El CIS y el Real Instituto Elcano al servicio de Pedro Sánchez

Vicente Serrano ||

Miembro del Grupo Promotor del partido IZQUIERDA EN POSITIVO y de la Junta Directiva de Alternativa Ciudadana Progresista ||

El CIS

Decía, no ha mucho, que “las encuestas las carga quien las paga” versionando la frase hecha, las armas las carga el diablo.  Hablaba en aquella ocasión del CEO (Centre d’Estudis d’Opinó de la Generalitat de Catalunya) ya de por sí bastante sesgado hacia posiciones secesionistas a la hora de cocinar encuestas y barómetros.

El CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), organismo autónomo pero dependiente del Gobierno, parece haber perdido el aura de ecuanimidad que tenia desde que José Félix Tezanos (me traiciona el subconsciente y en un primer momento escribo Tenazos, ¡Uff!) se hiciera cargo de su dirección, a partir de junio de 2018.

Independientemente de los cambios reiterativos en la metodología utilizada en los últimos tiempos, siempre he considerado que tanto el CIS como el CEO, como las múltiples empresas dedicadas a la elaboración de barómetros y encuestas sociales, responden a los intereses, legítimos o espurios, de quien paga. Aunque a las de titularidad pública es necesario exigirles, como a la mujer del Cesar, que además de parecerlo, sean honestas. (Asumo las críticas por mi lenguaje políticamente incorrecto, pero es lo que me pone)

La encuesta del CIS previa a las andaluzas de 2018, auguraba una victoria del PSOE con un 37% de los votos y 45 a 47 diputados. La realidad es que no llegó al 28% y se quedó en 33 diputados.

Pero lo de traca son las previsiones para Vox que obtuvo unos resultados que la institución sociológica más importante de España no supo prever: Del 3% previsto a casi un 11% y de 1 escaño a 12. En la empresa privada, a Tezanos lo despedirían; y en la pública debieran hacerlo. El engordamiento de las expectativas del PSOE-A y de Adelante Andalucía parece responder más a la necesidad de mantenerles la moral que a un análisis serio de la realidad. El problema es cuando se confunde función pública con intereses partidistas o privados.

La opinión pública

Es evidente que una cosa son los resultados electorales y otra las encuestas. Lo primero es la voluntad, más o menos distorsionada por el sistema electoral, de la ciudadanía. Pero esta voluntad está previamente mediatizada por sistemas de manipulación del poder, donde hemos de incluir a las segundas –no solo desde el Gobierno, que también y con sus propias herramientas, de las que quiero hablar luego, sino de los grandes medios de comunicación de masas, incluida Internet–. 

Es decir que la opinión pública –que, como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma– se modifica hacia los intereses de las clases dominantes, política y económicamente. Puede parecer una perogrullada marxista pero lo cierto que desde los anuncios televisivos, las películas y las series, desde las tertulias mañaneras a las, aparentemente sesudas, noctámbulas, así como a toda la prensa escrita en papel o en Internet, a los trending topics, artificialmente engordados, o a la publicidad, institucional o privada, en calles y transportes públicos, se genera una manera de entender las cosas, una manera de perpetuar una sociedad profundamente injusta y artificialmente encantada de conocerse. Es lo que, desde ese marxismo, siempre se ha denominado alienación.

Otra cosa son los intereses contrapuestos entre las distintas facciones que se disputan la gestión oficial de la cosa. Y los desastres que algunos pueden generar no ya para el sistema en sí, ya que este –el capitalismo– no parece peligrar, sino para las clases trabajadoras. Estoy hablando, claro, de las clases trabajadoras a las que la izquierda oficial (PSOE y P’s) dice representar y mas bien parece abandonar, con su obsesiones de cesión ante el nacionalismo.

El Real Instituto Elcano

Hace unos días me encuentro con una entrevista al investigador principaldel Real Instituto Elcano, Ignacio Molina, y el subtitular de la misma me deja pasmao, antes incluso de entrar en su lectura…”considera que Pedro Sánchez acierta en su estrategia y que con ella debilita al secesionismo catalán”. Del análisis complejo y voluntariamente disperso de la entrevista se concluye la afirmación del subtítulo y que las vías de concesiones continuas, tanto del PP como del PSOE, son un acierto que debilitan al independentismo. Es como, ante una agresión, dejar que me peguen hasta que al agresor le duelan los puños y se quede sin resuello.

S.M. el Rey preside la reunión del patronato del Real Instituto Elcano

Una cosa es que el Estado utilice su fuerza constitucional de forma comedida, controlada y ajustada y otra el “dejar hacer” practicado hasta la fecha. La única ventaja, que en realidad ya esta más que demostrada, es que ante la actitud versallesca de Pedro Sánchez ante Torra y compañía se evidencia cada vez más la perversidad intrínseca del nacional-catalanismo. Cuando reaccionemos es posible que estemos en estado de coma.

La entrevista, pues, se dedica a construir y elaborar un discurso con visos de coherencia al servicio de un ambicioso e incompetente Pedro Sánchez. Que organismos “autónomos” dependientes del gobierno hagan tal labor parece de Perogrullo pero la pérdida de las formas desde que Pedro Sánchez llegó al gobierno es nefasta, no solo para la imagen de dichas instituciones, sino también para la posibilidad de que la opinión publica se conforme de forma crítica con información veraz.

Es evidente que Sánchez llegó al gobierno con el apoyo del secesionismo, por lo que pretender asignarle una calidad de alta inteligencia capaz de seducir a gentes que llevan pergeñando un golpe de Estado –las verdades políticas y judiciales son solo parte de la verdad- tantos años es, sinceramente, patético. Solo hay que verlo en su visita a Barcelona y en el humillante comunicado conjunto.

Entre el CIS y el Real Instituto Elcano nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino… ¡Hace tiempo ya que algunos no comulgamos!

Nou Barris, Barcelona, 11 de enero de 2019.

*Autor del ensayo EL VALOR rEAL DEL VOTO, Editorial El Viejo Topo, 2016.

 

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