Jesús Pichel: El juicio en el supremo como educación cívica

enCandela

Jesús Pichel || Profesor de Filosofía

Las ideas y los objetivos del secesionismo catalán son claramente políticos y, por ello miso, están protegidos por la libertad ideológica y el pluralismo político que fundamentan la Constitución. Cosa distinta son las acciones. Las ideas políticas no infringen la ley, pero los actos concretos para realizarlas sí pueden ser legales o ilegales, y sus autores, responsables.

Para resolver el problema político no se ha podido o sabido encontrar la vía adecuada y ahí sigue, empantanado, afectando a la propia estabilidad del Estado y contaminando la vida política general. Tanto, que parece que ya no se distingue entre la ideología secesionista y los actos de los secesionistas.

La presunta ilegalidad de algunos de esos actos ha llevado a detenciones, a cárcel preventiva —por las graves acusaciones de la fiscalía, de la abogacía del Estado y de la acusación particular— y, finalmente, a juicio público en el Tribunal Supremo a doce de los encausados.

El juicio terminará como termine, resolviendo la legalidad o ilegalidad de los actos y sentenciando lo que corresponda. Pero no resolverá el problema político, si acaso no lo agrava excitando aún más a los más airados secesionistas o a los españolistas más exaltados.

Con buen criterio el juicio se está retransmitiendo en tiempo real y quien quiera puede verlo tanto en televisión como en prensa digital o en internet. Acostumbrados por las películas a la teatralidad del sistema judicial estadounidense, se están pudiendo ver en este la realidad, la seriedad y el rigor del procedimiento, y las habilidades de quienes intervienen en él: acusados, testigos, abogados del Estado, de la acusación particular y defensores de los acusados, fiscales y los siete magistrados que integran el tribunal.

Si como espectáculo televisivo no es particularmente atractivo, como educación cívica es espectacular. Y ni las instituciones, ni los partidos ni los medios están aprovechando para deslindar lo estrictamente ideológico de los actos presuntamente delictivos.

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