Nueve horas a Lula para el entierro de su nieto

Francisco Frutos Gras||

Ex Secretario General del PCE||

Es el tiempo que el régimen pro yanqui de extrema derecha de Bolsonaro ha dado a Lula para asistir, fuertemente escoltado por guardias armados, al entierro de su nieto Arthur, muerto por meningitis, después de haber sufrido bullyng en la escuela por la situación del abuelo. 

Además de expresar mi sentimiento solidario con el dolor del viejo compañero de luchas, quiero recordar momentos vívidos de estudio y trabajo en la acción común por la defensa solidaria e internacionalista de las reivindicaciones y derechos de los trabajadores y por su emancipación social, por la unidad para defender la libertad, soberanía e independencia de los pueblos, y por la construcción de una realidad anti capitalista en la vía del socialismo.

Es lo que compartí directamente con Lula y que continuaré compartiendo, a pesar de los esbirros que lo tienen en la cárcel para evitar que sea de nuevo uno de los principales referentes políticos de la clase trabajadora y del pueblo de Brasil. Y quiero contribuir a rescatar su legado y convertirlo en perspectiva. Una primera pregunta, no retórica, en esta línea apuntada es la siguiente para entender mejor el por qué de las cosas: ¿Por qué quieren liquidar en Brasil y en América Latina todo lo que representa Lula? Hagamos un poco de historia. 

Luis Inacio Lula da Silva procede de una familia de campesinos muy pobres que marcharon del campo a Sao Paulo para intentar mejorar su situación. Eran siete hermanos. Su padre trabajaba de estibador y la vida familiar continuó siendo de pobreza, lo que obligó a Lula, diminutivo de Luís, a abandonar sus estudios, a pesar de ser un excelente estudiante, y empezar a trabajar de limpiabotas a los 12 años, de vendedor ambulante de frutas y ayudante en una tintorería luego, hasta entrar a los 14 años en una fábrica de tornillos, hacerse tornero y perder el dedo meñique en una prensa hidráulica.

Su hermano mayor, Frei Chico, miembro del ilegalizado Partido Comunista Brasileño, fue arrestado y torturado por la Dictadura militar en 1968, lo que motivo y activó a Lula en la lucha social y sindical. En 1969, ambos fueron elegidos miembros de la dirección ejecutiva de la Central Única de trabajadores, (CUT), sindicato metalúrgico con más de 100.000 afiliados. En 1980, Lula fue elegido su presidente, siendo uno de los más grandes organizadores de las huelgas por los derechos de la clase obrera y contra la Dictadura, especialmente de la que se realizó durante 41 días y en la que participaron más de 100.000 trabajadores de Sao Paulo. Huelga que fue duramente reprimida, pero que propició más huelgas y acciones contra la Dictadura militar hasta contribuir a su desaparición. 

En aquel mismo 1980, se creó el Partido de los Trabajadores del que Lula fue uno de sus principales dirigentes y por el cual se presentó como candidato a la presidencia de Brasil en 1989, 1994 y 1998, siendo derrotado en las tres ocasiones, hasta que en 2002 fue elegido Presidente con un programa de reformas y cambios sociales y económicos que se aplicaron durante los 8 años de su mandato y continuaron cuando dejó la presidencia. Reformas y cambios radicales que hicieron transformaciones sociales y económicas muy importantes.

Brasil triplicó en 10 años su producto interior bruto (PIB), según el Banco Mundial, convirtiéndose en una potencia económica internacional, reduciendo paralelamente la pobreza extrema de más de 30 millones de personas con los programas “Hambre Cero” “Bolsa Familia” y desarrollando la educación y el sistema de salud públicos. En el plano internacional Brasil tuvo un papel destacado en el acuerdo nuclear de Irán y en el debate internacional sobre el cambio climático, recibiendo en el conjunto de su actuación una gran aprobación mundial.

Después gobernó Dilma Rousseff en una misma línea de continuación de la política social, que es lo que la derecha brasileña quiso y quiere liquidar con la ayuda de toda la derecha latinoamericana y de EEUU, para que deje de ser un ejemplo de cambio social real y de unidad democrática en todo el continente en la línea que preconizaron los grandes personajes de la historia latinoamericana.

Por todo ello, y buscando todas las complicidades, condenan a Lula nada más y nada menos que por “Corrupción pasiva” después de una persecución brutal para liquidar su legado y a él mismo. El juez Sergio Moro, un reaccionario con toga al servicio de lo que mande el régimen neoliberal y neocolonial, le persiguió con mentiras y manipulación de las leyes hasta que le condenó, de acuerdo con el staff económico, político y jurídico más corrupto de Brasil y con el aplauso de Trump. El juez Moro es ahora ministro del presidente de extrema derecha, Jair Bolsonaro. 

Lula, que entre otros reconocimientos internacionales, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca en 2014, debe recuperar su libertad y con ella la recuperación plena de su prestigio político, al servicio como siempre de las causas de la libertad y de la justicia social en Brasil y en el mundo. En este sentido exigimos dos cosas:
Libertad inmediata para Lula.

Su nombramiento para Premio Nobel de la Paz.

(Lunes, 4 de marzo de 2019).

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