La alcaldesa deja Madrid sin cumplir sus planes estrella

Arturo del Villar||

Escritor, poeta y editor. Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio||

Manola Carmena abandona el Ayuntamiento de Madrid, porque la mayoría de los madrileños queremos botarla, y no votarla, dejando incumplidos los proyectos faraónicos que expuso a poco de tomar posesión de su cargo. En mi hemeroteca política guardo las declaraciones que hizo el 16 de junio de 2015 a la agencia informativa Europa Press, para anunciar urbi et orbi que una de las primeras medidas que pensaba adoptar consistía en que las madres de los estudiantes en colegios e institutos de la capital del reino limpiasen las aulas al finalizar las clases diarias.

Su faraónica propuesta consistía en hacerles a las madres de los estudiantes unos contratos más baratos que los aceptados por los centros escolares con las empresas de limpieza en vigor entonces. De ese modo los centros ahorrarían dinero y las madres lo ganarían. Además ellas estarían muy satisfechas por trabajar en beneficio de sus hijos, y en lugares cercanos a su domicilio. Y explicó: “Limpiar algo que importa tiene un valor social añadido, porque limpias mejor cuando sabes para qué lo haces, y puede resultar además pedagógico para los estudiantes. Lo que queremos hacer es un programa de limpieza, con fines pedagógicos también, porque Madrid está muy sucio.”

Pues, durante los cuatro años de su mandato, Madrid se ha convertido en una ciudad tercermundista, con las basuras acumuladas en las calles, los contenedores municipales rebosantes y, en consecuencia, sus alrededores llenos de objetos desechados. Eso de que se limpia mejor cuando se sabe para qué se hace resulta una estupidez: los barrenderos saben que trabajan para cobrar un salario, y no se proponen conceptualizarlo planteándose cuestiones trascendentales. A quien nadie vio nunca en el Ayuntamiento limpiar al menos su despacho es a Manola Carmena. Es que ella no sabría para qué limpiaba, ni mucho menos cómo hacerlo. Está acostumbrada a que sus criados le realicen las faenas domésticas en su hogar. Para algo es ricachona y puede pagarlos.

Parecia una chochez

Este plan estrella anunciado nada más tomar posesión del cargo, fue considerado una muestra de chochez de la vieja alcaldesa, y contestado inmediatamente por la Unión General de Trabajadores y por las Mujeres en Igualdad. Al sindicato le parecía aberrante que la alcaldesa pretendiera sustituir a trabajadores profesionales por amas de casa, a las que daría una limosna por su esfuerzo. A la asociación femenina le resultaba una propuesta machista intolerable, puesto que llamaba a la limpieza a las madres de los escolares solamente, y no a sus padres. A los madrileños en general nos hizo horrorizarnos, al imaginar lo que nos esperaba en los siguientes cuatro años con esta estúpida alcaldesa dirigiendo el destino de la capital. La verdad es que su desastrosa gestión ha superado todos los espantos imaginados, y muchos más. Qué habremos hecho para merecer este castigo. Y encima se las da de sabionda.

Otro anuncio presentado en la misma entrevista no fue menos increíble: declaró estar trabajando en la creación de un banco público municipal, para reforzar la autonomía financiera del Ayuntamiento. Sería la herramienta de financiación de proyectos sociales y de empresas y cooperativas que fomentasen la economía productiva.

Durante los cuatro años en que ha permanecido al frente del Ayuntamiento de Madrid no ha puesto en práctica ninguno de los dos proyectos anunciados como prioritarios de su gestión. O no eran prioritarios o había personas con sentido común en el Ayuntamiento y la contuvieron para que se limitara a decir insensateces, sin realizarlas.

Más absurdo todavía

Tampoco ha cumplido, afortunadamente, otro proyecto absurdo, asimismo criticado por los sindicatos obreros, los universitarios y las asociaciones femeninas. Lo anunció poco después, exactamente el 2 de octubre de 2015. Dio cuenta del disparatado plan la agencia EFE, al informar sobre su intervención en la inauguración de las XIII Jornadas de Medioambiente y Desarrollo Sostenible. Anunció en el discurso que el Ayuntamiento trabajaba en la creación de un “servicio social de trabajo universitario”, consistente en que “durante un determinado tiempo barran las calles de Madrid”.

Justificó este otro faraónico proyecto en que así “los universitarios se convertirán en gestores de los grandes acontecimientos juveniles” y solamente por mover la escoba con eficacia, para lo que no es necesario poseer un máster en limpieza viaria. Y remachó el dislate así: “A lo mejor no está mal que durante dos o tres meses un universitario sea barrendero ocasional”. A lo mejor tampoco estaría mal que a los barrenderos se les ofrecieran oportunidades para acceder a la Universidad, sin tener que pagar esas matrículas imposibles.

Ella habló muy en serio, pero los madrileños nos reímos a su costa, aunque más bien debíamos haber llorado por padecer esa alcaldesa. Ítem más dijo: “Queremos sensibilizar a la sociedad, sobre todo a las personas jóvenes, y la ética de la limpieza es un elemento de sostenibilidad de nuestra sociedad, y es indicativo de comportamiento ético necesario para con los demás, que los demás no tengan que recoger la suciedad que yo genero.” Buena teoría, pero ella no recogió nunca su suciedad. Tendría que haberse recogido ella entera.

Una nueva ética

Dado que yo ignoraba en qué consiste “la ética de la limpieza”, y ansioso por incrementar mis conocimientos, en los días posteriores a ese discurso recurrí al filósofo que más y mejor ha analizado la ética, Aristóteles. Leí atentamente sus Ética a Nicómaco, Ética a Eudemo, y la Gran moral, considerados siempre los tres mayores tratados sobre la ética escritos en toda la historia, y no se encuentra en ellos ninguna alusión a “la ética de la limpieza”. De modo que ésa va a ser la gran aportación intelectual de la Manola a la sabiduría universal. Es maravilloso poder constatarlo: Aristóteles tiene una continuadora de su talla en la Manola Carmena, la filósofa expositora de la ética de la limpieza.

Ya metido en ese trabajo investigador tan fructífero, leí tambien la Política, y en el primer libro, capítulo primero, encontré este pensamiento sugerente sobre la cuestión: “Si un individuo no puede bastarse a sí mismo, deberá estar en relación con la ciudad, como las demás partes lo están con el todo. El incapaz de esta participación común, o que no la necesita a causa de su suficiencia, no forma parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios.”

Respecto a esa disyuntiva, todos cuantos la hemos sufrido estamos muy seguros de que la Manola Carrnena no es una diosa.

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