Demasiados monstruos en el caleidoscopio

enCandela

Jesús Pichel||

Profesor de Filosofía||

https://alomosdeunapantera.blogspot.com

Se acabó. Los votantes ya hemos hecho nuestro trabajo y el resultado ha sido el que es, no otro. Fuera cual fuera la realidad que hubiésemos deseado unos u otros, lo cierto es que es la que es. Y sin duda que es compleja: son pocas las candidaturas que no necesitarán apoyos de otros para conseguir el poder municipal o autonómico. Así que ahora el trabajo no es de los electores, sino de los partidos para negociar y lograr pactos de legislatura o de gobierno.

Sean los que sean los pactos que al final alcancen los partidos, sí se puede dar por seguro que no contentarán ni a todos sus militantes ni a todos sus votantes porque inevitablemente todos los partidos cederán, renunciarán, rectificarán y hasta se contradecirán en mayor o menor medida. Habrá quien lo celebre, por supuesto, pero seguro que habrá quien se lo tome como una traición. Alguien debería explicar machaconamente que, cuando no hay mayorías, la política se hace así, negociando, pactando y, por ello mismo, cediendo en parte para obtener en parte.

Hay demasiados monstruos en el caleidoscopio que han dejado las elecciones del 28A y del 26M si nos atenemos a lo que cada partido declara: la ultraderecha, el “trifachito”, el trío de Colón, los gobiernos “Frankenstein” o “franconstein”, la izquierda, los podemitas bolivarianos, la ultraizquierda, los comunistas, los nacionalistas, los independentistas, los herederos de ETA, los constitucionalistas y los anticonstitucionalistas… Líneas rojas entrecruzadas de unos y otros con música de fondo: “antes muerta que sensilla, que sensilla, que sensilla”.

Pero en el caleidoscopio las piezas de colores son las que son y en cada giro posible el dibujo es distinto.

Y de eso se trata, de encontrar el dibujo definitivo, porque sea el más adecuado o simplemente el posible, dando tantas vueltas como sea necesario para encontrarlo. Lo que no es posible es que algunos cristales no aparezcan de un modo u otro, porque todos, sin excepción, son legítimos representantes de la voluntad general.

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