EEUU versus Irán: querer y no poder

Eduardo Luque Guerrero||

Periodista y analista||

EEUU no puede, aunque quiera, iniciar una guerra contra Irán. La Casa Blanca y el Pentágono están divididos. John Bolton, uno de los adalides de la opción más radical, presiona. Ha generado una crisis internacional de la nada. Quiere obligar a Trump a subir la apuesta. Mike Pompeo, el Secretario de Estado, trata de quitar hierro al asunto tras sus fracasos con la UE y Rusia.

Todos lo saben, las supuestas amenazas iraníes carecen de fundamento. La última alarma propagada por diarios norteamericanos es digna del sillón del psiquiatra: ¡los iraníes amenazan a un portaaviones y su flota de escolta con un balandro que carga un misil! ¡Si, como lo leen, un barquito de vela contra 200.000 toneladas de las más mortíferas máquinas de guerra! Curiosamente, son noticias aceptadas por una parte de la sociedad occidental, no solo la norteamericana: vivimos en una sociedad atemorizada, crédula e infantilizada.

El presidente Putin lo reconocía indirectamente cuando aconsejaba a Irán no abandonar el tratado nuclear (JCPOA) con EEUU. Los medios occidentales convertirían al país persa en el responsable de la ruptura del acuerdo. Poco importa la verisimilitud o no de los argumentos: no se busca la verdad sino imponer una visión del mundo de acuerdo con los intereses de fundaciones, Think Thanks y grupos de poder.

Trump está en campaña electoral. Con su habitual incontinencia, el presidente norteamericano decide la política exterior a golpe de Tuit. La Secretaría de Estado es lo más semejante al caminar de un pollo sin cabeza, da pasos sin saber en qué dirección. Sus propios aliados niegan las afirmaciones de Washington sobre el peligro iraní: el 14 de mayo, el general Christopher Ghika, comandante de la coalición responsable de las operaciones antiterroristas contra el ISIS en Irak y Siria, negó en una entrevista para el periódico The Guardian que existiera tal amenaza y dijo:”No, no ha habido una mayor amenaza por parte de las fuerzas respaldadas por Irán en Irak y Siria”.

Es igual. Bolton, que quiere pasar a los libros de historia como sea, fabula un día una cosa y al rato otra. El personaje ha seguido elevando el nivel de las amenazas y el ruido mediático. En su delirio, puede acabar encontrando que toda la historia se resuma en una hoja chamuscada por la lluvia radioactiva. La última de sus acciones ha sido ordenar la evacuación del personal no imprescindible de la embajada en Bagdad. Intenta con estas acciones crear un clima de guerra y galvanizar a la opinión pública. Aprovechará cualquier incidente para magnificarlo o, si es preciso, creará un incidente de falsa bandera. Hace pocos días, los medios fabularon con un ataque contra siete petroleros de Arabia Saudita y de EUA en el Golfo Pérsico. No existen evidencias: de los siete navíos supuestamente incendiados uno solo parecía haber sufrido un roce en el casco. Es un intento de atentado de falsa bandera absolutamente chapucero.

John Bolton no conseguirá su guerra; los aliados europeos tampoco están por la labor. Nadie cree, excepto él y sus secuaces, que la guerra con Irán durará dos meses. Mike Pompeo, el Secretario de Estado, fracasó esta semana en intentar arrastrar a sus “aliados” hacia una coalición contra Irán. La jefa de la política exterior de la UE, Federica Mogherini, mostró su enfado cuando el Secretario de Estado la desairó. Pompeo cambió la entrevista con la ministra de exteriores de la UE y con la canciller Merkel y, en su lugar, fue a entrevistarse con dirigentes iraquíes. España retiraba la más moderna de nuestras fragatas, la “Mendez Núñez”, que formaba parte del grupo de batalla del portaaviones USS Abrahan Lincoln.

Pero Bolton, como Ícaro, parece haber volado demasiado cerca del sol; sus fracasos en la crisis coreana (donde también apostaba por la guerra), en la venezolana y ahora en Irán lo han debilitado. El presidente Trump tiene urgencias preelectorales y necesita presentar algún tipo de victoria exterior ante sus votantes. La guerra comercial con China está golpeando duramente la economía de los Estados agrícolas donde Trump tiene una base electoral fuerte. Bolton, que no aporta victorias, está en la cuerda floja; los rumores de que Trump lo “quiere fuera” se intensifican.

No sabemos si Tremp querría o no una guerra con Irán, pero Bolton seguro que sí. El lobby sionista integrado en la administración norteamericana presiona a favor del conflicto. Las relaciones empresariales del Asesor presidencial con Israel son estrechas. El personaje pretende una guerra sin costos para EEUU ni Tel Aviv. El nivel de su incompetencia intelectual raya en ese caso el delito o el delirio. Si estos personajes no estuvieran tan obsesionados por sus beneficios personales (no sólo el ego sino, especialmente, sus intereses crematísticos) verían que la guerra en Irak se saldó con la derrota de EEUU. De ser la “única superpotencia” se encuentra cada día más como una “inter pares”. Rusia recuperó la ascendencia política perdida en Oriente Medio, mientras que China fortaleció su posición al ganar tiempo. EEUU, absorto en una guerra literalmente sin fin y enormemente cara (el costo superó los 2 billones de dólares), no pudo contrarrestar eficazmente la pujanza de sus contrincantes.

Una guerra contra Irán, al margen de que no podría ganarla, permitiría a China y Rusia mejorar su posición a nivel mundial. Irán tendría abiertas sus líneas de abastecimiento a través del Mar Caspio, que aseguran sus comunicaciones con Rusia, mientras que China no permitiría que se perdiesen sus inversiones en el país persa, su volumen es impresionante. Irán es importante para China y sus vínculos están aumentando. Pekín ha realizado importantes inversiones en la infraestructura energética iraní. La Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC, por sus siglas en inglés) ha realizado grandes inversiones en los campos petrolíferos de Azadegan del Norte y Yadavaran y ha adquirido una gran participación en el desarrollo del campo de gas de South Pars.

Irán forma parte vital de la Iniciativa de Cinturones y Carreteras (BRI, por sus siglas en inglés) a través del Corredor Económico de China para Asia Central y Occidental (CCWAEC), que, además de Irán, incluye Turquía, Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán y Kirguistán. En el Golfo, China está involucrada en el puerto de Khalifa, en Abu Dhabi; en el puerto Duqm, en Omán; Jizan, en Arabia Saudita; Djibouti y Port Said, en Egipto; y ha hecho una gran inversión en Kuwait. China no va a permitir una guerra que yugularía el vital flujo de petróleo a sus industrias.

Los diarios norteamericanos se han hecho eco de las bravatas militaristas de Bolton y su cuadrilla: Bolton habló de usar 120000 efectivos, demasiado para un golpe quirúrgico y demasiado poco para una invasión que requeriría no menos de 500.000 soldados. La revista Newsweek matizó la cifra; señaló que serían, en realidad, la punta de lanza de la invasión. Se evidencia una gran disonancia entre los “funcionarios del Pentágono” y los mandos militares; las tensiones, incluso broncas verbales, han trascendido a la opinión pública. Para el político que no ha de pisar el campo de batalla, que desconoce las implicaciones de una guerra y, sobre todo, no arriesga nada, la guerra es una opción. El militar tiene otras prioridades, entre ellas, mantener sus opciones futuras y no hay promoción política para un militar derrotado.

En realidad, no hay planes para una guerra a gran escala contra Irán. En las circunstancias actuales, el ejército de EEUU no podría sostener más allá de dos meses. ¿Por dónde invadir? ¿Por Irak, cuyo gobierno le debe la existencia a Teherán? ¿Por el Golfo, una auténtica ratonera que precisa de navíos desminadores y de cobertura más allá de las disponibilidades estadounidenses? ¿Por Kuwait, con fuertes lazos comerciales con los iraníes? Un “serio” analista político televisivo proponía que fueran enviados 200.000 soldados por tren a través de Turquía… ¡¡¡Sin que nadie se diera cuenta!!!

El hecho objetivo es que el portaaviones Abraham Lincoln no se ha atrevido a entrar en las aguas controladas por Teherán. Es evidente su extrema vulnerabilidad en caso de conflicto. La alternativa barajada es un ataque con misiles capaces de doblegar a Irán y obligarle a aceptar las 12 propuestas que aireó Bolton hace unos meses. Esa opción es también improbable: la capacidad balística de Teherán preocupa enormemente a la flota estadounidense y, especialmente, a Tel Aviv, que recibiría inmediatamente los ataques iraníes, de Hamás y Hezbola, en una guerra que implicaría a todo Oriente Medio.

Bien sabemos que la inteligencia no es la virtud que más brilla en la Casa Blanca. Por ello, sería bueno que alguien recomendara a esos personajes leer algo de historia. Sadam Hussein creyó en 1980 que la debilidad de la Revolución iraní, asediada por todas partes, le permitiría invadir y ocupar la provincia de Juzestán en uno o dos meses. La guerra se prolongó durante ocho años. Se usaron armas químicas proporcionadas por EEUU y la empresa Bayer 1(alemana) contra los civiles iraníes. EEUU intentó destruir la marina iraní. Se apoyó militar y financieramente a Irak… la guerra causó más de 1.000.000 de muertos: la resultante fue la destrucción de Irak y, décadas después, el aumento de la influencia iraní en la zona.

Irán, por otra parte, ha sabido sobrevivir bajo las sanciones norteamericanas. En este momento tiene una capacidad militar nada desdeñable. Si bien no posee el arma atómica, una “fatwa” dictada por Jomenei la prohibió, ha desarrollado capacidades balísticas muy importantes. Cada misil que alcance suelo Iraní será contrarrestado con misiles contra Tel Aviv. Irán puede golpear cualquier contingente militar estadounidense en cualquier país de la zona. Las vitales plantas de desalinización de agua potable de Arabia Saudita están al alcance de los misiles iraníes, todas las refinerías de los EAU y varios puertos estratégicos de transporte de crudo están al alcance de la artillería iraní. Si el ataque de los yemenís (hutis) hace pocos días a los oleoductos saudíes ha puesto el petróleo por las nubes, ¿qué pasaría en una guerra a gran escala? Irán posee un arma de destrucción masiva: el cierre del Estrecho de Ormuz.

En los ejercicios militares Millennium Challenge 2002 se formuló una hipótesis de guerra similar a la actual: una fuerza militar encabezada por portaaviones forzaban la entrada al Golfo Pérsico. El informe de la simulación fue demoledor. Las pérdidas del “bando azul, el norteamericano”, eran inasumibles: en 15 minutos, el ataque coordinado de las fuerzas iraníes hundía un total de 15 navíos de guerra norteamericanos entre ellos un portaaviones

El general que simuló la dirección del bando iraní, rojo, fue el general de marines Paul K. Van Riper. Como acción previa, el bando azul formuló una serie de demandas políticas que incluían el cambio de gobierno y el control sobre las riquezas petrolíferas. Las demandas no podían ser aceptadas. El bando rojo diseño entonces una estrategia asimétrica: como en la Primera guerra mundial, evitó las comunicaciones radiofónicas, (se hicieron a través de correos montados en motocicletas); como en la II Guerra Mundial, se usaron señales luminosas….

En el segundo día de ejercicios, con una flota de botes pequeños (indetectables por el radar debido a su tamaño) se fijó la posición de la flota enemiga, que fue atacada con salvas de misiles de crucero desde tierra, desde barcos comerciales en el mar, drones y por un enjambre de lanchas de guerra armadas de misiles antibuque que colapsaron las defensas norteamericanas. Al final de esa jornada, se perdían 16 barcos (entre ellos, un portaaviones, un crucero, ocho destructores y cinco de los seis buques de transporte de marines). Norteamérica perdía 20.000 efectivos. El Pentágono tuvo que variar cuatro veces las condiciones de la simulación hasta que consiguieron ganar. En el último escenario, usaron armas nucleares.

La incapacidad de los halcones de guerra para aprender de la historia es bastante notable, porque la historia enseña que no hay guerras cortas o baratas. La guerra es, por su propia naturaleza, impredecible, costosa y casi nunca termina como se desea. EE.UU. ha iniciado demasiados incendios y no puede apagar ninguno sin quemarse. El peligro en la Casa Blanca es la existencia de auténticos psicópatas con una nula comprensión de la realidad. ¿Querrá Trump iniciar otro incendio provocando una enorme subida en los precios del petróleo en periodo preelectoral?

1 En la fachada del Banco Central de Irán existe una placa que lo recuerda.

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