La escala represiva de Emmanuel Macron

Eduardo Luque Guerrero||

Periodista y analista||

“Siempre es el opresor, no el oprimido, quien determina la forma de lucha. Si el opresor usa la violencia, el oprimido no tendrá más remedio que responder con violencia. En nuestro caso, era solo una forma de defensa propia. ” Nelson Mandela.

Emmanuel Macron es el fruto político de nuestro tiempo. Es un hijo del márquetin. Un político carente de visión y conocimiento de su propio país. El poder de las finanzas y la ayuda de los medios lo han encumbrado a la presidencia de la República francesa. Es un gestor que ejerce de capataz, un político sordo a las demandas de una ciudadanía cada vez más excluida de los beneficios de la “modernización neoliberal”. La gestión de la crisis de los “chalecos amarillos” muestra a las claras que sólo tiene una obediencia: los grande lobbies de presión, sus financiadores y la oligarquía francesa e internacional.

Los chalecos amarillos son esa parte del país abandonada, olvidada y excluida. La represión de sus protestas, impresionante para una Estado “democrático” (12 muertos, 40.000 heridos, miles de detenidos) no han acallado las protestas, que se radicalizan cada vez más. Las nubes de los gases de la policía, los disparos con balas contra la multitud recuerdan a las clases altas que hay otra Francia al margen de la que habitan los distritos 6 y 7 de París (la llamada Rive Gauche) o el barrio del “ Quai des Orfèbres”, donde el metro cuadrado se paga a 26.000 euros.

Las pequeñas poblaciones del interior son las que sufren con más dureza la crisis. Los recortes en sanidad obligan a la gente a conducir durante decenas y decenas de kilómetros para ir al ambulatorio, llevar los niños a la escuela o realizar alguna gestión. La subida de la gasolina implica una sobrecarga financiera en sus maltrechas economías. Esa es la Francia que olvida Macron. Y esos son los franceses que salen a la calle, semana tras semana. ¿Cúantas van ya?

Ni Macron ni su gobierno, donde las crisis se suceden cada pocos meses, síntoma de las dificultades que atraviesa, son capaces de dar una respuesta. Los intentos del personaje por mejorar su popularidad han cosechado sonoros fracasos. La conmemoración del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial quedó empañada por la decisión de realizar una ofrenda a un colaborador del régimen nazi como fue el Mariscal Petain. Acuciado por la crisis de los “chalecos amarillos” el presidente de la República inició la campaña “el gran debate” supuestamente para oír las reivindicaciones de las zonas más alejadas y olvidadas del país, un nuevo fracaso. Sus relaciones con su vecino italiano se crispan. Francia retiró su embajador de Roma (Italia hizo lo propio con el suyo) por que el primer ministro italiano se había interesado por las reivindicaciones de los “chalecos amarillos”. Esa es la excusa oficial; el fondo de la cuestión es otro. De forma sistemática, Francia coloca en la frontera italiana a los emigrantes sin papeles de sus antiguas colonias, generando graves problemas para Italia. La paciencia italiana tiene un límite.

El modelo neoliberal es incapaz de dar respuesta a ese malestar social. Sólo tiene una solución y la pondrá en marcha este sábado. Los 6.000 soldados de la operación “Centinelle” desplegados en París para luchar contra el terrorismo, serán utilizados para proteger edificios públicos y zonas críticas. El general retirado Vincent Desportes ha advertido al país del riesgo que implica el uso del ejército para la represión de las marchas. El ejército es un sable, no un bisturí como puede ser la policía. ¿Qué harán los soldados si se ven acosados por la multitud? ¿Hacer uso de las armas de fuego contra los ciudadanos que les pagan y los sostienen? El Presidente de la República incapaz de entender lo que pasa y aún menos darle alguna salida que no sea coyuntural, opta por admitir que el derramamiento de sangre puede ser una solución. Si por desgracia el ejército actúa ¿qué queda después?

Macron, incapaz de dar una solución, ha emprendido el camino de la fuerza. Las imágenes de un centenar de adolescentes con la mochila a la espalda, de rodillas en el barro, las manos en la cabeza, rodeados de gendarmes armados con armas de guerra, provocó indignación y estupor. Desde ese 7 de diciembre, la tensión no ha hecho más que aumentar. El 17 de ese mes la revista Marianne daba a conocer que la policía estaba utilizando armas químicas contra los manifestantes. No eran sólo gases lacrimógenos como se dice, sino armas paralizantes que se expanden en menos de 10 segundos sobre 40 hectáreas afectando a todo aquel que respire el compuesto (sea o no manifestante). La substancia se denomina TEARGAS, está clasificada como arma química y está prohibida por su toxicidad en zonas de guerra en línea con los acuerdos internacionales.

Se están utilizando incluso otras substancias peores. Todo parece una pesadilla distópica de una película de ciencia ficción; sólo que desgraciadamente es real, muy real. Los chalecos amarillos y los transeúntes se han convertido en conejillos de indias para los experimentos con nanopartículas y marcadores químicos. Se lanzan desde drones. Se pretende que, semanas o años después, estos marcadores genéticos, que quedarían almacenados en la raíz del cabello, funcionen como unos testigos de la participación en esta o esa manifestación.

El 1 de mayo del año pasado el gobierno francés admitió el uso de marcadores químicos en los manifestantes como un experimento. Diferentes profesionales de la medicina y las Universidades1 han alertado de la utilización de esos gases compuestos y las nanopartículas como marcadores de ADN. El efecto sobre la salud evidentemente es desconocido puesto que en teoría nunca se han utilizado contra seres humanos. Los franceses tendrán ese triste privilegio.

Estos días se ha sabido que la policía, al contrario de lo que había afirmado, ha seguido utilizándolos. Se ha comprobado, así mismo, el uso de nanopartículas que quedan fijadas en el interior del cuerpo humano y pueden ser reconocidas décadas después. El gobierno francés sigue insistiendo en su inocuidad; los informes periodísticos de diversas fuentes lo desmienten.

Estas nuevas armas de “ADN” fueron desarrolladas en Reino Unido. Se han utilizado masivamente en Israel contra los palestinos. Los afectados en esa zona afirman haber contraídos varios tipos de cáncer. Aunque en las etiquetas de los productos se alertan de la posible modificación del ADN o ARN, para los vendedores todo eso no implica ningún riesgo para la salud; pero no han sido capaces de presentar ninguna evidencia científica de su inocuidad.

El debate se ha abierto y es intenso. Estas substancias, experimentadas durante años contra el movimiento palestino, fueron exportadas por una compañía israelí a Ucrania. En 2014, se utilizaron, mezcladas con substancia psicóticas, contra los manifestantes. El resultado fue un aumento de la agresividad. La policía respondió con el uso de armas de guerra con el consiguiente saldo de muertos. En 2016, se utilizaron en Macedonia contra las inmigrantes de Idomeni (los manifestantes ni siquiera estaban cerca de la policía). El mismo año, se utilizó en Brasil una substancia similar, una droga neurotóxica, que, en lugar de sedar, tuvo el efecto contrario. La policía federal cortó la manifestación utilizando fuego real.

Los chalecos amarillos son un símbolo, uno más de los futuros distópicos que nos esperan al volver la esquina. El Neoliberalismo es incapaz de dar solución a sus propias crisis como ya anticipaba aquel viejo filósofo que escribió, entre otras muchas cosas, el 18 Brumario de Luis Bonaparte. Macron es hoy ese Luis Bonaparte; su gobierno ahonda más y más la salida represiva. Su ineptitud y su estulticia profundizan la crisis de legitimidad de la República Francesa. Sus anuncios de utilizar al ejército en la represión de las movilizaciones es un peldaño más en esa escala.

La oleada represiva y la violación de los derechos ciudadanos es un aviso a la ciudadanía europea. El crecimiento de los movimientos neo-fascistas. La supresión de los derechos ciudadanos a favor de una “seguridad”, que nunca es real, dibuja un horizonte tétrico. Entre otras medidas, el gobierno francés establecerá comisionados del ejecutivo en las editoriales de los diarios y la TV para proporcionar una información “veraz”. El caso francés es un experimento. De la unidad, la coordinación y la respuesta de la ciudadanía depende que el modelo autoritario de Macron se consolide o no como un ejemplo a seguir.

 Recogidos en la página de política comité Valmy. http://www.comite-valmy.org/spip.php?article11025

 

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1 comentario de “La escala represiva de Emmanuel Macron

  1. david ruiz
    24 marzo, 2019 at 20:16

    El artículo más esclarecedor publicado hasta ahora en castellano sobre la Francia de los chalecos amarillos y Macrón. El “Comité Valmy” es mucho comité…

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