al evocar ahora aquellos recuerdos, no puedo pasar por alto el significado que todo ello tuvo para mi vida, y también para la de muchos de mi generación. Entre las cosas que han cambiado está, claro es, el mundo que Destinorepresentaba, y que incluía diversas iniciativas empresariales y culturales de vanguardia dotadas de una enorme vitalidad, capaces de proyectar su acción muy lejos de las fuentes de donde habían brotado. También de ese mundo formaba parte una mirada sobre sí mismo generosa y abierta, ajena a los revuelos de sotana tan propios de la vida oficial del momento, pero también de las esencias montserratinas y verdaguerianas que pugnaban por hacerse notar en aquellos días en los medios políticos y culturales de la ciudad.

La mayor parte de todo aquello que Destino representaba desapareció por la voracidad inmoral y material del pujolismo y de sus afines.Como Margarita Rivière denunció hace ya tiempo, y como probó en sí misma, era imposible que ambos mundos existieran juntos; sus miradas sobre la vida cultural y social resultan completamente excluyentes. El caso de Destino (o del Correo Catalán) es una muestra de los efectos de ese afán depredador tan implacable como insaciable. Como su propio nombre anticipa, desvela un destino en sí fatal para el mundo del que formaba parte, inexorable ante los nuevos tiempos que llegaban.

Fue una pérdida no sólo cultural, sino también de una actitud anímica y vital que hoy diríamos le otorgaba una peculiar identidad, una distinguida personalidad a Barcelona; y perdió Cataluña y perdimos todos cuantos nos vimos atraídos y atrapados por el fulgor de la gran ciudad en aquellos momentos. Y así, convertido ahorael paísen un espejismo, la sombra de lo que pudo haber sido de no impedirlo el nacionalismo más ramplón que ha intoxicado sus entrañas, agotadas las fuentes que en su día pudieron justificarlo, solo cabe reivindicar la validez de un proyecto de país  que presidía aquel catalanismo cívico, culturalista y comprensivo; un proyecto que aún puede sernos útil para curarlo de los males que nos aquejan, para devolver la confianza de la ciudadanía hacia quienes la dirigen, y para orientar su interés hacia más estimulantes propuestas. Se trata, en suma, de brindar de nuevo a sus habitantes la oportunidad perdida de gozar de la libertad creativa y de la concordia civil que tanto se echan de menos en estos tiempos.

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1 comentario de “50 años de vida barcelonesa a través de Destino, y algo más

  1. Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye
    25 enero, 2019 at 10:48

    Muy oportuno recordar la revista Destino

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