Al-fan-huí, Al-fan-huí

enCandela

Jesús Pichel||Profesor de Filosofía||

En los primeros años setenta, nuestra profesora de Lengua y Literatura en el Ramiro de Maeztu —una interina joven que se llamaba Socorro, no recuerdo su apellido— un día a la semana dedicaba los últimos minutos de su clase a leernos en voz alta fragmentos de obras que ella misma escogía. Para muchos de sus alumnos fue todo un descubrimiento, un paso decisivo para convertirnos definitivamente en lectores. Nunca estaré suficientemente agradecido a aquella profesora por ello.

No sé para los demás compañeros clase, pero para mí la conversión se produjo tras la lectura de un largo fragmento del Alfanhuí de Ferlosio —que rápidamente pedí que me compraran y leí de un tirón en la edición de Destino de 1967—. Si no recuerdo mal, ese fue el primer libro de mi biblioteca, la mía, minúscula en comparación con la de casa.

Que recuerde, Socorro, nuestra profesora, nos leyó fragmentos de Niebla, de San Manuel Bueno, de El árbol de la ciencia, de Las confesiones de un pequeño filósofo, de Campos de Castilla, de Yerma, de La colmena… pero nada me impactó tanto como ese gallo de veleta de un solo ojo que se ve por los dos lados de su Alfanhuí, quién sabe por qué.

Durante años me he cruzado con Ferlosio por mi barrio, frecuentemente comiendo los sábados en un restaurante popular de la Prospe, a veces en alguna terraza cercana. Siempre quise acercarme a él para saludarle y darle las gracias por ese Alfanhuí que me fascinó, por su Jarama que él repudiaba y que a mí me enseñó a leer pacientemente, pero nunca lo hice para no importunarle. Me alegra no haberle molestado, pero me entristece no haber sido capaz de acercarme y darle las gracias. Y ahora se nos ha muerto.

Esas gracias que no me atreví a dárselas en persona quiero dárselas aquí, públicamente, recordando a los alcaravanes de ojos amarillos gritando al-fan-huí, al-fan-huí, al-fan-huí

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2 comentarios de “Al-fan-huí, Al-fan-huí

  1. 5 abril, 2019 at 11:21

    Un bonito recuerdo, por partida doble.
    JAP

  2. Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye
    6 abril, 2019 at 13:30

    No se sabe nunca si es mejor saludar al escritor admirado que ves por la calle, o estarse quieto. Voy a releer Alfanhuí, gracias a este artículo.

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