¿Acaso es el Bonapartismo nuestro modelo político?

Juan Rivera||

Colectivo Prometeo||

Bonapartismo

2.Forma de gobierno autoritario y plebiscitario, ratificado por sufragio universal.

Más allá de referencias a su papel de jueza progresista y de conocer su pertenencia al grupo de abogados laboralistas de Atocha asesinados en enero de 1977 por su militancia en el Partido Comunista,  escuché por  primera vez  en directo a Manuela Carmena en el Foro Social organizado por el Frente Cívico Somos Mayoría.

Fue en Rivas-Vaciamadrid, julio de 2013, hace menos de 6 años. En el segundo bloque de la jornada, desarrolló la ponencia “Separación de Poderes”. Casi con seguridad  sería nuestro querido Víctor Ríos el contacto para lograr su participación. Hoy resulta curioso echar una ojeada al cartel de participantes en el Foro para verlos “modo albañil”: en ese instante estaban  construyendo e ilusionando.

Más tarde, este Colectivo se alegró al conocer  la apuesta de Ahora Madrid para que encabezase la candidatura y  de su llegada a la alcaldía de la capital. Considerábamos que hacía visible una idea que siempre hemos defendido: tejer mayorías sociales para articular las resistencias frente a las agresiones del Sistema.

Sirva este breve excurso como prueba de que los renglones siguientes no están guiados por prejuicios o animadversión contra su persona, pues no la hubo nunca. La crítica es al modelo de actuación política que lleva tiempo poniendo en pie.

En nombre de la necesidad de “frenar a la Derecha” se nos pide que por nuestra parte pongamos autofreno y voto de silencio. Para no dañar las opciones electorales.

En mi torpeza, considero que la petición de “amén” lleva implícita un descarado y consciente ninguneo a las posturas que defienden la participación activa, asamblearia e igualitaria en la elaboración política desde la Izquierda y un planificado intento por apartar de la circulación a versos libres y posturas disonantes.

Basta con mirar de reojo las aguas del Manzanares. En ellas flotan la espalda apuñalada de Guillermo Zapata con chistes sacados de contexto y el orgullo de Rita Maestre tras disculparse en privado con el arzobispo de Madrid. Lo importante -Carmena dixit- “es estar encantada de estar con personas que de jóvenes dijeron cosas con las que ahora no están de acuerdo” que traducido al madrileño cañí significa girar al carril políticamente correcto. A los díscolos irredentos siempre se les puede enseñar la foto de Carlos Sánchez Mato para refrescar lo que le ocurre a quienes se atreven a proponer otros enfoques que alejen del “Gran Centro”.

Como dice el refrán “Aunque la operación Chamartín se vista de Madrid Nuevo Norte, mona se queda”.

Es esa búsqueda de “centralidad”a toda costa y limado de las aristas que puedan disgustar al Sistema la única explicación posible a su actual postura sobre Venezuela “Apoyo que se reconozca a Guaidó, y no considero en absoluto que sea un golpe de Estado”.

Y aquí surge una pregunta:” ¿Deben tener las declaraciones y actuaciones de nuestros dirigentes algo parecido a unas lineas rojas infranqueables si no provienen de un debate previo?”. Como diría Jack el Destripador, vayamos por partes. Nadie duda que la opción Carmena sea mejor que cualquiera de las capitaneadas por Ciudadanos-PP-Vox o PSOE, pero ¿la versión que se está poniendo sobre la mesa es la opción en la que se puede reconocer cómodamente la Izquierda madrileña?

Para contestarla es necesario dilucidar previamente si nuestro modelo lo fijamos en el trabajo colectivo o en el hiperliderazgo.

Un ejemplo: En el Senado consulto orgánico del 28 de Floreal del año XII (18 de Mayo de 1804),   que otorgó a Napoleón el poder absoluto, se utilizó de coartada una contradicción también absoluta “Se confía el Gobierno de la República a un Emperador, el cual toma el título de Emperador de los Franceses”. Sin pestañear siquiera.

Los herederos de la Revolución hacían compatible un discurso exterior revolucionario, enfrentado al reaccionarismo de las monarquías de la época con una actuación interior conservadora  e inmovilista.

No era la primera vez ni será la última que, manteniendo la carcasa de un proyecto político, se puede terminar creando otro totalmente opuesto. El modelo del hiperliderazgo lleva como efectos secundarios un ninguneo a las organizaciones que te encumbraron rayano en el desprecio. En ese contexto, movimientos recientes como los protagonizados por Errejón entran en la categoría “puntadas con hilo”.

Y con los apoyos/resistencias al mismo se explicita la tensión dialéctica entre construir desde la trilogía cúpula-mesa camilla-líder carismático o devolver las voces a las bases.

El afán por distanciarse de los partidos y movimientos que más te apoyaron, el dejar siempre flotando en el ambiente la sensación de no querer nada con ellos, termina por mutar en deformación que recuerda al clásico “Viva el Rey ,muera el mal gobierno” tan utilizado en la Historia hispana para sacar del foco de las culpas al máximo responsable. Tiene incluso una versión “friki” en la frase atribuida al dictador Franco:”Haga como yo joven, no se meta en política”.

Estamos olvidando que en nuestra cultura -saturada de luchas cainitas y de Frentes Judaícos de Liberación estilo “Vida de Brian”- cuando creemos que se nos está haciendo daño gratuito a menudo desechamos la opción de “lo menos malo” y en las citas electorales si no encontramos alternativa tendemos a quedarnos en casa. Y son esas centenares de miles de abstenciones las que nos dan las sorpresas desagradables en el recuento.

Tiremos de Memoria. En las elecciones municipales de 1979 la lista ganadora del PCE en Córdoba obtuvo 8 de los 27 concejales encabezándola un casi desconocido maestro llamado Julio Anguita. En 1983 fueron 17 de 27 con la misma cabeza. Pero, en todo momento y pese a su popularidad, siempre respetó el papel de la organización y la militancia.

Cuando se cambió la fórmula, el “rosismo” sustituyó la confrontación y búsqueda de una sociedad distinta por la indisimulada entrega al PSOE  y como muleta del Sistema, que se arremangaba limpiando sus aspectos más desagradables, el papel esencial del debate político lo ocuparon elementos accesorios como loas al rey Juan Carlos, desfiles militares, jerarquía eclesiástica con papel público esencial…dejando fuera los problemas sociales que condicionaban el día a día. Luego, como es sabido, vino el desastre.

Por eso merece la pena pararnos a pensar hacia dónde nos encaminamos cuando sustituimos la construcción colectiva por un proyecto unipersonal que además nos sube en una montaña rusa de contradicciones ¿Es la salida natural?

Hace cuatro años, en Córdoba la falta de cintura colectiva impidió llegar a un acuerdo y terminamos presentando dos listas en las municipales. Cada una -Ganemos e IU- obtuvo 4 concejales. Juntos hubiéramos alcanzado la Alcaldía. Además de la división afloraron enfrentamientos personales con ribetes de odio .El destino y una tenue justicia poética vuelve a ponernos sobre la mesa la oportunidad de enmendar la situación cara a las próximas municipales. El domingo 10 se abre la vía para una candidatura conjunta o al menos de una entente cordial en campaña y colaboración tras las elecciones. Ojalá esta vez la experiencia nos sirva de lección.

La música de lo que se está construyendo en Madrid suena mucho al concierto de gatos que protagonizamos aquí las pasadas elecciones. Y aunque tengo claro que la orquesta de Carmena no es el enemigo, cada vez tengo menos claro si los planteamientos y actuaciones puestas sobre la palestra por este equipo son los míos.Lo que me lleva a la pregunta “¿son los nuestros?

Porque, visto lo visto en los últimos tiempos, si al final los nuestros son así, es difícil no escuchar la voz grave de Labordeta cantando “A veces me pregunto que hago yo aquí”.

Aunque terminemos siguiendo la máxima del sacerdote guerrillero Camilo Torres “Insistamos en lo que nos une, y prescindamos de lo que nos separa”. Santa Paciencia.

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