Venezuela: Independencia o barbarie (III).Trump muestra sus cartas

Eduardo Luque Guerrero||

Periodista y analista||

El discurso fue el 18 de febrero, en Florida; la perorata del presidente Trump había sido ampliamente publicitada y era muy esperada. Fue una alocución revestida de mitin en una Estado clave para las elecciones del 2020. Se perseguían dos objetivos: el primero era consolidar la retórica belicista; el segundo, dar aire a una oposición alicaída y desunida. A Juan Guaidó le queda muy poco margen político. Necesita una victoria, aunque sea simbólica, el día 23. El antichavismo buscará ese día retomar la ofensiva política bajo el paraguas de la “ayuda humanitaria”. Si no es así, el “Golpe de Estado”, que se pretendía que fuera inmediato, y rápido habría fracasado.

El discurso de Trump hemos de analizarlo, también, en clave electoral. Se quería mantener contenta a la cada vez más influyente masa electoral venezolana residente en Florida. Las palabras de Trump nos proporcionan las pistas decisivas de cuál es la situación. El mandatario reconoce que es el ejército venezolano la clave para “restaurar la democracia” y, por otra parte, evidencia con sus palabras que la FANB1 mantiene férreamente la cadena de mando alrededor de Maduro. Sin el ejército, nacional o extranjero, Juan Guaidó no es nadie. Las crudas sanciones, la presión psicológica no es nada si en última instancia depende todo de una variable que EEUU no controla, las FANB.

EstrategiadeSeguridad Nacional: el caso latinoamericano.

Sabemos que el presidente norteamericano es prácticamente ágrafo (exceptuando los tweets) y que no suele leer documentos extensos. Es así que sus asesores que representan el “estado profundo” le redactaron en 2018 la denominada “Estrategia de Seguridad Nacional”. Este documento orienta la política exterior en este periodo. Las palabras del presidente fueron una adaptación, al ámbito latinoamericano, de este documento.

Estados Unidos se arroga el derecho, para evitar que se desafíe su hegemonía por parte de China y Rusia, de utilizar todos los recursos políticos, militares o económicos para seguir manteniendo la supremacía geopolítica. Es un documento que rompe con las tesis de anteriores presidentes como Bush y Obama y lo remite al lenguaje de la Guerra Fría. El objetivo estratégico de Donald Trump es reducir la presencia de China y Rusia en áreas de especial interés geoestratégico para Norteamérica. En este caso, Venezuela.

En cierta forma, es una vuelta a la doctrina Monroe. Latinoamérica es considerada como una zona exclusiva de intervención norteamericana que aportará un flujo de recursos naturales que impulsen el “America, First”. Por otra parte, es un modo de reforzar su propia moneda, cada vez más cuestionada en el ámbito internacional. La posesión de ingentes reservas naturales reforzaría su posición como medio de intercambio.

Caracas hace tiempo que está cuestionando ese medio de intercambio, al realizar sus transacciones energéticas en rublos, rimin biao o euros. Eso es una afrenta insufrible para Washington. EEUU necesita urgentemente reafirmar su posición geoestratégica a nivel mundial. Las grandes megacompañías energéticas como Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Halliburton… etc., hace tiempo que fijaron sus codiciosos ojos en las reservas petrolíferas y gasísticas venezolanas.

De conseguir sus propósitos, EEUU haría salir a Venezuela de la OPEP, consiguiendo que Wall Estreet impusiera el precio del crudo en el mercado global. EEUU aumentaría, además, la tasa de beneficios reduciendo los costos de transporte del crudo desde los 12.000 km actuales a los 1.000 de los yacimientos venezolanos. Para EEUU, hay otro recurso básico además del oro, la bauxita, la biodiversidad de la selva, el coltán, el niobio o el torio del subsuelo venezolano y es el agua dulce, bien cada vez más deseado por compañías como la Coca-cola, dispuesta, como lo intentó en Bolivia, a privatizar ese recurso básico.

La erosión del Estado –nación

La política de “golpes blandos” justificada por la corrupción y los propios errores del progresismo latinoamericano (creyeron que la oposición respetaría los procedimientos democráticos) ha provocado la erosión de los Estados -nación en el continente. Es el elemento esencial en toda esta estrategia. La visión norteamericana apunta a una fase de dominación que llamaríamos de espectro completo (la destrucción de las estructuras del Estado), utilizando los esquemas de la guerra híbrida.

Es decir, una guerra no convencional donde a la expansión de las sanciones económicas se una la manipulación mediática, la instalación de bases militares que controlen los diferentes objetivos, el socavamiento del poder político de los Estados y el uso al final de mercenarios para luchar “contra la corrupción, contra el crimen organizado o llevar ayuda humanitaria”. Donald Trump dice mantener sobre la mesa la “opción militar”; en realidad, carece de una ruta clara para poder llevarla a la práctica.

¿Qué se espera el 23 F?

Elliott Abrams, el criminal nombrado para promover la guerra, había reconocido que no podía fijar una fecha para la destitución de Maduro. El discurso presidencial acentuó esa realidad y evidenció sus propias limitaciones. Trump acabó reconociendo que “algún día” la libertad volvería a Venezuela, lanzando de hecho un jarro de agua fría sobre la oposición antichavista ansiosa por tomar el poder. El 23 F no habrá intervención. No están dadas las condiciones. Con ello, no queremos decir que no se produzcan provocaciones de “falsa bandera” en la frontera. Pero de ahí a una intervención masiva por parte norteamericana media un abismo.

Washington precisaba de dos precondiciones necesarias para implementar el golpe de Estado: la primera era conseguir una fractura militar y la segunda generar un escenario de guerra civil que condujera a la necesaria “intervención humanitaria”. Ninguna de estas dos premisas se cumple. Nicolás Maduro se mantiene en funciones y la movilización popular en defensa de la legitimidad democrática no decae. La economía venezolana se direcciona hacia nuevos mercados que le permitan reducir el impacto de las últimas sanciones económicas (el aumento de ventas de petróleo a la India, la venta de oro en Qatar, que le permite disponer de liquidez, los acuerdos con Turquía, a quien vende arena aurífera para transformarla en lingotes, la ayuda financiera de Rusia y China…).

Con su presencia en los cuarteles, Nicolás Maduro mantiene cohesionadas en torno a su figura a las Fuerzas Armadas y está gestionando las relaciones internacionales de forma tal que la propia ONU lo sigue reconociendo como presidente legítimo2. Maduro mantiene unificada la infraestructura institucional del Estado. Mientras, el autoproclamado Presidente sigue durmiendo en la embajada de Colombia, usa un escritorio prestado y nombra embajadores que no pueden tomar posesión de las sedes diplomáticas o consulares en el extranjero. Como hemos dicho en anteriores ocasiones, Juan Guaidó ni ejerce el poder ni tiene dónde ejercerlo.El fiasco en la toma de la embajada en Costa Rica, que le ha costado la reprimenda de este país, revela su desesperación.

¿Emergencia humanitaria? Sí, pero en EEUU, Inglaterra y España

La propaganda antichavista, sobre todo en Occidente, se supera cada día a sí misma. ¿Existe, tras veinte años de embargos, una emergencia humanitaria en Venezuela? Según los parámetros de la ONU, parece que no. En 2013, el Presidente venezolano era galardonado por la ONU por su “lucha contra la pobreza”. Se reconocía así que el esfuerzo del gobierno por erradicar esa lacra en el país dió frutos a través del “proyecto hambre cero¨. Venezuela no es Haití, ni Yemen, ni Sudán o Etiopia. Así, pues, ¿por qué Occidente no ayuda a Haití y destituye a su presidente, que trafica con el petróleo casi regalado que proporcionaba Venezuela? El cinismo del mundo occidental hacia Venezuela alcanza cuotas inimaginables.

La emergencia humanitaria existe en muchos países, también en Occidente. EEUU es la primera o segunda potencia mundial, paladín de la democracia y tierra de promisión, pero también es el país donde 48 millones de personas pasan hambre. Uno de cada cinco niños norteamericanos está en riesgo de padecer malnutrición. Si, además, eres afroamericano, la proporción sube a uno de cada tres. Nunca, desde la gran depresión de 1929, EEUU había sufrido una tasa de inseguridad alimentaria como la actual.

El Reino unido es la quinta economía mundial. Es uno de los países más agresivos contra la Venezuela de Maduro, como antes lo fue contra Chávez. Su argumento: Maduro mata de hambre a su pueblo; por lo tanto, es necesaria la “ayuda humanitaria”, aunque sea a cañonazos. Pero, la realidad en el Reino Unido es aterradora. Una de las asociaciones más activas en el campo de la lucha contra el hambre, “The trusell trust”, dibuja en sus informes un escenario devastador: 14 millones de personas viven en la pobreza (dificultades para tomar tres comidas diarias) y de ellos, 4,5 millones son menores de 15 años. Esta organización que hace 10 años contaba con medio centenar de Bancos de Alimentos ahora gestiona más de 1.200.

El hambre en Reino Unido creció en 2018 respecto al año anterior en un 13%. Los sindicatos de profesores de todo el país lo denuncian: sus alumnos llegan a la escuela cansados porque no han desayunado, rebuscan en las papeleras de la escuela o en los contenedores antes de llegar a clase. Tal es la situación que, desde el Parlamento Británico, se sugiere que se cree el “Ministerio para el hambre”. El Informe elaborado en noviembre del 2018 por el profesor Philip Alston, Relator especial de las NNUU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos es absolutamente aterrador.

España es, según las estadísticas, el tercer país europeo en desigualdad por detrás de Rumanía, Bulgaria y empatando con Lituania. Nuestro país tiene, con cifras del 2018, 10.2 millones de personas por debajo del umbral de pobreza, que se traduce en una tasa de pobreza del 22.3%. Según UNICEF, también somos el tercer país en pobreza infantil de la UE, por detrás incluso de Rumanía y Grecia, y, lo que es aún peor, lo somos tanto en pobreza relativa como en pobreza estructural. ¿De qué presumimos? ¿Qué tenemos que enseñar a Venezuela?

El futuro inmediato.

El bloqueo y la provocación, sin duda, se intensificarán. Ni Guaidó ni Trump quieren una solución política. El objetivo son las medicinas y los alimentos de primera necesidad. Nada nuevo, por otra parte. En noviembre de 2017, se retuvieron en la frontera colombiana medicamentos contra la malaria y el paludismo, gracias a la Orden Ejecutiva de la Casa Blanca (curiosa forma de proceder cuando una orden ejecutiva interna acaba siendo de obligado cumplimiento para un tercer país). Se daba así la paradoja de que Estados Unidos seguía comprando petróleo para las refinerías del sur, especialmente California, mientras imponía restricciones a los países que comerciaran con Venezuela.

En paralelo, el Citibank había congelado fondos de las cuentas del Estado venezolano para la compra de insulina para los enfermos. Las sanciones obligaron a los buques contratados para el transporte a fondear en puertos internacionales. Fue la India la que pudo transportar, finalmente, el cargamento.

En estos momentos, son tres los puntos donde se acumula la “ayuda humanitaria”, que corresponden a los países interesados en la intervención: Aruba, en Brasil, Cúcuta, en Colombia y Curaçao, territorio autónomo dependiente de Holanda, donde se concentra la ayuda humanitaria de la UE.

El Reino de España: de colaborador necesario a vasallo del Imperio

El gobierno de Pedro Sánchez es reo de sus propios gestos: acabará con las manos manchadas de sangre si se produce la intervención. El ex-presidente español se ha alineado directamente con la estructura militar de EEUU (en estos días, una fragata española, la Méndez Núñez CVN-72, está participando en la preparación de la intervención, como apoyo al portaaviones Abrahán Lincoln y su flota de ataque). El comportamiento irresponsable del ejecutivo en funciones acentúa el padecimiento del pueblo venezolano.

En los últimos días hemos sabido que un cargamento de insulina (252 paquetes con un peso de 590 kilos) y medicinas contra la hipertensión (200.000 unidades), compradas por una empresa privada venezolana con destino a Caracas y procedente de Qatar (vuelo QR-147), habría debido ser transbordado en Madrid el 12 de febrero al vuelo de Iberia IB-6673 para su transporte a destino. El importador fue informado por las autoridades españolas de que el cargamento había sido devuelto a origen, sin más explicaciones. Lo más asombroso del caso es que la aerolínea española mantiene vuelos comerciales con Caracas de forma regular. Pero ¿quién manda en la política exterior de España?

Continúa la partida geoestratégica

EEUU no ha conseguido los apoyos suficientes para iniciar la intervención bajo el paraguas de la legitimidad internacional. Incluso los “vasallos” europeos matizan sus discursos. Moscú ha enviado señales inequívocas de apoyo a Caracas. Si EEUU donó 200 Tm de Kits de limpieza personal como “ayuda humanitaria”, Rusia hará llegar más de 300 Tm de productos médicos en tres aviones militares. Mientras, y en una acción menos mediática, Cuba y China envían más de 1.000 Tm de medicinas.

El apoyo de la India a la compra de petróleo venezolano, desoyendo las amenazas de Trump, revela que cada actor comienza a actuar en función de sus intereses. Incluso dentro de los aliados más fieles cunde la preocupación: los enfrentamientos entre el presidente brasileño y su entorno familiar a favor de la intervención directa, chocan con la posición del vice-presidente (un militar) que teme por la pérdida de las inversiones chinas en el país. Depende de la evolución de la crisis, el que Brasil deje de ser una potencia en ciernes para aceptar nuevamente el papel de vasallo.

Como hemos señalado, se vuelve a reeditar la doctrina Monroe, aunque con una diferencia: no se pretende conquistar y conservar militarmente el territorio, sino que, siguiendo la doctrina del General Artur Cembrowski, se trata de destruir el Estado para adueñarse de sus riquezas naturales y decidir que otros países tienen acceso a esas materias primas. Una vez destruido el Estado, se trata de mantenerlo en la anarquía. La inexistencia de una burguesía nacional que no sea dependiente del gigante norteamericano permite estos planteamientos.

Maduro tiene razón. No es sólo la revolución bolivariana la que está en peligro. El objetivo de Washington es la destrucción total de Venezuela como Estado y entidad jurídica.

  1. Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
  2. Guaidó sólo ha sido reconocido por 40 de los 197 que la forman.

El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.

1 comentario de “Venezuela: Independencia o barbarie (III).Trump muestra sus cartas

  1. Armando Sánchez
    24 febrero, 2019 at 10:01

    Está claro los motivos del intervencionismo yanki, con el apoyo de paises occidentales.
    El que destacaria seria el de la destrucción del Estado, que no sólo facilitaria la apropiación de sus recursos naturales, sino el éxito destructivo ideologico. Dando un golpe al proyecto revolucionario del Socialismo en Venezuela, y por ende, al ALBA.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *