El PEPP: el austericidio de las pensiones públicas. Los nuevos adivinos (I)

Eduardo Luque Guerrero||

Periodista y analista||

Los economistas juegan en época de crisis el papel ancestral del adivino. En lugar de redomas, vísceras de animales o retortas, se cubren con cifras o ecuaciones. Al nuevo nigromante le aúpan los datos supuestamente exactos: las cifras los entronizan, su lenguaje ininteligible a fuerza de repetido acaba siendo incognoscible para el común de los mortales.

Los augures modernos se amparan en una supuesta cientificidad que los blinda de la crítica social, convirtiéndolos, en la mayoría de los casos, en auténticas aves de mal agüero. La mayoría (al menos los más conocidos: Carmen Reinhart, Santiago Niño Becerra, Kenneth Rogoff o Xavier Sala Martín) están aferrados a los postulados neoliberales y sólo predican el apocalipsis, la resignación, en la espera de que algún día se produzca, por fin, la resurrección de los muertos y el final de la crisis.

El nuevo augur, en forma de economista neoliberal, habla y el todopoderoso fondo de inversiones se frota las manos: cada palabra es un cero más a añadir en la cuenta de resultados. Todo desde la asepsia de la ciencia y el beneplácito del poder político. Estos ladrones de corbata blanca ya saben que los ajustes financieros del 2008 no han sido suficientes. La crisis no se ha resuelto. La bolsa sube y sube; llevamos 9 años de subidas continuas. Es el período más largo en la historia. Pero la pobreza no remite sino que alcanza a más y más sectores.

Hace mucho tiempo que el sistema pretende privatizar las pensiones. Desde 1994, o incluso antes, el Banco Mundial, el Fondo Monetario internacional, los servicios de estudios de las entidades financieras (principales interesadas en el desarrollo de los fondos privados) iniciaron una campaña sostenida en el tiempo que se renueva estos días. Nos pretenden hacer creer que las pensiones peligran. Sus previsiones se han demostrado, una y otra, vez falsas; pronosticaron la crisis de las pensiones públicas en el 2005, 2010, 2015 y ahora. Cada nuevo aviso ha venido acompañado de nuevos recortes. Hay una relación de causa efecto demostrable entre el hundimiento de las pensiones privadas y las políticas de recortes aplicadas en Occidente.

El austericidio de las pensiones públicas

Las políticas de austeridad no han impedido que la banca europea haga aguas. Se otea en el horizonte una nueva crisis financiera. En estos años, los contribuyentes europeos han salvado a 61 entidades bancarias. Nada es suficiente. Hace pocas semanas, el gobierno italiano decidió salvar a esos “pauperizados” banqueros. ¡Pobrecitos ellos! El Monte dei Paschi (El banco más antiguo de Europa), la Veneto Banca y la Banca Populare di Vicence han sido las entidades “rescatadas”. En España, un caso similar (Banco Popular) se resolvió regalando la entidad al BBVA.

Ahora, son los grandes bancos alemanes (el Deutsche Bank y el Commerzbank) los que pueden quebrar y arrastrar a la sima al sistema financiero. Uno de sus mayores accionistas, el coloso de las pensiones privadas norteamericanas BlackRock y uno de los principales afectados en caso de quiebra, ha movido sus hilos. Sus “donativos” (reconocen públicamente una inversión de 1.5 millones de euros en este campo) a grupos de lobbies de la euro-cámara han dado resultado y han parido un monstruo. El día 4 de este mes (último día hábil del actual euro-parlamento) la cámara europea vota el llamado PLAN PAN-EUROPEO DE PENSIONES PRIVADAS (PEPP).

De nuevo quieren que las clases populares paguen sus tropelías. Han puesto sus golosos ojos en nuestras pensiones. Pretenden privatizar las pensiones públicas y asegurarse que invertimos, el dinero que no tenemos, en Planes privados de pensiones europeos. Dinero que gestionarán únicamente entidades privadas, fondos de inversión como BlackRock, bancos como el mencionado Deutsche Bank, el BBVA, Banco de Santander o La Caixa, aseguradoras privadas… Todos se frotan las manos. Es un negocio colosal.

¿Qué proponen?

En la actualidad, los planes privados de pensiones en Europa cubren a 67 millones de personas: el 27% de los europeos entre 25 y 59 años. Se quiere, gracias a la obligatoriedad que insinúa el documento, que los planes de pensiones dejen de ser voluntarios. Se espera conseguir hasta 240 millones de clientes y pasar de gestionar 700.000 millones de euros a 2.1 billones, todo ello antes del 2030.

Las modalidades serían varias: una de las que se maneja es que una parte del IRPF vaya directamente a Planes Privados de pensiones.) Otra posibilidad (dependerá de la correlación de fuerzas parlamentaria) podría ser desviar una parte de los salarios a contratar estos productos financieros. En cualquier caso, de entrada, la UE renuncia a preservar las pensiones públicas. Su modelo es el quebrado sistema norteamericano. La gestión de las pensiones privadas europeas, como hemos dicho, quedaría en manos de entidades privadas, a las que se recomienda la inversión en “nuevos” instrumentos de alto rendimiento. De nuevo caminamos, como en el 2008, hacia el abismo de los productos financieros de alto rendimiento.

La propia votación parlamentaria o su concreción estarán limitadas por la respuesta social. No olvidemos que las movilizaciones de los jubilados han influido, y no poco, en la caída del gobierno Rajoy. El proyecto es tan dañino que ha sido llevado al Parlamento Europeo de tapadillo, por la puerta de atrás, para que nadie se entere. Tienen prisa y tienen miedo de que el tema se descubra y los jubilados españoles y europeos pidan cuentas a sus representantes de lo que se está aprobando en Bruselas.

El empobrecimiento de las clases populares ha sido la consecuencia del rescate bancario. La mayoría de los responsables han salido de “rositas”, muy pocos de sus directivos han sido hallados responsables de la inmensa estafa financiera. Los bandoleros de camisa blanca y corbata siguen proliferando en nuestros días: se inventaron las preferentes, especularon con el suelo, produjeron una burbuja inmobiliaria que enriqueció a muy pocos y hundió a la mayoría en un mar de desesperación. Llegaron, finalmente a inventar una palabra nueva: Plan Pan-Europeo de Pensiones Privadas (PEPP).

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