Las fundaciones ¿filantropía neoliberal? Esa cosa llamada sistema

Ana María Valencia Herrera||

Profesora de IES de Murcia||

Eduardo Luque Guerrero||

Periodista y analista||

La complejidad del sistema capitalista es ta, que la sabiduría popular ha optado por llamarlo, simplemente, el sistema; una palabra para intentar englobar el magma de instituciones, organismos, empresas y relaciones que configuran el poder en nuestro siglo. Las mil caras del capitalismo contemporáneo: digital, neoliberal, cibernético etc.

Este sistema es mucho más que una estructura económica. Mantiene y ejerce su hegemonía (jurídica, económica y política) con una gran variedad de instrumentos, pero se basa en un entramado capaz de generar maneras de pensar y modos de conducta, que, además, la sociedad termina por adoptar y aceptar como propios.

El capitalismo contemporáneo es, en teoría, un proceso, una estructura en movimiento. Sobrevive en la medida en que consigue adaptarse. El neocapitalismo ha sabido generar un mensaje sutil, tácito y acrítico que, por un lado, desmoviliza y, por otro, justifica su propia existencia. El discurso neoliberal insiste en que el Estado del Bienestar mina la eficiencia económica al desincentivar el trabajo, el ahorro y la inversión, drenando recursos del sector privado hacia el Estado en forma de impuestos. La alternativa neoliberal es una sociedad más “eficiente y libre” que amplíe el mercado y reduzca el tamaño y las funciones de los Estados. El objetivo implícito pasa por la desarticulación del mismo en una primera fase, para ser sustituido posteriormente por un nuevo modelo estatal, actualmente en estado de embrión, que se podría definir como Estado- empresa, Estado mediador o meso-Estado.

En esta fase de destrucción del modelo estatal, las fundaciones y otras instituciones del capitalismo en su versión aparentemente filantrópica, están cumpliendo la doble función de, por un lado, ocupar el papel social que antes desarrollaban las instituciones estatales, y, por otro, el de crear la mentalidad social necesaria para este cambio. Allí donde ha desaparecido el Estado como agente de bienestar, ha florecido la caridad neoliberal. Frente a la terca realidad de desigualdad y pobreza, las fundaciones y ONGs han hecho aceptable el discurso neoliberal proponiendo un paliativo y una imagen del futuro que nunca existirá. Para promover el olvido de la realidad y en paralelo al desarrollo del modelo capitalista fueron diseñadas las fundaciones.También, claro está, para evadir el pago de impuestos.

Origen y ascenso de las fundaciones

En su intento por conseguir la universalización y aceptación del modelo, el neoliberalismo camuflado con el disfraz del filántropo, quiere dar la impresión de realizar un inmenso servicio a la comunidad y, especialmente, a los más necesitados y al medio ambiente. En realidad, lo que hace es desplegar políticas que benefician a la minoría más acaudalada. La traducción de lo anterior al mundo de la globalización es la pretensión de que ésta alcanza a todos y a todos beneficia por igual. Lo advertían Marx y Engels cuando escribieron: «cada nueva clase que toma el lugar de aquella que dominaba está obligada, para lograr sus fines, a concebir su interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad; o, para expresar las cosas en el plano de las ideas: está obligada a dar a sus pensamientos forma de universalidad, a representarlos como los únicos razonables, los únicos universalmente válidos».

Antes de su proliferación espectacular, las fundaciones dependieron ya desde sus orígenes, en las primeras décadas del siglo XX, de las grandes corporaciones industriales a las que estaban vinculadas. Baste como ejemplo la muy conocida y activa fundación Rockefeller, sus promotores fueron el dueño de la Standard Oil, John D. Rockefeller, su hijo John D. Rockefeller Jr. y el empresario del gas y “filántropo” Frederick Taylor Gates. Su supuesta misión: “Promover el bienestar de la humanidad en todo el mundo”. Las empresas del grupo financiero Rockefeller habían sido las responsables de la matanza de mineros en Ludlow, en 1914, en la que murieron 33 mineros y otros cien fueron heridos. Fue preciso un lavado de imagen, creándose la fundación filantrópica para conseguirlo.

Cuando el debate sobre la reducción del tamaño del Estado comenzó, inmediatamente después de la II Guerra Mundial, las grandes fundaciones se sumaron al mismo con entusiasmo. Aunque al principio la nueva fe se limitaba a un grupo exclusivo de académicos cercanos a las tesis del economista y jurista austriaco pro-nazi Friedrich von Hayek, otros personajes conocidos y notables se sumaron rápidamente, los también economistas Ludwig von Mises y Milton Friedman e, incluso durante un tiempo, el filósofo Karl Popper. Partían del supuesto de que es la libertad de mercado la que establece los criterios de redistribución entre los grupos sociales. Aparecieron inmediatamente varios think tanks, devotos de las tesis de la Mont Pelerin Society, cuyo objetivo era extender el nuevo credo, en especial en el seno de las instituciones universitarias.

De esta forma, se fueron generando nuevos espacios de intervención. Aparecieron el Institute of Economic Affairs de Londres (“sin duda el think tank más influyente de la historia británica moderna” en palabras de Andrew Marr, editor de The Independent), la Heritage Foundation y el CATO Institute. Think tanks como el Instituto Manhattan o la Fundación Ohlin se dedicarán a financiar las ideas de Friedrich von Hayek y Milton Friedman y las de la economía de oferta.

A partir de aquí, la teoría del mercado libre, la acumulación de capital y las fundaciones han avanzado con cada crisis; fue durante depresión de los 70 cuando las instituciones de la caridad capitalista comenzaron su escalada, para llegar a una auténtica proliferación durante la catástrofe de 2008. Gracias en parte a la inestimable ayuda del Banco Mundial que en 1982 reconoció a las ONGs y las fundaciones filantrópicas como interlocutores privilegiados, abriendo paso al neo-concepto de: “sociedad civil”. Desde ese momento, el “altruismo neoliberal” ha entrado en una edad dorada convirtiéndose en el predicador y principal agente de las nuevas ideologías. No ha sido, en cambio, hasta este siglo cuando han eclosionado de forma extraordinaria: sólo en Estados Unidos existen 86.700.

El número total a nivel mundial según el último informe de la universidad de Harvard de 2018 era de 260.358. Son cifras relativas dado el nivel de crecimiento de las mismas. La mayor parte de ellas se encuentran en los EEUU y Europa. El 44 % han sido creadas en lo que va de siglo, al amparo del creciente soporte estatal. Podemos deducir que en la formación del neoliberalismo el desarrollo de las fundaciones ha sido decisivo. Por volúmenes de inversión unas 156.894 fundaciones identificadas en 22 países y Hong Kong poseen 1,5 trillones de dólares en fondos. En Suiza las inversiones de estas fundaciones representan el 14% del PIB y en España las fundaciones poseen ya un 2.5% del mismo en activos financieros.

Nuestro país es uno de los lugares más interesante donde invertir para estas organizaciones. Su sector público en especial la sanidad y la enseñanza presentan grandes posibilidades de beneficio.

La trama, o la maraña según la definamos, se ha hecho tan compleja que hace muy difícil seguir su evolución y sus interrelaciones. Fundaciones, ONGs, Institutos, think tanks, individuos mediáticos, puertas giratorias entre gobiernos (los gobiernos son un actor más), empresas, relaciones con terceros países… todos entrelazados con un solo objetivo: intentar pasar desapercibidos en su actuación política y su negocio.

Bill Gates, ese mago de la confusión, lo definió como “capitalismo creativo”. Para el pedagogo Antonio Olmedo1 gracias a ese modelo de relaciones, el pensamiento neoliberal se ha extendido hacia espacios y esferas en los que nunca antes había penetrado, lo que implica según este mismo autor, una nueva redefinición entre el plano económico y el comunitario, en el que el modelo de fundación es la clave.

Las fundaciones son el disfraz empleado para hacer pasar por social lo que es estrictamente un negocio .Para dificultar aún más su comprensión, muchas de estas fundaciones presentan diferentes caras y una red de relaciones entre ellas casi imposible de conocer. Precisamente, su estructura maleable, auxiliada oportunamente por la extensión del capitalismo cibernético, es una de sus mejores armas. Capaces, en definitiva, de financiar lo propio y lo contrario (lo progresista y lo reaccionario), intentan controlar por completo la opinión pública y dirigirla, para lo que cuentan también con unos bien dispuestos medios de comunicación; no hacen sino repetir con un formato moderno el esquema clásico de la dominación: desconectar, fragmentar y manipular.

El filantrocapitalismo y su contribución al sistema

El sistema necesita urgentemente reinventarse. Los Estados tienden cada vez más a convertirse en las correas de transmisión de las grandes corporaciones multinacionales, disfrazadas ahora de instituciones filantrópicas. Un procedimiento que acabará por reducir el papel de los Estados–nación y cuestionará, ya lo está haciendo, el propio sistema democrático. Esa “reinvención” pasa por potenciar una serie de nuevas “instituciones” que ya interactuaban con gobiernos y sociedades desde principios del siglo XX.

Las fundaciones y su séquito de organizaciones subsidiadas, son hoy el elemento central de este nuevo capitalismo, que encuentra su principal fortaleza en, como ha señalado Mark Fisher2, imponer una imagen ideal inventada de sí mismo con la que la sociedad tiene la capacidad de identificarse por encima de la realidad y de las crueldades de ésta.

El núcleo fuerte, históricamente, está formado por las fundaciones procedentes de las grandes corporaciones norteamericanas, como la fundación Carnegie para la Paz Internacional (Carnegie Endowment for International Peace), fundada en 1910 y financiada por la quinta empresa mundial productora de acero. En 1913, nació otra de las fundaciones más antiguas y conocidas, la Fundación Rockefeller, que, tras arrojar un manto de olvido sobre Ludlow, se centró en el ámbito educativo. En 1923, la fundación Laura Espelan, junto con la Rockefeller, creó el Social Science Research Council (SSRC), cuyos fondos se dirigieron hacia las principales universidades norteamericanas (Harvard, Columbia, Chicago, Yale), así como algunas de las europeas más importantes. En 1932, la Fundación Ford fue la respuesta de esta empresa al incremento de la sindicación y al aumento del número de organizaciones obreras, como reacción a la crisis del 29.

Tras la II Guerra Mundial las fundaciones encontraron un fertilísimo campo de actuación sobre el que se prodigaran hasta nuestros días: la investigación en psicología de masas. La Fundación Ford, pionera en este campo, financió múltiples proyectos sobre el estudio del comportamiento en el ámbito político (behaviorismo) y para ello creó el Centro para estudios avanzados en las ciencias del comportamiento (The Center for Advanced Studies in the Behavioral Sciences), con el que se pretendía que las ciencias del comportamiento contribuyeran a la solución de los problemas sociales básicos en América. Entre 1951 y 1957, la Behavioral Science Division recibió más de veintitrés millones de dólares. Con este capital se formaron multitud de investigadores norteamericanos y extranjeros en este campo.

A escala mundial, unas fundaciones han ido dejando el paso a otras en función del volumen de negocio o la posición en sectores estratégicos. Fundaciones como la Carnegie o la Ford han cedido el paso a las de Bill Gates o George Soros. Estos dos gigantes son, hoy por hoy, los principales actores, tanto por los activos que manejan como por su influencia en el ámbito político.

Lo mismo sucede con la moderna fundación Americans for Prosperity, creada por David Koch en el 2004 (hermanos Koch), que ha tenido desde su creación un fuerte carácter de intervención en la política: ellos fueron los verdaderos organizadores de la revuelta del Tea Party. Uno de los logros más celebrados de esta fundación es la legislación que permite anular la sindicación obligatoria en algunos Estados. Los empresarios que han sostenido esta institución han conseguido de esta forma que la afiliación sindical sea motivo de despido.

Es el enorme poder y la extensión que ocupan las fundaciones en todos los ámbitos y, especialmente en los académicos e intelectuales, lo que explica los pocos estudios que existen sobre su papel, y la poca difusión que alcanzan los mismos; por lo tanto cuantos estudios se realizan sobre ellas están normalmente sesgados a su favor. Una de las pocas intelectuales que se han ocupado de su estudio, Joan Roelofs3, ha señalado que “las fundaciones definen la mayor parte de la cultura política y encauzan los movimientos de cambio social para proteger la riqueza y el poder de las corporaciones”.

Son instituciones que desde la atalaya de su posición dominante en el ámbito intelectual o el activismo social acaban por ocultar sus intenciones bajo el manto de la filantropía. Que personajes como George Soros con su (Open Society), Bil Gates (Fundación Bill Gates) o Donald Trump (Fundación Trump) se conviertan en “benefactores” de la humanidad y de los pueblos no puede ser más que un sarcasmo.

La influencia de las fundaciones no sólo se circunscribe a los espacios que considera relevantes para su propio desarrollo y expansión, sino que pone especial interés en los ámbitos que les podrían perjudicar en un futuro. Mc George Bundy, el que fuera Consejero de Seguridad Nacional con varios presidentes norteamericanos (1961-1966) y, posteriormente, nombrado presidente de la Fundación Ford en 1966, al ser preguntado sobre la razón por la que la fundación Ford apoyaba, aparentemente, las causas radicales contestó: “Hay una propuesta muy importante aquí para las instituciones y las organizaciones que son jóvenes y que aún no tienen forma de saber la dirección que van a tomar. Es una gran oportunidad para nosotros marcar el grado y el camino que puedan tomar“.

El gran objetivo, la privatización de los servicios básicos

El gran objetivo de las fundaciones en este momento es la privatización de los servicios públicos básicos que están hoy en día en manos de los Estados. Bien sea a través de su intervención en las políticas nacionales o mediante acuerdos internacionales como el secretísimo y en vías de negociación TISA4.

Como la conversión de la propiedad de los servicios públicos en bienes privados entraña una fuerte resistencia social, se opta por una vía intermedia que conduce al mismo objetivo. El modelo que adoptan las fundaciones es la denominada PPP por sus siglas en inglés (Partnership Public Private), es decir la alianza público –privada. La propuesta intenta difuminar los límites entre lo privado y lo público generando intencionadamente una gran confusión. ¿Qué es lo público y qué es lo privado? ¿Quién lo gestiona? ¿Cómo se organiza la colaboración? En este modo de operar, las fundaciones colaboran intensamente con los Estados, lo que se traduce en la utilización de recursos públicos para conseguir sus objetivos y beneficiarse: de ahí su interés por los lucrativos sectores públicos donde no hay riesgo y el negocio está garantizado por el Estado. En nuestro país, fundamentalmente la sanidad y la educación.

Las formas de colaboración son muy diversas aunque si se trata de la planificación conjunta el nivel de intervención de las fundaciones alcanza hasta el 77% de los proyectos. Es decir, son las Fundaciones las que, a través de sus asesores y especialista, planifican las PPP que se transforman en auténticos procesos de privatización de lo público.

La confusión está asegurada al utilizar como intermediarias para las actividades empresariales a las fundaciones, y ocupar sus directivos puestos en lo caritativo y lo lucrativo simultáneamente. A su vez, unas fundaciones son “colaboradoras” de otras que, a su vez, lo son de otras terceras, y así sucesivamente, incluyendo en ocasiones a algunas ONGs. Se genera de este modo un entramado tan complejo que asegura su absoluta opacidad.

Uno de los ejemplos más evidentes es la constitución del Foro Económico Mundial o Foro de Davos, (una reunión anual de las 3.000 personas más ricas y poderosas del mundo conjuntamente con los líderes de los países desarrollados). Sólo la posibilidad de asistir cuesta 60.000 €, a lo que hay que sumar la entrada, los gastos de estancia de las delegaciones, las comidas y reuniones privadas. Este foro internacional está organizado por la Fundación Schwab, que naturalmente actúa de intermediaria de otras fundaciones como la Motse pef Foundation o la Frey Foundation, y éstas, a su vez, colaboran con otras como la omnipresente Fundación Gates.

Uno de los informes más interesantes sobre el mundo de las Fundaciones y su entorno lo publicó la Universidad de Harvard. Los datos del estudio no dejan de causar sorpresa: el porcentaje de los activos de las fundaciones que se destina a caridad no supera el 10 % de media. Esta inversión tan modesta explica como EEUU, con tantas fundaciones dedicadas a prevenir la pobreza y apoyar la educación, sigue siendo el paraíso de la desigualdad. Arundahti Roy, en su obra Espectros del Capitalismo5, ha afirmado que ”las fundaciones han fragmentado la solidaridad en formas que la represión nunca habría logrado”.

La inversión en caridad en España sobrepasa con mucho a la media, situándose en el 37 %. Situación que los autores achacan al deseo de alcanzar un impacto social rápido y fuerte concentrado en el tiempo, debido a la necesidad de mejorar la implantación de las fundaciones en nuestro país. Dicho de otro modo: es necesario posicionar la imagen corporativa de las fundaciones de forma acelerada aunque implique una reducción de los márgenes de beneficio.

El informe al que hacemos referencia llega a afirmar que estamos viviendo la “era global de la filantropía”. Las instituciones del filantrocapitalismo se han extendido por todo el mundo como una mancha de aceite. Su velocidad de implantación es tal que las tres cuartas partes de ellas se han creado en los últimos 25 años. Es imposible, pues, negar su impacto económico y social.

Su mercado más importante se encuentra en los países subdesarrollados, aunque las sedes sociales se encuentran evidentemente en los países donantes. Hay un trasfondo colonial en este reparto de funciones que viene de antiguo. Las acciones que se realizan, antes y ahora, muestran las sempiternas imágenes de “negritos sonrientes y limpios” mientras leemos en su ideario dos conceptos tan místicos como “misión y visión”. Se unen en estrecho lazo las dos religiones del capitalismo colonial: la cristiana y la neoliberal.

En este contexto de cambio constante y alta incertidumbre, se produce un debilitamiento de las formas de control nacidas en el seno del Neoliberalismo. El papel de las religiones, las relaciones familiares o las estructuras laborales como nódulos desde donde se construían los consensos sociales básicos, están siendo cuestionados.

Se hace preciso la participación de los “mass media” al servicio de las grandes corporaciones, pero también es preciso acallar la respuesta política progresista que es desviada hacia el “buenismo humanitario”. Como el desprestigio del discurso político apela a argumentos cada vez más gastados (la libertad, las armas de destrucción masiva…) se hace imprescindible crear nuevas fuentes de legitimidad social. Se pretende generar una nueva épica altruista, calmar el malestar social y prometer el futuro, mientras se consagra como creencia la generosidad social pero se acepta como realidad la injustica y la explotación.

Notas:

1. Philantrhropic Governance: Charitable Companies the commercialization of education and that thing called democracy. Olmedo , Antonio en The global education industry.Verger,A. Lubienski, C. and Steiner-Khansi G.Routledge, New York 2016.

2. Mark Fisher .Capitalist Realism: Is There No Alternative? Zero Books ,NY , 2009.

3. Joan Roelofs. Foundations and Public Policy: The Mask of Pluralism. (SUNY series in Radical Social and Political Theory), New York University, 2003.

4. El TISA, es el tratado internacional sobre comercio de servicios conocido por sus siglas en inglés(Trade in Services Agreement,) lleva negociándose en secreto durante años, pero el escándalo de sus acuerdos estalló cuando parte de estos fueron revelados por wikileaks en 2014.

5. Arundhati Roy, Espectros del Capitalismo, Capitan Swing, 2015.

Para más información sobre el tema y referencias véase El Viejo Topo, nº359, Abril 2019.

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1 comentario de “Las fundaciones ¿filantropía neoliberal? Esa cosa llamada sistema

  1. Carlos Hernández
    8 mayo, 2019 at 17:49

    Magnífica exposición de una realidad tan sutil como evidente e inquietante que el desarme ideológico además del “pesebrismo” señalado por los autores parece haber dejado al margen de la atención y la crítica, cuando no se ha caido sin más en un mero seguidismo por parte de entes que todavía -cuando viene al caso- se reclaman de “izquierdas” … Sospechoso, muy sospechoso el tan alabado “tercer sector” …

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