El lobo se vistió de abuelita, la ruptura de Podemos y la Operación Chamartín

Eduardo Luque Guerrero||

Periodista y analista||

No es el camarote de los hermanos Marx aunque se parece cada día más. Sin duda, Podemos vive sus horas más críticas. La fuerza nacida para “asaltar el cielo” es, en estos momentos, una triste sombra de lo que pretendía ser. La música que tocaba la organización cuando nació hace 5 años parecía interesante: una fuerza joven, dinámica, que recogía parte de la ira popular desde postulados progresistas. Era aire fresco.

Tras un quinquenio de vida, Podemos es un partido “viejo”. Tiene un gran pecado original que no ha subsanado: sigue siendo una organización confusa, gaseosa, galaxia de estrellas fugaces, donde conviven intereses variopintos y posiciones ideológicas contradictorias. En Podemos malviven proyectos antagónicos. Hasta ahora, era suficiente la proclama y la agitación en los medios (las posibilidades de alcanzar la institucionalidad es un cemento que une mucho). Ese tiempo ha pasado.

La tendencia electoral es negativa y, por ello, se produce un efecto de dislocación. Podemos es un reino de Taifas donde la lucha por el poder se agudiza en la misma medida que se pierde apoyo electoral. En La Rioja y en Cantabria, las primarias están suspendidas por orden judicial. En Galicia, existe la amenaza de una escisión de En Marea. En Navarra, el grupo parlamentario está roto, igual que en Castilla-La Mancha. En Catalunya, están en crisis tras la dimisión de Xavier Domènech. En Andalucía, no ha pasado nada; aunque se hayan perdido el 30% de los votos… nadie se ha hecho responsable. No hay asunción de responsabilidades, no hay análisis colectivo, no hay debate.

Una organización política levantada por los “medios” interesa cada vez menos; sólo es noticia si tiene crisis internas. Cumplió su rol: canalizar la ira popular hacia el redil de la institucionalidad y fagotizar las opciones de la izquierda existentes y las futuras.

En este momento, y tras el fracaso en las elecciones andaluzas (con 1/3 de los votos perdidos), las próximas municipales, autonómicas y europeas se revelan como la “clave de bóveda” del futuro de la organización.

Podemos renquea

Como ya hemos dicho, Podemos ha envejecido mal. Hoy es un partido más, donde la confrontación por el poder y el control de la organización está en el fondo de muchas de sus luchas internas. Podemos ha perdido el impulso de regeneración moral y ética de la política con el que se había presentado en sociedad.

Son muchos los errores cometidos por sus dirigentes. No hablamos aquí de la distancia cada vez mayor entre el programa y su ejecución. En algunos casos, eran cuestiones previsibles; en otros, por el contrario, revelaban fuertes dosis de tacticismo electoral y oportunismo. No sólo son cuestiones políticas; nos referimos también a las actitudes personales de sus dirigentes: la compra de la mansión de Pablo Iglesias ha representado un auténtico mazazo a los votantes. Las diatribas contra la “casta” han acabado así, volviéndose en contra del propio personaje. No hablemos ya del tema catalán. El apoyo a la derecha catalana independentista provoca asombro y revela la falta de proyecto de país, más allá de la proclama mitinera. Podemos llegó a calificar a España de país dictatorial mientras estuvo en la oposición al PP; sin embargo, cuando éste perdió la moción de confianza no tuvo ningún reparo en negociar con el PSOE. Pero, ¿no era España una dictadura? Otra vez la disonancia entre el discurso y la acción.

Vistaalegre II fue un intento de fraguar una alianza entre sectores enfrentados. Errejón y Pablo ejercieron de gallos de pelea. El primero exigió, para no visualizar la fractura, que se financiara un número de “liberados afines a sus tesis” (entre 70 y 100, según las fuentes); de hecho, Errejón exigía controlar el partido y rediseñarlo a su gusto. Su derrota en el cónclave se ocultó tras un relato falso: la unidad. Pero, sin base ideológica común y con el choque de egos sin resolver, sólo era cuestión de tiempo que se produjera la nueva ruptura. Errejón rompe con Podemos pero no rompe. Podemos abomina de Errejón pero lo necesita. A pocas semanas de las elecciones autonómicas, la “espantada” del personaje es un navajazo por la espalda a la organización que lo eligió en primarias.

El lobo vestido de abuelita

La urdidora de esta trama (Manuela Carmena), cual nueva Penélope, se ha revelado como un auténtico lobo político en la piel de una abuelita. Es, sin duda, una maniobra artera. Carmena le debe el cargo a los votantes de Podemos. Su gestión, con luces y sombras, se ha caracterizado por un evidente cesarismo. Podemos creyó que era posible ejercer influencia sobre ella. La alcaldesa, sin partido ni organización que le diera apoyo, aparentaba debilidad. Craso error.

Desde el minuto uno de su “reinado”, fue tejiendo una tela de lealtades. Con la promesa de repetir el cargo, los concejales escogidos por ella abandonaron el partido y se presentan con la marca Más Madrid. Fue el primer golpe, y fue terrible, contra Podemos. Pablo Iglesias perdía definitivamente el control de la alcaldía. El segundo golpe fue el caso Errejón y la ruptura consiguiente.

Carmena quiere no sólo ocupar todo el espacio en la izquierda madrileña, al menos el municipal, sino condicionar a la propia comunidad autónoma y provocar casi una “implosión” en su competidor, que ya no es la derecha sino Podemos. Corre un altísimo riesgo, y es entregar tanto Ayuntamiento como Comunidad a la alianza entre PP y Ciudadanos con apoyo de Vox (la repetición del caso andaluz). Las encuestas apuntan en esta dirección.

Errejón, Pablo, la abuelita y la “operación Chamartín”

Pero hay más, mucho más. Privan los intereses espurios. La situación carece de lógica, no se entiende: Errejón tendría más posibilidades con el apoyo férreo de Podemos que con la “tibieza” militante que puede encontrar tras la “espantada”. El ego desmedido de los dos gallos de pelea y los tejemanejes de la abuelita no justifican el riesgo de perder Alcaldía y Comunidad.

Se apuntan otros factores. De nuevo se alza el fantasma del “pelotazo” inmobiliario, que ahora ya no se llama “Operación Chamartín” sino Distrito Castellana Norte (DCN). Lo insinuó Irene Montero por Twiter cuando dijo: “Estaremos frente a quienes quieran consumar esta operación que tanto suena a corrupción”.

Será la votación más importante del Ayuntamiento de Madrid antes de las elecciones y será la última que dividirá a Ahora Madrid. La votación en octubre del Plan Parcial evidenció las divisiones que ya eran irreconciliables: mientras el segundo teniente de alcalde, Mauricio Valiente, y otros ediles votaban en contra, Rita Maestre y 5 concejales, que habían abandonado las filas de Podemos para no presentarse a las primarias, votaban a favor.

Estaba escrito con letras de fuego en el programa electoral: la paralización del mayor pelotazo urbanístico de Europa en los últimos 25 años. De nuevo, el refranero popular aplicado a la política: “Donde dije, digo Diego”. De nuevo, la ética política de la que presumían algunos cargos municipales quedaba reducida a cenizas.

El proyecto iniciado hace 25 años y por donde han transitado alcaldes del PP y del PSOE, fue relanzado finalmente por Ana Botella, en 2015. En aquel momento, Manuela Carmena afirmó: “El proyecto está “muerto”. Sin embargo, como el ave Fénix, renace de sus cenizas.

En síntesis: se crea una nueva ciudad de “alto standing” en la zona norte de Madrid en un suelo 80% público y del cual se reserva un 20% para viviendas con algún tipo de protección (aún no se sabe cuál).El oscurantismo del proyecto es una de sus señas de identidad. El diario.es ha revelado muchas de sus claves. Ha evidenciado como el proyecto ha ido modificándose en beneficio de la parte privada (y aún faltan por publicar documentos secretos que pueden arrojar luz sobre el tema). De acuerdo a la documentación existente, el gran perdedor es el propio Estado, que tendrá que asumir las reclamaciones por las expropiaciones a ciudadanos particulares en estos 25 años.

El proyecto acumula un record histórico. Las 3.500 alegaciones vecinales en contra superan con creces las 2.200 de la época de Ana Botella. Nunca antes un proyecto urbanístico había generado tanta oposición vecinal (AAVV, IU, grupos ecologistas, colectivos ciudadanos, sociedad civil….).

En 2015, Podemos y su anterior marca electoral, con Carmena a la cabeza, hicieron bandera del rechazo al proyecto. Hasta ahora, eran el dique que impedía aprobar y poner en marcha la urbanización. El proyecto querido por la sociedad civil representaba unas 3.000 viviendas sociales. Carmena olvida el programa electoral por el que fue elegida y decide desarrollar el proyecto definitivo, más al gusto de los grandes inversores. La recogida de firmas en contra del proyecto en el mes de octubre y noviembre, con cientos de cargos públicos, militantes y simpatizantes en contra, no modificó la posición de la alcaldesa. La ruptura en el seno de Podemos facilitó los tejemanejes de la alcaldía.

Las cifras

En cifras, es una operación enorme: el BBVA, el inversor principal, realiza un desembolso de más de 1.200 millones de euros. El Ayuntamiento invertirá más de 300, la Comunidad, por encima de 20 y Adif, otros 200. La cifra de la inversión supera los 1.700 millones. El proyecto es gigantesco e incluirá uno de los rascacielos más altos de Europa. La rentabilidad para los inversores está asegurada puesto que ADIF, propietaria de 1.2 millones de metros cuadrados, venderá los solares a la mitad del precio de mercado.

Según estimaciones, los ingresos para el BBVA podrían superar los 10.000 millones de euros, una cifra que marea. Es una nueva ciudad en la parte más cara de Madrid con 10.500 viviendas, donde el precio del metro cuadrado podría superar los 5.000 euros. Además, la última modificación del proyecto permite al BBVA vender al día siguiente, sin desarrollar ni poner un solo ladrillo. Negocio redondo.

En 2001 (en la época Aznar), la Dirección General de Infraestructuras de Renfe elaboró un informe donde pedía a Fomento que rompiera el acuerdo por el “grave perjuicio a los intereses públicos”. Según ese dictamen, el BBVA y la constructora San José acaparaban 2 millones de metros cuadrados de forma “indebida y gratuita”. Francisco Álvarez Cascos, a la sazón ministro de Fomento, ignoró el documento y firmó otro aún más beneficioso para el BBVA y la inmobiliaria. Los proyectos han ido cambiando siempre a favor del banco.

El ejecutivo de Manuela Carmena ha decidido llevar adelante el proceso. La modificación del Plan Parcial se aprobó en Junta de gobierno en octubre y debe pasar a Pleno antes de las elecciones. El proyecto cuenta seguro con los votos de toda la derecha, PP y Ciudadanos así como del PSOE. Es una acción a todas luces incomprensible. Puede tener un alto costo electoral y más con la evidente fractura en Podemos. La maniobra, que incluye la recalificación parcial y la nueva alianza Carmena/Errejón puede entregar Alcaldía y Comunidad Autónoma al “tripartito derechista”.

El único dique existente, pero ahora roto, era Podemos y la presión que pudiera ejercer sobre Manuela. El dúo Errejón/Carmena impondrán a la dirección del partido morado, que ha salido muy mermada del envite (el gran perdedor es Pablo Iglesias), su no oposición al proyecto de urbanización.

La ruptura del núcleo dirigente de Podemos, se insinúa la salida de los anticapitalistas de la organización, constituye de alguna forma el canto del cisne para esta organización; al menos, tal y como la conocemos. La huida de Errejón deja de manifiesto, una vez más, que para algunos dirigentes el discurso (aquello de la democracia interna, rendición de cuentas a los militantes, control de las bases…) no es más que reclamo mediático. El cesarismo de los personajes conlleva, como estamos viendo, consecuencias indeseables.

Pero, de todas formas, las preguntas sobre el caso madrileño se atropellan:

¿Por qué ahora? ¿Sólo por un conflicto de egos?

¿Por qué arriesgar la alcaldía y comunidad después del dominio de la derecha más corrupta de la historia de España?

¿Hay fuerzas oscuras detrás de este proyecto de subordinación de Podemos y sus grupos afines a la figura de Manuela Carmena, que ha demostrado estar en la órbita del PSOE o más a la derecha? Su última declaración, dando apoyo al golpista Juan Guaidó, así lo demuestra.

Seamos claros. En la tesitura actual, si Manuela Carmena gana llevará su proyecto adelante y el BBVA y la especulación ganan. Si pierde Carmena el BBVA y los especuladores siguen ganando. De una forma u otra, ¡¡La banca siempre gana!!

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