Jesús Pichel:La política, como Saturno, devora a sus hijos.

enCandela
Jesús Pichel*||

Sobre todo entre (neo)liberales y conservadores, ya es un lugar común criticar la profesionalización de la política, a los políticos de partido que no han trabajado más que en el propio partido y en la administración pública, sea por elección o por nombramiento, y reivindicar el acceso a la actividad política de lo que retóricamente llaman sociedad civil: profesionales no afiliados a un partido, aunque afines a su ideología, que han desarrollado una exitosa carrera al margen de la política institucional.

Pese al desasosiego que provoca entre los militantes de toda la vida, ya desde hace años y con frecuencia, jueces, actores, deportistas, profesores, médicos, escritores, periodistas, economistas, empresarios, exmilitares, etcétera no afiliados han sido fichados por los partidos para robustecer sus listas electorales y dar más visibilidad a su candidatura resaltando las virtudes personales de la nueva incorporación. Un ejemplo más de la comprensión personalista y no colectiva de la política actual.

Son los fichajes estrella. Que sepamos, el último de esos fichajes ha sido Pepu Hernández, un respetado y admirado profesional del baloncesto, entrenador de éxito en su equipo de siempre, el Estudiantes del Ramiro de Maeztu, y en la selección, que ha sido propuesto por el Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, para encabezar la lista por Madrid en las elecciones municipales del 26 de mayo próximo, si lograse ganar las primarias internas.

Pero la política así entendida, como Saturno, devora a sus hijos: a degüello se va contra los políticos profesionales y con la misma saña se tritura a esos fichajes estrella en cuanto asoman los primeros rayos, criticando su inexperiencia política y escudriñando su pasado hasta encontrar cualquier asunto que los descalifique.

Sin duda, es necesario saber si quienes pueden ser nuestros representantes son fiables y capaces o no. Tan necesario como distinguir qué conductas inhabilitan realmente para acceder a la política. Cuando los criterios morales son dispares —y los intereses políticos e ideológicos contrapuestos—, no se me ocurre criterio más objetivo para discriminar lo ilícito de lo lícito que el de la legalidad democrática.

*Profesor de Filosofía. https://alomosdeunapantera.blogspot.com

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