Simone Ferreiras, mujer, negra, y activista social en el Brasil de Bolsonaro

César Jara||

Periodista||

Hoy fue el día internacional de la mujer trabajadora; en todo el mundo hubo una gran movilización de millones de personas, mujeres y hombres, en demanda de igualdad y plenos derechos sociales y laborales entre ambos géneros.

En España, la protesta desbordó las calles de las ciudades y pueblos y miles de banderas feministas fueron enarboladas en medio de un gran clamor que pide acabar con la violencia contra la mujer, las agresiones sexuales y un respeto integral a su condición de género.

Yo tuve el honor de poder estar, desde la distancia, al lado de una de esas mujeres combativas que hacen que el mundo sea un poco mejor cada día.

Os cuento su pequeña historia.

Se llama Simone Ferreiras, tiene unos cincuenta años, es negra, comunista y de Brasil.

Hasta hace unos cinco meses estaba viviendo y desarrollando su actividad social en la ciudad de Río de Janeiro; allí lideraba una organización sociocultural, ApArte, que promueve, mediante iniciativas artísticas populares, el acceso a mejores condiciones de vida de la población negra pobre de las favelas de esa populosa ciudad.

Simone se enfrentó a poderes fácticos locales, ligados a las mafias paramilitares que imponen su ley de forma violenta y tuvo que salir, de manera apremiante, con su hijo hacia España para salvar sus vidas, amenazadas un día cualquiera por sicarios de quienes veían, en su activismo social y su compromiso político con los más desfavorecidos, un inconveniente a sus negocios y parcelas de poder.

Ese es el Brasil del nuevo gobierno presidido por el exmilitar fascista Joir Bolsonaro: sólo el pasado mes de enero, en las favelas de Río fueron asesinados 180 jóvenes negros pobres, simplemente por ser eso: negros y pobres.

Simone no se ha rendido y, en el tiempo que lleva refugiada en Granada, ha encontrado el apoyo de algunas personas de izquierda y alguna organización para su soñado proyecto cultural en Río, en donde desea montar un taller de cine y televisión y una emisora de televisión para llegar mejor a ese colectivo afrobrasileño, que constituye más de la mitad de la población de ese gran país y que está sometido, según me cuenta, ahora más aún, a una política de represión y exterminio, junto a poblaciones indígenas.

Hace pocos días, mi amiga se reunió en Madrid con representantes del Partido de los Trabajadores, el partido del ex presidente Lula da Silva, quienes le han ofrecido apoyo para volver a Río en condiciones de seguridad e incluso respaldo a su gran proyecto cultural.

Pero hay que dar visibilidad en los medios de comunicación españoles a esta mujer y su lucha, para conseguir presionar a las autoridades brasileñas y exigir se garantice su vida y el respeto a los derechos humanos de la población negra y de la población indígena.

La Unión Europea y el Gobierno de España deben ser más firmes y no quedarse en la crítica a la Venezuela de Nicolás Maduro e ignorar lo que sucede en Brasil y en otros países de América en donde se reprime y mata a cientos de personas cotidianamente.

Mi respeto, mi cariño y mi apoyo a mi amiga Simone Ferreiras y a todas las mujeres luchadoras como ella.

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