Las artes en la III República

Arturo del Villar||

Escritor, poeta y editor. Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio||

NO sé en qué momento proclamaremos la III República, pero sí sé cómo lo haremos: será por Internet. En esta ocasión no habrá disputas sobre qué localidad hace ondear primero la bandera tricolor. Disponemos de un medio de comunicación que nos permite aunar todas las informaciones en un mensaje de alcance mundial, con sus derivadas ideológicas, culturales y comerciales mezcladas en sus interrelaciones.

La simbología tópica con la que se representa a la II República está obsoleta, aunque sigamos identificándonos con ella por su carga de emotividad tradicional. Pero ya la gruesa matrona no se aviene con las muchachas consideradas modelos, puesto que como tales son denominadas en los desfiles de modas. Se ha quedado anticuada, tanto como los peplos y la túnica que viste, o que la romana sostenida en su mano derecha. Y todavía es menor la vigencia de los viejos prototipos de barco, avión, locomotora humeante, el yunque, la hoz, e incluso los libros encuadernados en pasta española que rodean su figura. Son reliquias de un tiempo pasado. Solamente conservan actualidad la bandera tricolor en el asta que empuña su mano izquierda, el gorro frigio, y el triple lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

La evolución científica ha arrinconado en los museos esos arquetipos utilizados para la comunicación de las masas. Tendremos que modificar la representación simbólica de la República, para evitar que se la considere una antigualla.

La reproducción estética por ordenador

En la nueva iconografía de la República deberá ocupar un lugar preeminente el ordenador. No sólo es ya un medio de comunicación general y global, sino que además ha conmocionado las artes, al imponerse como el principal instrumento productivo auxiliar de la creación de objetos estéticos. La cultura durante la inminente III República va a estar encauzada mediante la electrónica.

Gracias a ella se conseguirá verdaderamente integrar en los circuitos artísticos a ese ente indescifrable conocido como pueblo. La evolución tecnológica facilita la revolución artística, al permitir deslindar los límites canónicos de las bellas artes, y entregar los productos resultantes a un número incalculable de receptores. La cultura ha dejado de ser patrimonio de una clase privilegiada. El lenguaje reservado históricamente para la casta ilustrada está alcanzando ahora una divulgación popular, que lo convierte en un instrumento de restitución democrática. Ofrece y recibe al mismo tiempo un redescubrimiento de la libertad creadora, en su identidad popular, fuera de los encasillamientos tradicionales.

La evolución tecnológica ha incidido siempre en la revolución estética. La electrónica nos permite formalizar un nuevo lenguaje artístico, a la vez que comunicárselo a esas masas que por primera vez en la historia tienen la posibilidad de contemplar en su casa lo que se hace en cualquier parte del mundo geográfico, y lo que se organiza para continuar el desarrollo de las artes. El nuevo método conlleva un nuevo concepto. La nueva cultura es cada día más global y multidisciplinar, y bajo la III República la volveremos más popular.

El campo de la cultura se ha desbordado de sus estrecheces históricas, vinculadas a la creencia en una presunta inviolabilidad de los recursos considerados exclusivos de cada una de las bellas artes. Nada artístico le es ajeno al artista, y cuanto produce con los recursos textuales de su oficio ha de estar adaptado a la realidad de la nueva sociedad. El fetichismo del objeto estético promocionado por los circuitos comerciales, tiene que ser superado por un nuevo concepto de arte popular, mediante la utilización de la electrónica.

Las viejas vanguardias

Las vanguardias artísticas sucedidas a lo largo del siglo XX buscaron la manera de deslindar la separación tradicional entre las diversas formas de expresión estética. Seguimos llamándolas vanguardias porque así fueron definidas en los momentos de sus manifestaciones, aunque ahora ya son capítulos obsoletos en la historia de la cultura. Los investigadores de nuevas técnicas productivas en los variados movimientos vanguardistas no hicieron más que superar las habilidades de sus predecesores en la historia universal del arte, pero con sus actitudes revolucionarias marcaron un cambio sustancial en esa historia. Etimológicamente la palabra arte deriva del latín ars, cuya primera traducción es habilidad. Está claro que los vanguardistas tuvieron la habilidad de superar unos métodos de producción, para ampliar su horizonte, por el que asomaban ya unos utensilios de nueva generación.

El primer ismo aparecido cronológicamente, el cubismo, se empeñó en añadir la tercera dimensión a los lienzos pintados, a imitación de la escultura, y después introdujo palabras en ellos, para acercarlos a la literatura. Fue el inicio de un movimiento para la integración de las artes, desarrollado por sus continuadores.

Así, los pintores futuristas buscaron el modo de reproducir el movimiento en los lienzos, lo que se parecía a los intentos para encontrar la piedra filosofal. Por eso perseguían la manera de plasmar en un cuadro automóviles de carreras, trenes o tranvías, y también personas descendiendo escaleras. Sus pretensiones eran admirables, pero no contaban con medios técnicos para realizarlas verdaderamente.

Más tarde se precisó inventar el término de escultopintura, para designar unas obras que participaban de ambas modalidades artísticas. La utilización de nuevos materiales, hasta entonces ajenos a la pintura, varió el concepto de cuadro: arpilleras, trapos, plásticos, maderas, vidrios, metales, todo era útil a los pintores, nombre que conservaron, aunque ya no pintaban sobre lienzos. El denominado arte pobre se sirvió de materiales desechados, y el arte efímero de los destruibles enseguida.

Más experimentos condujeron al arte cinético, involucrado en la tarea de mover la realidad con medios plásticos. Y el más difícil todavía se alcanzó en representaciones denominadas en los tratados de historia del arte en inglés, demostración de su origen: las performances, los happenings, el Body Art, el Land Art, y otras tentativas de romper los cánones, por si aún quedaba alguno en pie, del concepto de arte.

Una herencia aprovechable

Los ismos enriquecieron las artes, pero ya son antiguallas. Los futuristas se dieron como norma la destrucción de las bibliotecas y los museos, y ahora sus obras forman parte destacada de ellos. Los movimientos definidores de la vieja vanguardia estética cumplieron su misión, que resultó decisiva para renovar conceptos y métodos. Su labor más ejemplarizante consistió en eliminar los límites establecidos desde la antigüedad entre las artes plásticas, literarias y auditivas, con la incorporación incluso de las olfativas. Descubrieron que la realidad es múltiple, y en cada una de sus facetas se presenta amorfa.

Gracias a su trabajo pionero estamos en condiciones de potenciar sin alarmas la descontextualización canónica de las artes, la desmaterialización de sus materiales habituales, y la desfetichización de sus producciones. Ya no hay división entre las viejas bellas artes, sino integración. En realidad no debemos hablar de las artes, sino del arte total, producido en diversas facetas complementarias.

Ese legado nos sirve para adoptar las nuevas posibilidades comunicativas facilitadas por el desarrollo electrónico, y aplicarlas a la producción de objetos artísticos. Los ismos significaron la revolución estética contra la tradición. Nosotros podemos seguir tranquilamente una evolución demostrativa de que el arte se halla en continuo cambio de temas, procedimientos y materiales, para representar a su tiempo en su espacio con su lenguaje propio. La realidad ofrece múltiples maneras de interpretarla para el espíritu creador, y cuando se produce un cambio político trascendental en la aventura de un pueblo, como lo es la sustitución de la caduca fórmula monárquica por la dinámica republicana, ha de transformarse su significado.

El videarte pide paso

Desde esa perspectiva, la definición del arte amplía su concepto: arte es todo objeto producido por el artista. En consecuencia, se enfatiza la tarea del artista, considerado como el productor de objetos artísticos. Parece tautológico, pero es convincente. Ese apresurado repaso a las aportaciones de los ismos para la presentificación del arte, demuestra que todo lo existente y además lo inventado le son útiles al artista para producir el objeto estético. La culminación de esos experimentos practicados a lo largo del siglo XX se halla en los instrumentos electrónicos de que ahora disponemos, y de los que se anuncian para un futuro ya presente.

El arte durante la III República va a estar vehiculado por la electrónica, al menos en sus primeros años, que son los imaginables por nosotros desde la situación de hoy. No será una innovación absoluta, sino una evolución, puesto que desde principios de los años setenta del siglo XX se empezó a utilizar el vídeo como soporte para presentar objetos artísticos. El vídeo es cómodo y barato, más asequible que el cine, y de fácil visualización.

Se calificaba al cine como el séptimo arte, y por medio del vídeo pasó a integrarse en ese arte total señalado, mezclándose con las restantes bellas artes como una herramienta más de trabajo. Definido como videoarte, fue considerado otro instrumento técnico utilizado por el artista, con el mismo rango que el pincel, el escoplo, el buril o el bolígrafo o la máquina de escribir.

Ahora mismo, y por consiguiente durante la III República, el artista dispone de dos instrumentos interrelacionados para llevar a la práctica sus ideas, produciendo objetos estéticos: el ordenador y el DVD. Con ellos se da un paso más desde el videoarte, y materializa mejor la integración de las bellas artes en el arte total. Lo lleva a cabo mediante la aplicación de lenguajes optativos, superadores de las imágenes acarreadas a lo largo de la historia del arte en el proceso reproductor de la realidad, según era entendida en cada etapa.

La nueva arquitectura

Una de esas artes tradicionales que se beneficia más del ordenador resulta ser la arquitectura. Es la que se mantiene más fiel a sus orígenes, porque a fin de cuentas es un arte aplicada a proporcionar habitación a la gente en general, con las variaciones inherentes al nivel económico de cada uno de sus moradores. Por supuesto, los edificios demuestran clarísimamente en qué época han sido levantados, pero las innovaciones posibles no son tan amplias como en las restantes manifestaciones del arte, precisamente por estar condicionados para su función primordial.

Los programas de cálculo de estructuras por ordenador permiten valorar los esfuerzos y resistencias a soportar con márgenes de error mucho menores que los procedimientos tradicionales, y los planos pueden ser dibujados con más detalles y menos errores. Asimismo el ordenador facilita nuevos métodos de metrología, para especificar la medición y control de temperaturas, verticalidad y tolerancia. De esta manera se construye con más seguridad y exactitud, y desde luego con más rapidez, lo que permite abaratar el coste final.

Por todo ello será posible socializar la arquitectura, si les parece bien a los poderes económicos, naturalmente. Sobre la arquitectura inciden circunstancias ajenas al arte, que la convierten en materia especulativa propiciadora de toda suerte de trapicheos políticos y económicos, según estamos hartos de comprobar. La III República tendrá que legislar en este sentido, para poner fin a tales desmanes.

Lo seguro es que en las paredes de muchos de los nuevos edificios no encontraremos cuadros colgados, ni librerías cargadas de volúmenes impresos, como es lo habitual ahora en todos los hogares, cualquiera sea su nivel económico.

La pintura virtual

Los DVD van a equipararse a los cuadros tradicionales. No dejará de haber pintores que sigan empleando los pinceles sobre los lienzos, pero los representantes genuinos del arte característico de la III República producirán la pintura en los DVD. Habrá pinturas virtuales en esos muros de los nuevos edificios, proyectadas desde el momento de cerrar la puerta de la calle. El artista producirá un documento con el lenguaje técnico facultado por el ordenador, y le añadirá una banda sonora, que puede ser discursiva o musical, e incluso recurrirá a la inserción de actuaciones con personas, entre las que puede contarse él mismo.

Dada la vinculación entre la pintura y la poesía, advertida ya por los griegos clásicos, parece que será acertado oír la lectura de un poema mientras se desenvuelve la secuencia pictórica virtual. De esa manera se concreta la vieja actuación de los cubistas de colocar palabras en los lienzos, junto a las figuras, como una figura más.

Así se propicia la ventaja de reunir en un solo DVD una o varias obras en acción continuada, a la manera de una serie plasmada en lienzos tradicionales. Y además se favorece la integración de diversas artes en un solo objeto, mediante el añadido de la literatura o la música, o de una de esas actuaciones que resulta inevitable denominar performances, porque el término se ha generalizado. Arte audiovisual, por lo tanto: pintura, música y literatura en una misma pieza, perfectamente interconectadas en un solo objeto estético sintetizador.

El artista virtual produce una pintura en movimiento, que muestra sus variaciones acompañada tal vez de música o de palabras. No es que se explique la génesis de la obra, sino que varía secuencialmente, a la manera de las series creadas por medio de pinceles y colores al óleo. La obra se sucede, en cada plano es un nuevo producto elaborado por el artista, que se transforma sucesivamente. Es idéntico el procedimiento reproductor, lo que varía es el soporte.

Se ha conseguido verdaderamente el arte cinético, anhelado por los artistas plásticos de la vanguardia. Una imagen da paso a otra, se superpone a la anterior, y se hace siempre diferente. En un pequeño fragmento de pared se continúan cuadros que por separado cubrirían todos los muros de un palacio. Es que son pinturas virtuales, que existen, pero que son impalpables en su proyección.

El receptor contempla una serie de obras convertidas en metapinturas. No puede tocarlas, ni falta que hace, si consideramos que la finalidad de la pintura ha sido siempre visual, y no táctil. En el supuesto de que permaneciera sentado frente a un cuadro un largo rato, acabaría harto de verlo y miraría para otro lado. En cambio, el DVD le faculta para estar un largo rato mirando su proyección, puesto que lo que contempla es diferente en cada secuencia, y así mantiene activada su atención mediante la añadidura de unas sorpresas inesperadas y constantes. Incluso cuando revise un DVD ya conocido, le resultarán nuevas las secuencias, porque parece que se están creando y recreando en ese momento, y así es, efectivamente.

Posibilidades materiales

La utilización del ordenador para producir una pintura aporta la facilidad de una doble ejecución. Por un lado, permite realizar en la pantalla los bosquejos antes interpretados sobre papel, hasta perfilar el producto final considerado exacto. Este procedimiento aporta la ventaja de facilitar el examen de múltiples variantes sin tener que emplear varios papeles, puesto que las imágenes modifican formas y colores en la pantalla. Una vez logrado el objeto apetecido, se traslada al lienzo.

La otra opción es la contraria. El pintor trabaja inicialmente con los materiales tradicionales sobre papeles, hasta conseguir el objeto buscado. A continuación lo lleva a la pantalla.

Un problema de este método de producción es que todavía resulta muy caro, aunque los medios técnicos se están abaratando. Requiere mucho tiempo, pero hay que tener en cuenta que un DVD equivale a una larga serie de cuadros, de modo que en realidad se acompasan sus duraciones en relación con el trabajo del pintor de caballete. Igualmente exige un dominio de la nueva técnica, si bien el pintor tradicional debe dominar su técnica con idéntica maestría. En consecuencia, podemos apostar con seguridad que la pintura virtual va a imponerse como la representativa de nuestro tiempo bajo la III República.

Gracias a la pintura virtual se han realizado las aspiraciones de los vanguardistas, que ansiaban plasmarla, sin disponer del utillaje técnico necesario para ello.

Museos y galerías

Si la pintura virtual modificará el aspecto de nuestras viviendas, al eliminar los cuadros con los que adornamos todavía sus paredes, mayor incidencia va a tener sobre los museos. Junto a las salas donde se exhiben colgados en los muros lienzos merecedores de ser contemplados por los visitantes que pasan por ellas, habrán de disponer salas acondicionadas con proyectores, en las que se coloquen sillas para que los espectadores se acomoden tranquilamente y vean sentados la exposición.

Es un nuevo concepto de museo, necesario para incorporar métodos inéditos de producción artística, que exigen nuevos planteamientos arquitectónicos. Es, pues, tarea para los nuevos arquitectos, que se encargarán de planificar los edificios, haciendo de ellos también verdaderas obras de arte. Ya hay ejemplos demostrativos de que el arte debe exhibirse en la misma arquitectura del museo, de manera que el espacio exterior y el interior armonicen como herramientas de comunicación.

Probablemente, las galerías comerciales tardarán en acoplarse a la exhibición de DVD. En principio les interesa mantener la fetichización del objeto estético, estimado como una mercancía para encarecer su precio. Salvo pocas excepciones, es su línea de comportamiento especulativo, y nada hay que objetar, puesto que con esa finalidad fueron abiertas. El hecho de que el DVD amplíe las posibilidades comunicativas de la pintura, parece incidir negativamente en su aspecto comercial.

No obstante, un DVD numerado y firmado por el autor es tan valioso como una obra gráfica de las mismas características. Llegará un momento en que se imponga esta consideración sobre cualquier otra, y las inauguraciones de exposiciones tendrán un carácter de fiesta, ya que además de ver las obras virtuales se escucharán los sonidos que las acompañan, por lo general música compuesta para la ocasión por un amigo del pintor, o declaraciones de artistas invitados, o lectura de poemas afines.

Las bibliotecas electrónicas

Quedó advertido que en las nuevas viviendas diseñadas por ordenador, además de no existir cuadros colgados en las paredes, tampoco habrá librerías. Esto es algo que echaremos de menos los que nos formamos culturalmente con los libros impresos. Preciso es reconocer que ocupan mucho espacio, excesivo para las estrechas viviendas de nueva construcción. El libro electrónico resuelve ese problema, al permitir almacenar, en un tamaño menor que el de un libro de bolsillo, toda una biblioteca con miles de títulos. Incluso es posible prescindir del objeto llamado libro electrónico, y leer en la pantalla del ordenador cualquier obra, esté o no en dominio público, porque la electrónica supera las cortapisas legales de las ediciones impresas.

Las bibliotecas públicas digitalizan sus archivos, para preservar libros y revistas del desgaste inevitable en su consulta. Así se conservan sin peligro alguno. El papel es un elemento perdurable, por el que se ha heredado la transmisión de nuestra cultura, aunque existen ciertos papeles de baja calidad que se destruyen pronto, y hacen desaparecer una edición entera. Gracias al libro electrónico se va a custodiar todo el saber humano en pequeños discos que no pesan ni abultan.

Los avances tecnológicos son continuos en este apartado, por lo que resulta imposible adivinar en qué estado se encontrarán a la proclamación de la III República, por inminente que sea. Esta advertencia abarca tanto a los audiolibros como a los libros electrónicos.

Otro aspecto a destacar en la aplicación de la electrónica al libro es el de la edición impresa en papel. Es posible una edición personalizada a pequeña escala, con el número de ejemplares que se piensa distribuir exactamente, y además con la facilidad de repetirla si hiciera falta. De este modo se conserva el libro como objeto, con un precio asequible a cualquier fortuna. En principio se va a posibilitar el incremento de las ediciones personales, de manera que el escritor se libere de las imposiciones habituales en las empresas editoriales, basadas en una finalidad comercial. La cultura ampliará su ámbito social, y llegará a ser verdaderamente del pueblo y para el pueblo, colocado como actor y receptor al mismo tiempo.

El nuevo arte de narrar

Las nuevas tecnologías van a renovar también el arte de escribir. La constatación de que la propagación de la cultura bajo la III República tendrá un componente visual destacadísimo, incidirá sobre la escritura. Acostumbrados a ver en la pantalla una escena que se explica por sí misma, los lectores preferirán los relatos dinámicos, en los que el ritmo de la acción soslaye las descripciones enumerativas. La técnica de narrar sin acotaciones potencia el diálogo, a la vez que estimula una representación vivaz de las imágenes. El narrador ha de ser capaz de plasmarlas con tanta precisión que consiga eliminar las explicaciones.

Podríamos calificarla como técnica de narración por medio de secuencias sucesivas enlazadas, que evitan al autor entretenerse en armar descripciones puntualizadoras. La acción convierte en innecesarios los detalles, puesto que se concentra en sí misma y lo expone todo en su simplicidad. La influencia de la técnica cinematográfica sobre la narrativa se empezó a notar desde la exhibición de películas sonoras, y se fue potenciando a medida que se desarrollaban los instrumentos audiovisuales de comunicación. El narrador no tiene que contar, sino que mostrar la escena, con rigor en la expresión y economía de vocablos. Su recurso favorito debe ser la plasmación de imágenes continuas descontextualizadas del género narrativo tradicional.

La literatura popular está considerada hasta ahora un género ínfimo. Este concepto ha de cambiar por completo. El error culpable de los escritores para un público popular ha consistido en considerarlo incapaz de interesarse por asuntos trascendentales, que estén contados con precisión. La lucha de clases ha incidido en la narrativa como una derivación inevitable. Pero no tiene por qué ser así, como lo demuestra la aceptación generalizada de las buenas películas, tanto por los críticos más exigentes como por los espectadores menos intelectualizados.

Superadas las experimentaciones vanguardistas y rechazado el neorromanticismo burgués, la III República ha de traer a la narrativa una temática popular, expresada en términos populares. Debe ser un recipiente de ideas renovadoras de la condición social de los lectores, una vez eliminadas las diferencias entre lectores cultos e incultos, porque la educación obligatoria para niños y jóvenes iguala a todas las clases sociales. No puede tolerarse la idea pequeñoburguesa que recomienda escribir vulgarmente para ser aceptado por el vulgo. Si al vulgo se le ofrecen siempre vulgaridades, jamás mejorará su condición cultural.

En este sentido, es apremiante desenmascarar públicamente a esas editoriales comerciales que imponen narraciones sin ninguna calidad, aprovechando la publicidad de unos premios amañados. Son las corruptoras de la literatura, culpables de contagiar el mal gusto a los lectores confiados. Es legítimo defender la libertad de elección de autores, temas y técnicas, por parte de las empresas editoriales, pero la educación popular exige también denunciar lo malo para diferenciarlo de lo bueno. En una sociedad sin lucha de clases, como ha de ser forzosamente la republicana, la escritura cumplirá una función social igualitaria, y será expositiva de la ideología popular aplicada a la narrativa.

Un lirismo épico

En cuanto a la poesía, es seguro que renovará la lírica al insertarla en la épica. Un nuevo tiempo político exige una nueva expresión. El poeta va a reflexionar sobre la función de su arte, a aplicarla a su escritura. Si desea componer un canto erótico, por ejemplo, lo hará desde el punto de vista del amor como sentimiento globalizador, fuera del egocentrismo de tantos poetas que han cantado al amor narcisistamente. La nueva poesía tiene que ensanchar su capacidad comunicativa, ampliándose mediante la exposición de sentimientos colectivos por encima de los personales del autor, incluido entre sus lectores. Solamente así será leída y escuchada, porque los receptores comprenderán que son ellos los protagonistas de la situación descrita, y no el ente arrogante llamado poeta, centro de atención de todos los sentimientos.

A menudo comprobamos a lo largo de la historia que los poetas se consideraron seres superiores a los demás, incluidos los escritores de otros géneros literarios. Semejante suposición ha de ser suplantada por la idea de que el poeta cumple una función social, la de registrar sentimientos definidores del tiempo en que los expresa.

La estrofa rítmica isosilábica será el vehículo preferido para la manifestación de los temas. Todas las libertades son aconsejables a la hora de componer un poema, con tal que sea un buen poema, aunque parece que la métrica va a triunfar, porque facilita la exposición narrativa estrictamente poética, por diferenciarla de la prosa. Los poemas en prosa suelen quedar como accesorios, y por ahora no cambiará la actitud de los lectores. La poesía está equiparada al verso, de modo que el poeta que desee un amplio auditorio, y no uno selecto de otros poetas, habrá de aceptar ese criterio.

Música y teatro como espectáculos integradores

Nos quedan por examinar dos manifestaciones artísticas tradicionalmente vinculadas, la música y el teatro. La electrónica ha impulsado un nuevo ritmo musical, denominado por eso música electrónica, producida con elementos sintetizadores singulares.

Además, la aplicación de la electrónica a grabaciones antiguas facilita la limpieza del sonido, e incluso la superposición de nuevos instrumentos o cantantes. La música de discoteca va por delante de la música de concierto. Los grupos juveniles aportan experiencias novedosas, en la mezcla de unos ritmos populares, acompasados a juegos de luces como pinturas virtuales.

Por su parte, la nueva dramaturgia acumula todas las oportunidades incorporadas por la evolución tecnológica. En las representaciones teatrales coincidían la literatura en los diálogos y la pintura en los decorados, a veces complementadas con la danza, el canto y la música. Ahora es posible añadir proyecciones de DVD, para lograr unos sorprendentes efectos especiales, con afán totalizador.

Los dramaturgos necesitan el contacto físico con el público, más que cualquier escritor de otros géneros. En consecuencia, las obras a representar durante la III República han de procurar interesar a todos los públicos, y no sólo a la burguesía que ahora pasa por las taquillas de los teatros. Para ello tienen que dejar de tratar cuestiones burguesas, y abordar asuntos de relevancia social. Los mayores éxitos del teatro español contemporáneo tuvieron esa intencionalidad, pero los empresarios prefirieron repudiarlos por temor a que provocaran conflictos políticos en los locales.

Las representaciones teatrales salieron de los locales cerrados gracias a la televisión. Su auditorio se multiplica sin límites. El dramaturgo debe adquirir el compromiso de incorporar al proceso cultural en marcha al mayor número de espectadores, mediante el planteamiento de asuntos populares. La transformación de la sociedad española bajo la III República requerirá un compromiso ético-social por parte de los dramaturgos, hasta hacer que el protagonista de las obras sea el público colectivo, y no un actor: los espectadores han de verse en medio del escenario, haciendo la historia de su tiempo. Así el teatro conseguirá ser popular y con calidad literaria. Como todas las bellas artes integradas en el nuevo concepto de arte total.

El neohumanismo

Llega un neohumanismo que nos acerca al Renacimiento. Aquellos artistas geniales se aplicaban a todas las artes: arquitectura, escultura, pintura, literatura, e incluso inventaron artefactos mecánicos inviables en su época. Su espíritu debe incardinarse en un nuevo humanismo, para el que nada sea ajeno al artista. El arte total que vamos a materializar exige una alianza entre el conocimiento científico y el buen gusto estético. Sus productos lograrán implicar al público en su desarrollo, porque serán el testimonio del triunfo de la objetividad en la representación histórica de una crónica colectiva, la de los ciudadanos libres, iguales y fraternos.

Este escrito es teórico, por referirse a un tiempo inmediato, pero futuro. Por ese motivo no se menciona ningún nombre, aunque hay artistas ya ahora poniendo en práctica esos temas enunciados. Está en marcha la evolución estética propia del siglo XXI, anunciada someramente en estas páginas. Y, felizmente, coincidirá con el ideario de la III República, empeñado, como en ocasiones anteriores, en que participe de la cultura toda la sociedad, y no una clase privilegiada. Es lo que permitirá que sea popular.

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