Venezuela: un punto de vista de un obrero comunista español*

Miguel Pastrana de Almeyda||

Poeta y ex secretario general del Ateneo de Madrid||

Es de veras grato para quien ahora les habla, estar hoy aquí entre personas, camaradas, quienes son para mí referentes de política. Y estar hoy, además, aquí, por una causa como es el defender la Revolución bolivariana de Venezuela.

Quiero agradecer la invitación al Colectivo de comunistas que en este mismo sitio viene reuniéndose con continuidad. En condiciones no siempre fáciles, pero manteniendo su compromiso y su coherencia ideológica. Quiero singularizar esta gratitud hacia todo este Colectivo Centro, en la persona de Luis Cabo, a quien llamo camarada.

(Ojalá volvamos a estar juntos los y las comunistas quienes aquí en Madrid lo estábamos hace cuatro años)

Ojalá se den pronto -es una mis máximas aspiraciones en política y no lo oculto-; se den, las condiciones para que comunistas de convicción como vosotros y vosotras, y más, no tengan que estar en una suerte de “exilio interior”, y puedan estar donde han militado siempre. Con la dignidad debida, y que se os debe. Más aún en estos tiempos, yo creo que tal debiera ser la aspiración de todo dirigente de partido comunista que se precie. Así lo ve éste militante de base, quien sigue confiando -y “porfiando”-, que el deseo antes expresado, se materialice, por ser no solamente un buen deseo, mas una necesidad en estos momentos de ofensiva ultraderechista. Ser una necesidad, el llamaros a estar donde nunca -“nunca”-, se os debió dar de lado.

Llamaros, con honestidad, a volver, es cuanto -ya digo-, debería hacer una dirigencia comunista responsable; consciente de la situación política que se vive.

Y como mi sentido progresivo de la Historia, me lleva a pensar siempre, que lo necesario acaba realizándose, no pierdo la esperanza -por así expresarlo-, de que volvamos a estar juntos los y las comunistas quienes estábamos hace cuatro años. Creo que este acto también, en su modestia, puede contribuir a ello.

(Quienes mejor pueden hablar sobre la Revolución bolivariana, son los propios revolucionarios y las propias revolucionarias de Venezuela. Nadie lo hace mejor que ellos y ellas)

Aquí es donde quiero dejar constancia del honor que siento por compartir tribuna con un camarada de la trayectoria de Miguel Morán. Es algo lo cual, sin rodeos, me emociona.

Verán Vds… o veréis, camaradas -yo os ruego que me permitáis llamaros así a todos y a toda a partir de aquí, pues camaradas somos, hombro con hombro, en la defensa de la causa la cual hoy aquí nos reúne-; veréis: a fines de enero, escribí un artículo más o menos largo, cuyo título resulta también extenso, “Venezuela, línea de batalla global entre el Socialismo y el Capitalismo (y sobre la izquierda española al respecto)”. Dicho artículo lo publicaron en algunos medios digítales, incluyendo algunos de la propia Venezuela. Lo cual, confieso, me satisfizo íntimamente, pues pensé que si algo escrito desde aquí, quienes allí viven en contacto con la realidad, lo aprueban, es que -dicho escrito-, no es del todo errado, ni dice sólo tonterías. Voy a remitirme pues en más de una ocasión a ese texto el cual -lo señalo, y su mismo título lo explicitaba-, hacía igual, o casi más, referencia al posicionamiento de la izquierda en España con respecto a Venezuela, que a la situación en dicho país. Porque, no nos engañemos -hago hincapié en esta parte-, para explicar el día a día de la Revolución bolivariana; cómo lucha y cómo resiste, nadie -y digo, “nadie”- mejor que los propios revolucionarios y las propias revolucionarias quienes allí están. Nadie lo explica tan bien, con tan ciertas y esclarecedoras palabras, con datos y perspectiva, como ellos y ellas; como los propios Nicolás Maduro, Delci Rodríguez, Vladimir Padrino… y un largo etcétera. A ellos y a ellas es a quienes hay que escuchar principalmente para saber de la Revolución bolivariana. Ocurre, que se impide que su voz llegue a nuestro país. Pero esa es otra cuestión sobre la cual luego comentaré. Cuanto vengo a referir ahora, es que yo no soy, ni pretendo, un experto en la Revolución bolivariana. Pero como tampoco, ¡ojo!, creo que lo sean, algunos que van, o han ido, de “expertos” aquí en nuestro país, y luego -más o menos “desertores”-, dicen las cosas que dicen (profundizaré más adelante sobre esto) Los verdaderos expertos son, repito, las revolucionarias y los revolucionarios que en Venezuela luchan.

Yo voy a hablar “solamente” como un militante de base del Partido Comunista de España. Ni más, ni menos. Porque creo, eso sí, que todo militante debe ser capaz de defender a la Revolución bolivariana. Por eso he aceptado, gustoso, esta invitación.

(El componente anti-elitista que tiene la Revolución, imperdonable para las oligarquías clasistas)

Mi punto de vista es, también, el de un trabajador de oficios manuales; un mecánico. He publicado libros y artículos. También los obreros lo hacemos. Pero no soy universitario. Probablemente, ello me invalida para la llamada “nueva política”. No importa. Sé lo que es el clasismo, y ello guarda relación con cuanto aquí tratamos hoy.

Fui obrero, primero, militar profesional-mecánico especialista de la Armada, después, y soy Personal de Oficios municipal, actualmente. Pero también fui, perdonadme la inmodestia, uno de los Secretarios de la máxima confianza del filósofo Carlos París en la Junta de Gobierno del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Esto que cuento, no es baladí, pues lo que actualmente está también en juego en la lucha bolivariana, es si las personas de formación humilde, pueden ir progresando merced a sus oficios, y formándose, y ampliando sus áreas de conocimiento y de labor. O, por el contrario, quedan predeterminadas en un férreo sistema de clase. Eso es lo que había en Venezuela antes de Chávez y lo que sigue tiñendo muchas visiones. Observad cómo se anatemiza a Maduro por haber trabajado de

conductor de autobuses. Es imperdonable que un obrero pueda llegar a tener puestos de responsabilidad política. Eso queda reservado para las élites. En Venezuela, quiero decir, quedaba.

Conste pues, antes de entrar propiamente en materia (aunque creo ya he entrado), que mi visión es la de un obrero comunista. Con cuanto ello supone, y con cuanto no.

(La de Venezuela, una Revolución triunfante y orientada al Socialismo después de la URSS. Imperdonable también para el Capitalismo)

La Revolución bolivariana, es el primer modelo que se plantea de alternativa al Capitalismo después de la caída de los Gobiernos del Socialismo real en el Este de Europa, entre los años 1989-1991. Bien es cierto, resistieron algunos países, como Cuba. Pero todos ellos venían del contexto de la Guerra Fría. Tras de 1991, el Capitalismo tenía por imposible que surgiese una alternativa orientada al Socialismo en algún nuevo país. Recuérdese aquel “Fin de la Historia” del cual hablaba el pensador (sistémico), Francis Fukuyama. Y en esto llegó, y por las urnas, Hugo Chávez en Venezuela. Es aquí donde se nos plantea una primera cuestión de calado; algo incluso lo cual se usa para atacar a la Revolución bolivariana desde posiciones supuestamente “de izquierdas”. Y es, negarle su carácter Socialista.

Resulta cierto, que el proyecto bolivariano se inició (año 1998), como un proyecto de regeneración democrática y de carácter popular. Poco a poco ha ido, sin embargo, acentuando su carácter Socialista, conforme se enfrentaba a la Reacción oligárquica. Apoyada ésta, desde un principio, por los Gobiernos estadounidenses y sus satélites. En este aspecto, podemos establecer un paralelismo con la Revolución cubana, que a su triunfo, en 1959, no se definía como Socialista. Era de carácter democrático-popular. Pero, acosada por la “Contra” estadounidense -cuyo mayor exponente fue el ataque en Playa Girón-, acabó orientada al Socialismo, justamente en ese mismo año 1961.

En el caso de Venezuela, un hito en su rumbo, se marcó en 2002, con el primer intento de Golpe de Estado antichavista. Quedó entonces claro, que la Oligarquía, apoyada por el Imperialismo, no aceptaba un proyecto democrático-popular. Aquí la analogía cabe buscarla con el Chile de Salvador Allende. Pero, a diferencia y para sorpresa de todo el mundo (yo incluido), Hugo Chávez consiguió resistir. Desde entonces, la Revolución bolivariana se fue acercando más al Socialismo. En 2005, Chávez comenzó a impulsar la idea del llamado “Socialismo del Siglo XXI”, cuyo eco iba a comenzar a sentirse pronto en otros países de Iberoamérica. En 2007, Chávez funda el Partido Socialista Unido de Venezuela. En sus Estatutos, artículo tercero, “Valores y Principios, dice con literalidad:

“El partido se constituye como Partido Socialista, afirma la sociedad socialista como única alternativa para superar el sistema capitalista. Asume como fuentes creadoras los pensamientos y las obras de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. De igual manera toma los principios del Socialismo científico, el Cristianismo, la Teología de la Liberación, todo el pensamiento universal crítico y humanista, la equidad y la igualdad de género y la obligación ética de construir un modelo respetuoso de la vida y de la madre tierra que garantice la sobrevivencia de la humanidad”.

Y dicen también los Estatutos del PSUV:

Como partido pluriétnico y en pluridiversidad, nutre su raíces de la afroindianidad legadas por Guaicaipuro y José Leonardo Chirino, todo ello inspirado en el liderazgo fundamental e ideas revolucionarias del comandante Hugo Chávez, dirigidos a crear el hombre nuevo y la mujer nueva en un crisol de esperanzas y de sueños que hacen de nuestro socialismo un socialismo mestizo, cargado de africanidad, de los elementos propios de nuestros pueblos indígenas, con la visión internacional que ha tenido como máximo exponente a Francisco de Miranda. Asumimos la unidad cívico-militar como principio para garantizar la defensa y la soberanía nacional y popular”

Así dice la organización actualmente en el Gobierno en Venezuela. Yo creo -y no solamente por esas palabras, como es obvio-, que la Revolución bolivariana sí es una revolución orientada al Socialismo.

(Algunas visiones eurocentristas, con ciertos prejuicios y un exceso de “academicismo”, no terminan de entender Revoluciones en Iberoamérica y por ello las hacen de menos. Es un error)

Un Socialismo con especificidades iberoamericanas. Que ha sabido imbricar en el Cristianismo de base, y en lo militar defensivo también. Sin despreciarlo.

Quien ahora os habla escribió ya precisamente, justamente sobre esto, con el ejemplo bolivariano en ambos casos, en los prólogos que hice para el cuaderno “Cristianos contra Franco”, por un lado, y “Militares progresistas en España”. Escribí el prólogo de los dos cuadernos, que publicó el Club de Amigos de la UNESCO de Madrid en 2007. Y en los dos ponía el ejemplo de la Venezuela bolivariana.

El Socialismo real iberoamericano, tiene características y componentes no siempre bien comprendidos por la visión eurocentrista, la cual peca, en ocasiones, de cierta auto-suficiencia e incluso, alguna vez, de soberbia. Hay quienes, perdóneseme, no habiendo salido nunca, o casi nunca, del despacho de su Facultad, se empeñan en querer corregir el rumbo de la Revolución venezolana, como antes querían también de la cubana. Para cierto tipo de revolucionario “de salón” o “de laboratorio”, toda revolución es imperfecta, o insuficiente, o degenera a los pocos años, o cuando muere su primer impulsor. Siempre encuentran -en fin-, este tipo de caracteres pretendidamente “muy de izquierdas”, alguna razón para abominar de las revoluciones socialistas reales. Pasa ahora con Venezuela, pero ya antes pasó, como he referido, con Cuba, y antes aún, con la URSS. Probablemente, siempre pasará. En última instancia -es mi opinión-, son prejuicios clasistas, e incluso “miedo”. Una cosa es pontificarle a los humildes desde una posición de “estrellato” propio; de (supuesta) superioridad, y en un “entorno controlado”, inocuo en la práctica para el Sistema capitalista, y otra cosa muy distinta, que los humildes tengan poder real, y hasta tanques y aviones. Y que un militar de izquierdas e indígena, sea Presidente, y luego un sindicalista conductor de autobuses. Es comprensible, yo lo entiendo, que eso asuste, y mucho, a determinados espíritus, también muy de izquierdas (se dicen). Y es que -siga perdonándoseme, por favor-, no hablamos de tertulias de televisión, ni de alegres primarias por Internet, ni de postureos varios y muy modernos, sino que hablamos de un pueblo en pie, armado, y defendiendo con uñas y dientes su dignidad; su independencia frente al imperialismo del Gobierno de los Estados Unidos y sus Gobiernos seguidistas. Que incluye -como sabemos- al Gobierno de España. Hablamos, en fin, de un pueblo el cual defiende su opción democrática hacia un Socialismo merecedor de tal nombre. ¡De eso hablamos cuando lo hacemos de la Venezuela bolivariana! Y nadie, nadie lo sabe mejor, que el propio Sistema capitalista, sus oligarquías y sus gobiernos “imperiales”. ¡Ellos sí tienen claro que el proyecto bolivariano es Socialista, y por eso quieren destruirlo como sea!

(Con la ofensiva contra la Venezuela bolivariana, se trata de dar un escarmiento a todos los revolucionarios y a todas las revolucionarias del mundo quienes defendemos una alternativa Socialista real al Capitalismo)

Se habla mucho, no sin motivo, del petróleo. Pero tengo para mí, que aunque Venezuela no poseyera petróleo -el cual es, dicho sea, de naturaleza que llaman “pesada”; caro y engorroso de refinar-; aunque Venezuela no lo tuviera, digo, creo que el Capitalismo con su punta de lanza del Gobierno estadounidense, seguiría atacándola como la está atacando.

Yo creo, en fin, que el ataque contra la Venezuela bolivariana, es de motivación fundamentalmente ideológica. Estados Unidos ya obtiene petróleo de muchos lugares. De lo que se trata, es de aplastar a la primera Revolución socialista surgida tras la derrota de la Unión Soviética, y cuando el Capitalismo creía haber vencido ya para siempre. Se trata de que no vuelva a cundir el ejemplo, y mandar, con el pretendido aplastamiento de la Venezuela bolivariana, un mensaje a todos los revolucionarios socialistas, comunistas y fraternales del mundo; el mensaje del Infierno de Dante: “abandonad toda esperanza”. Abandonadla. Eso se nos quiere decir, y por eso es tan importante, crucial, la defensa de la Revolución bolivariana. Nuestra propia defensa. La de nuestros anhelos y aspiraciones. La de nuestra convicción de que es posible un mundo mejor; más justo y solidario.

Sin embargo, admitámoslo, no todo lo que se reclama de izquierdas, lo que se dice de izquierdas, y se lo pone en el nombre también, ha estado a la altura. No. Algunos comunicados producen verdadero sonrojo. Supuesta equidistancia y ataque real al Gobierno de Venezuela, en el momento, en el preciso instante, en que sufre un nuevo Golpe de Estado y la agresión cada vez mayor de la principal potencia armamentística del mundo, los Estados Unidos. ¡Buen momento para falsas equidistancias, sí señor! Cada cual, ciertamente, se está “retratando”.

Mención aparte, como es obvio, merece la postura de “referentes” como el Sr. Pedro Sánchez y la Sra. Manuela Carmena. Sin comentarios. La propia valentía, el coraje, de la República bolivariana, está dejando en evidencia a esas dos personas y a más de su cuerda.

(¿Por qué el Sr. Pedro Sánchez y la Sra. Manuela Carmena, entre otras varias personas, no escuchan más lo que dice sobre Venezuela el Sr. José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Por qué no le escuchan más?)

Escribió el periodista y analista, Eduardo Luque Guerrero:

“El Gobierno de Pedro Sánchez es reo de sus propios gestos: acabará con las manos manchadas de sangre si se produce la intervención”

¿Cómo es posible -esto lo digo yo-, que se haya ignorado de manera tan alevosa a un hombre nada sospechoso de ser comunista, a un socialdemócrata de talante moderado, hablo de José Luis Rodríguez Zapatero? ¿Cómo han podido ignorarle tanto pretendidos socialdemócratas como Sánchez, como Carmena? Porque Zapatero, que estuvo allí, ha dejado bien claro que las Elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018, que ganó Nicolás Maduro, fueron limpias. Y por limpias las tuvieron también Jean-Pierre Bel, ex-Presidente del Senado francés, y Markos Kyprianou, ex-Comisario europeo, quienes fueron igualmente observadores en aquellas elecciones. Pero ello no importa para que Pedro Sánchez y Manuela Carmena, tilden a Nicolás Maduro de “tirano” y otras lindezas.

Pero Venezuela no está sola, y si -como nos recuerda cada día, nada inocentemente, el auto-titulado “Periódico global en español” (ahí es nada), el diario “El País”, al Sr. Guaidó lo reconocen como Presidente cincuenta países, a Nicolás Maduro lo reconocen más de cien. Más. Pero eso ya no lo dice “El País”, ni ningún otro gran Medio en España. No les interesa que se sepa la verdad sobre Venezuela.

(Aquí en España, hay personalidades con quienes la Venezuela bolivariana fue muy generosa, y ahora que está siendo atacada, en vez de ser esas personas las primeras y más firmes en defenderla, han adoptado posiciones ambiguas. En términos morales, rezuma miseria)

Es cierto que la República bolivariana atraviesa momentos difíciles desde finales del año 2013. Desde entonces, varios supuestos de izquierdas europeos, y españoles también, han ido “renegando” del bolivarianismo. Ya no “reciben” de él. Pero ahora, justamente, es cuando deberían “dar”, si tuvieran -esas personas-, honor. Dar.

Sé de quiénes hablo, pues a algunos les conocí de cerca en tiempos de bonanza. No importa si fueron “desertando”. Queden en ese rincón de la ignominia para la Historia. Vuelvan a sus Facultades, cómodas, a jugar a revolucionarios y “Constituyentes”. El pueblo bolivariano sabe defenderse por sí mismo, como está demostrando, y aquí les seguimos leales quienes nunca le pedimos nada. No los señoritos de turismo.

En 2013, iba yo diciendo, el desplome del precio del petróleo, en una economía demasiado dependiente de el, aunque intenta safarse de dicha dependencia; ese desplome del precio del barril por factores globales, afectó y sigue afectando duramente a Venezuela. Pero es que fue precisamente entonces, precisamente, cuando la Oligarquía venezolana y el Gobierno de los Estados Unidos, fueron apretando cada vez más el boicot económico, verdadero latrocinio; robo. Al tiempo, se activaron las llamadas “guarimbas”, grupos de violencia callejera, armada, al servicio de la Oligarquía local y del Imperialismo. En ese escenario, y sin eludir fallos propios que el mismo Gobierno bolivariano reconoce, no debe extrañar que hayan empeorado determinados indicadores socioeconómicos. Pero no el escenario de miseria que pinta el Imperialismo para su propio interés. No ese escenario. De hecho, países de la zona que el Imperialismo está usando como plataforma contra Venezuela, se hallan peor que ésta; con mayor pobreza, aun sometida Venezuela a enorme boicot económico (repito). Y como bien recuerda el

citado Eduardo Luque en su artículo, en los Estados Unidos, cuarenta y ocho millones de personas pasan hambre. En Gran Bretaña, catorce millones de personas viven en la pobreza. Y en España -esta España nuestra y por la que tan falsa e hipócritamente sacan pecho, “Vox” y sus sucedáneos, y hasta pide que invada Venezuela; en el Reino de España, digo, diez millones doscientas mil personas viven por debajo del umbral de pobreza. “¿De qué presumimos? ¿Qué tenemos que enseñar a Venezuela?”, se pregunta el analista. Este obrero quien le lee con provecho y ahora os habla, le doy plenamente la razón.

(Algunas cifras mostrativas del potencial de una Revolución que se orienta al Socialismo)

Pongo a continuación algunas cifras, ya para terminar, de logros de la Revolución bolivariana:

Antes de ella, siete de cada diez venezolanos no tenía ni siquiera Cédula de Identidad (el equivalente a nuestro DNI). Era como si no existiesen.

Antes de la Revolución, la inversión social equivalía al 8% del Producto Interior Bruto. Durante la Revolución, el 64% de los ingresos totales del país, se han invertido en el área social.

En el año 1996, la pobreza estaba en un 70%. En el año 2009, en 23,9% (datos del Banco Mundial).

Con la Revolución, más de 3 millones de venezolanos salieron de la categoría de “pobres”, y otros 2 millones, de la “pobreza extrema”. Entre los años 1998 y 2013, el hambre se redujo en Venezuela, de 21,10%, a menos del 5%. De 5 millones de personas, a menos de 500.000.

El año 1998, el 80% de la población tenía acceso al agua potable. En 2013, el 95%. En cuarenta años (antes de la Revolución), se construyeron 5.000 Centros de Salud. En dieciséis años de Revolución, se edificaron 9.000. En cuarenta años, se pensionó a menos de 400.000 personas. En dieciséis, a 2.800.000.

Antes de la Revolución, 5.000 personas eran alfabetizadas anualmente. Con la Revolución, 137.000. En el año 1998, había 71.000 docentes adscritos al Ministerio de Educación. En el año 2011, 371.000 docentes. La Revolución creó 44 universidades, siendo a finales del año 2013, Venezuela el quinto país del mundo con mayor número de estudiantes universitarios.

Durante dieciséis años de Gobierno revolucionario, el Salario Mínimo de los trabajadores se elevó 30 veces. Antes, en toda la red hospitalaria del país, se operaban 141 niños de corazón. A fines del año 2013, 1.000 niños. Entre los años 1999 y 2013, se crearon 5 millones de nuevos puestos de trabajo. Entre esos años, se adjudicaron 337 comunidades indígenas, más de 1,8 millones de hectáreas rescatadas de las manos de los latifundistas.

Todos los días, 4 millones de niños y niñas tienen su alimentación segura en sus respectivas escuelas. La Revolución bolivariana, erradicó el analfabetismo de Venezuela (declarado por la UNESCO)

(Dejar a Venezuela en paz como nación libre y soberana, anhelo de personas honestas)

Podría dar más datos, pero voy terminando. No me resisto a uno último, bien significativo, y en especial para que lo sepan el Sr. Sánchez y la Sra. Carmena: el ex-Presidente del Gobierno estadounidense, Jimmy Carter, afirmó:

“De las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo”

Esto lo aseveró un ex-Presidente norteamericano especializado muchos años en supervisar elecciones en todo el globo.

Con certeza, algunas -y digo, “algunas”-, de las cifras, verificables, que he dado, han empeorado con la caída del precio del petróleo y, sobre todo, por el enorme incremento de la agresión económica a Venezuela. Aún así, reflejan bien nítido cuanto la Revolución bolivariana puede lograr, e incluso mejorar, si el Imperialismo -fase superior del Capitalismo-, quita sus garras fuera de Venezuela, y la deja en paz.

A eso aspira el Gobierno legítimo presidido por Nicolás Maduro, aspira también quien ahora os habló, y yo creo que aspiramos no solamente los y las comunistas, mas todas las personas honestas de este mundo.

* Palabras de Miguel Pastrana en el acto público celebrado en el Salón-Cafetería “El Jamonal” de Madrid, el 3 de marzo de 2019 y con el título “En apoyo a la Revolución bolivariana de Venezuela”. El texto recoge fielmente la intervención, con el añadido -para edición-, del título de cabecera, y los sub-títulos que sirven para segmentar el escrito.

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2 comentarios de “Venezuela: un punto de vista de un obrero comunista español*

  1. david ruiz
    18 marzo, 2019 at 18:32

    Al fin un artículo decente sobre Venezuela. Que el siguiente lo firme el socialdemócrata Zapatero. Y después que IU de España salga también a la palestra.

  2. Ozemanuel
    19 marzo, 2019 at 12:57

    Todos sabemos que es una batalla perdida pero solo cuando se pierda empezarán a pensar en el porque, en las causas de tamaña derrota y pocos serán capaces de ver un poco mas allá de un “acto de agresión de los Estados Unidos y del capitalismo”
    Al final, ademas de la derrota en Venezuela también habrá una derrota general de la izquierda, incapaz de elaborar nada mas que clichés y slogans vacíos

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