Rancio antiespañolismo y apoyo al separatismo catalán
de una cierta izquierda en Portugal

Jaime- Axel Ruiz Baudrihaye||

Abogado y escritor||

Ha llovido un poco en Lisboa y se ha refrescado la atmósfera. Pero no ha refrescado las ideas de una cierta izquierda que resucita el rancio antiespañolismo que siempre existió.

Torra vino a Lisboa el 30 de marzo a pedir fondos para ayudar a la independencia. Tuvo derecho a conferencia y dos entrevistas, en Expresso y en Diário de Noticias, lo que es una buena muestra de cómo muchos medios llevan año y medio apoyando la separación de Cataluña de España. En la izquierda, son el Bloco de Esquerda, que le recibió en el Parlamento. Este partido es equivalente a Podemos, y forma parte, junto al PCP, del apoyo ‘crítico’ al gobierno socialista, la llamada ‘geringonça’.

Unos simpáticos militantes comunistas, engatusados por las siglas, me dijeron que la independencia era buena pues los catalanes eran ‘republicanos’. El semanario Avante, órgano del PCP, es partidario del derecho a decidir de Cataluña. Claro que en política exterior están más verdes que rojos pues Jerónimo de Sousa, el Secretario General, acaba de decir que Corea del Norte es una democracia.

Pero también algunos del PS. Un socialista portugués le decía a una amiga mía: “ya sé que todo esto de la independencia de Cataluña es una tontería, pero todo lo que debilita a España me regocija”. Y, con ocasión de un acto que organizamos con Nicolás Sartorius, un diplomático portugués conservador afirmó, tan campante, que Cataluña era como Kosovo.

José Pacheco Pereira, antiguo maoísta del MRPP, biógrafo de Alvaro Cunhal (cuatro gruesos volúmenes), hoy reconvertido en socialdemócrata del PSD, lanzó una diatriba hace unos días, el 16 de marzo, en el diario Público, titulada Ao nosso lado. Sostenía este Pereira que los catalanes eran independentistas, que sólo en España y Rusia podía haber juicios como el del procès, que hay presos políticos, que los que apoyan la unidad de España son ‘genuinamente franquistas’, que hay que apoyar a ‘nossos irmãos’ catalanes porque los valores de la UE están siendo abandonados. En la vetusta tradición antiespañola, evocaba incluso los fantasmas de 1640 y al ‘espanholismo agressivo’.

Otro periodista de la sedicente izquierda, André Freire, truena en el Jornal de Letras por el derecho a decidir y ha afirmado reiteradamente que España no es un Estado de Derecho. Están agarrotados en el lema “derecho a decidir” y hacen caso omiso de la Constitución, del Estatuto de Cataluña y de las leyes e instituciones democráticas. Carecen de la cautela y del rigor que debe exigirse a un periodista o un escritor político. En sus textos es difícil discernir la diferencia entre la ofensa y el insulto, dando una visión rencorosa y siniestra de España, bordeando ese fanatismo que siempre se nutre con medias verdades y sobre todo con mentiras.

No deja de ser paradójico que sean escritores que se llaman de izquierda los que más se equivoquen en el diagnóstico del conflicto catalán. El análisis dialéctico, materialista, está ausente y caen en el regazo del puro idealismo, de un historicismo muerto y del romanticismo ideológico cuando intentan explicar la historia de España y de Cataluña. Lo que es preocupante porque revela la debilidad teórica de la presunta izquierda.

Los medios aceptan las réplicas de la Embajada de España pero el debate sólo se alimenta con las tesis pro independentistas, no con las unionistas. Sólo se escucha, se da ‘cuartelillo’, a los que defienden a los separatistas. Éstos tienen aquí la hegemonía del discurso, especialmente en la universidad. Aunque me aseguren muchos amigos que son minoritarios, manejan muy bien los medios de comunicación. El progresista y políticamente correcto Jornal de Letras, no ha prestado sus páginas a otras opiniones. Pensamiento único.

Esto no es nuevo. Recuerdo cuando muchos portugueses de izquierda justificaban a ETA –lo que en 1999 me costó la amistad de un escritor y poeta portugués-, recuerdo cuando el etarra Telletxea fue protegido por los jueces portugueses que denegaron su extradición en 1992, porque para ellos no estaba garantizada su defensa justa, y recuerdo también que en pleno barrio de Alfama, donde yo vivía, abrieron una Herriko Taberna en las fiestas de San Juan en locales de la tenencia de alcaldía.

De todas maneras, la inmensa mayoría de los portugueses consideran el separatismo catalán como una ‘brincadeira’ (un juego), un ejercicio de nacionalismo excluyente (“son tan ricos que quieren separarse”, nos dicen), pero esa especie de intelectuales no inteligentes ahí siguen, como deseando que el conflicto catalán, por ahora sólo político, degenere en conflicto civil o social.

Curioso, que sea en dos países en los que hubo ocupación española, Bélgica y Portugal –por razones dinásticas, no coloniales-, donde más se defiende a los separatistas. Uno es mi país de nacimiento, el segundo, mi país de residencia.

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