Gaza, una mirada a los ojos de la barbarie, Premio Goya

Alba Peraleda||

Periodista||

El 24 de julio de 2014, publicábamos en las páginas de Crónica Popular un artículo titulado “Gaza no está sola”, en el que dábamos cuenta de la imponente manifestación de solidaridad con el pueblo palestino y de condena del Estado de Israel, en la que participaron el 17 de julio de 2014 miles de madrileños (https://www.cronicapopular.es/2014/07/gaza-no-esta-sola/).

Hoy, transcurridos casi cinco años de los hechos narrados en el mencionado artículo, nos congratulamos de que el cortometraje Gaza, que se refiere precisamente a los intensos bombardeos de que fueron víctimas la Franja y sus habitantes, en el verano de 2014, se haya llevado el Premio Goya 2019 al mejor cortometraje documental.

 

Dirigido por Carles Bover Martínez y Julio Pérez del Campo, estaba previsto que se proyectaría el 1º de febrero, a las 19:00 en la Parroquia San Carlos Borromeo. No fue así, porque, hete aquí que, al parecer, bajo presiones de Israel, hubo que suspender la proyección por orden del cardenal de Madrid. Nos cuesta creer que un alto dignatario de la Iglesia Católica se haya sometido a las presiones de un Estado teocrático de otra confesión religiosa, aunque, después de todo, ambos funcionan movidos por los mismos dogmas y los mismos resortes, cuando se piensa estar en posesión de la Verdad Única, cada uno la suya, claro. Afortunadamente, la mano larga de Israel no llegó hasta el Jurado de los Goya, que decidió conceder a Gaza el Goya 2019 al mejor cortometraje documental. Lo sentimos por Israel, cuyo sentido de la “democracia” pone una vez más al descubierto este cortometraje.

Conocemos la situación del territorio por algunas palabras que aparecen en pantalla, pero, sobre todo, a través de las potentes imágenes que desfilan ante nuestros ojos y que nos cortan el aliento. Desde 2007, el bloqueo de la Franja de Gaza por el ejército israelí impide la entrada y salida de alimentos y de personas. Debido a los intensos e incesantes bombardeos, la Franja de Gaza solo dispone de tres horas de electricidad al día, y padece una gran penuria de víveres y de materiales de construcción. Las escenas de Gaza que desfilan ante nuestros ojos muestran que la destrucción del territorio es total: viviendas, hospitales, escuelas. Sistemático, deliberado e indiscriminado. No hay prácticamente un edificio que se mantenga en pie, en el que no haya una pared derruida, un enorme boquete causado por algún proyectil. Se ven cadáveres por doquier, muertos alineados cubiertos de blancos sudarios, en medio de escombros. Entre los cadáveres, se ven los de muchos niños.

La cámara se mueve luego a algunas aldeas de la Franja.:

JAN YUNIS. Aquí, en una casa medio en ruinas, vemos a una familia preparando la comida encima de un fuego de leña en el suelo. Un campesino explica que en un campo plantaba antes apio, cebollas y trigo, pero que los israelíes habían destruido todos los cultivos con sus tanques y echando pesticidas. A pesar de todo, seguían trabajando la tierra. “Somos agricultores, no somos unos vándalos”, protesta el hombre. Pero los tanques entraban y lo destruían todo. Confiesan tener miedo y que los niños viven aterrados. “Pero ¿a dónde vamos a ir?”- se lamenta- “Ésta es nuestra casa”..

BEIT HANUN. “Cuando ellos nos bloquean, cuando ellos nos aíslan, son ellos los que crean a terroristas”, dice un hombre vestido a la europea, que se expresa en inglés. Vemos escenas de destrucción y de ruina y, en medio, un niño muy pequeño con la mirada perdida. Y los niños siguen, a pesar de todo, jugando entre las ruinas.

JAZAA. En esta aldea acapara todas las escenas una mujer que expresa su dolor en términos desgarradores. Cuando entraron los tanques israelíes, estaba desayunando con su hija, aquejada de parálisis infantil y en silla de ruedas. Sin saber cómo la madre la perdió de vista y cuando la encontró estaba en el suelo y no podía levantarla. Estaba muerta con múltiples heridas. “¿Qué mal podía hacer una persona en estas condiciones? Mataron a una niña paralítica de 17 años”- exclama la mujer rota de dolor y alzando sus brazos al cielo. Las imprecaciones de esta mujer recuerdan las de una madre en una tragedia antigua griega. Increpa a los israelíes, los maldice, los acusa de ser unos asesinos a sangre fría, porque eran gente sin sentimientos ni el menor rasgo de humanidad.

La gente no puede vivir en las casas porque no son seguras.

HOSPITAL AL-WAFA NUEVO. Las últimas escenas del cortometraje, quizá las más desgarradoras, tienen lugar en este hospital, donde yace en una cama el niño de dos años y medio, Suhail, rescatado de entre las ruinas del edificio, en el que vivía. El niño no habla, no balbucea, solo lloriquea y emite quejidos como un animal herido. Incapaz de responder con una sonrisa a las caricias que le prodigan las enfermeras y el personal del hospital, mira con ojos extraviados por el terror vivido. La imagen de este niño es aterradora, nos remueve las entrañas, nos rompe el alma. No podemos apartar su rostro y su mirada de nuestra mente. Permanece allí grabada, sin poder evitar que asomen a nuestros ojos las lágrimas.

Les recomendamos que vayan a ver este cortometraje. Vale la pena.

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