80 años después: el campo de concentración de Argelès-sur-Mer

María Rosa de Madariaga||

Historiadora||

À la mémoire des 100.000 républicains espagnols, internés dans le camp d’Argelès lors de la RETIRADA de février 1939. Leur malheur: avoir lutté pour défendre la Démocratie et la République contre le fascisme en Espagne de 1936 à 1939. Homme libre, souviens-toi.

(A la memoria de los 100.000 republicanos españoles, internados en el campo de Argelès, tras la RETIRADA de febrero de 1939. Su desgracia: haber luchado para defender la Democracia y la República contra el fascismo en España de 1936 a 1939. Hombre libre, acuérdate.)

Así reza la estela conmemorativa colocada en la playa norte de lo que antaño fue el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, situado en el Departamento francés de los Pirineos Orientales, en la región del Rosellón.

Tras el desplome del frente catalán a finales de enero- Barcelona caía en manos franquistas el 26 de ese mes- fue la desbandada general. Miles y miles de personas, de toda edad y condición, a pie, en carretas, en camiones y en vehículos oficiales y particulares, se agolpaban en la carretera que conducía a Francia, intentando cruzar la frontera con el país vecino. El gobierno francés, después de múltiples vacilaciones, optaba por abrir la frontera el 28 de enero, a la población civil- mujeres, niños y paisanos- y el 5 de febrero permitía la entrada, en su territorio, del elemento militar, a condición de entregar las armas.

Frente a los solo algunos miles de refugiados que el gobierno francés esperaba cruzaran la frontera, los que llegaron a cruzarla ascendían a cerca del medio millón. Cogido desprevenido por aquella avalancha humana que se le venía encima, tuvo que improvisar rápidamente lugares en los que instalarlos. El ejército construyó de prisa un campo rudimentario destinado a los hombres. El campo de Argelès-sur-Mer consistía en un terreno pantanoso rodeado por el mar, y una playa desierta, dividida en rectángulos de una hectárea cada uno, y rodeada de alambradas. Cuando se produjo la llegada de los primeros refugiados se construyeron primero algunos abrigos de fortuna, que pronto resultaron insuficientes para la multitud que afluía. Al cabo de tres días había ya un “campo”, rodeado de postes con alambradas de cuatro hileras o más.

Un segundo “campo” colindante, con dos o tres barracones, limitado por postes y una hilera de alambradas; luego, un tercero, un cuarto, un quinto, con solo postes más o menos espaciados, y así sucesivamente. La playa de Argelès era una playa desnuda, batida por los vientos, en la que los refugiados se veían obligados a excavar agujeros en la arena para protegerse de la intemperie y las inclemencias meteorológicas. El invierno de 1939 fue uno de los más fríos del siglo.

Allí permanecieron hacinadas cerca de 100.000 refugiados españoles, con una rama o una vieja manta por techo. La falta de higiene, el frío y la subalimentación causaron epidemias. En los primeros meses del campo, cuando los barracones, el agua potable y los servicios de higiene escaseaban, los muertos se contaban por decenas. Si las condiciones de existencia en el campo eran ya deplorables, a ellas hay que añadir la estricta disciplina militar a la que los refugiados estaban sometidos, estrechamente vigilados por diversos cuerpos de tropas o por guardias móviles, muchos de ellos pertenecientes al ejército colonial francés como los tiradores senegaleses. El acceso al campo estaba prohibido y los internados en él tampoco podían salir más que para realizar tareas penosas.

Aunque Argelès-sur-Mer fue el primer campo de refugiados españoles y también el más importante de todos, el que albergó a más personas, ante el incesante flujo de refugiados fue necesario abrir nuevos campos, como Saint-Cyprien y Barcarès, situados también en las playas. Si la actitud de las autoridades francesas dejó bastante que desear, por decirlo suavemente, la población local tuvo con frecuencia hacia ellos gestos de solidaridad. Todavía hoy, los habitantes del pueblo de Argelès recuerdan con emoción la Retirada. Entre ellos y los refugiados españoles se tejieron lazos de amistad y fueron muchos los republicanos españoles que eligieron como segunda patria el Rosellón.

Por el campo de Argelès-sur-Mer transitaron más de 220.000 personas. Además de los republicanos españoles, el campo albergó a gitanos, judíos y antifascistas de diversos países europeos. En él perecieron 216 republicanos españoles, de los que 70 eran niños. Argelès permaneció abierto hasta 1941.

Diseminados en varios departamentos del sur de Francia, hubo otros muchos campos de concentración, en los que los refugiados republicanos fueron distribuidos según su clasificación en categorías: Gurs (Béarn), en el que fueron internados sobre todo vascos y miembros de las Brigadas Internacionales; Vernet-les-Bains (Ariège), para los declarados “indeseables”, entre los que se contaban los miembros de la ex columna Durruti, es decir, anarquistas; Rivesaltes (Pirineos Orientales) y Agde (Hérault), que albergaban sobre todo a catalanes; Bram (Aude) y Septfonds (Tarn-et-Garonne), destinados fundamentalmente a albergar a “técnicos y obreros cualificados”, que no tardaron en convertirse en mano de obra barata o esclava para muchos empresarios franceses. Pero, quizá, de todos ellos el que más persistió en la memoria colectiva como “campo de concentración” por antonomasia para los refugiados republicanos españoles en Francia fue el de Argelès-sur-Mer.

En él estuvo internado un tío materno de la que escribe estas líneas, que había luchado como observador en la Aviación republicana. Cuando mi familia consiguió sacarlo de aquel infierno, estaba ya a punto de perecer deshidratado, con una terrible disentería, después de tomar como alimento solo unos granos de arroz mezclados con arena de la playa.

A todos estos campos de concentración empezaron más tarde las autoridades francesas a llamarlos púdicamente “campos de internamiento”, para diferenciarlos de los campos de concentración alemanes, la mayoría de los cuales eran no solo campos de concentración, sino también de exterminio.

Las asociaciones memorialistas de republicanos españoles en Francia luchan hoy por recuperar la apelación original de “campos de concentración”, porque, sin andarse con eufemismos, eso es lo que eran.

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4 comentarios de “80 años después: el campo de concentración de Argelès-sur-Mer

  1. Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye
    16 marzo, 2019 at 12:32

    Magnífica recordación.

  2. Ozemanuel
    19 marzo, 2019 at 12:42

    Con todos sus defectos, fueron los franceses los únicos en Europa que aceptaron a los refugiados españoles, aún sin poder atenderlos y contra una opinión pública radicalmemte opuesta a la del gobierno

  3. Fabiola
    8 junio, 2019 at 10:43

    Buenos días.
    Querría preguntar si se puede averiguar, de alguna manera, los nombres de los españoles que estuvieron en el campo.
    Quedaría muy agradecida. Mi padre estaba entre ellos.

  4. Fabiola
    8 junio, 2019 at 10:51

    Perdón, quería decir que creo que mi padre pudo estar entre ellos, pero no estoy segura. Por eso, la pregunta.
    Gracias de nuevo.

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