¿De qué color pintaremos el cinturón obrero?

Rafa Jiménez Ariza ||

Candidato de IZQUIERDA EN POSITIVO para L’Hospitalet de LLobregat. Concejal adjunto de medio ambiente y sostenibilidad ||

El próximo 26M será  crucial para el futuro político del histórico “cinturón rojo”.

El cinturón obrero de Barcelona, como en cada cita electoral, cobra una especial relevancia para políticos y analistas de todo el país. El peso de sus más de 3 millones de habitantes y la particularidad de este territorio, atrae a todos aquellos amantes de las encuestas y las estadísticas. Pero, ¿alguien es capaz de vaticinar que resultará después de las próximas municipales y europeas del 26 de Mayo?

Del Cinturón Rojo, al cinturón morado y al cinturón naranja

Con la llegada de los primeros Ayuntamientos democráticos tras la caída del régimen, las zonas obreras, por norma general, fueron conformando cientos de ayuntamientos dónde el color predominante era el rojo Socialista. El Área metropolitana de Barcelona no era una excepción, sus ciudades recibían a finales de los 60 y durante los años 70 la llegada de miles de familias trabajadoras de todos los rincones de España. Murcianos, Extremeños, Andaluces, Gallegos… iban conformando lo que en aquellos tiempos eran los barrios obreros de la periferia de Barcelona, y como no, se traducía de una forma muy fiel en la formación de los Ayuntamientos de la época. El PSUC formaba gobierno en la gran mayoría de ellos, una reacción lógica además, ya que tras muchos años de dictadura, la clase trabajadora tenía como objetivo fortalecer los sindicatos y poner en valor los derechos de los trabajadores. Una tendencia que se mantuvo durante algo más de 3 décadas, hasta que llegó la crisis del 2008.

Con la crisis llegaron los recortes, el rescate a los bancos, los desahucios, las altas tasas de desempleo, la precariedad laboral, la congelación de las pensiones, la desigualdad y la desinversión en los servicios públicos. Un caldo de cultivo perfecto para que, por una parte, la clase trabajadora se desconectara de todos los partidos que les llevaron hasta allí y por otra, los grandes poderes económicos mostraran un gran descontento por sus “pérdidas”.

La política, siempre atenta a los cambios, necesitaba regenerarse y lo hizo en forma de dos partidos que aglutinaban el descontento de trabajadores y poderes fácticos, Podemos y Ciudadanos. Pero en Cataluña, tras años de hibernación controlada, le teníamos que sumar un movimiento nacionalista que, como cualquier otro movimiento populista, se alimenta de la crisis e impregna con su mensaje a todos los estratos de la sociedad. Con todo esto llegábamos al envite electoral de 2015, año de elecciones municipales (Mayo), autonómicas (septiembre) y generales (diciembre).

El 24 de Mayo de 2015 fueron las primeras elecciones (municipales en este caso) tras la irrupción de Podemos y la consolidación de Ciudadanos en España. Los comunes salían como fuerza más votada en Barcelona, y en el cinturón rojo, el socialismo aguantaba el envite a duras penas, viendo, eso sí, como otras opciones tomaban fuerza y ocupaban escaños en “sus” Ayuntamientos.

Pero aún faltaban las autonómicas y las generales del 2015. Las autonómicas llegaron de forma premeditada, en pleno auge independentista, y planteadas por los convocantes (el propi Govern) como plebiscitarias. Fue entonces cuando el Cinturón Obrero, siempre dialogante y conciliador, optó mayoritariamente por la opción menos beligerante, la que presentaba en aquellas elecciones Catalunya Si que es Pot, y así fue como por primera vez en democracia, el cinturón rojo se teñía de morado. Victoria que repetirían en las elecciones Generales de Diciembre del mismo año y en las posteriores de Junio de 2016.

Hay que tener en cuenta que la política contemporánea es convulsa y cambiante, y en tiempos de confrontación todo sufre transformaciones repentinas. En Cataluña el independentismo tensaba la cuerda y los morados se situaban en innumerables ocasiones al lado del nacionalismo secesionista catalán, cosa que no iba a pasar desapercibida por sus votantes.

En diciembre de 2017, tras la aplicación del 155, vuelve otra cita electoral a Cataluña y es entonces cuando el partido naranja, Ciudadanos, gana las elecciones ya no sólo en el cinturón obrero si no en el conjunto de Cataluña. La clase trabajadora catalana representada en el cinturón obrero, por primera vez en la historia de la democracia, votaba de forma mayoritaria a una fuerza que no se identificaba con la Izquierda, por primera vez, el cinturón obrero se pintaba de color naranja.

Las próximas elecciones de mayo

Si tenemos en cuenta las múltiples encuestas, el contexto catalán y la tendencia general, todo hace pensar que Ciudadanos será el gran vencedor de los comicios en el cinturón de Barcelona, ya no tanto por la posibilidad de formar gobierno en ciudades importantes, sino porque presumiblemente, obtendrá un considerable aumento en escaños.

El territorio en el que nos centramos, es un territorio marcadamente unionista que, ante el clima de confrontación política en Cataluña, votará la opción más clara y contundente para “resetear” el sistema. Los votantes parece que han abandonado el eje izquierda-derecha, de forma más marcada en Cataluña, y votan con el único fin de resolver el que consideran es el mayor problema para la convivencia y la estabilidad ya no sólo en su territorio sino en España. En ese aspecto, la formación naranja ha ganado mucho terreno en la última década y ahora su única amenaza es la aparición de Vox que, con un discurso todavía más reaccionario y centralista, seguro que atraerá a una parte, suponemos minoritaria, de los potenciales votantes de Ciudadanos.

La gran incógnita de estos comicios está en el equilibrio de las fuerzas y en la creación de mayorías. El triunfo de los naranjas se da por descontado en términos generales, pero, ¿será capaz de sostener el Partidos Socialista el gobierno en sus Ayuntamientos más importantes? ¿Qué pasará en plazas como Hospitalet, Sant Joan Despí, Badalona, Sabadell o Santa Coloma? ¿Cómo saldrá el nacionalismo catalán después de la jornada electoral?

Preguntas que a día de hoy son difíciles de resolver y que, todavía a 4 meses vista, son sensibles de sufrir grandes cambios y a la que me gustaría sumarle dos últimas preguntas, ¿Qué hay de la izquierda no nacionalista en Cataluña?, ¿No existe una opción de izquierda que no vaya de la mano del separatismo?

Izquierda en Positivo: La opción de la Izquierda No Nacionalista para el Cinturón Obrero.

Seguramente el último tren de la Izquierda para el cinturón obrero sea Izquierda en Positivo, una opción no nacionalista, nítidamente de izquierda, con carácter transformador y progresista. Un proyecto ilusionante para todos aquellos que, como un servidor, pensamos que la defensa de la unión de un país y de su clase trabajadora jamás debió ser abandonada por la Izquierda, que la izquierda jamás debió situarse junto a los sentimientos identitarios y supremacistas, principales causantes de la división y confrontación de la clase trabajadora.

La clase trabajadora ha dejado de considerarse “clase” y ha pasado a ser un conjunto de identidades de toda índole: independentista, unionista, constitucionalista, ecologista, feminista, vegana, animalista… Como si muchos de esos sentimientos e identidades no tuvieran cabida dentro de un mismo ser o de una opción política, como si debiéramos identificarnos y clasificarnos de alguna manera para situarnos dentro de un grupo. Una victoria clara del capitalismo y el liberalismo, el “divide y vencerás” de Julio César, tan atemporal como eficaz. La izquierda siempre sensible a los cambios en la sociedad ha resultado ser la mayor damnificada de esta nueva realidad, y los nuevos partidos, más allá de separarse del problema parece que muchas veces lo que quieran es profundizar en él. Otro motivo más para el nacimiento de Izquierda en Positivo.

Izquierda en Positivo tiene como objetivo alejar el debate de los “ismos” y centrarlo en lo que para nosotros es lo más relevante: los derechos de las personas, la redistribución de la riqueza, la recuperación de sectores estratégicos desde lo público como única opción para controlar los precios y para prevenir los posibles abusos que realiza el mercado de los consumidores, la igualdad, la protección y potenciación de los autónomos y PYMES, el fin de la precariedad laboral… A fin de cuentas, volver a la política que afecta de forma directa a la calidad de vida de las personas y rechazar toda pretensión de dividir a la clase trabajadora de nuestro país, o lo que es lo mismo a día de hoy, rechazar cualquier movimiento, partido o colectivo, de carácter nacionalista o identitario.

Izquierda en Positivo, con el apoyo de personalidades históricas para la Izquierda como Paco Frutos o Carlos Jiménez Villarejo y de colectivos como Alternativa Ciudadana Progresista entre otros, presentará candidatura para las elecciones de mayo en varios municipios y tiene, precisamente, en el cinturón obrero de Barcelona, el reto de ganar fuerza y presencia para poder construir una Cataluña progresista, justa, igualitaria, cohesionada y alejada de los nacionalismos.

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