Algunas claves para entender la cuestión del Sahara occidental

María Rosa de Madariaga||

Historiadora||

Mapa del Sahara Occidental

Limítrofe de Marruecos, Argelia y Mauritania, el Sahara occidental, un territorio desértico de unos 266.000 km2 aproximadamente, está situado en la costa occidental de África. Dividido en dos regiones, Saquiat el Hamra, la más poblada, en la parte septentrional, con 82.000 km2, y Río de Oro (Ued ed-Dahab), con una superficie de 184.000 km2, en la parte meridional, para entender la pertenencia a España de este territorio es preciso remontarse al siglo XIX, más concretamente a la Conferencia de Berlín de 1884-1885, en la que se procedió al reparto de tierras colonizables de África entre las potencias europeas.

Basándose en los privilegios concedidos por la Conferencia de Berlín al primer explorador que descubriera un territorio, España reivindicó la costa africana enfrente de las islas Canarias, de donde habían partido expediciones de exploración, que propiciaron la instalación en el Sahara occidental de empresas privadas como las Pesquerías Canario-Africanas. Tras la instalación en Villa Cisneros de estas pesquerías en 1984, España empezó a tomar posesión del territorio, informando a los países signatarios de la Conferencia de Berlín, de la instalación de un protectorado español entre el Cabo Bojador y el Cabo Blanco. La colonización española en este territorio empezaría en 1884 con el acuerdo firmado por Emilio Bonelli, de la Sociedad de Africanistas y Colonialistas, con los jefes tribales de Río de Oro. Para consolidar su posición en la región, España firmaba con Francia varios convenios destinados a delimitar sus posesiones respectivas, entre otros, el del 27 de junio de 1900, y el del 3 de octubre de 1904, en virtud del cual se reconocían las pretensiones españolas sobre Río de Oro y Saquiat el Hamra.

Las Naciones Unidas ante el problema de descolonización del Sahara

Fundadas en 1944, las Naciones Unidas (NN.UU) instauraron en 1952 un debate permanente en torno al proceso de descolonización. Los asuntos relacionados con esta materia se dirimían hasta 1960 conforme al segundo capítulo de la Carta de las Naciones Unidas, que solo contenía vagas declaraciones de principio. Pero en 1960 las Naciones Unidas, conscientes de que el final de la colonización era un proceso ineluctable, aprobaban en su 15 periodo de sesiones el 14 de diciembre de 1960 la resolución 1514, conocida como ”Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, cuya puesta en aplicación exigía la creación de un organismo especializado.

Una perspectiva del campo de refugiados saharauis en Tinduf

En el siguiente periodo de sesiones, en el otoño de 1961, el Comité especial para la aplicación de dicha Declaración se convirtió, de conformidad con la resolución 1654, en el Comité de los 24 o Comité de Descolonización, es decir, el órgano fundamental de las Naciones Unidas en materia de descolonización. Conforme a lo estipulado por este organismo, Marruecos sometía, en junio de 1963, una petición para que dicho Comité examinara las cuestiones relativas a Ifni y al Sahara español. Sin renunciar a un acuerdo bilateral con España, Marruecos recurría igualmente a las Naciones Unidas. El Comité de Descolonización aprobaba, el 16 de diciembre de 1964, una primera resolución, retomada más adelante por la Asamblea General, la cual pedía a España que pusiera todos los medios para facilitar la aplicación del derecho a la libre determinación en los dos territorios.

Frente al principio que proclamaba el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, Marruecos oponía el principio de la culminación de la integridad territorial de los Estados internacionalmente reconocidos. Es decir, frente al derecho de los pueblos a la libre determinación, que reivindicarían los saharauis, Marruecos reivindicaba la culminación de la integridad de su territorio. Ambas reivindicaciones tratan de encontrar su justificación en una interpretación nacionalista de la Historia. Marruecos recurriría a sus “derechos históricos”, lo que exigía probar el ejercicio continuo de una soberanía sobre el territorio saharaui, mientras que los independentistas necesitaban probar la existencia de una historia que difería de la defendida por Marruecos.

La reivindicación marroquí de retrocesión del Sahara se remonta a 1956, fecha de la independencia de Marruecos. El dirigente nacionalista marroquí Al-lal El Fassi, y su partido del Istiqlal (partido de la Independencia, en árabe), fundado en 1944, manifestaron desde entonces sin ambages su deseo de construir el Gran Marruecos, que reclamaba el retorno al reino alauí de Ceuta y Melilla, la ciudad de Tinduf, en el oeste de Argelia, Mauritania y el norte de Mali. Algunos de los territorios reivindicados serían retrocedidos a Marruecos: el territorio comprendido entre el Cabo Juby y el ued Draa al norte, es decir, Tarfaya, que constituía el Protectorado sur de España, en 1958; y Tánger, en 1960, mientras que Marruecos optaría por reconocer tácitamente el oeste argelino, y, oficialmente, Mauritania, en 1969. A partir de entonces solo quedaban los territorios en posesión de España, o sea Ifni y el Sahara Occidental.

El decreto español del 10 de enero de 1958, por el que el territorio del Sahara Occidental sería a partir de entonces administrado como una provincia más de España provocó una viva reacción de Marruecos y del rey Mohamed V, quien dirigía el 25 de febrero de 1958 una alocución a los habitantes del territorio, en la que les recordaba el “juramento de fidelidad” perpetua que los habitantes del territorio habían hecho a su abuelo el sultán Muley Hasán I, y su promesa de luchar por la reintegración del Sahara español a Marruecos.

Marruecos basaba sus argumentos en sus derechos históricos seculares a través de las sucesivas dinastías que se sucedieron hasta la dinastía alauí, surgida en el Tafilalet en el siglo XVII, que sigue hoy siendo la reinante. Los marroquíes imprimieron a la cuestión del Sahara una doble dimensión, dinástica y religiosa. El que representaba la suprema autoridad espiritual y política era el sultán, a quien le correspondía garantizar la defensa de las poblaciones a las que le unían vínculos por medio de la beia o “juramento de fidelidad”. La reivindicación de Marruecos sobre el Sahara se apoya en la idea de que los principios de fidelidad y de soberanía son indisociables y de que el juramento de fidelidad al sultán equivale a un reconocimiento de la soberanía.

Para las Naciones Unidas, la cuestión del Sahara era un problema de descolonización, y como tal se mantuvo inscrito en la lista de “territorios no autónomos” hasta 1964, año en el que el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas empezó a sancionar la política de España en la región, con la aprobación por la Asamblea General, el 16 de diciembre de 1965, de la resolución 2073 a favor de la descolonización de Ifni y del Sahara, la cual recomendaba la consulta de las poblaciones interesadas a través de un referéndum. Ifni sería retrocedido a Marruecos en 1969, siendo a partir de entonces el Sahara Occidental el único territorio cuya descolonización quedaba pendiente de un referéndum.

Aferrados a sus oposiciones, ni España ni Marruecos aceptaban esta opción, hasta que el gobierno español, como reacción a la ofensiva diplomática marroquí a escala internacional para explicar la “marroquinidad” del Sahara, proponía la organización de un referéndum, en el que el pueblo saharaui decidiera libremente su futuro. Ante esta propuesta, Marruecos reaccionaba, a su vez, proponiendo que la Asamblea General de las Naciones Unidas sometiese al arbitraje de la Corte Internacional de Justicia de La Haya determinar cuáles eran los vínculos jurídicos precoloniales que unían a este territorio con el Impero jerifiano. En la Corte Internacional de Justicia de La Haya, hubo jueces que admitieron que el juramento de fidelidad al sultán equivalía a la fidelidad al Estado, lo que significaba un reconocimiento de que los vínculos jurídicos de Marruecos con el Sahara Occidental equivalían a vínculos políticos o incluso de soberanía.

Los movimientos nacionalistas saharauis

Los movimientos de liberación surgidos en los años 70 en el Sahara fueron muy numerosos, aunque de escasa relevancia. Las autoridades marroquíes fomentaron ya en 1966 la creación del Frente de Liberación de Saquiat el Hamra y Río de Oro (FLS) y, en 1967, del Movimiento de Liberación de Saquiat el Hamra y ¨Río de Oro, al que podemos considerar el primer movimiento nacionalista saharaui autónomo. Desde 1973, se aceleró la multiplicidad de grupos con la creación del Frente Nacional de Liberación de Saquiat el Hamra y Río de Oro, y, más particularmente, como prolongación del MLS, la del Frente Popular para la Liberación de Saquiat el Hamra y Río de Oro, más conocido como Frente POLISARIO, fundado por jóvenes estudiantes e intelectuales saharauis, formados en Marruecos y en España.

Como respuesta al Frente POLISARIO, las autoridades españolas creaban en 1974 el Partido de la Unión Nacional Saharaui (PUNS), que no tardaría en adherirse a Rabat. Otros dos movimientos surgidos en 1975 reivindicaban la integración del territorio en Marruecos, cuya influencia se ejercía sobre todo en la franja meridional habitada por tribus Tekna, muy afines desde siempre a Marruecos.

Dado que ninguno de estos movimientos podía pretender representar a toda la población saharaui, las autoridades españolas pensaron que podían aprovechar aquella situación para establecer en el territorio una Yemâ’a o Asamblea saharaui, totalmente sometida a la autoridad colonial, y con representantes en las Cortes franquistas de Madrid, cuyos miembros llamados “procuradores” eran fieles servidores del régimen dictatorial imperante entonces en España. Con esta maniobra, España pretendía conseguir una asimilación cultural de los jóvenes saharauis, concediéndoles becas para cursar estudios en España, así como una adhesión de las capas medias, fomentando su sedentarización y urbanización.

Paralelamente, era preciso fomentar las inversiones europeas y la explotación de las riquezas mineras, dentro de un marco político, en el que los notables de la Yemâ’a, cuya adhesión se había conseguido a base de sobornos, eran el instrumento para legitimar la presencia de la potencia colonial en el Sahara y demostrar a las Naciones Unidas que carecían de argumentos para defender la independencia del territorio.

En su resolución 2908, del 2 de noviembre de 1972, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconocía la representatividad de los movimientos saharauis de liberación nacional, lo que favorecería la creación del Frente POLISARIO el 10 de mayo de 1973, y el inicio, pocos días después, de la lucha armada contra España.

El POLISARIO rechazaba la unión con Marruecos o Mauritania y reclamaba la independencia del Sahara. Podemos considerar que la creación del Frente Polisario representó un salto cualitativo en la toma de conciencia de la “identidad saharaui”, que pasó de ser tribal a “nacional”. El “nacionalismo saharaui” surgió como una reacción a las pretensiones hegemónicas, primero, de España, y, luego, de Marruecos. La nueva generación, que cursaba estudios en las universidades de Marruecos, especialmente en Rabat, fue la que adquirió mayor relevancia, hasta erigirse en movimiento político organizado. Parece evidente que los estudiantes saharauis se politizaron y radicalizaron bajo la influencia de la Unión Nacional de Estudiantes Marroquíes (UNEM).

En aquellos años, el movimiento estudiantil saharaui dirigido por Mustafá el Uali luchaba contra el colonialismo español, y procuraba obtener el mayor apoyo posible de los partidos políticos marroquíes. Éstos, mientras se trataba de luchar contra la ocupación española, lo apoyaban, pero desde el momento en que el movimiento saharaui mostró su aspiración a liberar el territorio de cualquier ocupación extranjera, los partidos clásicos marroquíes empezaron a tomar distancias, por considerar que las posiciones de Mustafá el Uali representaban una amenaza para la integridad territorial de Marruecos que todos ellos apoyaban.

El Sahara Occidental y los partidos políticos marroquíes

Con excepción de algunos grupúsculos clandestinos marxista-leninistas como el Movimiento del 23 de Marzo y el de Ilal Amam (Hacia adelante), todos los demás partidos políticos- el Istiqlal, la UNFP, el Movimiento Popular y el PPS (Partido del Progreso y del Socialismo, antiguo Partido Comunista marroquí)- se unieron a la campaña de información sobre el Sahara, de cara al extranjero, orquestada por el rey Hasán II, desplegando una intensa actividad diplomática, en la que cada enviado debía explicar la política del rey, encaminada a la integración del Sahara español en el Reino de Marruecos.

La adhesión incondicional de los partidos políticos marroquíes a la “devolución” del Sahara Occidental a Marruecos tuvo como consecuencia un periodo de “entendimiento” de los partidos políticos con Palacio. Era la política del “do ut des”, aunque en este mercadeo, en el que Hasán II era maestro, pocas fueron las ventajas que los partidos políticos obtuvieron a cambio. Si acaso, hacerles creer en el espejismo de que gobernaban, cuando, en realidad, quien seguía moviendo los hilos en la sombra era el propio rey.

El Sahara Occidental en la geopolítica regional

El descubrimiento de yacimientos mineros en 1962 hizo que España empezase a preocuparse por la explotación de aquel territorio desértico, cuyo único interés había sido hasta entonces la pesca, sobre todo para los pescadores canarios. Los fosfatos, explotables a cielo abierto, con yacimientos a 100 km del mar, representan la mayor riqueza del territorio. El solo yacimiento de Bou Craa se calcula que contiene unos 1.500 millones de toneladas.

Además de esta riqueza minera, a la que hay que añadir yacimientos de hierro en el centro del país, y la pesca, que hacen de los 1.200 km de costa atlántica del Sahara una de las más ricas del mundo en recursos pesqueros, las prospecciones petroleras off shore desde hace pocos años apuntan la posible existencia de yacimientos de petróleo en alta mar.

Marruecos, que dispone de las tres cuartas partes de los fosfatos conocidos del planeta, es el primer exportador y el tercer productor de fosfatos del mundo, los cuales, tras las remesas de los emigrantes y el turismo, ocupan la tercera fuente más importante de ingresos del país. La explotación de los yacimientos de Bou Craa contribuye aún más a incrementar la importancia de Marruecos en la producción de fosfatos a nivel mundial.

Iniciados ya desde mediados de noviembre de 1975, los primeros enfrentamientos armados entre el Frente Polisario y el ejército marroquí duraron varios meses, aunque a la opinión pública se le hizo creer que el enemigo al que se enfrentaba Marruecos era Argelia. En realidad, Marruecos mentía a medias, porque era muy cierto que el Frente POLISARIO solo contaba entonces con el inestimable apoyo de Argelia. Cabe suponer que este país esperaba provocar un conflicto que condujera a una internacionalización del problema saharaui, de suerte que las instancias internacionales se mostraran favorables al principio de la autodeterminación de la población, cuya aplicación llevara indefectiblemente a la independencia del territorio.

En todo este forcejeo y lucha de influencias, es preciso tener en cuenta la rivalidad de los dos países magrebíes por ser la primera potencia regional. Argelia aspiraba a crear un Estado saharaui satélite, que contribuyera no solo a ampliar aún más su inmenso hinterland sahariano, heredado de la colonización, sino también a proporcionarle una salida al Atlántico. En cambio, para Marruecos, la creación en su frontera sur de un país independiente, “satélite” de Argelia, cercenaba considerablemente su territorio, lo amputaba de su hinterland sahariano y mermaba sus perspectivas de convertirse, en su triple dimensión de país árabe, africano, e interlocutor privilegiado de la UE, en la primera potencia regional.

El referéndum sobre el Sahara Occidental

En mayo de 1975, las Naciones Unidas decidían enviar una misión de investigación al territorio para examinar la situación sobre el terreno e informarse de los deseos y aspiraciones de la población, teniendo en cuenta no solo a los que vivían en el Sahara Occidental, sino también a los que se encontraban fuera de sus fronteras, ya fuera como refugiados o como nómadas. Las Naciones Unidas comunicaron a España que el censo de la población efectuado por la potencia colonial en 1974 no era representativo de la población del Sahara Occidental y no podía servir para la organización del territorio. El número de censados por España ascendía a 73.487 (38.336 varones y 35.151 mujeres). En cuanto al número de saharauis que habitaban en los países vecinos, las estimaciones iban en aquellos años de 7.000 a 9.000, según los españoles, y a más de 40.000 o 50.000, según el Frente POLISARIO. Para las autoridades marroquíes, esta cifra ascendería a unos 30.000 o 35.000 personas.

Si todas las partes aceptaban más o menos la organización de un referéndum bajo el patrocinio de las Naciones Unidas, diferían en cuanto a cómo éste había de llevarse a cabo. Marruecos rechazaba plantear la opción de la independencia, debiendo el referéndum limitarse a preguntar a los consultados si deseaban seguir bajo la autoridad de España o unirse a Marruecos. Paralelamente al referéndum, estaba pendiente el dictamen consultivo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre dos preguntas fundamentales: ¿Era el Sahara Occidental un territorio sin dueño en el momento de la colonización española? Y de no ser así, ¿qué vínculos jurídicos unían a este territorio con el reino de Marruecos y con la entidad mauritana?

En la votación sobre la resolución, en la que se pedía el dictamen, hubo 43 abstenciones de Estados miembros, es decir, un tercio de los que formaban entonces parte de las Naciones Unidas, prueba del malestar de muchos países ante una situación como aquella. La Corte Internacional de Justicia tenía que zanjar en una controversia jurídica que tenía su origen en dos principios opuestos: el de la autodeterminación frente al de la integridad territorial.

El dictamen de la Corte Internacional de Justicia, del 16 de octubre de 1975, no contentaba ni a unos ni a otros. Respecto de la primera pregunta, la Corte Internacional rechazaba el estatus de terra nullius al Sahara español, e instaba, por tanto, a España a abandonar el territorio, aunque abrigaba dudas respecto de la presencia de “formas de administración efectiva” practicadas anteriormente por las poblaciones locales. En cuanto a la segunda pregunta, la Corte Internacional de Justicia estimaba que antes de la ocupación española el Sahara Occidental no formaba parte del territorio marroquí, pues, aunque admitía la existencia de la beia, o “juramento de fidelidad” de algunas tribus saharauis a los sultanes marroquíes, ello no implicaba que los vínculos establecidos fueran de soberanía de Marruecos sobre el territorio.

Fue entonces cuando el rey de Marruecos decidía cortar por lo sano y desafiar a la comunidad internacional, anunciando el 16 de octubre de 1975 la intención de lanzar la Marcha Verde, golpe maestro de Hasán II, en el que demostró sus grandes dotes teatrales y una extraordinaria capacidad de manipulación e intoxicación de las masas. La Marcha Verde precipitó los acontecimientos: el acuerdo de Madrid del 14 de noviembre de 1975 ponía fin a la presencia de España en el territorio.

Con el dictador Franco moribundo y el futuro rey Juan Carlos ejerciendo de jefe de Estado interino, no era el momento de desencadenar un conflicto armado con Marruecos. Al día siguiente del previsto para la evacuación del territorio por las tropas españolas y la transferencia de la soberanía a Marruecos, el Frente POLISARIO proclamaba el 27 de febrero de 1976 la creación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que se convertiría en el primer Estado sin territorio. El 6 de marzo de 1976, la RASD era reconocida por Argelia.

Los enfrentamientos armados entre el Frente POLISARIO y el ejército marroquí fueron mortíferos para cada uno de los contendientes. Pese a la superioridad del segundo, los combatientes saharauis poseían una mayor movilidad y un mejor conocimiento del terreno, que los favorecía. La construcción de una serie de muros de defensa no consiguió detener la hemorragia. Desgastado Marruecos por la guerra de guerrillas, en la que sufrió numerosos reveses, y sometido Hasán II a numerosas presiones de países árabes, africanos y europeos, partidarios de un referéndum de autodeterminación, cada vez se iba imponiendo con más fuerza la idea de entablar negociaciones directas con el Frente Polisario para llegar a una solución del problema.

Después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas reconociera al Frente POLISARIO como único representante del pueblo del Sahara Occidental, la resolución 15/19, del 11 de noviembre de 1980, otorgaba a dicho Frente la condición de interlocutor privilegiado para entablar negociaciones directas con Marruecos, con el objeto de llegar a una solución del problema. Sin embargo, las primeras conversaciones con una delegación del Frente POLISARIO, el 2 de abril de 1983, fracasaron al rehusar Marruecos suscribir la retirada de las tropas y de la administración marroquíes, para poder organizar el referéndum de autodeterminación, que Marruecos, por otra parte, solo estaría dispuesto a aceptar si éste le era favorable y refrendaba la “marroquinidad” del Sahara.

A pesar de la incompatibilidad de posiciones de las partes interesadas, las Naciones Unidas seguían insistiendo en la necesidad de entablar negociaciones directas entre Marruecos y el Frente Polisario, sin que los diversos intentos e iniciativas en este sentido llevaran a ningún resultado. En el marco de los intentos de las Naciones Unidas de desbloquear la situación, se inscribe la Misión de las Naciones Unidas para la Organización de un Referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO), creada en virtud de la resolución 690, aprobada por unanimidad por los 15 miembros del Consejo de Seguridad el 29 de abril de 1991.

Mohamed Abdelaziz, secretario general del F. POLISARIO y presidente en el exilio de la República Árabe Saharaui Democrática desde 1976 hasta su fallecimiento el 31 de mayo de 2016, es decir, durante 40 años.

Con la creación de la MINURSO se inicia una nueva etapa en la cuestión del Sahara. La presencia de miles de refugiados saharauis en Tinduf tenía forzosamente que llevar a una creciente influencia de Argelia y a una dependencia cada vez mayor del movimiento independentista respecto del país huésped.

De otro lado, la descolonización del territorio mediante un referéndum planteaba el problema de la identificación de las personas capacitadas para votar. Los criterios para la identificación de los votantes serían el escollo principal contra el que tropezaría el plan de las Naciones Unidas para la solución del problema, y el motivo principal de enfrentamiento entre las posiciones divergentes de Marruecos y del Frente Polisario.

Hasán II fallecía el 23 de julio de 1999, dejando a su hijo y heredero Mohamed VI este espinoso problema sin resolver. En la línea de los Consejos o Comisiones creados por Hasán II en relación con el Sahara, Mohamed VI creaba, a su vez, el Consejo Consultivo para los asuntos Saharianos (CORCAS), cuyos componentes- líderes tribales y miembros influyentes de la sociedad en los planos político, económico y cultural- tenían por misión defender la “marroquinidad” del Sahara. El CORCAS era, en realidad, un instrumento en todos los foros internacionales en favor de la posición marroquí y en contra del Frente POLISARIO en el conflicto del Sahara.

El CORCAS sería después asociado, desde 2007, al plan de autonomía para el Sahara, tercera vía entre la integración y la independencia, ideada por Marruecos, con el objeto de desbloquear la situación. Esta iniciativa se inscribía en el marco del proyecto de descentralización del poder mediante una división regional, en la que el Sahara Occidental tuviera encaje dentro de una amplia autonomía, particularmente tras el fracaso de los planes Baker I y II. Mohamed VI anunciaba en 2008 y 2009 la creación de un Consejo Consultivo sobre la Regionalización (CCR), encargado de presentar un informe al rey, en el que se formulaban propuestas para un posible estatus no solo para el Sahara Occidental, sino también para otras regiones como el Rif, a las que se otorgaría un régimen de amplia autonomía que reconociera sus especificidades culturales o lingüísticas.

Sin embargo, una serie de acontecimientos impidieron la realización de este plan. El movimiento de protesta surgido en 2010 en el campamento de jaimas de Agdym Izik, a 14 km de El Aiun, que albergaba a unos 20.000 saharauis, suscitó una vida reacción de las autoridades marroquíes, que acusarían de independentistas a los líderes del movimiento de protesta. Éste, que se había iniciado en protesta por las condiciones de marginación de los habitantes del campamento, que pedían mejores condiciones económicas y sociales, no tardó en derivar hacia otro tipo de reivindicaciones, que llevaron a las autoridades marroquíes a desmantelar el campamento e intensificar la represión contra los que “provocaban disturbios”. El plan de autonomía quedaba así relegado, mientras que el proyecto de autodeterminación bajo el patrocinio de las Naciones Unidas volvía a situar la “cuestión saharaui” en un callejón sin salida.

Así las cosas, es evidente que la cuestión del Sahara Occidental necesita una solución urgente. La situación de los saharauis refugiados en los campamentos de Tinduf es cada vez más insostenible. Después de cuatro décadas, los miles de refugiados- cerca de 200.000- subsisten en pésimas condiciones, viviendo de la caridad de la ACNUR y del Programa Mundial de Alimentos. Algunos de estos refugiados llevan más de 40 años en Tinduf, y son miles los que nacieron ya allí y no conocen su tierra natal. Es preciso que la comunidad internacional propicie negociaciones directas entre Marruecos y el Frente POLISARIO, para llegar a una solución de consenso, es decir, una solución que comporte concesiones mutuas. En este sentido, cabe pensar en un futuro Marruecos, descentralizado y democrático, que reconociera su identidad plural y otorgara al Sahara una amplia autonomía administrativa. Ésta es la posición, que comparto, de grandes expertos en la materia, como Bernabé López García

El Sahara Occidental y la opinión pública española

Hoy día, existen en España unas 400 asociaciones de solidaridad con el pueblo saharaui, es decir, con los refugiados del Sahara Occidental que viven en los campos de refugiados de Tinduf o con los que permanecen en el territorio. No hay Comunidad Autónoma ni ciudad grande ni mediana que no cuente con varias. Las encontramos incluso en muchos pueblos de la geografía española. Para coordinar la acción de todas estas asociaciones se creó la Coordinadora Estatal de Organizaciones Solidarias con el Sahara (CEAS), cuyo primer objetivo es la búsqueda de la paz y “el derecho a la autodeterminación” de los saharauis. Uno de sus programas estrella, “Vacaciones en Paz”, posibilita que todos los años unos 9.000 niños y niñas saharauis pasen sus vacaciones en España con familias españolas de acogida. La Coordinadora organiza también viajes a los campos de refugiados, en los que las asociaciones aprovechan sus viajes para llevar a los refugiados, fundamentalmente alimentos, ropa y material escolar (cuadernos, lápices, etc.). Las asociaciones están formadas por voluntarios, y desarrollan sus actividades gracias a las aportaciones económicas de sus socios y a subvenciones, que utilizan para realizar proyectos en los campamentos, como la construcción de hospitales y escuelas.

Este vasto movimiento de solidaridad con los saharauis, muy laudable y digno de todo elogio, no solo centra su acción en la ayuda material y moral a los refugiados de los campamentos, sino también en la condena de cualquier violación de los derechos humanos en el Sahara. Éstos son, en efecto, pisoteados con frecuencia por las autoridades marroquíes que controlan el territorio, como así lo denuncian no solo las numerosas asociaciones de solidaridad con el Sahara, sino también la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), muy activa en este ámbito. Inútil decir que encontramos muy laudable la denuncia, por parte de estas asociaciones, de cualquier violación de los derechos humanos cometida en el territorio del Sahara, pero, dicho esto, consideramos que todas estas asociaciones deberían desempeñar un papel más activo en la búsqueda de una solución del problema. Parece que, por el contrario, han encontrado en la perpetuación de una situación enquistada su razón de ser. En nombre de la “justicia” y de su “mala conciencia” como españoles por haber dejado abandonados a su suerte a los saharauis y permitir que pasaran de las manos de España a la de Marruecos, se han erigido en defensores de su derecho a la autodeterminación y a la independencia.

Mustafá El Uali, fundador del Frente POLISARIO, caído en combate el 9 de junio de 1976

Pocas veces, cuando no ninguna, han analizado la cuestión desde sus orígenes y con conocimiento de causa, sino que, movidos por resortes únicamente afectivos y viscerales, repiten como papagayos los argumentos del Frente POLISARIO. Nadie parece haberse planteado que Mohamed Abdelaziz, secretario general del Frente POLISARIO y presidente en el exilio de la Republica Árabe Saharaui Democrática, haya ocupado ambos cargos desde 1976 hasta su fallecimiento el 31 de mayo de 2016, es decir, durante 40 años. Su sucesor desde 2016, Brahim Ghali, esperemos que esté menos tiempo, toda vez que accedió a ambos cargos con más de 70 años. ¿Qué procedimientos ha seguido el POLISARIO para proceder a la elección de sus jefes? ¿Cuántas veces han organizado elecciones para la designación de cargos? No creemos que el Frente POLISARIO sea demasiado proclive a celebrar elecciones. Desde luego, abrigamos dudas respecto de sus métodos democráticos. Además de la ausencia notoria de democracia interna, el Frente POLISARIO ha sido ya denunciado por numerosos casos de corrupción, sin que ninguna de las asociaciones de la CEAS parezca haberse hecho hasta ahora eco de tales denuncias. La opinión pública española, ha erigido, en general, al saharaui en el “moro bueno”, frente al “moro malo”, representado por el marroquí.

Desde el momento en que Marruecos ocupó el Sahara después de la evacuación de las tropas españolas, el “moro saharaui” pasó a ser la víctima, el “bueno” frente al marroquí opresor. Además, para la izquierda española, Argelia, principal apoyo de los saharauis, representaba en los años 70 un país progresista, hasta “revolucionario”, frente a un Marruecos reaccionario y dictatorial. Todas estas circunstancias contribuyeron a crear un clima de hostilidad hacia Marruecos, y de empatía y compasión hacia los saharauis.

Creo que ha llegado la hora de reflexionar sobre la cuestión en vez de dejarse guiar únicamente por impulsos viscerales. Dejemos de hacer de los saharauis de los campos de refugiados unos eternos asistidos, facilitando el diálogo con Marruecos para llegar a un acuerdo justo y razonable entre las partes interesadas.

 

BILIOGRAFÍA

García Figueras, Tomás, Santa Cruz de Mar Pequeña-Ifni-Sahara (La acción de España en el Norte de África), Ediciones Fe, Madrid, 1941

El pueblo saharaui en lucha. Documentos del Frente Popular para la liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (F. POLISARIO), 1975

López García, Bernabé, “El Sahara y las relaciones hispano-marroquíes”, Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas (RIPS), vol., 12, nº 2, 2013

Madariaga, María Rosa de , Historia de Marruecos, Los libros de la Catarata, Madrid, 2017

Miské, Ahmed-Baba, Front Polisario, l’âme d’un peuple, Éditions Rupture, Paris, 1978

Pointer, Laurent, Sahara occidental. La controverse devant es Nations Unies, Karthala-Institut Maghreb-Europe, Paris, 2004

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6 comentarios de “Algunas claves para entender la cuestión del Sahara occidental

  1. Juan Popader
    24 junio, 2019 at 19:00

    Hola, me dicen los que saben que la señora Madariaga pretende defender las tesis profundamente pro marroquíes que en el asunto del Sáhara Occidental nada tienen que ver con la realidad, de modo que sus “claves” no interesan al Sáhara sino a los invasores del Sáhara. Parece mentira que alguien con un currículo como él se preste también a participar en el mundo de las corruptelas.

  2. 25 junio, 2019 at 10:06

    Agradeciendo a la autora su interés en el tema, y con el respeto debido a su autoridad académica como historiadora, hago a continuación unos breves comentarios tras una primera lectura superficial y apresurada de su artículo sobre el Sáhara Occidental:

    1) Tras la exposición y desarrollo del tema, su conclusión es la aceptación subjetiva de la tesis marroquí: invasión, ocupación y anexión (presunta “autonomía” bajo soberanía del régimen marroquí, el mismo que arrasa el Campamento de la Dignidad de Gdeim Izik y demás barbaridades perpetradas por el ocupante “salvador”).

    2) Las tesis del profesor Bernabé López en torno a esta cuestión ya fueron refutadas públicamente en 2007 y actualizadas en 2018 y 2019:
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=52443
    http://www.pensamientocritico.org/los-derechos-legitimos-del-pueblo-saharaui-y-las-pretensiones-anexionistas-de-marruecos-notas-y-referencias-de-trabajo/
    https://espacioseuropeos.com/2019/06/audio-del-programa-la-tragedia-del-sahara-occidental-en-la-tertulia-espacios-europeos/

    3) La exposición que se hace del dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya es tan sesgada como la que le contó Hassan II a sus súbditos: “El TIJ nos ha dado la razón…”, cuando lo cierto es que Hassan II engañó a su pueblo porque el TIJ había dictaminado que no había ningún lazo de soberanía (como ha hecho también, en 2016 y 2018, el TJUE), y que sólo algunas tribus, “pero sólo algunas”, tenían relaciones de vasallaje con el sultán de Marruecos.

    4) ¿De verdad le parece “visceral” a la autora tener que soportar 43 años (más que nosotros con Franco) de ocupación, represión y exilio? ¿Acaso no fue más “visceral” (y teatral) la Marcha Verde, con la cual la propaganda marroquí (como nuestro Caudillo o como el “anschluss” de Hitler) pretendía “liberar” y exhortaba a las masas a abrazar a sus “hermanos saharauis”? Y los ametrallamientos aéreos y los bombardeos con napalm de la población saharaui, ¿no eran “viscerales”? ¿El rechazo al franquismo, al colonialismo, a la ocupación (napoleónica en España),…, le parece simplemente “visceral”? La solidaridad, vergüenza e indignación de buena parte de la población consciente española, ¿le parece a la autora simplemente “visceral”? ¿Es que no se indignaría cualquiera si le roban su casa, ametrallan a sus hijos, violan a sus mujeres,…? ¿Qué dirían de esto nuestras feministas? Mejor que no se enteren, por si acaso.

    5) Para nada se mencionan en el artículo los intereses, actuaciones e intervenciones de los verdaderos “actores”: Francia y EEUU. De manera que sólo se relata una parte muy parcial de la película; y con un claro sesgo pro marroquí.

    6) ¿Cómo explicar, por ejemplo, que del pretendido “Gran Marruecos” (reivindicando el ex Sáhara español, parte de Argelia, Malí, Mauritania y Senegal hasta el río de igual nombre), todo haya quedado reducido a pretender anexionarse exclusivamente el Sáhara Occidental, conforme a las directrices de los gobernantes franceses?

    7) Finalmente, en la bibliografía indicada por la autora se echa en falta autores relevantes en el tema objeto de consideración, tales como Tomás Bárbulo, Diego Aguirre, Ramón Criado, Emboirik Ahmed Omar, Stephen Zunes, Carlos Ruiz Miguel, Thomas M. Franck, Jacob Mundy, José Luis Rodríguez Jiménez, Frank Ruddy, Hans Corell,…

    Agradeciendo la atención y paciencia de autora y lectores, trataré de debatir estas cuestiones con más tiempo y rigor.

    Luis Portillo Pasqual del Riquelme
    lportillo23@gmail.com,

  3. 25 junio, 2019 at 10:40

    eldiario.es lo decía así el 7/03/2018:

    “Rabat propone como máxima solución al contencioso saharaui una amplia autonomía para este territorio bajo soberanía marroquí, mientras que el Frente Polisario exige la celebración de un referéndum de autodeterminación en el que se pueda elegir libremente la opción de la independencia del pueblo saharaui.”

    Líder del Istiqlal marroquí cree conflicto de Sáhara está en momento crítico
    https://www.eldiario.es/politica/Lider-Istiqlal-marroqui-conflicto-Sahara_0_747525697.html

    Gracias,
    Luis Portillo Pasqual del Riquelme

  4. 28 junio, 2019 at 10:28

    Totalmente en conformidad con las precisas objeciones y aclaraciones del Dr. Luis Portillo, uno de los académicos que más conoce del proceso de descolonizacion e historia precolonial y postcolonial del Sahara Occidental. Respecto al articulo de María Rosa de Madariaga| vale recordar esta sentencia de Ortega y Gasset: “La claridad es la cortesía del filosofo”.

    El articulo le ha faltado mucha investigación en bibliografias y reconocidos estudiosos que han sabido sin sesgo introducir el conflicto del Sahara Occidental y exponerlo con más claridad como tal.

  5. Bernabé López
    5 julio, 2019 at 11:36

    Me he visto aludido en la respuesta que el profesor Luis Portillo Pasqual del Riquelme da al artículo de María Rosa de Madariaga en “Crónica Popular” sobre el Sahara Occidental. Madariaga, tras un largo repaso a la historia del conflicto saharaui que aún perdura, dice apostar, como Naciones Unidas, por una solución de consenso, tras negociaciones directas entre el gobierno de Marruecos y el Frente Polisario que impliquen concesiones mutuas y supongan cambios en Marruecos que den lugar a un régimen descentralzado y democrático. En ese punto la autora dice compartir conmigo esas posiciones.

    En la respuesta del profesor Portillo se dice que mis tesis, expuestas en 2007 en un artículo en “El País” a raíz de la presentación por Marruecos de una “Iniciativa para la autonomía”, fueron refutadas por un artículo suyo publicado en “Rebelión” poco después. Me gustaría recordarle que en su refutación no pareció entender el sentido de mi artículo que lo que defendía en el fondo no era que el Polisario claudicase sino que debía ser consciente de que si Marruecos se había visto obligado a publicar esa “Iniciativa para la autonomía”, cierto que de cara a la galería, era porque reconocía que su política estaba en un callejón sin salida. “El Polisario debe saber, por su parte -decía yo en aquel artículo-, que una solución como la que Marruecos propone que se negocie, no es un signo de derrota, sino de confirmación de la justeza de su causa, de que su lucha ha merecido la pena. La oferta autonómica que Marruecos plantea negociar implica costes severos para el régimen marroquí que va a salir cambiado de la operación”. En efecto, de haberse explorado aquella vía, Marruecos hubiera debido poner fin a su política represiva hacia los saharauis y no encerrarse en la política torpe que llevó a episodios tan tristes como el pulso fallido con Aminetu Haidar (bien resuelto para la luchadora saharaui) o el dramático desmantelamiento del campamento de Gdim Zdik.

    Desde 2007 ha llovido mucho (no precisamente con el agua necesaria, aunque una tormenta brutal y extemporánea asoló los campamentos de Tinduf en 2015) y Marruecos demostró a las claras con su política (que yo llamaba de avestruz por no ser capaz de reconocer lo que el mundo le exige) que aquella “Iniciativa” que proponía una amplia autonomía no era más que papel mojado, escrito para la ocasión sin convicción alguna de remover su tradicional y cerril postura. Si el profesor Portillo ha seguido mis reflexiones escritas desde entonces en diversos medios, entre ellos “El País”, sobre el tema, podrá entender mejor el alineamiento de Madariaga con mis posiciones de entonces que son las mismas que las de ahora.

  6. 8 julio, 2019 at 13:14

    Pues si la posición del profesor Bernabé López en su artículo de 2007 –posición que comparte María Rosa de Madariaga, incluyendo la versión marroquí del dictamen del Tribunal Internacional de Justicia- sigue siendo la misma hoy, como él mismo afirma, creo que no hay mucho más que debatir, aunque sí puedo añadir algunas precisiones:

    Mi opinión personal y la refutación de sus argumentos ya quedaron recogidos en mi artículo “La legalidad internacional no es una utopía”, que Tlaxcaa-int.org tradujo a varios idiomas y que fue reproducido y publicado en numerosos medios digitales e incluso en prensa impresa, en España y en otros países. La actualización de ese artículo en 2018 (“Los derechos legítimos del Pueblo Saharaui y las pretensiones anexionistas de Marruecos: Notas y referencias de trabajo”) también puede consultarse en Tlaxcala-int.org, en Pensamiento Crítico o, en versión sin notas ni bibliografía, en otros sitios de Internet.

    Naturalmente que capté el contenido y el mensaje del texto del profesor López publicado en “El País” (que se negó a publicar el mío refutando sus argumentos): aceptar la “oferta” del invasor-ocupante y negociar los flecos de una anexión ‘manu militari’, aunque con un nombre más bonito.

    Jacob Mundy ya desveló (“Cómo los EE UU y Marruecos se apoderaron del Sáhara Español”) la maniobra para blanquear la anexión: meter el asunto por la vía de la ONU y suprimir después “eso del referéndum de autodeterminación”. Y Francia es la principal valedora de Marruecos y el principal obstáculo a una verdadera solución, a pesar de que el presidente Emmanuel Macron ha calificado de “crimen contra la Humanidad” la política colonial de Francia en Argelia.

    Pero aunque se le niegue el derecho a ejercer la autodeterminación formalmente, el Pueblo Saharaui ya se ha autodeterminado de hecho en reiteradas ocasiones: en Zemla (junio de 1970), con la creación del Frente Polisario (1973), con motivo de la visita de la Misión de la ONU en mayo de 1975, con la guerra contra la invasión marroquí –mauritana (16 años), en Gdeim Izik (2010), con la heroica huelga de hambre de Aminatu Haidar,…, y lo sigue haciendo cada día en sus manifestaciones públicas contra el invasor-ocupante, siempre brutalmente reprimidas.

    Marruecos, en mi opinión, no practica la política del avestruz, sino la política de tierra quemada y de hechos consumados (S. Zunes), violando sistemática e impunemente los derechos humanos y la legalidad internacional (Felipe Briones; Frank Ruddy lo describía como un “Estado policial, similar al de Sudáfrica con el régimen del apartheid”).

    La actuación de la ONU / MINURSO ha sido un gran fiasco (Ruddy, Fungairiño) y su credibilidad está bajo mínimos entre la población saharaui. Hace ya tiempo que precisa una reforma profunda de su estructura y sus mecanismos decisorios. Thomas M. FrancK, en una fecha tan temprana como 1976 –tan solo unos meses después de la Marcha Verde-, ya advertía (“El robo del Sáhara”, un título bien elocuente) de las maniobras en curso para ir vaciando de contenido los principios que informan el derecho internacional y la praxis de NN UU, como venimos constatando paulatinamente en las sucesivas resoluciones relativas al Sáhara Occidental.

    España tendría mucho que decir y hacer, simplemente cumpliendo sus obligaciones como potencia administradora (F. Briones); entre otras, protegiendo a la población saharaui de la incalificable represión ejercida por las fuerzas de ocupación.

    En cualquier caso, me parece oportuno recordar al profesor López lo que manifestó, públicamente y en su presencia, un destacado miembro del Frente Polisario (Bucharaya Beyun), tras una controvertida exposición del profesor insistentemente contestada por el público asistente a las Jornadas Universitarias sobre el Sáhara Occidental celebradas en la Universidad Autónoma de Madrid: “A los saharauis nos viene muy bien lo que dice el profesor Bernabé López porque así sabemos cuál es la posición de Marruecos”.

    Tal vez, el mencionado académico debiera sacar conclusiones de sus propias afirmaciones: Si la causa saharaui es una causa justa (“la justeza de la lucha del Frente Polisario”, genuino representante reconocido por NN UU), si Marruecos solo hace ‘concesiones’ cara a la galería y si su política es la del avestruz, ¿qué más cabe esperar? ¿A Godot? No habrá paz, estabilidad, cooperación y progreso en el Magreb hasta que el Pueblo Saharaui ejerza su derecho a la autodeterminación y se cumpla con la legalidad internacional.
    https://www.eldiario.es/cv/alicante/Sahara-abandonado-ilegalmente-Espana-Marruecos_0_916559297.html

    Luis Portillo Pasqual del Riquelme

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