Dos premios, una protesta y ninguna sorpresa

Pasqual Esbrí ||

Historiador ||

El pasado 6 de enero se falló el septuagésimo quinto Premio Nadal de novela, el más antiguo premio literario en lengua castellana que se concede en España. Desde los tiempos oscuros de la postguerra, dicho galardón ha permitido dar a conocer valiosas obras literarias, que contribuyeron a modernizar la novela en español. La misma editorial que creó el Nadal, Destino, (hoy del grupo Planeta), otorga, en la misma fecha del día de Reyes y desde 1968, el premio Josep Pla de novela en catalán.

En los últimos tiempos, la referida velada literaria se ha visto politizada por la situación existente en Cataluña. En 2018, por el boicot que el ejecutivo catalán y los sectores nacionalistas decidieron llevar a cabo. En la presente convocatoria, por el numerito que montó el ganador del Josep Pla, Marc Artigau, con el consabido sonsonete a propósito de los políticos independentistas en prisión preventiva o fugados al extranjero.

En la velada estaba presente el candidato independiente a la alcaldía de Barcelona Manuel Valls, quien no pudo menos de expresar su indignación con un categórico “Prou!” (¡Basta!) ante la demagógica intervención de Artigau que, como mínimo, cabe calificar de flagrante falta de educación. Al parecer, Valls increpó también a Artur Mas, situado próximo a él, acusándolo de ser el origen del problema. A la salida, se dirigió a la delegada del Gobierno, Teresa Cunillé, preguntándole cómo podía permitir la situación. Es lo más probable que Cunillé no pudiera hacer otra cosa que mostrar su rechazo ante la “morcilla” sectaria introducida por el ganador, pero por supuesto tampoco lo hizo. Al fin ya al cabo, la han puesto en su cargo para llevar a cabo el vano intento de aplacar el independentismo.

Hasta aquí, los dos premios y la protesta. La ausencia de sorpresas la hemos tenido, creo, todos los ciudadanos catalanes que ya estamos curados de espanto ante dos situaciones que, seguramente, sí debieron sorprender a Manuel Valls, menos curtido. Por un lado, la desfachatez del tal Artigau y, por el otro, que su protesta no tuviera eco. La realidad se impone siempre. La “cultureta” catalana supone una tirada editorial insignificante a efectos comerciales, que impide pagar derechos de autor, o hacerlo de forma simbólica. Para suplir dicha penuria están los premios literarios que jalonan la geografía catalana a lo largo y a lo ancho.

¿Y a quién se otorgan dichos premios? Pues, sencillamente, a los fidelísimos, entre otras cosas porque ya se guardará muy mucho un autor catalán que pretenda vivir de su pluma de disentir del “prusés”. Parece ser que el ganador del Pla de este año tiene un programa matinal diario en RAC1. ¿Alguien piensa que pudiera gozar de ese privilegio no siendo un hombre del régimen?

La madre del cordero está en que de una manera escandalosa se ha ligado la lengua al proyecto independentista, empezando por el propio IEC (Institut d’Estudis Catalans), de forma que, cuando la charlotada acabe, alguien tendría que dar cuentas del perjuicio ocasionado a un idioma que no es solo de los catalanes, sino de valencianos, baleares y un puñado de aragoneses. Dejémoslo aquí, porque el tema daría para mucho.

La otra situación que, sin duda, debió de chocar a Valls debió ser la “omertà”, la ley del silencio imperante que hace que, como mucho, se critique al independentismo por lo bajín. Al parecer, algunos de los asistentes se dirigieron posteriormente al ex primer ministro francés para expresarle su acuerdo, pero sin luz y sin taquígrafos.

La perla la puso, una vez más, la alcaldesa Colau, que se mostró indignada de que Manuel Valls intentara de tal manera limitar la libertad de expresión y, sobre todo, a un escritor. Ya sabemos que doña Ada está muy nerviosa en los últimos tiempos ante la posibilidad de no repetir poltrona. Así y todo, se le podría preguntar si no es también ejercer la libertad de expresión protestar ante la expresión de sectarismo y mala educación de Marc Artigau. Y sería también interesante que nos explicara por qué un escritor tiene más derecho a disfrutar de ese derecho fundamental que el común de los mortales. En fin, una finta más de Colau que tiene clarísimo que su única posibilidad de no ir a cobrar el seguro de desempleo es acrecentar su servilismo hacia el independentismo. Preparémonos para ver futuras actuaciones espectaculares de nuestra primera edil. ¿Qué se apuesta?

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