Colauadas postreras

Pasqual Esbrí||

Historiador||

Ada Colau, a lo largo de los cuatro años que lleva de alcaldesa, no ha dejado de sorprendernos, ya sea por sus meteduras de pata o por su desprecio a la cultura que ella considera elitista.

Se inauguró con el bochorno colectivo que provocó en el Teatro Romea, en el aniversario de la librería Jaimes, que ella rebautizó como “James” (sic), empecinándose en hacer ver que sabía francés, cuando era evidente que no tenía ni idea. Otro hito importante en su trayectoria fue la eliminación del “facha” (sic, sic) Almirante Cervera del callejero barcelonés, aunque lo más probable es que no supiera quién era Cervera, ni se molestara en documentarse. Los callejiricidios no han cesado, en su empeño por eliminar cualquier nombre que sonara a monárquico (en realidad, borbónico). El último ha sido cambiarle a la carta a su vecino de curro de enfrente, Quim Torra, el nombre de la calle dónde él habita, que ya no se llamará “Príncep d’Astúries” sino “Torrent de Cassoles”.

Pero, desgraciadamente, no se ha limitado a estos actos, que podrían calificarse de simbólicos, sino que ha pasado a mayores, perjudicando gravemente el patrimonio cultural de Barcelona. Por ejemplo, rechazó la oferta de comprar el Palacio Moxó, con todo su mobiliario de época, situado en pleno barrio gótico, que se va a transformar en un hotel, un género de negocio contra del que supuestamente abomina. No entro en el tema de la ampliación del MACBA por no caer en lo repetitivo. Y es que para nuestra actual primera edil cualquier actividad cultural que vaya más allá del listón de “Operación Triunfo”, es elitista.

Su gestión ha sido una curiosa mezcla de populismo, oportunismo e ignorancia, con ciertos toques de esnobismo, que es con frecuencia una manera de ocultar aquella. Pues bien, presumo que la creencia popular de que los últimos coletazos son los peores, se va a cumplir una vez más. Me explico.

Los equipamientos expositivos dedicados a las ciencias naturales tenían una importante tradición en la vida barcelonesa, que se remontaban a casi 150 años. Concentrados en el “Parc de la Ciutadella”, aunque sin poder compararse a los grandes centros museísticos de Europa y América, desempeñaban no obstante un papel muy digno. Y utilizo el pasado porque lo que evoco es puro recuerdo. Diversos espacios (umbráculo, invernáculo, museo de geología) parecen haber salido de una confrontación bélica. El edificio del antiguo museo de zoología, una joya modernista, está cerrado y, como tal, infrautilizado. Por supuesto que la desidia, que ha provocado la situación que refiero, se remonta a administraciones anteriores a Colau, pero en cuatro años la suya no ha hecho más que permitir la prosecución de la degradación. Cabe decir también que en su administración no han intervenido solo los ediles de su partido.

¿Qué quedaba del conjunto mencionado anteriormente? El Zoo, de forma que doña Ada ha dado la voz de mando: ¡A por él!

El pasado 12 de febrero la Comisión de Urbanismo, Ecología y Movilidad del consistorio de Barcelona, aprobó, llevar al pleno del próximo 26 de abril, el último de la legislatura, paralelamente el llamado Plan Estratégico del Zoo y la iniciativa popular ZOOXXI, que se propone construir un centro “animalista” (sic), que tendría que concluir en un número simbólico de especies (se habla de 11), escogidas entre las que podrían liberarse en nuestro entorno.

Veamos, las iniciativas populares están reguladas por la legislación vigente. Pero una cosa es que se respete ese derecho y otra que su resultado se tome en serio por parte de las fuerzas políticas. BComú, GMDemòcrata, ERC, y Puigcorbé permitieron con su voto que la iniciativa popular fuera al plenario, obviando el disparate que había detrás, basado en una concepción totalmente sectaria, sin base científica, de las relaciones entre el ser humano y los animales.

Sé que no soy el primero en denunciar la situación, pero me temo que mi denuncia no sobrará. En definitiva, el día 26 la Ciudad corre el peligro de perder una institución cultural centenaria a causa del frívolo oportunismo de ciertos políticos. Sin consideración alguna por una larga trayectoria de nuestro parque zoológico de implicación en la conservación y la investigación, con un sólido prestigio ganado internacionalmente. Es de juzgado de guardia que a un mes de los próximos comicios municipales, que pueden suponer un cambio en la mayoría gobernante (quizá Ada Colau es la única que no es consciente de ello) se tome una decisión de tanta trascendencia.

Por supuesto que el mal menor sería aprobar el Plan Estratégico, pero no hay que olvidar que no deja de provocar suspicacias entre los trabajadores del Zoo, suspicacias que deberían tomarse en consideración, al menos por su contacto cotidiano con la realidad de la institución. ¿Se les puede ignorar a ellos mientras se le da cancha a grupos que no tienen ningún contacto con la realidad zoológica, que basan su argumentación en puras elucubraciones éticas de estar por casa? Si quedara un gramo de cordura entre la clase política barcelonesa implicada, se aparcaría la decisión hasta tener la seguridad de que el tema se pueda abordar con criterios científicos y de gestión cultural ¿O se trata simplemente de que el Zoo es “facha”?

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1 comentario de “Colauadas postreras

  1. amando hurtadojuárez
    17 abril, 2019 at 18:51

    <>
    Lo evidente es que quien no sabe francés ni inglés es Ud., Sr. articulista. ¡Qué pena!
    El resto de su comentario denota, sobre todo, animadversión personal. Y eso es lo que caracteriza negativamente a la derechona de toda la vida. Se merece Ud. una Cayetana para los próximos cuatro años…

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